Creo que uno de los impedimentos más grandes para la evangelización hoy es el hecho de que una multitud de cristianos que han sido "libertados", "están llenos del Espíritu Santo" y "creen en la Biblia", están dominados por un complejo de infe- rioridad. Están paralizados por el temor al hom- bre.
Durante años fui víctima de un complejo de inferioridad. En la escuela primaria me llamaban "Indio Rojo", porque me ruborizaba. Cuando llegué a ser cristiano, quedé totalmente libre. ¿Cuál fue la clave de mi liberación? Comprendí que la infe- rioridad y la timidez sólo son una forma sutil de orgullo. Tememos lo que la gente piensa de noso- tros. Me mirarán. Me pondré en ridículo.
Cuando busqué al Señor para que él me indicara por qué solía yo sentirme tan inferior, él me recor- dó una dolorosa experiencia que me ocurrió cuan- do tenia nueve años de edad. Un grupo de mucha- chos me llevó al campo deportivo de la escuela, me ataron los brazos y procedieron a patear una pelota de fútbol contra mí, sólo por divertirse.
Sólo hace poco comprendí que ese incidente me
había dejado una profunda herida. Mi voz solía quebrantarse de emoción cuando relataba este Incidente a otros hermanos. Probablemente mis compañeros me habían atormentado de ese modo, porque yo sólo era un pequeño muchacho que no podía poner mucha resistencia. La experiencia me había dejado un terrible sentimiento de que había sido rechazado. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué no les caía bien? ¿Por qué ellos no podían aceptarme?
Cualquiera que haya sido la causa por la cual nos sentimos rechazados, tenemos que olvidarla cuando acudimos a Cristo. Tenemos que olvidarla por amor al evangelio. La Biblia dice: "Las cosas viejas pasaron" (2 Corintios 5:17). Continuamente debemos estar "olvidando ciertamente lo que que- da atrás" (Filipenses 3:13).
Sin embargo, multitudes de cristianos están paralizados en los bancos, deseando quedar libres en Cristo, sin comprender que la respuesta está en sus manos: ellos tienen la llave de su propia prisión.
La sicología nos dice: "Usted llegará a ser lo que se imagina que será." En otras palabras, si usted continuamente se dice: "Yo nunca podría hablar del evangelio. Soy demasiado tímido. Nunca po- dría hacer tal cosa," eso será lo que con el tiempo llegará a ser. Aun las Escrituras afirman: "Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él" (Proverbios 23:7).
Un cristiano que tiene una confesión mental de derrota socava la obra del Calvario. Jesús murió para libertarlo a usted de las obras del diablo. Le abrió el poder del cielo. Usted puede comenzar a pensar de una manera diferente, porque el Crea- dor Todopoderoso del Universo está con usted.
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Renueve su mente, y comience a confesar lo que usted es en Cristo. Con fe en el corazón, usted puede comenzar a hacer las siguientes confesio- nes bíblicas:
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses4:13).
Si Dios es por mí, ¿quién contra mí? (véase Romanos 8:31).
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó (Romanos 8:37).
Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo (véase 1 Juan 4:4).
Véase a usted mismo como una persona que es poderosa en Dios. Olvídese de sí mismo, olvide su falta de altura, su nariz grande, su rubor.
Olvide sus fracasos y el hecho de que en un tiempo fue rechazado. Usted es una nueva criatu- ra en Cristo. Todas las cosas viejas han llegado a ser nada.
El mundo necesita que le den el mensaje del evangelio; y usted es necesario como un soldado del ejército del Señor. Usted puede tener el más grande privilegio que es posible tener en este mundo: puede administrar la vida eterna a una humanidad que agoniza.
Muévase con todo su corazón.
Dos ranas saltaron a un tazón de crema y se atascaron. Una se dijo: "¿Por qué caí en este tazón de crema? Simplemente parece que no pueda salir de aquí; así que lo mismo me da hundirme y ahogarme. Además, hay muchas maneras peores en que una rana puede morir; un gato me pudiera volver pedazos. Sí, eso es lo que haré, simplemente
me hundiré en la crema y me ahogaré."
La segunda rana dijo: "No me permitiré estirar la pata en este tazón de crema. Me niego a morir fácilmente. Voy a luchar contra esto con toda mi fuerza. En caso de que me hunda, me hundiré con la bandera en alto."
