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LA OCUPACIÓN DE LAS SATRAPÍAS CENTRALES HASTA LA MUERTE DE DARÍO (331-330 A.C.)

7. LA CONQUISTA DE ASIA: RECORRIDO Y NUEVAS FUNDACIONES

7.3. LA OCUPACIÓN DE LAS SATRAPÍAS CENTRALES HASTA LA MUERTE DE DARÍO (331-330 A.C.)

Continuando con el relato de la campaña, una vez conquistada y afianzada políticamente la importante región de Egipto,245 Alejandro dejó Menfis en algún momento del mes de abril del 331 a.C. y avanzó de nuevo hacia Fenicia decidido a acabar con el Gray Rey de Persia. Durante la estancia de Alejandro en Egipto, Darío había tenido la oportunidad de reagrupar sus fuerzas y prepararlas para una nueva batalla de envergadura que, todo parecía indicar, sería la decisiva. El ejército que el rey persa Darío había logrado reunir, superaba en número incluso al que había sido

242 Al construir Alejandro una ciudad a gran escala, los dos grados de ciudadanos estuvieron presentes en

ella desde un primer momento. Hammond, 1992: 180.

243 Al construir Alejandría de Egipto, se nos cuenta que Alejandro señaló él mismo el número de templos

y de dioses que se adorarían en ellos, no sólo los griegos, sino también los egipcios como Isis. La verdad es que Alejandro siempre estuvo muy pendiente de no descuidar los cultos de los dioses oriundos de los territorios que conquistaba. Blázquez, 2008b: 11.

244

Lane Fox, 2007: 320.

245 Alejandro obró de manera muy inteligente en Egipto y, una vez más, asignó a gobernadores nativos los

principales puestos civiles y restableció los ritos y las costumbres nativas de los egipcios que habían sido suprimidas tiempo atrás por los persas. Esto le valió el respeto de los altos dirigentes del lugar y le permitió dejar el país del Nilo sin temor a una posible revuelta interna. Renault, 2004: 119.

derrotado anteriormente en Issos, aunque en este caso ya no contaba con los recursos del oeste. En cambio, los recursos humanos que le brindaban sus provincias orientales eran todavía muy abundantes, cuyos combatientes más eficaces eran sobre todo la caballería de la Bactria y Sogdiana, cuyo número se incrementaba con soldados auxiliares provenientes del oeste de la India y por los sacas de las estepas del norte y el oeste de la frontera sogdiana. Darío había reunido a todo su gran ejército en Babilonia, sin embargo, no tenía ninguna intención de celebrar allí la batalla por lo que partió al norte, a las llanuras de Asiria, en concreto a Gaugamela, lugar escogido para la batalla final que decidiría el futuro del conflicto entre persas y macedonios.

En los primeros meses de verano de ese mismo año, el ejército de Alejandro se mantuvo entretenido en las regiones de Fenicia y Siria. El monarca macedonio tenía claro que, si conseguía derrotar a Darío, el territorio sirio sería vital para sus comunicaciones, por lo que tomó todas las medidas necesarias para afianzar estas posiciones a su paso.246 Una vez hecho esto, Alejandro estaba preparado para dirigirse al encuentro del ejército de Darío, por lo que a mediados de ese verano puso rumbo al Éufrates, el cual cruzó a la altura de Tápsaco por dos puentes que allí se hallaban. Acto seguido, no siguió el curso de este río hacia el sur sino que se dirigió hacia el este, hacia el Tigris, río al que llegó en septiembre, época del año en la que bajaba poco agua y era posible cruzarlo a pie, sin ningún sistema artificial de flotación. Una vez cruzado el río Tigris, por un punto ligeramente al norte de la actual ciudad de Mosul, el ejército macedonio arribó en apenas dos semanas, a primeros de

octubre, a donde tendría lugar el combate contra Darío.247 La práctica totalidad de los historiadores antiguos han dejado constancia, una vez más, de la destacada habilidad táctica que demostró Alejandro durante esta batalla. El combate de Gaugamela (1 de octubre del 331 a.C.) dio la victoria decisiva a Alejandro y esta le brindaba el dominio de las regiones del Imperio persa situadas en la zona occidental de Irán y al oeste de esta. El éxito cosechado por Alejandro en este momento fue total pues el ejército de

246 Hammond, 1992: 188. 247

Gaugamela era una pequeña aldea situada cerca de la antigua población de Arbela, a unos 52 kilómetros de esta.

Figura 30. Mapa de Asiria y Babilonia (Bosworth, 1996: 103, fig. 5)

Darío quedó prácticamente destruido por completo y, en adelante, la ruta hacia las principales capitales del imperio quedaba abierta para él.248

El único y principal problema que le quedaba a Alejandro tras Gaugamela era que Darío había logrado huir tras el desastre infligido a sus tropas. El rey persa escapó velozmente con unos pocos de sus generales y, rápidamente se adentró en Media para después cruzar las montañas de los Zagros por el paso de Spilik (actualmente en esa zona se encuentra la ciudad de Ruwandiz). La huida con vida de Darío era un contratiempo para el líder macedonio pues, aunque Alejandro había dado un paso de gigante hacia la destrucción de Darío y el final de la guerra de venganza contra los persas, el hecho de la antigua monarquía persa tuviese un intenso carácter personal, hacía necesario atrapar a Darío si Alejandro quería que el golpe propagandístico de su legítima sucesión en calidad de emperador oriental fuese efectivo de verdad.249 Aun con todo, Alejandro no perdió la oportunidad de proclamarse Rey de Asia250 y se lanzó a por su siguiente objetivo, alcanzar a Darío en su huida y consolidar su dominio sobre las ciudades de las tierras bajas del imperio persa.

