TÁCTICAS Y NORMAS DE LOS GRUPOS EN ARMAS
LA MÍSTICA GUERRILLERA
Uno de los elementos de la violencia que más poderosamente llama la atención es la mística del guerrillero por su movimiento y por sus jefes. El jefe guerrillero es el amigo, el que siempre va ade- lante, el que comparte con los suyos idénticos peligros y penurias, sin ventaja en el botín, sin gabelas en el valor y el riesgo. Es el líder escogido por el grupo o designado por los «muchachos» en consejo de iguales. Se le respeta porque es valiente, por sus cualidades de mando o por su despiadada crueldad en la venganza; se le obedece a ciegas y se le ama sencillamente porque su estampa de macho los subyuga con la fuerza de su primitivismo salvaje. Lo nivela con su gente el poderoso aglutinante de la común tragedia.
La verdad y la justicia de su actitud crean en el guerrillero su ideal de lucha. A medida que se emplea a fondo se produce una verdadera sublimación de motivos que le proporciona una mística incontrastable. En ella radica la explicación de su resistencia y su tenacidad combativa.
«Lucharíamos contra todo, hasta contra nosotros mismos. Ahí empieza el combate; el cimiento de ese gran edificio que se llama revolución, es la victoria que logremos sobre nosotros mismos al vencer nuestra carne, nuestro miedo, nuestra hambre, nuestro sueño, nuestras pasiones e impulsos animales. Vencer nuestro egoísmo, sacrificarlo todo en beneficio de una causa.
»La fuerza del guerrillero no es el arma física que lleva al hombro o le pende del cinto, sino la fuerza moral conquistada dentro de sí mismo, en medio del fuego. Es la unidad superior del hombre que toca los linderos de los dioses»4.
3 Coronel Gustavo Sierra Ochoa, Las guerrillas de los Llanos Orientales (Manizales,1.954), pp 76 -78,
52 – 58 passim.
CAPÍTULOVIII
MANIFESTACIONESCULTURALES DE LOS GRUPOS EN CONFLICTO
El presente capítulo se dedica a registrar aspectos culturales de los grupos en conflicto que quizás por lo prosaico de su contenido se omiten en estudios y ensayos sobre la violencia, a pesar de que dichos aspectos tienen gran importancia sociológica, puesto que aclaran la manera como los elementos humanos implicados se organizaron dentro de las peculiares condiciones creadas por la lucha. En especial se estudia la financiación bélica y el vestido, las insignias y símbolos, la propaganda y la comunicación, el lenguaje de la violencia, los apelativos y apodos y la canción, la música y la copla. El capítulo termina con algunas notas sobre enfermedades que padecieron los guerrilleros y su forma de curación.
FINANCIACIÓN
El grupo en armas debe atender al aspecto económico que comporta la propia subsistencia y la de la retaguardia. En esta se encuentra el personal civil que muchas veces puede ascender a centenares o miles de individuos. Con la desaparición del comercio normal adviene la utilización devastadora de los cultivos y de la ganadería por una necesidad primaria de supervivencia.
Los jefes idean entonces la contribución forzosa para sostener la «organización» o el «movimiento», que onera a los campesinos, a los copartidarios y a veces a toda la ciudadanía con cobros heb- domadarios. Pronto aparecieron los avívalos de turno que abusaron del sistema. Otros, como los llamados «comisarios» dentro de la organización comunista rural, vivieron de la exacción a los la- briegos.
Todos estos grupos de explotadores imponen disyuntiva inexorable al agricultor: «O paga, o se muere, o se va». A los ricos los someten a continuo chantaje, mediante la erogación de fuertes su- mas, cuyo rechazo les cuesta la vida. He aquí un ultimátum típico proveniente de los grupos pidiendo dinero a una señora de Fresno (Tolima): «Señora Tulia, fabor mandarnos sien pesos que necesitamos, (aquí una cruz) u si no 3 días de (plazo) para que desocupen. Sin mas, los pájaros de Gualí»1.
1 Colección Guzmán, Doc. No T- Fno _ 1
decir en Armenia: «Tengo tres fincas muy buenas y me estoy muriendo de hambre». Asimismo, el campesino raso quedó sometido a la total miseria porque lo que no le quitaron sus cofrades se lo arrebató el enemigo o las fuerzas uniformadas.
Una muy socorrida manera de financiación de los grupos en conflicto fue la de los salvoconductos llamados significativamente «la hoja de vida» y que se expedían a ciudadanos de determinada filiación política previo depósito de crecidas sumas, o de uno o varios semovientes. Véase un ejemplo:
«El Directorio Municipal Conservador de Anzoátegui, Certifica:
Que el señor Joaquín Arenas Soto, portador de la cédula de ciudadanía No 2359128 de Ibagué, es
un ciudadano honrado, trabajador, amigo del Gobierno, defensor del partido conservador y contribuyó para el fondo del partido.
Rogamos a los copartidarios y agentes del Gobierno el apoyo y respeto para este amigo y su familia. Anzoátegui, julio 18 de 1950.
El presidente, Luís Roberto Pardo. El tesorero, Oliverio Fonseca.
El secretario, Manuel Tiberio Zumaya».
Hay un sello que dice: «Directorio Municipal Conservador. Anzoátegui, Tolima»2.
Del lado liberal se expedían los carnés, que eran un documento de vida o muerte, además de un recurso de financiación.
Un caso único que no se registra en ninguna otra zona de violencia lo constituye el mercado de mujeres en el Chocó, como pretexto de finanzas. Existen datos precisos que indican que Ana Felipa Mosquera y Georgina Mosquera fueron vendidas por $180.00 y $100.00, respectivamente a Luís Correa y Adalino Palacios de Napipí. Hay que confesar que los señores Correa y Palacios depositaron inmediatamente estas señoras en casas honorables y las entregaron luego a sus cónyuges.
Los principales traficantes de mujeres en esta región fueron:
Adriano Romana («El Teniente»), Pablo Córdoba («El Cabo») y Narciso Mosquera. En casa de éste concentraban las futuras esclavas mientras se realizaba la humana feria.
Es muy posible que por problemas de financiación los grupos violentos se ensañaran en la rica comarca cafetera, aunque luego esta actividad derivara hacia la expoliación y el contrabando. Se ha observado que la violencia se mueve únicamente según los períodos de cultivo del café, aumentando en forma impresionante durante las cosechas. En esta época los grupos interesados vuelven a las andadas ocupando fincas, desterrando a dueños y mayordomos y apropiándose del fruto listo para su beneficio. Como se expresa en otra parte de este libro, tal actividad delictuosa ha sido el origen de un comercio ilegal que ha permitido la creación de inmensas fortunas.
Se ha asegurado que hubo enormes lotes de armas, provenientes del exterior. Pero cuando quiera que se necesitó de ellas, aparecieron inmediatamente los traficantes que las vendían o las permutaban por semovientes y café. Las contribuciones para la «organización» se dirigían muchas veces a obtener los dineros para efectuar estas transacciones.