Comenzó a patear y a chapalear y a batir sus pequeñas aletas. No estaba dispuesta a rendirse. Dedicó cada gramo de su energía a patear contra la crema, hasta que ocurrió algo extraño. La crema se espesó a causa del constante movimiento hasta que finalmente se convirtió en mantequilla, y la rana pudo saltar de allí.
La primera rana murió a causa de su complejo de inferioridad. La segunda estaba en el mismo tazón de crema, pero su actitud fue diferente. Cuando usted empiece a patear "la crema" especí- fica en la cual se encuentra, sea cual que sea, por la gracia de Dios, esa habilidad será vencida, y usted saltará de ella con gran regocijo.
Recuerde que la actitud que usted tenga en cuanto a su problema en particular determinará su victoria. ¿Usted realmente quiere ser libre? ¿Realmente quiere ser usado por Dios? ¿Realmen- te se preocupa por los no salvos? Si así es, comien- ce a moverse con todo su corazón.
Sacuda los inconvenientes.
Mientras estaba buscando a Dios con respecto a mi complejo de inferioridad, encontré el siguien- te pasaje bíblico:
Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. Y los naturales nos trata- ron con no poca humanidad; porque en- cendiendo un fuego, nos recibieron a to-
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C.nr. r. r. n ;
dos, a causa de la lluvia que caía, y el frío. Entonces, habiendo recogido Pablo algu- nas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.
Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. Ellos estaban espe- rando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mu- cho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios (Hechos 28:1-6).
El mismo día cuando acudí al Señor en busca de una razón que explicara mi complejo de inferio- ridad, vi este pasaje desde un nuevo punto de vista. Una serpiente venenosa trata de colgar de la mano de todo cristiano. La mano del cristiano es el área de su efectividad en Dios.
Aquella serpiente antigua, el diablo, trata de Clavar los dientes en el área de efectividad del cristiano, de derramar su veneno y paralizar total- mente su ministerio. Su veneno en verdad es ponzoñoso: amargura, resentimiento, envidia, in- ferioridad, orgullo, acusaciones y condenación.
Notemos la reacción de Pablo a esta situación. No dijo: "Parece que una serpiente venenosa se ha colgado en mi mano. Le pediré a Dios un milagro. Tal vez un rayo la quite de mi mano." Tampoco dijo para sí: "Diez de cada diez personas se mueren con una mordida de esta clase de serpiente. Sencilla- mente me voy a acostar aquí y morir."
De ninguna manera. "Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció" (He- chos 28:5). ¿Puede usted ver las dos claves de esta liberación? Primero, Pablo fue el que sacu- dió la serpiente. Dios espera que usted haga algo Con respecto a su condición. Usted tiene que poner a un lado ese peso. Usted se quita el viejo hombre con sus obras. Cambia su actitud y comienza a moverse con toda su fuerza.
Segunda, Pablo lanzó la serpiente al fuego. El sacudón y el calor hicieron que la serpiente se soltara de la mano de Pablo. ¡Satanás huirá de usted, si permite que el fuego de Dios lo consu- ma!
¡Apártense de mi camino!
Durante una de mis caminatas de oración antes del amanecer, me encontré con algunas vacas que estaban colocadas en la mitad del camino y me bloqueaban. Al acercarme a ellas, dije: "Creo que Dios ha puesto el temor de mí sobre ustedes. Ahora, ¡apártense de mi camino!" Apenas hube dicho eso, noté que esas "vacas" no tenían ubres, y que una tenía cuernos. Pero antes que yo pudiera correr, ellos se apartaron como el Mar Rojo.
¿Cuáles son las bestias que se han colocado en su camino? ¿Es la horrible bestia del temor al hombre, o temor al fracaso, o de la increduli- dad? Cualquiera que sea, dígale que se aparte de su camino. Recuerde las palabras bíblicas: "De- terminarás asimismo una cosa, y te será firme" (Job 22:28).
Si Dios está a favor de usted, nada puede estar
en contra de usted. Si esa "bestia" no se quita del
184 Lo que el diablo no quiere que sepas aplaste la serpiente con sus talones.
¡Ojalá nos llegara aunque fuera una vislumbre de la autoridad que tenemos en la oración! Sue y yo con frecuencia nos sentamos en el patio de nuestra casa, para disfrutar del calor del sol. Hace algún tiempo, uno de nuestros vecinos plantó un árbol que, en pocos años, crecería y bloquearía la luz del sol que entraba en nuestro patio. Yo estaba seguro de que si le pidiera al vecino que lo mudara, él se ofendería; así que maldije el árbol en el nombre de Jesús. ¡El árbol se marchitó y murió! Ahora el vecino maldice el árbol y no a mí.
