A lo largo de la historia, los conocimientos y prácticas médicas son el resultado de las herramientas disponibles en ese momento, y de la fi losofía predominante de la época. Toda práctica médica se basa en una visión del hombre, del cuerpo, de la enfermedad y de la ciencia. En cada época, los descubrimientos científi cos im preg nan y dan dirección a la concepción acerca de que es el hombre y como entender la relación enfermedad – salud.
A su vez, las prácticas sociales determinan la dirección de las investigaciones y de los desarrollos científi cos.
El modelo biomédico tradicional:
En el área de la salud, el llamado “modelo biomédico tra di cio nal” ha sido el que ha ejercido radical infl uencia desde la épo ca del positivismo hasta muy avanzado el siglo XX y aún hasta la ac- tua li dad. Responde a la ideología de la fi losofía y al paradigma cien tí fi co del modernismo (positivismo). Repasaremos muy bre ve - men te los rasgos fundamentales que caracterizan a esta fi lo so fía:
dua lis mo (cuerpo-alma, mente-materia), reduccionismo (re du cir la na tu ra le za a sus elementos constitutivos básicos y des cu brir los me ca nis mos que los ponen en funcionamiento), ma te ria lis mo (la ma te ria es lo único observable y comprobable y cons ti tu ye la base empeora la de pre sión existente, y produce más culpa en caso
de no curarse. Se de ben reprocesar estas creencias, intercalan- do preguntas socráticas acerca de los factores ya reconocidos e innegables para el cáncer, y que son contrarias y desmienten esas creencias, tal como el ci ga rri llo para el cáncer de pulmón, el HPV y el herpes virus para el cáncer de cuello de útero, la genética y herencia para el cáncer de colon y el lobulillar de mama, el sol para los cánceres de piel, el PVC y las torres de alta tensión para la leucemia, las comidas muy calientes para el cáncer de estómago, etc.
Lo mismo es válido para las colagenopatías y enfermedades autoinmunes, que por ser llamadas autoinmunes niega su origen infeccioso o alérgico, y se genera una confusión, mezclando lo emocional con lo celular o tisular agregado a que, algunas veces algún terapeuta ignorante les dijo que se “lo produjeron” a pro pó si to. Todo esto es trauma, y por ello estas técnicas son de elec ción.
Llegamos por fi n a lo que algunos también creen que es un trau ma, me refi ero a la cercanía de la propia muerte, cuando está ro dea da de ansiedad anticipatoria y es de esperar en de ter - mi na das situaciones. Las Terapias de Avanzada, acompañadas de una com pren sión espiritual, son sumamente efi caces. Per- sonalmente no te ne mos muy claro si la muerte es – o será –un trauma o no, es pe ra mos averiguarlo cuando nos toque, pero tenemos nuestras dudas si les podremos llegar a transmitir la información.
de toda existencia; lo que no es cuantifi cable queda fuera del ob je to de la ciencia), mecanicismo (representa a toda la naturaleza y su funcionamiento con el modelo de la máquina). Para esta con cep ción, el objetivo de la ciencia consistía en la cons truc ción de re la cio nes cuantifi cables, objetivas, absolutas. Los fenómenos se ex plica ban a través de causalidades lineales, (cau sa-efecto), que una vez co no ci dos, resultan predecibles con ab so lu ta certeza. La na tu ra le za, por lo tanto resulta simple, re ver si ble. Todo puede ser ex plica do por la causalidad (determinismo). Entender y conocer a la naturaleza se reducía entonces a conocer el funcionamiento fí si co químico de los seres vivos, que eran re gi dos por las mismas leyes que la na tu ra le za inanimada. Los fe nó me nos se considera- ban universales e in de pen dien tes del ob ser va dor.
Esta forma de pensar trajo, por supuesto, profundas con se - cuen cias sobre la conceptualización y las prácticas biomédicas: al re du cir la complejidad biológica (organismo vivo) a fenómenos moleculares simples, conceptualiza a la enfermedad como a una falla mecánica, localizada en algún órgano o función de- ter mi na da. La enfermedad es considerada como “intrusa”, un fenómeno independiente del profesional y aún del paciente, por lo tanto, anó ni ma y de intervención física (prácticas, cirugía) o química (me di ca ción) Así, la enfermedad, y no el sujeto, el enfermo, pasa a ser el interés fundamental del médico.
