CAPÍTULO IV. ACERCA DEL ESTUDIO DE LOS VALORES
4.5. De los valores modernos a los valores postmodernos
4.5.1. Los valores de los adolescentes en la postmodernidad
Elzo (1998) sostiene que los adolescentes y jóvenes son actores sociales condicionados por el entorno, pero no determinados por el mismo. Según el autor, en el ámbito occidental, la experimentación grupal entre los adolescentes y las adolescentes contemporáneos constituye el principal ámbito de socialización, en detrimento de otras instancias tradicionalmente encargadas del cumplimiento de esta función (como la escuela, la iglesia, los partidos políticos, etc.)
No obstante, aunque el adulto actual se ha socializado en los valores modernos, y los adolescentes de hoy se socializan en los valores de la postmodernidad, muchos de los valores referidos a los adultos pueden suscribirse como conformando el universo nómico de los adolescentes y jóvenes actuales (Elzo, 2000, 2011).
El autor, al presentar los valores dominantes de los jóvenes españoles, encuentra que más que una diferencia nómica entre jóvenes o adolescentes y sus padres, podría decirse que hay más una diferencia de grado que de naturaleza. Sostiene que hay menos diferencias entre los adolescentes y sus padres que las diferencias que resultan de las tipologías que se puedan realizar entre los propios jóvenes.
EL CAMBIO DE VALORES (Elzo, 1998) Modernidad Postmodernidad Lo holístico Lo fragmentario Lo absoluto Lo relativo La unidad La diversidad
El gran relato El pequeño relato
Lo universal Lo particular
Lo objetivo Lo subjetivo
El esfuerzo El placer
Lo fuerte Lo light
El pasado / el futuro El presente
La razón El sentimiento, la emoción
La ética La estética
La certeza La duda
La autorresponsabilidad La responsabilidad diferida
Secularización (vs. religión) Espiritualidad (vs.relig.institucional)
El día La noche
El trabajo La fiesta
La utopía La quimera
La construcción La deconstrucción La familia vs. la comuna La familia vs. la pareja
Presenta una serie de diez valores dominantes en los jóvenes de la llamada postmodernidad (Elzo, 1998, 2006):
1- El individualismo con la búsqueda de autonomía como valor fundante de lo bueno y lo malo, lo útil y lo inútil, lo que sirve y lo que no, todo ello contrastado en el grupo de pares, de amigos o de compañeros (entre los que destaca, muy frecuentemente, un líder, conformando así, sus grupos de referencia).
2- La aceptación del pluralismo y una actitud básicamente tolerante ante el diferente, con indiferencia hacia quien es distinto si no molesta, junto con el valor de que todo es opinable, que refleja la confusión que existe entre el relativismo del “todo vale” y la relatividad en tanto oposición a la idea de verdad absoluta. Por otra parte, en algunos segmentos estadísticamente importantes de los adolescentes españoles está emergiendo una actitud autoritaria y racista. 3- El presentismo, con la necesidad de vivir el presente y la dificultad para
proyectarse en el futuro, con dificultades también para diferir el goce de lo deseado, y la compartimentación entre el tiempo de trabajo y estudio, y el tiempo de ocio donde el exceso puede convertirse en la norma.
4- Una actitud de antimilitarismo y pacifista, marcada por la historia política vivida.
5- Gran inseguridad conjuntamente con el presentismo, ante las dificultades que perciben en el futuro, con la angustia que puede generar ser miembro de una sociedad donde no se comparte sino que se compite.
6- La aceptación de la familia de origen como institución y como espacio de “convivialidad” buscada y correspondida, con proyección en el futuro en un ámbito familiar. Si retrasan el abandono del hogar paterno es por la precariedad y escasez del empleo, por la carestía de las viviendas, y porque difícilmente podrían empezar su vida emancipada en el mismo o similar nivel de vida que su familia de origen (especialmente, los jóvenes que provienen de clases medias y altas).
7- Una adolescencia abierta a toda suerte de sensaciones y emociones con ausencia de límites, relacionada con la ausencia de normas, como consecuencia de la falta de referentes firmes y de esquemas de legitimación que hayan propiciado una socialización sólida, donde para muchos jóvenes los límites durante el tiempo libre son los provenientes de su propio cuerpo. Todo límite que proviene del exterior es entendido como una imposición arbitraria proveniente de los adultos. Este hecho puede explicarse desde tres factores: a) En primer lugar, porque en esta sociedad, determinados valores (autoridad, esfuerzo, abnegación, la propia responsabilidad, etc.) han quedado relegados en detrimento de otros (permisividad, hedonismo, delegación de responsabilidad en los demás, exigencia de todo tipo de derechos sin el correspondiente correlato de deberes,
etc.). b) En segundo lugar, por el fracaso de las instancias tradicionales (iglesia, partidos políticos, sindicatos, familia, escuela, etc.) en el cumplimiento de su función fundamental, en tanto orientaban y ofrecían los esquemas legitimadores de valores, normas y actitudes. c) En tercer lugar, la familia, aunque continua siendo una institución muy valorada por los adolescentes, tiene mayores dificultades para cumplir su función educadora, ya que su estructuración interna está sufriendo importantes cambios, situación que deja a la familia sin recursos para proporcionar a los hijos, sobre todo durante la adolescencia, criterios normativos seguros y estables.
8- La concepción utilitarista del trabajo, donde el trabajo es una forma de ganar dinero para poder disfrutar, pero carece de valor como forma de realización personal, valor que se ha desplazado al ocio, que se ha convertido en un producto más de consumo.
