ELEMEMTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO
TEÓFILO ROJAS, EL JOVEN VIOLENTO
Teófilo Rojas lleva un apodo de infamia; «Chispas». Lo sorprende la violencia cuando la policía entra por el Cañón de Guadualito en el Tolima (Playarrica, corregimiento de San Antonio). Tiene trece
años de edad y seis meses de escuela. Analfabeta total. Se crió en casa de ese hombre honrado que se llamó Manuel S. López, de la vieja guardia liberal, quijote de su idea, un romántico de la política.
«Chispas» ve arder los ranchos de sus vecinos y se interna en el monte con su madre y los hermanos menores. El papá ya ha muerto. Es casi monosilábico. Espontáneamente no dice nada. — ¿Qué fue lo que más te impresionó?
—Ver arder las casas. — ¿Qué te hizo sufrir más?
—Mi mamá y mis hermanitos llorando de hambre en el monte. — ¿Te han herido?
—Cinco balazos, todos de fusil. — ¿Qué quieres?
—Que si me dejan quieto, yo trabajo. Quiero aprender a leer. Pero no quieren sino matarme. A yo no me dejan vivir.
En marzo de 1958, ya de una edad aproximada de 22 años, la prensa lo sindica de 400 crímenes incluyendo mujeres y niños. Pero cuando se pide a los juzgados y tribunales el pasado judicial de este hombre de trágica leyenda, no aparece cargo concreto contra él. Para interpretar mejor su alma y su tragedia, tan sintomática de muchos otros casos, es necesario transcribir el informe autobiográfico que en 1958 rindió por insinuaciones de «Mariachi», único a quien entonces reconocía por jefe7:
«En la población de Planadas (Tolima) a los cinco días del mes de mayo de 1958 y por invitación y voluntad espontánea, se presentó el Capitán "Chispas" ante el General "Mariachi", quien luego de hacerle ver la necesidad de que ciñéndose en un todo a la verdad, se prestara a exponer sus actuaciones y proceder, siquiera con unos diez (10) años de retroactividad, para dejar su conducta en claro, frente a los cargos que a diario se le han venido haciendo, y a la vez que dejar las armas para el retorno a la paz y por ende a la prosperidad y renombre de Colombia, en tales circunstancias expuso:
»Mi nombre de pila es: Teófilo Rojas, y voy a contarles entonces la manera como tuve que vivir, siendo todavía muy muchacho y por allá desde el año de 1949 o 50, cuando vivía al lado de mis padres, en una finca que llamábamos "La Esperanza" de propiedad de mi padre.
»Interrogado: ¿Y a dónde queda dicha finca? Contestó: Queda en la región o jurisdicción de Rovira (Tolima), donde trabajábamos y vivíamos muy tranquilos, hasta cuando, me recuerdo como si fuera ahora, empezaron a llegar gentes uniformadas que en compañía de unos particulares, trataban muy mal a los que teníamos la desgracia de encontramos con ellos, pues a los que menos nos decían, nos trataban de collarejos hijueputas y otras palabrotas por demás ofensivas, cuando no era que nos pegaban o amenazaban, lo que nos mantenía llenos de miedo, que aumentó espantosamente cuando dieron muerte, entre otros, a Tiberio Patino y Servando Gutiérrez, y muchos más que asesinaron tan injustamente, y no solo eso, sino que atropellaban a los niños y violaban, a las mujeres, haciéndoles todo lo que se les antojaba, y sin poder chistar palabra, para evitar mayores tormentos; y me acuerdo especialmente todo lo que hicieron con una prima mía de nombre Joba Rojas a quien cogieron en presencia de los padres que se llamaban José Sánchez y Obdulia Rojas y le hicieron cosas que más bien no quisiera recordar, sin tener en cuenta las súplicas que les hacían; y recuerdo, que casi todos los que hacían esas atrocidades habitaban en el retén de La Selva; y recuerdo mucho a un tal Ricardo Prieto, que aprovechando mi pendejada y miedo por lo muchacho, me proponía que me volviera de cachiporro a godo; me decía, que así viviría tranquilo y sin faltarme nada, y en cambio si no aceptaba lo que me proponía que entonces me mataba, y que eso lo hacían todos, hombres y mujeres, grandes y chicos, y como mataban, quemaban, insultaban, robaban, violaban y hacían tantas cosas por lo que éramos liberales; y yo que entonces no tenía sino escasos trece (13) años, a mí me daba mucho miedo y me dolía todo lo que hacían, fue como me resolví a largarme de cerca de esas gentes tan malas, a ver si así evitaba morir por fin en sus manos; y como yo nada podía hacer contra tanta cosa, huí de una parte a otra, hasta que por fin llegué a un lado de los Andes adonde estaba Leónidas Borja, quien también había tenido que huir de esa violencia porque lo perseguían para matarlo, habiéndose podido instalar en esa región, siendo que por ese entonces pasamos del trabajo y de la paz a la violencia y persecución por el único pecado de ser liberales.
