6. CONTEXTO POLÍTICO: EL MUNDO GREOCOORIENTAL EN ÉPOCA DE ALEJANDRO
6.1. LOS PERSAS, EL ENEMIGO GRIEGO POR EXCELENCIA
Si nos fijamos en la perspectiva griega de aquel momento, los griegos era un pueblo que no entendía la variedad de culturas y los diferentes usos y costumbres que se daban en ellas si estos eran ajenos o se alejaban en exceso de su peculiar forma de ver las cosas. Ellos consideraban que sus criterios y parámetros morales eran universales y
eran estos los únicos válidos y aplicables a la hora de juzgar cualquier persona o situación, con independencia de su procedencia. Para la gran mayoría de los helenos, los bárbaros por excelencia eran los persas, quienes habían representado un papel protagonista en la historia del mundo griego en más de una ocasión desde antes de la llegada de Alejandro.
En lo referente a los vestigios que han perdurado del primer imperio persa, el de los Aqueménidas, estos son muy fragmentarios. Únicamente contamos con textos oficiales aislados pero no ha llegado a nosotros ninguna crónica real ni nada parecido. Aun así, por la poca documentación escrita que tenemos conservada, podemos vislumbrar que el imperio aqueménida era, en realidad, una monarquía burocrática instituida en conformidad con la antiquísima tradición de Oriente Próximo. Por otra parte, los vestigios arqueológicos, hallados especialmente en las capitales del imperio persa (Pasagardas, Susa y Persépolis), nos revelan la existencia de un estilo arquitectónico palaciego híbrido en el período aqueménida. Además, las inscripciones conservadas ratifican la naturaleza multinacional que tenían los materiales usados en su construcción y los artesanos que llevaron a cabo tales obras arquitectónicas. A pesar de que existe cierta información de primera mano proveniente directamente de fuentes orientales, la verdad es que para conocer bien como se organizaba el imperio persa al que se enfrentó Alejandro durante su campaña, no nos queda otra que acudir en mayor medida de lo recomendable a testimonios procedentes del ámbito griego.161
Ciertamente, el imperio persa aqueménida consistió desde un primer momento en una amalgama de territorios diversos, reunidos ya en el siglo VI a.C. por Ciro II el Grande (558-528 a.C.), a los cuales se agregó Egipto en el 525 a.C. bajo el reinado de
161 Cartledge, 2008: 47.
Figura 16. Restos arqueológicos de la antigua Persépolis (https://porlarutadelaseda.files.wordpress.com/2014/07/pano_20140620_110416.jpg)
Cambises (528-522 a.C.), pero que nunca fueron verdaderamente unificados como tal. Por ejemplo, las satrapías occidentales, debido a su contacto cercano con las ciudades griegas de la costa, siempre mostraron una cierta tendencia hacia el helenismo griego, y, por otra parte, Egipto también demostró su ideal de autodeterminación al independizarse del poder político persa durante el siglo IV a.C., bajo los reinados de las dinastías XXVIII, XIX y XXX, aunque finalmente fue reconquistada en el 345 a.C. por Artajerjes III (358-338 a.C.). Este imperio persa llegó a ser la mayor potencia del mundo antiguo, englobando decenas de países y pueblos bajo el mando de los diferentes reyes aqueménidas. Las instituciones sociales y económicas, así como las tradiciones culturales establecidas durante esta época por la familia de los aqueménidas, jugaron un papel muy importante en la historia del mundo antiguo y perduraron durante los siglos posteriores, incluso bajo control de Alejandro Magno, la dinastía Seléucida, los partos o los sasánidas más adelante.162 Sin embargo, la ausencia de unidad interna del imperio persa era más que evidente y este factor pudo ser uno de los principales desencadenantes de la conquista de Asia a manos de Alejandro.163 Algunos sátrapas se rebelaron con frecuencia contra el rey persa y pedían ayuda en más de una ocasión a mercenarios griegos con el objetivo de convertirse en monarcas independientes en sus territorios. Esto hizo que una parte de la nobleza persa comenzará a ganar poder e influencia y las intrigas palaciegas fueran siendo cada vez más frecuentes en el seno de la familia real aqueménida.
