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CAPÍTULO III: EL CASO DE PALESTINA

3.6. LOS DISTINTOS EFECTOS DEL DISCURSO

3.6.5. Los efectos del muro en el discurso palestino

El muro construido por los israelíes entre los territorios de Israel y de Palestina generó diversos efectos psicológicos en los menores palestinos, que pasaron a nutrir cada vez más el odio por el enemigo enseñado por sus padres y familiares. Mientras los israelíes denominan la barrera física como una cerca de seguridad, los palestinos la llaman del muro del Apartheid.

Durante sus pesquisas, Kervorkian tuvo acceso al relato muy preciso de un niño sobre el muro. Para él, los israelíes estaban construyendo el muro con el pretexto de se proteger de los grupos rebeldes palestinos. Todavía, la seguridad de ellos costó la desapropiación de grandes áreas que pertenecían a los palestinos, bien como privó los palestinos de un lado del muro de tener

contacto con sus familiares del otro lado de la construcción. Además, la barrera física impidió el acceso a las escuelas y mezquitas y el cultivo de las tierras de algunos agricultores. El menor también demuestra su preocupación con los impactos al medio ambiente causados por los árboles que fueron taladas para la construcción del muro. Frente a tanta injusticia, el niño optimista relata que su pueblo resistirá con toda su fuerza. (Kervorkian: 2006)

Observando las palabras del menor, podemos concluir que los niños reproducen discursos de la prensa, de sus padres, de sus profesores o de sus amigos. Todavía no se puede desconsiderar la capacidad de los menores de comprender la realidad a su alrededor y culpabilizar el otro. Resistir es una de las palabras más recurrentes en el testimonio de los niños, que aprenden que tienen un rol muy importante en la sociedad.

Algunos niños relatan aún que no hay otra opción frente a la construcción de los muros. La existencia de la barrera no puede ser negada en el mundo real, pero muchos menores intentan supervivir pretendiendo que el muro no existe. Para una niña es mejor negar la presencia del muro, de otro modo, la niña acredita que se quedaría más perturbada. Esa actitud, de negar el problema, se tornó una alternativa a los menores para enfrentar la realidad o pelo menos preservar su psicológico frente a tanta injusticia. (Kervorkian: 2006)

Otra niña corrobora con el relato de su amiga y añade un significado para el muro: es un cáncer, una enfermedad peligrosa que destruye todo a su alrededor. A pesar de la visión pesimista, la niña se muestra muy optimista cuando habla de la resistencia palestina y aparte acredita que su pueblo siempre encontrará una manera de resistir. También, es muy interesante percibir que mismo frente a situaciones de conflicto, los menores reafirman las creencias de sus padres y buscan conforto en causas mayores, como la religión. (Kervorkian: 2006)

Para entender la influencia del discurso de los más viejos sobre los niños es interesante percibir que la comparación del muro a un cáncer acontece frecuentemente entre los menores. Posiblemente se trata de una reproducción de las ideas de sus padres, profesores, amigos, o mismo de la prensa. Un niño relató que el muro es como un cáncer que infecta la tierra. Ese cáncer estaría “destruyendo las cosechas de aceitunas, almendras y bananas de Canaán.” El menor aún añade que el muro aparta los árboles de su pueblo, perjudicando su existencia. Observando ese relato, es posible percibir la influencia de las escrituras sagradas sobre los menores y se deduce que la comprensión de las mismas es incentivada por la sociedad. (Kervorkian: 2006)

Los menores tuvieron que desarrollar capacidades de convivir con la presencia del muro, lo que no significó el abandono de la lucha de sus padres y de sus antepasados por el legado histórico de su nación. Esas respuestas a la presencia del muro, por lo tanto, son reflejos de las experiencias personales de los menores en el conflicto, pero también reflejen las concepciones de las personas alrededor, como sus padres, amigos, familiares, profesores y personalidades presentes en la prensa. Son las historias de los adultos que se instauran en el imaginario de los menores y crían explicaciones para las injusticias o mismo promesas de un futuro más prometedor.

Un niño de dieciséis años relató que el muro es parte de la historia de su pueblo con el pueblo de Israel. Una historia de más de cincuenta años en la cual los palestinos y el movimiento sionista siguen se enfrentando. De esta manera, para ese niño, los relatos de sus padres y de sus profesores es parte integrante de su concepción de mundo y suficiente para generar el descontento del menor con relación al otro. (Kervorkian: 2006)

Observamos que para los menores, la comprensión de la historia es a través de un ciclo vicioso. Un niño de diecisiete años afirmó que la historia se repite otra vez. Muertes, prisiones, separaciones discriminatorias, destrucciones, desplazamientos forzados y consecuente separación de los menores de sus familias. El menor aún cuestiona cuando eses conflictos tendrán fin y cuantos mártires aún tendrán que sacrificar sus vidas por una batalla sin vencedores. (Kervorkian: 2006)

Aquí observamos lo poderoso que es el discurso de los profesores. Tan poderosas cuanto peligrosas, las ideas predicadas por aquellos que tienen la tarea de enseñar niños a se tornaren ciudadanos se tornan parte de la realidad de los menores. Tanto en Israel cuanto en Palestina, la historia es enseñada a través de puntos de vista muy propios, en los cuales cada uno defiende su propiedad y su derecho al territorio. El nacionalismo, también enseñado en las escuelas es algunas veces glorificado, generando mayor disposición en los niños de participar de los conflictos como soldados o como mártires. El correcto seria garantizar que en el proceso educacional, los menores tuviesen acceso a los derechos de ambas las partes y no apenas una visión partidarista.

Por fin, tenemos que admitir que una guerra, mismo que tenga intento lógicos, siempre genera muchas pierdas ilógicas, que en el caso de los menores palestinos, se reflejen en la negación del derecho a la vida y a la dignidad humana. Aparte de eso, se los niega una perspectiva de futuro, ya que los niños no consiguen vivir ni mismo el presente. Su desarrollo físico y psicológico es constantemente amenazado, lo que genera la fortificación de los sentimientos de odio e indignación. Eses sentimientos, por su vez, imposibilitan la formación de una sociedad saludable y reflejen apenas un modelo violento y destructivo.