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EL REGRESO A BABILONIA Y LOS ÚLTIMOS AÑOS DE ALEJANDRO MAGNO (325-323 A.C.)

7. LA CONQUISTA DE ASIA: RECORRIDO Y NUEVAS FUNDACIONES

7.6. EL REGRESO A BABILONIA Y LOS ÚLTIMOS AÑOS DE ALEJANDRO MAGNO (325-323 A.C.)

Todo estaba dispuesto a finales de agosto del 325 a.C. para iniciar el camino de regreso a casa. El ejército terrestre de Alejandro, integrado por unos 30.000 individuos en aquel momento, partió de la ciudad de Pátala para aprovechar las lluvias monzónicas así como para ir lo suficientemente por delante de la flota de Nearco y poder ir allanándole el terreno. La idea inicial era reunirse con Nearco en la desembocadura del Tigris o del Éufrates. En cuanto la columna de Alejandro descendió hasta cerca del océano, se dirigió hacia el oeste, siguiendo la línea de la costa para lanzar un ataque por sorpresa a los oritas, pueblo indio independiente que habitaba la llanura que rodea lo que actualmente es Las Bela, en Beluchistán. El macedonio se hizo sin problemas con el control de este territorio de los oritas y decidió que la principal población de la zona, Rambacia, se convirtiese en una ciudad de nuevo cuño, que llevaría a partir de ese momento el nombre de Alejandría. Veamos como cuenta Arriano este episodio:

Acampó Alejandro entonces junto a un riachuelo, hasta que se le juntaron las tropas que venían con Hefestión, y acto seguido continuó su avance. Llegó a la capital del pueblo orita, llamada Rambacia, cuyo emplazamiento mereció todos sus elogios al tiempo que le pareció que un asentamiento en este lugar se transformaría en pocos años en una ciudad grande y próspera. Ordenó a Hefestión que se quedara aquí para

atender estas cuestiones.366

Curcio es otro de los que nos habla de esta nueva ciudad:

363

Bosworth, 1996: 364.

364 Hammond, 1992: 323.

365 “Con la llegada final a la ciudad de Pátala, en el 325, se establecieron por fin los itinerarios de regreso

de toda la expedición.” Guzmán y Gómez, 2004: 165.

Penetró a continuación en una región desierta y falta de agua y, después de atravesarla, pasó al territorio de los horitas. Allí hizo entrega a Hefestión de la mayor parte del ejército y repartió entre Ptolomeo y Leonnato la tropa armada a la ligera. […] También en esta región fundó

una ciudad a la que fueron deportados los aracosios.367

Diodoro nos da nuevos datos acerca de los posibles intereses que tendría Alejandro en este nuevo establecimiento:

Alejandro quiso fundar junto al mar una ciudad, y como encontró un puerto no batido por el oleaje, y cerca de él un lugar conveniente, fundó

allí la ciudad de Alejandría.368

Según los testimonios de estos tres historiadores, parce ser que Alejandro fundó una ciudad en el territorio de los oritas, pero difieren en la situación de esta. Mientras que Arriano nos cuenta que dicha Alejandría se alzó en el interior, sobre el asentamiento anterior de Rambacia, capital de los oritas; Diodoro afirma que esta se situaría en la costa, en un lugar apto por su seguridad para la construcción de un puerto marítimo. Curcio, por su parte, únicamente nos da el detalle de que dicha población fue el lugar de acogida de la población de aracosios cercana al lugar. Ante esta problemática, A. B. Bosworth asegura que “Alejandría es, claramente, el sinecismo situado en el emplazamiento de Rambacia descrito por Arriano, y la fundación de la costa, si existió, tuvo que ser el depósito costero369 donde Leónato almacenó grano para la flota.”370 Por lo tanto, y según este autor, habría dos zonas de concentración vinculadas con una única fundación: la costa por un lado, donde la flota necesitaría obtener provisiones para continuar su periplo por el mar; y por el otro, el interior, asegurado por una nueva ciudad que se poblaría con colonos traídos de Aracosia. Además, el responsable final del buen funcionamiento de esta Alejandría iba a ser Leónato, quien se encargaría de mantener sumisos a los oritas, de hacer de la ciudadela un lugar seguro que asegurase el control de la zona y, por último, de garantizar que la costa acogiese bien a la flota de Nearco a su llegada a puerto.