El imperio persa estaba dividido en diferentes provincias o unidades administrativas, denominadas satrapías, al frente de las cuales se encontraba un sátrapa o gobernador.164 Estos administradores eran gentes leales que obtenían dicho estatus por nombramiento real y que a menudo pertenecían a la dinastía real por nacimiento o por lazo matrimonial, siendo en cualquier caso de origen iranio, al menos hasta el siglo IV a.C. La principal responsabilidad del sátrapa no era otra que la de asegurar la recaudación de impuestos y su remisión a una de las diferentes entidades establecidas en Irán y que se encargaban de gestionarlos.165 Ya en el siglo IV a.C., lo más normal era
162 Dandamayev, 1996: 46. 163
En opinión de Claude Mossé, la ausencia de unidad del imperio pudo justificar las ambiciones de los que en Grecia querían que Filipo II se lanzase a una campaña panhelénica con el objetivo de conquistar Asia y acabar así con el enemigo griego por excelencia. Además, el asesinato de Artajerjes III a manos del eunuco Bagoas en los años previos a que Alejandro accediese al trono de Macedonia dejaba entrever una conquista fácil para los griegos. Mossé, 2004: 28.
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Esta estructura tiene su origen en las reformas financieras y administrativas puestas en marcha por Darío I alrededor al año 518 a.C. Este sistema administrativo sufrió ya muy pocos cambios a lo largo de los años y perduró como tal hasta el fin del imperio persa aqueménida. Dandamayev, 1996: 47.
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Para hacer más rápida y eficiente el traslado de los impuestos a Irán, el imperio persa contaba con una red de carreteras muy adecuadas para el transporte a caballo, que fueron un antecedente de las que crearía
Figura 17. Relieve de un edificio de Persépolis (https://porlarutadelaseda.files.wordpress.co m/2014/07/img_20140704_201719.jpg)
que cada sátrapa ostentase el poder sobre todas las funciones civiles, militares y financieras de su provincia.
En tiempos ya de Darío III, la frontera oriental del imperio se había trasladado del río Indo, hasta donde se extendían sus dominios en época de Darío I (521-486 a.C.), a las montañas del Hindukus, conocidas por los griegos como el Cáucaso indio. Esta pérdida de territorio constituye también un síntoma del debilitamiento que padecía el imperio aqueménida en el momento del advenimiento de Alejandro Magno. A la debilidad latente en aquel momento en el imperio persa de Darío III habría que añadirle otro factor relevante en el siglo IV para el devenir del mundo grecooriental y que pudo propiciar la organización y puesta en marcha de la campaña panhelénica de conquista por parte de Alejandro. Hablamos en este caso de un factor de carácter demográfico y que tuvo que ver con la superpoblación que se dio en la ecúmene en ese siglo y que propició un movimiento emigratorio de población humana debido a que se excedió la capacidad de sustento ofrecida por el medio en aquel momento. Se necesitaban más territorios y estos sólo podían ser conseguidos mediante la conquista. El servir en un ejército real representaba un camino para el ascenso social y el reclutamiento por lo general conllevaba el asentarse en el extranjero al pasar al retiro. En ese momento, lo más probable es que la creciente polarización de las clases ricas y el crecimiento de las grandes propiedades de las élites griegas, estuvieran expulsando de la tierra a los ciudadanos con propiedades más pequeñas, haciéndolos pasar a depender de los ricos
el imperio romano más adelante. La más célebre de todas fue la Ruta Real, que transcurría desde Susa, la principal capital administrativa, hasta la ciudad jonia de Éfeso, con una distancia de 3.000 km. “Se
calcula que, merced a las 111 casas de posta de que disponía, un mensajero podía salvar la distancia que separaba a las dos ciudades citadas en diez días, en tanto que un ejército de a pie y cargado con animales y demás impedimenta necesitaría tres meses para hacer el mismo recorrido.” Cartledge, 2008:
49-50.
Figura 18. El Imperio persa aqueménida en el siglo IV a.C. (https://lh3.googleusercontent.com/-O- oM8hSbE4M/VLudKsCp6LI/AAAAAAAAjNA/5o5U8WdETT0/s1500/Achaemenid_Empire_es.svg.png)
para el empleo estacional. Es por esto que para muchos de estos pequeños propietarios la oportunidad de emigrar a una nueva ciudad y luchar por el rey con la esperanza de recompensa les podía resultar muy atractivo, dada la perspectiva de recuperar el estatus de propietario de tierras.166