Una manera de abordar un argumento es pensar en él como si se tratara de una historia que le pertenece ¿Cuál es esa historia? ¿Posee una línea
Tarea 7.5: Su lugar en el trabajo escrito
Medite nuevamente en el trabajo escogido para la tarea 7.1 .¿Tiene algo que agregar en relación con el ensayo sobre el empleo del pronombre "yo" o cómo ha empleado su propio juicio?
Vuelva a pensar por qué eligió este trabajo.
En este capítulo dijimos que la sensación de propiedad de un trabajo académico se logra comprometiéndose con él, buscando motivaciones para estudiar el tema, eligiendo el tema y el material, y trabajando para organizar conceptos con la forma de un argumento que uno mismo ha ido construyendo. Cuando usted adquiera más experiencia, podrá escribir con más autoridad y sentir que en verdad está presente en su obra,
por muy impersonal que esta le parezca al lector. En otras palabras: se irá convirtiendo en el verdadero autor de cada una de las tareas que emprenda.
No ta s
Cuando planee un trabajo, tenga en cuenta su propio raciocinio, conocimiento y experiencia, pero no los utilice "literalmente" para fundamentar una argumentación. Lo que se espera de usted es que los relacione con otras fuentes de consulta.
• Use el pronombre de primera persona de una forma académica, si lo cree conveniente.
• No use el pronombre "yo" solamente para relatar su propia historia, sino en un sentido más vasto, como el "yo universitario", que corresponde a un observador y comentarista.
• En caso de duda, analice con su tutor el empleo del pronombre "yo" en el curso.
• Recuerde que la escritura universitaria nunca se limita a contar una historia (relatar lo acontecido), aunque el elemento narrativo sea en ocasiones parte constitutiva de un trabajo.
• Repare en cómo los autores establecen o indican su propia posición respecto del material que emplean. La manera como lo hacen no siempre es obvia y quizá requiera un poco de investigación de su parte.
Información sobre el procesador de texto
Los distintos tipos de letras (negrita, bastardilla, versalita, etc.) suelen ser útiles para destacar encabezamientos y citas en los ensayos.
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Ensamblar las partes de un trabajo
¿Qué se espera de mí en la introducción y la conclusión? No necesito conocer lo que usted va a decir.
Es el lector a quien deberá dirigirse. Jamás releo mi tarea.
En este capítulo llegamos a las fases finales de la preparación de un trabajo, cuando está prácticamente terminado pero aún le faltan algunos detalles; es decir la etapa en que debemos asegurarnos de que su presentación sea correcta. Se trata de una fase muy importante del proceso de escritura, que además insume mucho tiempo. Los estudiantes no habituados a confec- cionar ensayos u otros ejercicios suelen sorprenderse ante la magnitud de la tarea. Suponen que una vez escrito el trabajo asignado -a menudo después de un considerable esfuerzo sólo resta entregarlo al tutor con un suspiro de alivio. Craso error. Los tutores descubren con disgusto que los alumnos a veces presentan sus escritos sin haberlos controlado. Una vez terminado, es preciso volver a examinar su trabajo como un todo, verificando si está bien y si lo ha hecho lo mejor posible. Quizá se deba repetir la operación más de una vez y por distintas razones: para comprobar, por ejemplo, si las partes concuerdan; cambiar los términos o el orden de oraciones y párrafos; suprimir lo obvio o reiterativo y eliminar pequeños
errores. Pero antes de todo ello es preciso ocuparnos de la introducción y la conclusión.
Redactar la introducción
En la universidad se acostumbra presentar los trabajos precedidos por algún tipo de introducción. Tal vez le parezca extraño que abordemos el tema en una fase tan tardía del proceso, pero en la práctica únicamente es posible redondearla cuando se ha terminado el resto del escrito -exceptuando, naturalmente, la revisión final- y ya se le ha dado una forma aceptable. Si quien escribe admite que no siempre sabe lo que piensa hasta ponerlo por escrito, deducirá qué sólo puede introducir al lector en su trabajo una vez concluido este.
Pese a lo dicho, hay escritores a quienes les resulta más sencillo comenzar por la introducción, pues ello les da una sensación de seguridad con respecto a sus objetivos y al camino a seguir para lograrlos. En una palabra, les sirve de mapa. En caso de utilizar así la introducción -una de cuyas características es la de ser redactada pensando en el lector- deberá volver forzosamente a ella a fin de confirmar si todavía es válida para este. Asimismo, es preciso verificar que se está haciendo una introducción para lo que realmente ha escrito y no para lo que se supone haber escrito. Dedicarse primero a la parte introductoria quizá le dé confianza en sí mismo y le permita ponerse en marcha, en cuyo caso le aconsejamos que lo haga lo más rápidamente posible. No pierda tiempo tratando de que quede "bien", pues una vez completado el trabajo puede suceder que ya no sea válida. Los estudiantes se atascan con fre- cuencia al escribir la introducción y pierden el tiempo luchando con una tarea que sería mucho más sencilla, si se realizase posteriormente.
En los consejos sobre la escritura universitaria siempre se hace hincapié en la importancia de la introducción, que a veces tendrá que ceñirse a fórmulas muy específicas. Una de las más comunes es la siguiente:
Cuerpo principal: presente el argumento.
Conclusión: explicite cuanto ha prometido en la introducción y reúnalo en un todo.
Pero esta fórmula, como lo explicamos en el capítulo 3, sólo es aplicable a algunos casos. En la práctica, hay diversas maneras de introducir y concluir un ensayo, según el tema, la tarea por realizar y la longitud del trabajo. En líneas generales, cabe decir que cuanto más largo sea el desarrollo, más larga será la introducción.
Probablemente los tutores de las diferentes disciplinas le darán distintos consejos y, como de costumbre, usted tendrá que averiguar cuáles son. Por ejemplo, un tutor le recomendará que presente cuanto va a decir "en una introducción clara y precisa", mientras que otro de otra asignatura opinará que esa información, además de redundante, es aburrida: "No necesito que me diga lo que hará. Lo averiguaré muy pronto". Por tanto, sea o no indispensable para el lector saber a dónde lo conducirá el ensayo, la forma exacta de la introducción deberá variar según las convenciones concretas del tema y de acuerdo con los requisitos específicos de cada trabajo individual.
Por cierto, es difícil establecer reglas acerca de cómo debe ser una introducción, pero nuestro lector sabrá resolver el punto si recuerda que su principal objetivo es proporcionar a quien lea su escrito una orientación clara respecto de la finalidad del trabajo. Entonces descubrirá que hay muchas maneras de hacerlo y que la introducción depende, desde luego, del escrito que la sigue.