Alejandro dejó finalmente el territorio de los oritas hacia principios del mes de octubre para inicia el largo viaje hacia Carmania y el Golfo Pérsico. Esta nueva expedición iba a acabar por convertirse en la empresa más desagradable de la vida del conquistador macedonio. A pesar de la fama de invencible que ha acompañado desde siempre a Alejandro Magno, los tres últimos meses del 325 a.C. fueron una demostración de que esta fama debería ser, cuanto menos, discutida.371 El territorio hacia el que se dirigió era, en su mayor parte, desértico y la línea de marcha lo llevó hacia el interior, hacia los centros de la región de Gedrosia más poblados. El camino a través del desierto de Gedrosia fue extremadamente duro y durante el trayecto muchos

367

Curcio Rufo (IX, 10, 6-7).

368 Diodoro Sículo (XVII, 104, 8). 369 Arriano (VIII, 23, 6).

370

Bosworth, 1996: 191.

soldados murieron, a la vez que también lo hicieron mujeres y niños que iban con la impedimenta. Según iba decayendo la moral, los hombres empezaron a matar a los animales de tiro para comérselos, además de acabar con los carros para poder utilizar la madera y cocinar el alimento.372 Finalmente, el ejército logró atravesar el desierto y penetró en Carmania, a cuya capital arribó en el invierno del 325-324 a.C. Finalmente, en el mes de enero del 324 a.C., Nearco y su flota se reunieron con Alejandro en Carmania, habiendo recorrido unos 1.300 kilómetros desde la desembocadura del Indo. El efecto principal de esta campaña terrestre y marítima por el sur de Asia fue el establecimiento de rutas de comunicación por vía marítima entre dos grandes focos de civilización. Además, quedaba así demostrado que el mar existente entre la India y el Golfo Pérsico era el “Gran Mar” (Océano Índico).

En pleno invierno, Alejandro reemprendió la marcha al oeste y desde Carmania se dirigió directamente a Pasagarda, la antigua capital de Pérside, para, posteriormente, poner rumbo a Persépolis. El fin de la campaña asiática estaba muy cerca y Alejandro llevó a su ejército al completo por el camino real hacia la capital de invierno, Susa, a la que llegó en marzo del 324 a.C. La flota de Nearco, la cual había continuado navegando el litoral desde el reencuentro en la capital de Carmania, volvió a juntarse con la columna comandada por Alejandro junto antes de llegar a Susa, por lo que las fuerzas del macedonio se encontraban de nuevo todas unidas. Para celebrarlo se realizaron sacrificios y juegos atléticos, y los oficiales más veteranos fueron recompensados por su servicio y coronados por sus hazañas durante tamaña empresa que acababan de finalizar. En este momento, llegaron al campamento de Alejandro los refuerzos formados por 30.000 jóvenes iranios vestidos con prendas macedonias y entrenados en las artes macedonias de la guerra.373 Estos nuevos soldados, destinados a cubrir las grandes bajas del ejército, provenían sobre todo de las Alejandrías fundadas durante la campaña en Asia y de algunos pueblos tribales de Irán.374

La misión de Nearco tuvo unas consecuencias de considerable importancia ya que gracias a la inspección de las costas que este llevo a cabo desde la desembocadura del Indo, toda la información recogida (fondeaderos, islas, pueblos, ciudades, pozos, tierras fértiles, etc.) iba a quedar recogida en forma de paraplus o mapas, permitiendo así la apertura del comercio marítimo entre Mesopotamia y la India.375 Esto hizo que Alejandro se preocupase en su último año de vida en explorar bien la costa árabe y de

372 En opinión de Hammond, fueron principalmente los no combatientes y los animales de carga los que

murieron durante esta travesía por el desierto, ya que estos no dependían del ejército sino de los mercaderes de la zona para conseguir sus provisiones. Hammond, 1992: 334.