Querido cristiano, ¡usted también puede hacer eso! La palabra de Dios promete que usted verá resultados de la oración llena de fe y autoridad que haga en el nombre de Jesús. Usted es un embajador de Cristo. Tiene poder, el poder de Dios. Usted puede osadamente acudir al trono de la gracia y, por medio de la oración, gobernar el destino de las naciones.
Con frecuencia, cuando hago cosas para Dios, me quedo petrificado. Pero si me intereso suficien- temente por la causa, lo que hago es pasar por alto el temor. Consuélese usted con el conocimiento de que yo también estoy acribillado de otras mil debilidades. Pero Dios me ayuda a "andar en el Espíritu", de tal manera que no "satisfago los deseos de la carne" (véase Gálatas 5:16).
Mis debilidades me tienen postrado ante la pre- sencia del Señor y confirman la revelación de Pablo: "Cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Corintios 12:10, cursivas añadidas). No permita que nada impida que usted esté ardiendo para Dios. Arda en el estudio bíblico, en la oración y en su celo por la evangelización. Arda de tal manera que sólo queden las cenizas de la carne.
El bautismo con fuego
¿Piensa usted que Juan el Bautista tuvo un complejo de inferioridad? El no le temía al hombre. El reprendió a Heredes por su relación adúltera. Llamó a los fariseos "generación de víboras". No le temía al hombre, porque el fuego de Dios ardía en sus huesos. Estaba lleno del Espíritu Santo hasta rebosar. Juan dijo con respecto a Cristo: "El os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Lucas 3:16). Dondequiera que voy, encuentro cristianos bauti- zados con el Espíritu Santo, pero no con el fuego.
Los que tienen el fuego de Dios dentro de ellos, ni siquiera notan si se ruborizan o no. No notan sus insuficiencias. Han sacudido el resentimiento, el orgullo, la amargura y otros sutiles obstáculos que impiden la obra que tienen que hacer para Dios. El celo de la casa de Dios los ha consumido. Aman a Dios más que a sus placeres, y le temen más a Dios que al hombre. No pueden dejar de hablar y decir lo que han visto y oído. Son vence- dores porque "menospreciaron sus vidas hasta la muerte" (Apocalipsis 12:11).
Hace poco leí acerca de una mujer próspera de Nueva York que decidió dar un gran banquete para sus amigos. Mientras estaba esperando la comida, la cocinera principal la llamó a la cocina. A la cocinera le habían dado algunos hongos de los cuales sospechó que pudieran ser venenosos. La señora sugirió que hicieran un experimento con el perro viejo que estaba precisamente fuera de la puerta de la cocina. De inmediato se le dio al perro una ración de champiñones y lo observaron du- rante unos treinta minutos. No tuvo ninguna re- acción adversa. Así que los champiñones se usa- ron en la preparación de los alimentos.
Durante la comida, se apareció un cocinero con la cara pálida y susurró al oído de la señora que el perro acababa de morir. La mujer decidió que lo ético en ese momento sería decirles francamente a los invitados toda la historia. Tan pronto como ella mencionó que el perro acababa de morir, algunos de sus invitados sintieron tal dolor que se agarraron el estómago, otros se doblaron. Otros se sintieron muy enfermos, mientras que dos de ellos salieron a llamar a una ambulancia.
A la anfltriona le pareció extraño que ella había comido los mismos alimentos y, sin embargo, no había sentido malos efectos; así que decidió salir para echarle una mirada al perro muerto. Cuando le preguntó al cocinero dónde estaba el perro, éste respondió "¡Ah, no conviene mirarlo; el camión que lo mató lo dejó terriblemente despedazado!" Des- pués que los invitados oyeron cómo murió el perro, sintieron una notable recuperación.
De esta historia sacamos la siguiente verdad: Si
usted continúa creyendo las mentiras del diablo, con el tiempo se le desarrollarán los síntomas. Lo
que usted debe hacer es dejar de creer la mentira y comenzar a proclamar la verdad.
Cambie su confesión.
Jeremías padecía de un complejo de inferiori- dad. Cuando el omnipotente Dios de Israel le ordenó que fuera un profeta para las naciones, Jeremías respondió: "¡Ahí ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño" (Jeremías 1:6). Notemos la respuesta del Señor al renuente profeta: "No digas: soy un niño" (Jeremías 1:7). Dios le dijo que cambiara su confesión.