17 Declaraciones de Teófilo Rojas, «Chispas», al general «Mariachi», Planadas (Tolima), mayo 5 de
1958, Colección Guzmán. Doc. N° T-At-29. Se transcribe este documento dentro del texto por ser eminentemente ilustrativo de la dinámica de la violencia-
Y como entonces ni siquiera se hablaba de guerrilla, no sabíamos defendernos ni dónde meternos para alejarnos de tanta ferocidad, y entonces como siguieron llegando pobres familias a quienes habían matado a personas queridas para ellas, o los habían maltratado, o les habían robado lo que tenían o incendiado sus pequeñas propiedades; y entonces ya en compañía del amigo Borja, se empezó a organizar la manera de defender esas pobres familias y a los que no teníamos más amparo que el de ellos, y a ver la manera de estar protegidos y lejos de tanto mal y fue así como por pura necesidad y con grandes sacrificios lograron reunir unas escopeticas, todas remendadas e inseguras, pues hasta con caucho
Las tenían que hacer funcionar, a más que con unos machetes se nos facilitaba conseguir carne de monte y algo de seguridad, como también leña y resolver necesidades urgentes, como de favorecemos del agua, el sereno y otras cosas pues como lo e manifestado ya, éramos muchos los que nos habíamos reunido en busca de refugio y protección, muy especialmente para los niños, para los ancianos, para las mujeres, y en general, todos los que habíamos tenido que huir a la persecución sectaria de la policía, del ejército, de los godos, y pájaros, que eran los mismos godos pero más malos, y hasta de los curas que habían convertido algunos la religión en persecución política.
»Fue entonces como nos siguieron esos malvados hasta donde pensábamos estar sin tanto peligro, aunque sufriendo hambre, frío y todo lo que la huida nos presentó y puso a aguantar, y que no contentos con tanto mal nos acorralaron y nos obligaron a contestar el fuego que nos disparaban, cuando nos considerábamos perdidos entre tanta gente mala, tan armada y tan desamparados que nos encontrábamos, pues ni autoridad ni jefes políticos, hacían algo a nuestro favor, siendo que éramos campesinos honrados, y trabajadores de Riomanso, Rovira y otras regiones, que habíamos logrado escapar a la muerte que nos acorralaba donde vivíamos anteriormente ya donde unos dejaban parientes muertos, otros amigos, otros cenizas de lo que nos perteneció; y en esa forma querían acabar con todos los que nos llamaban collarejas;
Fue así como tuvimos que ir buscando modos de favorecernos en Riomanso, La Estrella y las montañas de la Rivera, pero ya reunidos con los hermanos Borja y Cantillo, que fueron los que se propusieron a salvar a tantos perseguidos por esos bandidos sin Dios y sin ley; pero como por las consecuencias que recaían sobre las familias de los que por allí nos habíamos logrado reunir en la huida, tuvieron que cambiar sus verdaderos nombres por apodos que conocíamos para distinguirlos
y fue como entonces Leónidas Borja se siguió llamando "El Lobo", Tiberio Borja, "Córdoba", David Cantillo, "Triunfante" y tantos otros de los que nos encontrábamos corriendo por el enemigo que lo era para los que llevábamos el pecado de ser liberales, y que nos perseguía el gobierno de entonces con los godos o pájaros, policía, ejército y detectives y hasta la misma aviación, que con sus seguidos ataques y bombardeos y malos procedimientos. Y siendo ya tan grande el número de familias y los que huimos en total, resolvieron que nos dividiéramos en dos grupos a ver si se facilitaba más y mejor el salvamento de tanto inocente, siendo así como de una parte se hizo cargo "el Lobo", de otras gentes se encargó "Córdoba" y "Triunfante" siguió con otros en la seguridad de que así evitarían el asesinato de tantas familias, que como antes dije, nos encontrábamos sin el amparo de los jefes políticos correspondientes, que a sabiendas de que las gentes liberales estábamos siendo víctimas de tan pavoroso sectarismo demostrando con los asesinatos cobardes, ultrajes, robos, incendios, violaciones, sin respetar edades ni sexos y el estado de indefensión en la totalidad de los casos, lo que dio principio a la formación y organización de guerrillas que se enfrentaron en forma completa a la situación a que nos llevaron tan incalificables procedimientos, y que con tanto valor y tan obligadamente nuestros compatriotas orgullosamente actuaban, presentándose casos distintos, como el de Arsenio Borja que se hacía llamar "Santander", de quien no puedo olvidar sus famosas hazañas pues todo lo que cogía por delante lo acababa, pues él nos decía y hacía ver que el enemigo lo componían los godos, los policías y el ejército y los que llamaba él chulos godos malparidos, había que acabarlos; y como en realidad era tan valiente y peleador de verdad, unos por miedo y otros porque la necesidad se imponía, y en otros casos por ser admirador de tan famoso jefe, no se quedaban atrás en las comisiones que llevaba a cabo, y que como nos defendía, nos traía ropa y nos daba lo que en la mayoría de las veces le pedíamos o necesitábamos, pues como nada le costaba ir a matar y robar godos, todo nos lo facilitaba.