373

Hacía ya tres años desde que Alejandro, encontrándose cerca de Balj, había ordenado que fueran seleccionados y entrenados algunos de los jóvenes habitantes de esas colonias con motivo de ingresar algún día en el ejército de Alejandro. Lane Fox, 2007: 677.

374 El hecho de que estos 30.000 jóvenes iranios proviniesen, en su mayoría, de las nuevas colonias

fundadas por Alejandro ha llevado a varios historiadores a intentar dilucidar cuantas fueron en realidad las ciudades erigidas por Alejandro durante su campaña ya que teniendo esta cifra concreta, se podría hacer una estimación de cuanta población de la edad apropiada podría aportar cada una de las colonias siguiendo las cifras de demografía de la zona que se barajan para aquel momento de la Antigüedad. Hammond, 1998: 244-246.

intentar descubrir las posibilidades que habría de llegar a circunnavegar Arabia hasta llegar a lo que él creía el Golfo Pérsico de Egipto, lo que en realidad sería nuestro Mar Rojo. Alejandro había sido informado por las poblaciones locales de la zona que la costa arábiga poseía abundantes lugares de recalada para los barcos y de sitios muy adecuados para la fundación de ciudades que crecerían prósperas gracias a las condiciones propicias de esos territorios.

Alejandro aún conservaba grandes planes para el futuro y para nada se quedó a la espera de ponerlos en marcha. En la primavera del 324 a.C., mandó al grueso del ejército terrestre, bajo el mando de Hefestión, desde Susa hacia el Golfo Pérsico, mientras él se embarcaba rumbo a la desembocadura del Tigris. El ejército al completo se reunió cerca del gran estuario donde desembocaba por aquel entonces el Tigris.376 Este sería el emplazamiento elegido para una nueva ciudad, Alejandría de Susiana, que fue conocida más tarde como Spasinou Charax. La única fuente antigua que hace referencia a esta fundación es Plinio el Viejo quien nos habla de la ciudad en las siguientes líneas:

Cárace, población interior del Golfo Pérsico y a partir de la cual se extiende la Arabia denominada Eudemon, se halla en una colina construida por la mano del hombre entre dos ríos que confluyen, el Tigris por la derecha y el Euleo por la izquierda, con una superficie de dos mil pasos. La primera fundación la realizó Alejandro Magno con los colonos procedentes de la ciudad real de Dúrine, que desapareció entonces, y dejando allí soldados ya inútiles para el servicio. Había ordenado que a ésta se la llamara Alejandría, y Peleo a la aldea construida exclusivamente para los macedones, por el nombre de su patria.

Los ríos destruyeron esta población; después Antíoco, el quinto de sus reyes, la reconstruyó y la llamó con su nombre; devastada de nuevo, hizo lo mismo Espaosines, hijo de Sagdodonaco, rey de los árabes comarcanos, del que Juba dijo erradamente que fue sátrapa de Antíoco; tras haber levantado unos diques, la reconstruyó y le dio su nombre, fortificando el territorio adyacente en una longitud de seis mil pasos y

una anchura algo menor.377

En este nuevo asentamiento, Alejandro utilizó una vez más como base para su fundación una comunidad nativa, la de Durine, que fue disuelta y sus habitantes fueron llevados a Alejandría de Susiana como mano de obra agraria. En ella, también fueron destinados aquellos veteranos macedonios incapaces de seguir en el servicio activo, los cuales conformaron el núcleo poblacional y fueron instalados en un barrio o sector especial llamado Peleo, en honor a la capital de Macedonia. Una vez más, “una Alejandría seguía el ejemplo de un antiguo puesto de avanzada oriental, y de nuevo

