La fidedignidad del Nuevo Testamento
7. Los manuscritos
Según los últimos cálculos, existen unos 5.400 manuscritos antiguos del Nuevo Testamento,29 desde pequeños fragmentos de algún libro
hasta textos completos. Por supuesto, el estudio y clasificación de tantos documentos es un trabajo inmenso, y su fecha y significado son tema de debate entre los expertos. Pero algunas cosas son muy claras.
De inmediato podemos afirmar que este cuerpo de documentos constituye una evidencia para la autenticidad del Nuevo Testamento cien veces más importante que la que existe para cualquier otra obra literaria de la antigüedad.
¿Nos podemos fiar del Nuevo Testamento?
28 Bruce, op. cit., pág. 77.
Por otro lado, quizás resulte desconcertante para algunos saber que el manuscrito más antiguo que tenemos de la totalidad del Nuevo Testamento data de mediados del siglo IV. Se trata de dos documentos: el Códice del Vaticano y el Códice Sinaítico (conservado en el Museo Británico). En seguida nos preguntamos: ¿Qué seguridad puede haber en cuanto a la autenticidad del Nuevo Testamento si el manuscrito completo más antiguo data de 300 años después de su supuesta fecha de redacción?
La respuesta es que podemos tener muchísima seguridad, y esto por dos razones. En primer lugar, en el estudio de manuscritos antiguos 300 años es poca cosa. A fin de entenderlo consideremos algunos otros ejemplos:
• Julio César escribió su Guerra de las Galias aproximadamente en el año 60 a.C. El manuscrito más antiguo que actualmente co- nocemos data del 850 d.C., a una distancia de 9 siglos. En total existen sólo diez manuscritos.
• Tito Livio escribió su Historia de Roma en el año 10 d.C. De los 142 libros sólo existen hoy 35. El manuscrito más antiguo data de finales del siglo IV -una distancia de casi cuatro siglos- pero sólo contiene tres de los libros. Existen unos veinte manuscritos más.
• Tácito escribió sus Historias alrededor del año 100 d.C. Sólo tenemos dos manuscritos de ellas, y de los catorce libros que él escribió sólo nos han llegado cuatro y parte de un quinto. El manuscrito más antiguo es del 850 d.C., o sea, a una distancia de 750 años.
• Las distancias son aún mayores en el caso de los historiadores griegos. Los manuscritos más antiguos que tenemos tanto de Tucídides como de Herodoto datan de principios del siglo X d.C., a unos 1.400 años de la fecha de redacción. De la historia de Tucídides sólo tenemos ocho manuscritos.
Es con estos datos con los que debemos comparar los 5.400 ma- nuscritos y tres siglos de distancia del Nuevo Testamento.
Pues bien, casi nadie duda de que los textos que actualmente tenemos de Julio César, Tito Livio y los demás, sean lo que estos autores verdaderamente escribieron. Menos razón aún tenemos para dudar de la autenticidad del texto del Nuevo Testamento.
En segundo lugar debemos subrayar que hemos dicho que el texto más antiguo que tenemos del Nuevo Testamento completo data del siglo IV, pero por supuesto tenemos textos fragmentarios más antiguos. Entre los muchos que hay anteriores al 350 d.C. podemos destacar los siguientes:
• Los papiros Chester-Beatty contienen los cuatro Evangelios, Hechos, las Epístolas de Pablo y Hebreos (es decir, la mayor parte del Nuevo Testamento) y datan de la primera mitad del siglo III. • El fragmento John Rylands, del año 130 d.C. aproximadamente,
contiene Juan 18:31-32. Fue descubierto en Egipto y sólo dista unos 30-35 años de la redacción original.
• En 1972 el padre O’Callaghan –quien a pesar de su apellido irlandés es oriundo de Tortosa– anunció el hallazgo de un pe- queño fragmento (papiro 7Q5), procedente de la cueva 7 de Qumran, que él identificó como un texto del Evangelio de Marcos.30 Previamente a su identificación, el fragmento había
sido fechado por los expertos como procedente de los años 50- 75 d.C. (¡o antes!). Hasta el día de hoy, a pesar del escepticismo de algunos, la autenticidad de esta identificación no ha podido ser desautorizada. Posteriormente, el mismo O’Callaghan ha ofrecido posibles identificaciones de otros pequeños fragmentos procedentes de la misma cueva.31 De confirmarse estos detalles
tendríamos evidencias firmes de la existencia de manuscritos del Evangelio de Marcos, el Libro de Hechos, la Epístola a los Romanos, 1 Timoteo, Santiago y 2 Pedro en fechas muy cercanas al momento de su primera redacción.32
¿Nos podemos fiar del Nuevo Testamento?
30 Josep O’Callaghan: ¿Papiros neotestamentarios en la cueva 7 de Qumran? 1972. Bíbli- ca, 7:1, págs. 91-104 (Pontificio Instituto Bíblico).
31 Para un excelente análisis de los argumentos a favor de estas identificaciones, ver The First New Testament de David Estrada y William White (1978. Nelson, Nueva York). 32 Mientras escribía estas líneas, han llegado hasta mis manos dos artículos que versan
Estos datos, entre otros, nos conducen a la conclusión inevitable que podemos exponer en las palabras concisas de un testigo excep- cional, Sir Frederick Kenyon, uno de los grandes expertos de nuestro siglo en los manuscritos y arqueología de Oriente Medio:
El intervalo que media entre las fechas de composición originaria y las evidencias más antiguas que poseemos, queda reducido a un tiempo tan pequeño que en verdad se torna insignificante. Ya han sido removidos hasta los últimos baluartes como para que quede duda alguna de que poseemos las Escrituras en la forma substancial en que fueron escritas. Se puede decir que ya está consolidada finalmente la autenticidad y la integridad general de los Libros del Nuevo Testamento.33