El ejército se puso en marcha sin perder tiempo, y el día 2 de octubre las tropas abandonaron Arbela en dirección sur por el Camino Real, manteniendo el río Tigris a su derecha. Tras recorrer unos 460 kilómetros llegó a Babilonia, ciudad que se rindió instantáneamente y en la cual entró Alejandro de manera totalmente triunfante. Este tomó de inmediato el palacio real y su tesoro e hizo un sacrifico formal al dios de la ciudad, Bel-Marduk, según marcaba el protocolo de los sacerdotes locales. Al igual que había sucedido en Egipto, fue revestido con el título de rey y adoptó a su vez medidas populares como la reconstrucción del templo de Marduk y estableció unas buenas relaciones con el clero indígena y la nobleza irania. Por si fuera poco, Alejandro aprovechó las grandes cantidades de metales preciosos del tesoro y creó una ceca de acuñación de moneda en Babilonia que inmediatamente comenzó a acuñar tetradracmas de plata con la representación de Zeus Basileus. Es posible que Alejandro viese la importancia de esta ciudad para sus futuros planes, debido a su historia y a su privilegiada

248 Mossé, 2004: 44. 249

Alejandro necesitaba por ello atrapar a Darío, vivo y en persona. Únicamente eso podría hacer cabal el traspaso de poder, tanto en lo físico como en el plano de lo simbólico. Cartledge, 2008: 142.

250 Las fuentes no mencionan ninguna coronación oficial en Persépolis, Susa o Ecbatana, pero sin duda

esta tuvo lugar. Dicha coronación convertía automáticamente a Alejandro en el heredero al trono de los aqueménidas. Blázquez, 2008b: 8.

Figura 31. Entrada de Alejandro Magno en Babilonia. Cuadro de Charles Le Brun (1665). Museo del Louvre (Mossé, 2004)

situación geográfica,251 y que pensase en llegar a convertirla en la capital de su nuevo imperio oriental, sin duda, mucho más adecuada para ese cometido que la lejana Pela, situada ahora en los confines occidentales de sus dominios.252

Después de haber dejado descansar a sus tropas durante un mes en Babilonia, se dirigió a Susa, hacia finales de noviembre del 331 a.C. Como era de esperar, esta ciudad también se entregó a Alejandro sin mayores problemas y el rey únicamente tuvo que tomar posesión de ella y de sus tesoros. El tesoro de la ciudad estaba compuesto por unos 50.000 talentos en lingotes de oro y plata y con él, el rey macedonio pudo recompensar a sus soldados por sus servicios.253 De esta forma, los hombres incapacitados para seguir combatiendo en el ejército recibieron generosos regalos y fueron asentados en sus nuevas ciudades, en guarniciones, o se les permitió regresar a sus casas. Es precisamente en este momento cuando Alejandro toma una decisión militar muy importante para el devenir de la campaña y decide reorganizar su ejército para llevar a cabo, a partir de ahora, una guerra de montaña, una guerra de guerrillas y una guerra de sitio.254 Su próximo objetivo era atravesar las Puertas Persas para llegar a la capital administrativa y corazón del imperio persa, Persépolis.

Las Puertas Persas constituían un estrecho paso de unos 10 kilómetros de longitud entre elevadas montañas, en plenos montes Zagros, y que, en aquel momento, se hallaban fuertemente custodiadas por la guarnición persa al mando de Ariobarzanes. Todo hace indicar que el ejército de Alejandro se dirigió hacia este lugar a finales del mes de diciembre del 331 a.C. La marcha a través de este paso montañoso resultó entrañar una complejidad importante y, finalmente, gracias al talento para los movimientos rápidos e invisibles de las tropas macedonias, el ejército de Alejandro venció a la guarnición persa y penetró en Pérside. La capital, Persépolis, abrió sus puertas al ejército invasor pero dicha ciudad recibió un trato muy diferente al de Babilonia o Susa, siendo entregada al pillaje y al saqueo por parte de los soldados. De esta forma, Alejandro invocaba de nuevo la propaganda oficial de la guerra de venganza contra los persas por los agravios sufridos tiempo atrás a Grecia por Jerjes y su ejército.255 Las residencias de los nobles de la ciudad fueron saqueadas, los hombres fueron asesinados y las mujeres vendidas como esclavas. Tan sólo se salvaron de la quema, por el momento, los edificios del palacio. Si el tesoro de Babilonia y Susa había supuesto una fuente de ingresos importante para Alejandro, el hallado en Persépolis fue

251 A la centralidad geográfica de la que gozaba claramente la ciudad de Babilonia, había que añadirle su

condición de provincia más rica y fértil del Imperio, debido a que poseía un refinado sistema de canales de riego y una administración económica de gran complejidad. Solamente Egipto era equiparable a ella en tal sentido. Cartledge, 2008: 144.