Dios le dijo a Jeremías: "No digas: soy un niño", porque no era verdad. La verdad es que yo soy más
que vencedor; todo lo puedo en Cristo; soy un gigante en Dios; si Dios está a mi favor, nada puede estar contra mí.
Busque un lugar donde usted pueda confesar la verdad de una manera verbal. No sólo piense en ella, dígala, ¡grítela! Luego continúe dlciéndola, hasta que esta verdad llegue a estar en su corazón y no sólo su cabeza. Diga: "Goliat de la inferiori- dad, pon atención; voy a tomar la espada de dos filos, y te voy a cortar la cabeza. ¡Luego me voy a parar sobre ti en triunfo!"
Volvamos al pasaje de Jeremías.
No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca (Jeremías 1:8,9).
Dios puso sus palabras en la boca de Jeremías. Permita usted que la palabra de Dios more abun- dantemente en su corazón. Cuando usted lo pro- nuncia, está usando el poder de él. He oído demo- nios que gritan, cuando se confiesa la palabra de Dios. Confiésela con fe en su corazón. "Ninguna arma forjada contra mi prosperará" (véase Isaías 54:17). Ningún veneno que Satanás quiera bom- bear a mi ser penetrará.
Luego ¿qué instrucción le dio Dios a Jeremías?
Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y habíales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos (Jeremías
1:17).
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algo como lo que sigue: "Despiértate, Jeremías, porque si eres desobediente, te pondré en ridículo en frente de ellos."
Temer al hombre es carecer de fe en Dios. Re- cuerde que si carecemos de fe en Dios cuando él dice que estará con nosotros, eso equivale a decir que Dios es mentiroso. Si le tememos a Dios, no nos atreveremos a decir tal cosa. Si temiéramos a Dios, no le temiéramos al hombre. "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio" (2 Timoteo 1:7). Echemos una mirada a Jeremías, unos pocos capítulos después:
Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude (Jeremías 20:9).
Alabado sea Dios. Veamos la diferencia después que Dios puso su palabra en la boca de Jeremías. Cuando fue llamado Jeremías, no podía hablar. Después que obedeció a Dios, y permitió que el fuego de Dios lo consumiera, no se pudo quedar quieto. ¡Ese debe ser el testimonio de todo cristia- no! Todo creyente debe estar ardiendo para Dios. Todo cristiano debe tener el fuego de Dios ardiendo en sus huesos.
Hermano, hermana, si usted no está consumido con el celo de Dios, pídale al Espíritu Santo que conmueva las profundidades de su alma. ¿Por qué no pone este libro a un lado en este momento, y confiesa su falta de fe en Dios y su desconfianza, su complejo de inferioridad como orgullo, y cual- quier otro impedimento de su vida como pecado?
Luego clame a Dios para que lo bautice con el Espíritu Santo y con fuego. jUsted nunca volverá a ser la misma persona!
¿Qué es lo que lo motiva a usted?
Los motivos son necesidades o inclinaciones conscientes o inconscientes. Podemos tener mo- tivo para hacer o para no hacer alguna cosa, y ni siquiera estar enterados de cuál es el motivo.
La siguiente pregunta puede poner de manifies- to un motivo oculto por el cual usted teme al hombre: Si alguien le ofreciera a usted mil dólares por cada persona a la cual diera el testimonio, ¿se volvería usted más celoso en su trabajo de evan- gelización? Recuerdo que pensé profundamente con respecto a esta pregunta durante unos dos segundos. Llegué a la conclusión de que si ése fuera el caso, comenzaría a las cuatro de la ma- ñana. Eso se llamaría "Evangelización con linter- na".
Pensemos en esto un momento. ¿Pudiera usted hacer frente al problema de su temor al hombre si le ofrecieran dinero? ¿Serviríamos a las rique- zas con más fervor que a Dios? Descubrí que aún estaban mal organizadas mis prioridades. Yo pre- feriría más la alabanza de los hombres que la de Dios. No estaba siendo un "sacrificio vivo". Lo que necesitaba era una buena dosis de arrepenti- miento. ¿Para qué agarrar la llave del conocimien- to, si no estamos dispuestos a usarlo?
Dios no sólo nos ha dado promesas, sino que nos ha dado su Espíritu para que nos ayude en