En este modelo, la visión del cuerpo es por lo tanto la de un cuerpo despersonalizado, anónimo, mero receptáculo de la en- fer me dad; es un cuerpo a-histórico, fragmentado, simplifi cado y ais la do, del resto de sí mismo (la persona) y de su contexto.
Así, gradualmente, la medicina fue dejando de lado al su je to, a su medio social, su historia, su relación con sus emociones, an gus tias, miedos; dejó de lado al sentido de la enfermedad, para con si de rar solamente al “mecanismo corporal”. Se transformó, no en un saber sobre el hombre, sino un saber anátomo fi siológico, que llega hoy a un grado extremo de refi namiento (ejemplo de esto es la hipe- respecialización de la medicina actual en torno a ciertas fun cio nes u órganos). Son “lógicas” médicas que llevan ine vi ta ble men te a un desenlace: el cuerpo, ya diferenciado del hombre, se en cuen tra
fraccionado en extremo. El médico, por lo tanto, pasa a ser un téc ni co en cuerpo humano.
Esta visión del cuerpo y la enfermedad, solo puede llevar a que el enfermo se abandone en manos del médico, y espere “pa cien te” a que el tratamiento (siempre localizado) haga efecto. Si la en- fer me dad es algo distinto a él, la colaboración activa y el es fuer zo per so nal por curarse no resultan, por lo tanto, elementos esen cia les. Tam po co es llevado el paciente a preguntarse sobre el sen ti do ínti- mo de la en fer me dad que lo aqueja, ni a hacerse cargo de él mismo en fer mo. Lo que se le pide es que justamente sea paciente, haga lo que le dicen, tome el remedio y espere los resultados.
Al centrarse el accionar médico en la enfermedad, y no en el ser humano, en esta concepción se limita notablemente la relación mé- di co-paciente. Se desconocen las dimensiones psicológicas, so cia les y am bien ta les que intervienen, despersonalizando y descontextuali- zando a la enfermedad. Se privilegia la tecnología sobre la mirada clínica. Este es el escollo de una medicina que no es la del sujeto: el cuerpo del saber (y por consiguiente, la formación profesional) versa sobre la en fer me dad y no sobre el hombre. Las razones de su efi cacia son las mismas que las de su difi cultad: la medicina frecuentemente cura una en fer me dad, pero no a un en fer mo: es decir, a un hombre inscripto en una trayectoria social e individual, en un contexto de ter mi na do (que in clu ye al médico y al sistema de salud como fac to res).
La salud, por lo tanto, como consecuencia y en la práctica, se ve reducida en este modelo, a ausencia de enfermedad.
NUEVOS PARADIGMAS
Desde principios del siglo pasado, importantes desarrollos en va rias ciencias provocaron una profunda revolución que atra ve só a todas las ciencias, con lógica repercusión en la fi losofía. Es ca pa a los propósitos de este artículo un análisis de los aportes de las cien cias al desarrollo del nuevo paradigma. Mencionaremos solo al gu nos: la Teo ría de la relatividad de Einstein, la teoría cuántica, los desarrollos en termodinámica (entropía), en física atómica,
la Teo ría general de los sistemas., constituyen las fuentes prin- cipales de esta revolución cien tí fi ca. La consiguiente revolución tec no ló gi ca, con los prodigiosos avan ces en ingeniería genética, en biología molecular, en técnicas de ex plo ra ción por imágenes, en las neurociencias, por un lado, y la globalización por el otro, que abrió el contacto con otras culturas, otras fi losofías y prácticas sociales, confl uyeron también en con so li dar un cambio radical de pa ra dig ma.