252 Guzmán y Gómez, 2004: 158.

253 Sin duda “se trataba de la mayor cantidad que había caído nunca en las manos de un dinasta europeo

y, sin embargo, era sólo una fracción de las reservas totales persas, de las que Alejandro se apropiaría en el plazo de un mes.” Bosworth, 1996: 119.

254 El éxito de estas nuevas unidades de tipo comando se debía sobre todo a su extraordinaria habilidad y

velocidad en el desplazamiento. Hammond, 1992: 234-236.

todavía mayor, valorado en unos 120.000 talentos.256 La capital persa perdía así su condición como tal a modo de escarmiento y Pérside pasaría a ser una satrapía como cualquier otra.257 Para colmo, el palacio real de la ciudad fue quemado en enero del 330 a.C. por orden expresa de Alejandro. Era el símbolo final de una venganza por la pasada ocupación de Macedonia por los persas y también significaba el signo que reflejaba la liberación de Asia del domino aqueménida. El monarca y su ejército utilizaron Persépolis como base de operaciones durante un plazo de tres meses, durante los cuales, Alejandro aprovechó para tomar Pasagarda, la antigua ciudad real de Ciro el Grande y añadió su tesoro a la fortuna encontrada en la capital.

Ahora para Alejandro sólo existía la idea de acabar finalmente con Darío. Este se hallaba en aquel momento en una situación desesperada pues únicamente podía contar con la ayuda de los sátrapas de sus provincias orientales, las cuales habían disfrutado desde siempre de una independencia casi total con respecto al poder real persa. Darío se había establecido tras su huida en la capital meda de Ecbatana y le rondaba la idea de organizar una última defensa a la desesperada en el corazón del imperio. Sin embargo, las tropas de refuerzo del rey persa nunca llegaron. Alejandro, sabedor de la situación de Darío, partió de su descanso en Persépolis en el mes de mayo y el persa se vio obligado, dadas las circunstancias, a abandonar Media al invasor y dirigirse al nordeste en dirección a las Puertas Caspias, la serie de desfiladeros que separaban Media de Partia y de las satrapías del este. Alejandro se lanzó a toda prisa a una persecución que lo llevó hasta Raga258, primero, para después atravesar sin complicaciones las Puertas Caspias y entrar en la

fértil provincia de Coaren (Khar). Poco a poco, las diferencias internas en el bando de Darío hacían más lento su avance y los desertores del bando persa cada día eran más numerosos. El final del Gran Rey persa estaba cerca. La etapa final de la persecución se hizo sólo a caballo y los macedonios lograron alcanzar a la columna persa a poca distancia de la ciudad de Hecatómpilo.259 Allí, en julio del 330 a.C., fue donde Alejandro se encontró el cuerpo casi muerto de Darío, quien fue asesinado por el sátrapa de Bactria y general de su ejército, Beso, ante la presión constante del rey macedonio tras sus pasos. Se cuenta que Alejandro, en un acto de gran gobernante, trató el cadáver de su rival con todo respeto y lo envío a

256 Dinero que fue empleado sobre todo en el reclutamiento de nuevas tropas para engrosar el ejército

macedonio. Mossé, 2004: 45.

257

Persépolis había sido durante la época aqueménida la capital ceremonial del imperio. El monarca y las principales familias nobles tenían su sede allí y a estos, seguramente, les abastecía una clase rica de mercaderes y comerciantes. Renault, 2004: 141.

258

Actual ciudad de Rey, a 12 km. de Teherán.

259 Dicho lugar ha sido identificado no hace muchos años con Shar-i Qumis.

Figura 32. Alejandro encuentra a Darío moribundo en un lado del camino (Cañete, 2010: 4)

Persépolis para que recibiera un entierro real propio de un hombre de su categoría. Con la muerte de Darío y la toma de las grandes capitales del imperio persa aqueménida, se podría decir que aquella guerra de venganza iniciada por Alejandro en el 334 a.C. había finalizado.260 El asesinato del rey persa supuso definitivamente el fin de la campaña panhelénica que Filipo había planteado años atrás. Todas las ciudades persas de importancia estaban en manos macedonias y el palacio de Jerjes había quedado reducido a cenizas. En definitiva, para los aliados griegos, la guerra contra Persia había acabado. Esto quedo latente cuando Alejandro entró en la capital meda de Ecbatana, tras la muerte de Darío, y licenció a los combatientes griegos de su ejército, poniendo así fin, de este modo, a la expedición panhelénica de manera formal. A partir de este momento, quedaba patente claramente que la campaña adoptaba, por vez primera, las verdaderas dimensiones de una aventura exclusivamente personal.261

7.4. LA CONQUISTA DE LAS PROVINCIAS ORIENTALES

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