Antes de marchar para Bogotá, antes de separarme de esta tierra a la que debo decir mi adiós, talvez el último, permítame usted que mande al campo de la política mi última mirada.
Colombia, la Colombia de 20 de julio de 1861, al ir a presentarse al mundo, pidió a la Colombia de 1819, como carta de introducción, su epopeya, sus nombres y sus glorias inmortales.
Tanto brilla Colombia hoy cuanto puede iluminar sus títulos el reflejo imperecedero de la Colombia que pasó.
Es que la vieja Colombia tenía tal vez, el veneno de los odios legítimos del esclavo contra su señor; pero abrigaba en su hogar, y calentaba con su aliento a una sola familia de patriotas y de hermanos, de héroes y de mártires.
Y la Colombia nueva se lanzó sobre la sangre de hermanos, y vio –entre los hermanos –a valerosos héroes enemigos y levantó, en uno y otro lado de la guerra fraticida, altares a los mártires de la familia.
Por eso Colombia, la nueva, al ceñirse su corona, muestra también sus espinas; por eso, al cubrirse con el blanco velo de la República, lo muestra salpicado con la sangre de sus hijos.
Y estos hijos murieron al golpe de otros hijos suyos!
Colombia la nueva, recibió por herencia única –de la época de los hombres y los hechos –el veneno de las divisiones.
Hubo la paz del sepulcro; la paz, a la que sirve de alimento la falta de esperanza. Pero no hubo orden; no hubo tranquilidad; no hubo confianza.
Los vencedores andaban quietamente por encima; pero debajo de sus plantas se sentía brillar amenazante la mirada fosforecente de una presa cogida.
La industria cerró las puertas de su templo; el porvenir se anubló; las almas se quedaron sin un rayo de santa paz que las guiara.
El Antagonismo, los odios, los celos, el desorden en su forma múltiple, dominaron nuestros territorios. Por qué, mientras todos padecieron y padecen, no padecemos en Antioquia?
Por qué, mientras todos se detienen, seguimos nosotros adelante?
Por qué, mientras la industria muere en todas partes, alza un templo más entre nosotros cada día? Por qué la letra constitucional, la que ofrece y permite y garantiza los derechos, se observa en esta tierra?
Por qué vivimos en Antioquia, y andamos y avanzamos con pie seguro, con ánimo tranquilo, sin temor? Es porque Antioquia tiene un Gobernante que está a la altura de la época y de la situación.
Adversario del partido que el señor doctor Berrío encabeza, resuelto como ha servido siempre, a impedir o a estorbar a ese partido el desarrollo de muchas de sus teorías financieras o de legislación civil o criminal, me creo en la obligación –que cumplo gustoso –de declarar que el bien que he podido gozar como miembro de partido; que la libertad que mis copartidarios gozan; que la actitud en que se ha colocado a Antioquia, actitud que la hace casi dispensadora de la paz y de la guerra, se deben a la maestría con que el Presidente del Estado ha resuelto las cuestiones de política nacional que llegaron a cruzar por su despacho.
Hoy, que estoy al irme para no volver nunca a esta tierra: hoy que nada puede darme el señor doctor Berrío; hoy que mis palabras llevan en la fecha y en las circunstancias el sello de la sinceridad, digo adiós a mi tierra, y deseo para ella, aunque tan cruel me ha sido, Gobernantes como el doctor Berrío.
Que él reciba mi respeto como antioqueño; mi elogio desinteresado como adversario suyo; mi consideración como hombre, y la seguridad de que, aunque discordes en política, me honro con ser amigo suyo, y espero que siempre lo sea mío.
C. A. E.
Medellín, septiembre 1º de 1868.
“LA BALANZA”
Con este título publicaré un periódico tan pronto como reúna, por suscripciones o de otra manera, los medios de costearlo.
El periódico tendrá lo bueno que he tenido yo toda mi vida, más algo bueno que he adquirido, de poco tiempo acá.
En política será liberal; pero no rojo; es decir, no comunista, no internacional, no ateo, no materialista, no oligarca. A Dios gracias, la corrupción que gangrena al partido liberal de la República, no me ha manchado a mí.
Yo soy liberal de la escuela de Ancízar, de Camacho R., de Zaldúa...
El periódico prescindirá en absoluto de cuestiones religiosas; es decir, que será profundamente respetuoso ante toda idea y toda doctrina, ante todo hecho y toda práctica que no sean contrarios al interés social.
“La Balanza” será guardián y adalid de la paz pública y concretará sus fuerzas, con especialidad a la reorganización del orden, esto es, en que haya empleados honrados y rígida justicia, a que sean obligados a servir de algo o a dejar el Estado los millares de desertores o de cesantes que, por no trabajar, roban ahora, como han robado y robarán toda su vida, para subsistir y aun para acumular.