9- Hay una supervaloración de la emoción sobre la razón. En la modernidad se han priorizado los valores científico técnicos en detrimento de lo sensitivo y emocional, ambos aspectos fundamentales para lograr una real integración que promueva un desarrollo adecuado.
10- Hay una disonancia entre los valores finalistas y los instrumentales. Puede hablarse de déficit en los valores instrumentales relacionados con el esfuerzo, la autorresponsabilidad, la abnegación, con una preponderancia de los valores finalistas como el pacifismo, la ecología, etc., y la dificultad de poder sostener estos valores finalistas debido a la discordancia presente entre ambos.
El autor sostiene la hipótesis de que aunque los adolescentes y las adolescentes actuales han crecido en una sociedad que mantiene cierta unanimidad en la formulación de algunos valores universales finalistas, el traslado de los valores instrumentales se realiza de manera más dispersa, afectando el desarrollo integral de los adolescentes, por la dificultad de traducir a la práctica unos valores sin su correspondiente correlato de deberes y responsabilidades (Elzo, 2011).
Según estudios realizados en 2005 con adolescentes y jóvenes españoles, los rasgos que más les caracterizan se definen por factores como “ser consumistas”, “pensando sólo en el presente”, “con poco sentido del deber y del sacrificio”, mientras que “ser maduros”, “generosos”, “tolerantes”, “trabajadores” y “solidarios”, son para los adolescentes, los rasgos que menos caracterizan a los jóvenes, evidenciando la mayor atribución de rasgos negativos hacia ellos y sus pares, y una menor autoestima que la observada en estudios realizados en años anteriores (Elzo, 2006).
Estos rasgos tienen su correlato en lo que los jóvenes valoran, priorizando lo cercano, lo cotidiano, es decir, la familia y los amigos, dando por supuesta la salud. Lo
y la religión. Entre estos dos polos, por orden de importancia valoran: el trabajo, ganar dinero, el tiempo libre, llevar una vida moral y digna, tener una vida sexual satisfactoria, y los estudios para tener una buena formación y mejor competencia profesional.
Según Elzo (2006), una buena relación familiar, unos buenos amigos, y la salud, “conforman la tríada básica, el sustrato desde donde edificar su universo simbólico y todo su edificio de valores” (p. 22). Al mismo tiempo, se justifican en mayor grado entre los adolescentes españoles aquellos comportamientos relacionados con la vida privada donde participe el afecto en las decisiones vitales (divorcios, relaciones de pareja, adopción, etc.), excepto la violencia de género. Entre los comportamientos que suscitan mayor rechazo entre los adolescentes se encuentran los comportamientos violentos (terrorismo, violencia de género, pena de muerte, etc.) y los comportamientos relacionados con la ética civil y la moral pública (como aceptación de sobornos, fraude en el pago de impuestos, etc.).
Los adolescentes valoran más lo individual, lo subjetivo, lo propio y lo próximo en detrimento de una conciencia real de la importancia del otro, de la aceptación del diferente. En este estudio, también se da cuenta del aumento de la intolerancia hacia el diferente, que puede estar encarnada en distintos grupos (neonazis, drogadictos, etc.).
Los inicios de la segunda década de este siglo convoca a los jóvenes y adolescentes a enfrentarse a nuevos retos. Elzo (2011) formula básicamente seis, tres de los cuáles están muy presentes en todos y son muy visibles: a) la situación económica mundial; b) la socialización a través de las nuevas tecnologías; c) la evolución de los núcleos familiares. Junto a estos tres retos, define otros tres menos visibles, de los cuales se tiene menor grado de conciencia: a) la omnipresencia de los valores materiales en detrimento de los valores espirituales; b) la aceleración del tiempo cronológico; c) las nuevas relaciones de género.
También presenta una reformulación de los valores dominantes de los jóvenes de hoy en la sociedad española, considerando los nuevos aspectos emergentes en esta segunda década del siglo XXI. Presenta una lista integrada por cinco valores “positivos” y cinco valores “negativos”.
Como valores “positivos” destaca: a) La capacidad de adaptación.
b) El rechazo al amiguismo, y al enchufismo, enmarcado por una demanda de transparencia hacia las cuestiones públicas.
c) La lealtad y la honradez. d) La conciencia ecológica.
Por otro lado define como valores “negativos”:
a) El presentismo y la dificultad para adoptar compromisos duraderos. Pero este presentismo, como consecuencia la incertidumbre, puede transformarse en un valor positivo, en tanto que favorece la acomodación al tiempo presente en mayor grado que sus padres.
b) El individualismo en detrimento de la solidaridad. c) La excesiva dependencia de la familia de origen. d) La sacralización del fin de semana.
e) La predominancia de la conciencia de sus derechos más que de sus responsabilidades.
Elzo (2011) define esta serie de valores a modo muy general, en el entendido de que no hay juventud, sino jóvenes, por lo tanto pueden reconocerse distintos tipos de adolescentes, con estilos de vida muy diferentes.
En referencia a los retos que los adolescentes deben enfrentar, considerando los valores positivos y negativos dominantes, sostiene la necesidad de propugnar una serie de valores esenciales, dentro de los cuales incluye:
1- La competencia personal. 2- La inteligencia sintiente. 3- La recuperación de la filiación.
4- El valor del dinero y no el dinero como valor. 5- Apertura hacia la innovación positiva.
6- Tolerancia y solidaridad, con la necesaria intolerancia. 7- La necesidad futura de formación permanente.
8- Importancia de los valores instrumentales, puesto que no basta con los valores finalistas.
9- La gestión de la sexualidad. 10- La libertad, y la seguridad. 11- La primacía del espíritu.
12- La utopía por un mundo mejor y más justo.