376

En concreto, se congregaron en la confluencia entre el río Euleo y el Tigris.

estaría a la altura de las esperanzas de su fundador”.378

Esta nueva ciudad duró apenas cien años ya que, como nos dice Plinio, fue arrasada por las inundaciones. A pesar de eso, el lugar fue restaurado en varias ocasiones por los reyes griegos y partos y se convirtió en el principal puerto para el comercio del Próximo Oriente con la India. Se sabe que dicha ciudad fue visitada por el emperador romano Trajano y que todavía existía en época árabe. Cabe destacar que los

restos de esta

fundación alejandrina han sido localizados por un reconocimiento aéreo llevado a cabo por los ingleses y los informes han aportado información de utilidad acerca de la disposición de las calles y edificios que seguirían una disposición típica de un campamento militar de la época.

Desde la desembocadura del Tigris, Alejandro continuó remontando sus aguas hasta Mesopotamia, mientras iba destruyendo las cataratas artificiales que encontraba y que impedían la navegación por este. No cabe duda de que el conquistador macedonio estaba preparando ya su nueva aventura de ocupación de Arabia para el año siguiente y requería de una armada procedente de Mesopotamia. De esta forma, iba adecuando el Tigris a sus propósitos, de forma que este permitiese el tráfico naval en ambas direcciones y, así, la nueva fundación de la desembocadura serviría de arsenal para la flota.379 El Éufrates, en cambio, no poseía barreras en su curso por lo que los preparativos de Alejandro en sus aguas fueron mucho menores, limitándose a conseguir que siempre hubiese el caudal de agua adecuado para sus planes.

Tras continuar río arriba hasta Opis, a mediados de verano, Alejandro se dirigió a Ecbatana, la tradicional capital del período estival de los reyes persas. Fue en esta ciudad donde el mejor y más leal compañero de Alejandro, Hefestión, cayó gravemente enfermo y, finalmente, murió al séptimo día de enfermedad. Alejandro sufriría el que más esta pérdida y los honores dedicados a su amigo fallecido fueron de lo más esplendorosos. Esta muerte no impidió que prosiguiesen los planes del rey y llegado el invierno, se reanudó la campaña. Esta vez el objetivo eran los coseos, unas tribus que habitaban el territorio montañoso que limitaba con Media y que controlaban parte de los caminos que unían Ecbatana con Susa. Estos rebeldes fueron enseguida mitigados y Diodoro nos cuenta que Alejandro estableció una serie de “ciudades” en lugares clave

378

Lane Fox, 2007: 679-680.

379 Bosworth, 1996: 214.

Figura 45. Localización de Alejandría de Susiana (Spasinou Charax) (http://www.livius.org/articles/place/charax/)

para controlar las posibles nuevas rebeliones contra el dominio macedonio.380 Más que ciudades en sí, a lo que Diodoro se refiere probablemente con este término es a un conjunto de asentamientos militares destinados a vigilar y mantener el orden sobre estas tribus.381 Ciertamente, el domino sobre estos pueblos nunca llegó a ser total y de estas “fundaciones” no se volvió a saber nada más.

Una vez entrado el año 323 a.C., la corte de Alejandro regresó por fin a Babilonia. Los preparativos para la invasión de Arabia estaban ya prácticamente finalizados. La última de las obras de ingeniería fue el dragado de un gran puerto en Babilonia, con capacidad para más de 1.000 naves, para facilitar las instalaciones portuarias necesarias que se iban a necesitar en la campaña que estaba por venir. Mientras la flota se iba concentrando en este puerto, Alejandro llevó a cabo una última revisión del Éufrates. Su actividad se concentró esta vez en la entrada del principal canal de drenaje del río, el Palácopas, el cual desviaba el exceso de agua de las crecidas. Tras las obras, Alejandro optó por descender navegando el Palácopas en dirección a los lagos de Arabia. Allí, en la orilla occidental del delta del Éufrates, fue donde tendría lugar la última de las fundaciones de Alejandro Magno, la cual es narrada en exclusiva por Arriano:

Más tarde navegó hasta el Palácopas y bajó por él hasta los lagos, en dirección a Arabia. Encontró allí un lugar bien situado y en él fundó una ciudad, toda ella amurallada, en la que asentó a algunos mercenarios griegos que voluntariamente se lo habían pedido, así como a otros que

por su edad o por sus heridas resultaban ya inútiles para la guerra.382

Esta sería la última de las Alejandrías fundadas por el conquistador y que, en este caso, constituiría una base naval principal para el ejército invasor que se estaba congregando y preparando en Babilonia, función idéntica a la de Alejandría de Susiana.

Para muchos, Alejandro estaba entusiasmado con los informes que hablaban de la existencia de puertos a lo largo de la costa de los árabes. Este hecho hacía posible la fundación de nuevas Alejandrías que controlasen la ruta comercial alrededor de Arabia hasta el Mar Rojo y el Golfo Pérsico y así hacerse famosas y enriquecerse gracias al rico comercio que fluiría por sus territorios de control.383 La verdad es que poco se sabe a ciencia cierta en cuanto a los futuros planes que tenía el rey macedonio en la primavera del 323 a.C. Estos se recogieron supuestamente, en los Hypomnemata o memorias oficiales pero el único indicio que se conserva al respecto hay que buscarlo en la obra de Diodoro.384 Según este autor el más importante de todos los proyectos desde el punto de vista militar y político era el de construir una flota de más de un millar de barcos para llevar la guerra a Cartago y a otros habitantes del Mediterráneo Occidental (Libia,

380 Diodoro Sículo (XVII, 111, 6). 381

Bosworth, 1996: 223.

382 Arriano (VII, 21, 7). 383 Lane Fox, 2007: 725. 384

“No podemos asegurar que ninguno de los elementos que conforman la relación de sus propósitos sea

Sicilia, Iberia, etc.). Este plan entroncaría muy bien con los preparativos que estaba llevando ya a cabo en el 324-323 a.C. en el marco de la expedición contra los pueblos de la península arábiga.

Sin embargo, todos estos planes nunca llegaron a llevarse a cabo pues la muerte le vino a Alejandro de manera prematura en el mes de junio del 323 a.C., en la ciudad de Babilonia, debido, supuestamente, a una enfermedad.385 Concretamente, el día 10 de junio del 323 a.C. su vida se apagaba dejando tras de sí un gran Imperio que no duraría unido mucho tiempo, aunque su legado cultural y el sincretismo entre griegos y orientales formaría parte ya de la historia de todas aquellas regiones que estuvieron un día bajo su control. Tal y como apunta Claude Mossé, “sea como fuere, la muerte brutal de Alejandro puso fin a una aventura que le permitió reunir en sus manos un territorio inmenso, muy distinto del reino de sus antepasados macedonios.”386

385 En verdad, las causas de la muerte de Alejandro siguen siendo hoy en día objeto de debate entre los

historiadores y apasionados de este gran personaje. Las hipótesis son de lo más variopintas: unos hablan de que resultó envenado por orden de Antípatro, hostil a la política oriental del rey y quien temía el regreso de Alejandro; otros, en cambio, hablan de una muerte natural debido a una fiebre malaria contraída en los pantanos y que desembocó en una leucemia, o, incluso, los hay que lo achacan al alcoholismo inherente del macedonio. Guzmán, 1989: 32.

386 Mossé, 2004: 59.

Figura 46. Reconstrucción hipotética del carro fúnebre de Alejandro Magno según la descripción hecha por Diodoro (Manfredi, 2011, fig. 1)

8.

REFLEXIONES

SOBRE

LAS

NUEVAS

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