»Entonces, me acuerdo muy bien fue cuando de los aviones que antes nos aflojaban fuego, ahora salían hojas volantes y periódicos en los que figuraba o leíamos la caída el entonces presidente Laureano Gómez, quien por malo y corrompido lo tenían que tumbar, pero que ahora sí subiría uno muy bueno a la Presidencia, que predicaba para todos la paz, justicia y libertad, que nos haría respetar nuestras personas y bienes, que acabaría con tanta matanza, y como era él quien mandaba en la Fuerzas Armadas y que se llamaba Gustavo Rojas Pinilla, que él sí ponía orden en las cosas, y que podríamos volver a nuestras tierras y a trabajar y vivir tranquilos con nuestros familiares, y que
sería el único salvador de la patria. Fue entonces cuando se les hizo saber a esos guerrilleros que nos defendían, que debían entregar las armas si querían que nos dejaran tranquilos y que volviéramos al trabajo y a la paz, pues entregando las armas, el gobierno nos ayudaría y nos daría muchas garantías para trabajar, nos facilitaría la manera de que volviéramos a recuperar lo perdido; y entonces bajo todas esas promesas que nunca vimos cumplidas, nuestros buenos defensores entregaron las pocas escopetas que llevaban por armas de defensa como antes expliqué, pues así como procedíamos de buena fe, nuestros buenísimos jefes pensaron que nos dejaran tranquilos y volveríamos al trabajo y a la paz, pues siendo tan injusta la persecución contra nosotros, qué más iban a seguir haciéndonos. Así fue como seguros de que podíamos volver a trabajar tranquilamente, nos repartimos unos que seguían al «Lobo» quien resolvió irse a establecer a Los Andes y los que seguían a "Córdoba" se establecieron en Guadualito a donde nos pusimos a trabajar pero de verdad, pusimos sementeras a medida de nuestros grandes esfuerzos por volver a tener hogar y tranquilidad; y en cambio Arsenio continuó haciendo males por donde quiera que pasaba, iba terminando con todo lo que encontraba, sobre todo tratándose de policías, ejército, godos y pájaros; es un consuelo y gran alivio darles como matando culebra, y lo decía con tanto gusto que se saboreaba como cuando hablaban de una buena comida. Pues yo no sé, pero era que con todo lo malo y condenado que era, no se le podía desconocer su simpatía y gracia con que hacía las cosas con tanto valor.
»Fueron tantos los crímenes, asesinatos, robos, incendios y actos tan espantosos que cometió "Santander" o Arsenio que ya los mismos hermanos que eran hombres en verdad buenos, como para salvar su apellido querían hacer de cuenta que era una maleza que había que acabarla y hasta pensaron que matándolo les agradecerían para limpiar el mundo de gente de esa clase, pues era tal su espíritu del mal que lo acompañaba, que él no se contentaba con ver el muerto, sino que hasta le abría hartos agujeros y decía que era para le que saliera bien la vida a ese condenado godo. Y no solamente era que mataba, sino que se volvió dañadísimo para robar ganado, mulas y lo que a su paso salía y cuando menos a machete y puñaladas saciaba las ganas. Por todas estas cosas yo no hallaba qué camino coger, hasta que me resolví a irme para Guadualito a trabajar en la finca de don Servando Gutiérrez, con un hijo de éste, en trabajos de agricultura y a donde permanecí como un año, en que la persecución continuó y yo viéndome en peligro, pues hasta mataron a "Córdoba", en el camino del Carmen a inmediaciones de Ibagué y Rovira, y como también mataron en esos
mismos días a los hermanos David y Gilberto Cantillo, que se encontraban trabajando en su finca de los Andes, hasta donde llegó la policía y los puso presos y se los llevó y ya por el camino los mataron tan cobarde y cruelmente, que me pasan como fríos por todo el cuerpo tan solo de acordarme de esas vergajadas, pues así hicieron con tantos otros liberales que nos acom- pañábamos en esta terrible persecución, sirviéndonos unos a otros de consuelo al ver nuestra suerte tan parecida de unos y otros, con el pecado general de ser liberales, como entre otros casos el ocurrido en Guadualito, donde mataron a mi propio patrón tan bueno como era, hijo de don Servando Gutiérrez (mi patrón lo llamábamos Efraín Gutiérrez) y a unos Morales de Playa Rica. Fue entonces cuando volvió esa ola de persecución tan horrible para todos los que no cedíamos a las propuestas de que nos voltiáramos, pues eso no hacían más que averiguar por los guerrilleros y los que andábamos a su lado en busca de protección como lo he venido explicando, y entonces los