“La Balanza” no es goda, porque tiene la dulce esperanza de que los godos se acabaron.
Esa palabra es un apodo injurioso que pugna con la tradición y con la historia: los godos duermen hoy sueño eterno sobre las tumbas de Felipe II, del Duque de Alba, de Torquemada, etc.
“La Balanza” no alza un brazo, porque sabe que, cuando uno de sus brazos se alce, habrá de bajar el otro.
“La Balanza” es hija legítima de la Libra latina.
Libra, madre de la libertad; libra que, en el zodiaco, muestra su camino al sol. El sol es la Autoridad.
Libra es el freno.
Grande y estupenda imagen que, desde el ámbito infinito mandas sus rayos de luz a las pasiones de los hombres.
“La Balanza” es la justicia.
“La Balanza” no odia, porque, cuándo ha odiado la justicia?
Pero “La Balanza” será sorda: sorda a los aullidos de la turba: sorda ante las exigencias de los bandidos.
“La Balanza”, cuyo punto de apoyo es ligero como un corcho, apoya en él dos brazos de acero rígido. Yo veo, y todo el mundo ve, que el fiel de la balanza política y moral descansa en ese punto vaporoso, en es corcho inmoral que se llama el Orden.
Pero el Orden, es decir, la armonía de los hombres y de las cosas se acabó en el país. Yo no soy conservador.
Yo no soy radical.
Y, sin embargo, soy conservador y liberal. Cómo se explica esto?
Es que hay un principio conservador y eterno, que se llama Seguridad. Es que hay un principio liberal y eterno, que se llama libertad.
Es que la Seguridad tiene sus límites como tiene la Libertad los suyos. Alzad el uno; perece el otro.
Alzad el segundo, muere el primero. Que no haya, pues, autoridad absoluta. Que no haya, pues, absoluta libertad.
Organicemos la Potencia y la Resistencia de la gran palanca. Hay un medio entre el Absolutismo y la Comuna.
“La Balanza” quiere buscar ese medio. No es culpa de las teorías.
No es honor exclusivo de los hombres; pero lo cierto es que, sean cuales fueren nuestras opiniones personales, es Estado de Antioquia gozó de paz bajo las administraciones Ospina, de Giraldo y de Berrío.
Yo no digo como el Palatino: “Antes la servidumbre que una peligrosa libertad”.
No digo eso cuando la servidumbre es la libertad ante la ley escrita, y cuando la libertad es el desenfreno ante la ley no escrita, ante la ley mudable de los demagogos.
Entre conservadores y liberales tomo un partido medio, ecléctico: entre rojos y cualquiera otra cosa, estoy por la segunda.
Los rojos sin bandera, sin otra bandera que la de uñas y su estómago, acaban de saquear este pobre estado desarmado.
Qué puede hacer la ley contra esos hombres? Nada.
Por qué no puede hacer nada?
Porque se les expedirá, quizá, título de propiedad para que gocen con calma de lo que se robaron. Es esto ser liberal?
Es esto ser patriota? Es esto ser antioqueño?
Qué principio liberal se proclamará en tal caso? Uno, dos o ciento más.
Los cuadrilleros, los asesinos, los incendiarios, los estupradores que ayer dominaban aquí, en dónde están?
Están gozando el fruto de sus depravaciones; y están gozándolo, como rojos, a la sombra de la bandera liberal.
Si la bandera liberal cobija y absuelve tan grandes desacatos, digo sin temor y con orgullo que no soy liberal de tal escuela.
Si la bandera liberal protesta contra esos crímenes, toca al Presidente señor doctor Restrepo U., aprehender y someter a juicio a los bandidos.
He dicho, y sigo creyendo, que lo que llamamos delitos políticos, no son delitos, sino errores.
Pero he creído y creo, que los que roban so capa de política, son peores que los mismos ladrones privados, cuanto que roban con capa de justicia (Hemecio).
Tengamos tolerancia con las ideas: tal vez serán mejores que las nuestras.
Pero ataquemos el bandalaje: porque eso tiene que ser malo ante nosotros, los que defendemos el hogar que nos abriga, la esposa que nos conforta y los hijos que son nuestra esperanza.
Por qué se fueron los ladrones con lo que se robaron? Por eso.
Pues, por eso declaro que se hizo mal en dejar que se fueran.
Que se nos dé un gobierno que preste garantías o que se nos autorice para proclamar y ejecutar la ley de Lynch.
Mis palabras son el eco del sentimiento Antioquia. Mayo 16, 1880.