Enunciaremos brevemente, sin desarrollarlos, sus prin ci pa les postulados. Einstein formuló que toda materia es energía, que ma- te ria y energía son intercambiables y que toda materia (ener gía) está conectada a un nivel subatómico. La principal ca rac te rís ti ca del nuevo paradigma, es centrarse en los conceptos de ener gía y del dinámico fl uir de la energía. Se basa en una concepción holísti- ca: el todo es anterior a, y determina, el comportamiento de las par tes. El sistema u organismo vivo, del más sencillo al hombre, cons ti tu ye un todo integrado, indivisible, Este todo, no es simple sino com ple jo: la complejidad caracteriza a la naturaleza, a todo sis te ma bio ló gi co (vivo) y a su funcionamiento. Las partes que cons ti tu yen un todo se articulan entre sí funcionando como un sistema interconectado e integrado. Este funcionamiento sistémico se ca rac te ri za por una causalidad circular: todo cambio en una par te in fl u ye a las otras y es a su vez, nuevamente infl uido por el cam bio de éstas, determinando así la irreversibilidad de los procesos. Los sistemas biológicos (vivos) a diferencia de los in- animados o cibernéticos, se caracterizan por la autorregulación: están do ta dos de fun cio nes innatas de crecimiento y ajuste. Transcurren en ton ces en un per ma nen te equilibrio inestable, en constitutiva re la ción con el me dio, al ter nan do entre equilibrio-des- equilibrio-nue vo equilibrio, don de las roturas del equilibrio, si bien pueden ame na zar la su per vi ven cia del sistema, permiten el cambio, crecimiento y evo lu ción pro pia de los sistemas vivos. La teoría del desorden y el caos re sal tó la in fl uen cia del azar en los fenómenos, con la con si guien te ca rac te rís ti ca de impredictibilidad que es propia de to dos los pro ce sos vi vos. En este modelo, espa- cio y tiempo son re la ti vos, el con tex to es de ter mi nan te, el observador está incluido en, y mo di fi ca a lo ob ser va do, y no hay verdades y
certezas ab so lu tas e in mu ta bles, sino cons truc cio nes pertinentes a un de ter mi na do tiem po y es pa cio.
En lo que refi ere a las ciencias de la salud este paradigma holís- tico se contrapone al modelo biomédico tradicional de ma ne ra radical. Se basa en el concepto de que toda materia es energía: los sistemas vivos están animados por una energía integrada (fuer za vital o energía vital), que al fl uir libremente asegura el fun cio na mien to armónico entre los sistemas del organismo (sis- tema vivo), y en la relación con el medio. Este estado de funcio- namiento ar mó ni co en relación, al que en adelante llamaremos salud, se dará en el sen ti do del equilibrio-desequilibrio-nuevo equilibrio. Cuando este fl uir se debilita o bloquea, por la causa que fuere, los órganos, tejidos, células y sistemas del organismo se ven privados de la ener gía que necesitan para funcionar a potencial pleno. A esta situación lla ma mos enfermedad.
Llamaremos salud, por lo tanto, al mínimo estado de bien es tar (en ten dien do bienestar como la satisfacción de las ne ce si da des básicas) que asegure a un sistema vivo su funcionalidad en un contexto de ter - mi na do.
El acciona en salud, cualquier intervención en el área de la salud, se centrará por lo tanto, en el hombre como ser total (cuer po-men te), único, histórico, complejo, y contextual. El síntoma cons ti tu ye, entonces, no una manifestación nociva que debe ser rá pi da men te reprimida, sino más bien un útil aviso del or- ganismo de un blo queo de energía con compromiso de salud. La en fer me dad, con se cuen te men te, no debe ser considerara como “intrusa”, el re sul ta do de la acción de agentes patógenos externos, localizada en un órgano o función determinada, (y de intervención so la men te fí si ca o química), sino como el resultado fi nal de un proceso que empezó en el ser vivo con el bloqueo o disrupción de energía, y que altera su funcionalidad y relación con el medio. Abarca a todo el organismo, no solo a un o varios órganos o sistema, y es de in ter ven ción a muchos niveles. Por lo tanto es característico de la en fer me dad el bloqueo, el es- tancamiento y no-cambio, la falta de fl e xi bi li dad y la difi cultad de adaptación. Es característico de la salud el crecimiento y el