sobrevivientes que quedaban de los Candiles y de los Borja tuvieron que nuevamente organizarse para ver cómo se defendían y nos defendían a los que no estábamos capacitados para coger las armas contra la policía y contra el ejército y los que llamaban "pájaros" y a quienes les daban armas, municiones y dinero para que nos persiguieran a todos los liberales que andábamos de lugar en lugar en busca de garantía, paz y trabajo, pero que siempre era con la idea de acabarnos en una forma total y predicando la Paz, Justicia y Libertad, siendo así que nos obligaron a tener que buscar refugio en las montañas de fincas como Puentecito y La Argentina a donde nuestros protectores se vieron obligados a estar muy atentos nuevamente contra t' enemigo que empezó con mayor fuerza sus ataques directamente por parte del Gobierno de las Fuerzas Armadas y los tales "^pájaros", que el tiempo me hizo comprender que eran los mismos godos a sueldo para matar liberales. Y como mi vida se vio nuevamente amenazada y en peligro, lejos de mis protectores, tuve que volver a buscarlos y ponerme bajo sus cuidados por allá por el año de 1955 más o menos en el mes de noviembre, y acompañar nuevamente al "Lobo" en vista del peligro que me amenazaba y de que no me dejaban trabajar tranquilamente, hasta cuando en el año de 1957, llamaron a otra pacificación, en que ya directamente se enfrentaron a prometer los doctores Parga Cortés y Daniel de la Pava en compañía de otros cuyos nombres no recuerdo por el momento, por haber sido con el «Lobo» con quien trataron más directamente y por su bondad, y así mismo quien aceptó las conversaciones... »Muerto "El Lobo" fue cuando volvieron sobre mí los ojos directamente, y como cuenta que tengo que dar a Dios, yo que hasta entonces no había tenido que actuar, a mí me empezaron a perseguir
espantosamente; me imagino yo ahora que sería por lo que sabían que yo andaba con todos ellos desde hacía tanto tiempo y se podían suponer que yo les había aprendido sus maneras defensivas, y me pudieron considerar como quien seguiría sus tácticas a esos buenos hombres que entregaron sus vidas defendiendo tantas familias y seres inocentes que tan cerca veíamos nuestra muerte, por el único delito de ser liberales. Y así fue como en realidad de verdad, todas esas gentes hicieron confianza en mí, seguramente por lo que yo me supe manejar con todos bien y era obediente a lo que me ordenaban y me daba pesar ver que sufrieran esas infelices gentes compañeras de desgracia, y de común acuerdo resolvieron que yo me pusiera al frente de las cosas para que no se nos cogiera de sorpresa y nos acabaran por fin a todos como desde hacía tanto tiempo se proponían; y entonces como yo también vi la necesidad de defenderme y defenderlos, y así mismo me acuerdo y no puedo olvidar, cuánto nos amañábamos con Santander porque hacía tantas cosas, que todo lo que agarraba por delante se lo llevaba, y que no dejaba como decía él, godo bueno que encontrara, y robaba, mataba, quemaba y en todo caso le daba gusto a las ganas, pues como decía, no estaba tranquilo cuando no estaba haciendo aseo al mal, como cuando mató a Víctor Cháves en Riomanso, y a un sargento y a un cabo, entre otros tantos, en el retén de Montebello, estos dos últimos, los que ejecutó a fines de 1955, cuando por segunda vez estuvimos refugiados en La Argentina, La Osera y Puentecito. Estando en La Osera salió hasta el Guadual y Los Andes y mató un poco de conservadores y de allí pasó a China Alta bajando de San Bernardo y en la Chapa, nos contaba, que mató a cuanto malparido godo encontró por delante, fuera hombre o mujer, viejo o chico que le oliera a godo tenía que joderlo para poder quedar tranquilo, y que como gritaban y hacían muecas esa malparida tropa que había acorralado cuando viajaban a San Bernardo en un jeep, que ahí sí se había dado gusto, viéndolos hacer gestos cuando los pasaban por distintas par- tes para que fueran muriendo a poquitos, y con qué gusto se reía contándonos, y que tanta cosa que les había cogido, después de que lo habían divertido cuando morían, que llevaban harta munición, armas buenas, joyas y hasta plata y billeticos de números seguidos, nos decía; y ahí mismo arrancó para Girardot a otro trabajito, y allí supimos que se puso a "chiviar" y generosísimo regalaba joyas y plata y que sirvieran para todos y esas mujeres que tenía junto, felices viendo lo bueno que era para gastar, y eso como que fue rapidito, que aunque era hartica se le acabó y cuando se vio jodido se