ELEMEMTOS ESTRUCTURALES DEL CONFLICTO
RAFAEL RANGEL, EL EX POLICÍA
Al hablar de violencia en Santander se debe tomar como punto humano de referencia a Rafael Rangel Gómez, cuya actuación se inicia el 9 de abril de 1948 al tomarse a Barrancabermeja.
Desatada la reacción, este caudillo de cierta cultura abre operaciones sobre el río Magdalena, el Carare y la línea férrea hasta San Vicente de Chucurí. El 27 de noviembre de 1949, 700 hombres asaltan a San Vicente con saldo de 200 muertos entre varones, mujeres y niños. Ya el 17 de septiembre habían acaecido encuentros en La Ceiba entre revolucionarios y policía.
En 1950 se lucha en El Toboso; en Tona perecen 14 soldados cuyos cuerpos son despedazados e incinerados; en enero de 1951 es azotada la región de Zambito donde al cadáver de Pedro Gil le cercenan las orejas que «aparecen colgadas de alambres de púas»; en 1952 son seriamente afectados el Opón y el Carare con el genocidio de 20 labriegos y el asalto en que mueren el subte- niente Gonzalo Puerto Ramírez y 20 unidades de tropa; en mayo acaecen los encuentros del páramo El Colorado (Guaca) y en junio se registran depredaciones de vándalos en Tona, Chaca y Cantimplora donde perecen 14 soldados en un asalto sorpresivo. En febrero de 1953 caen en El Tagual 13 campesinos a manos de facinerosos.
Ni el odio ni el crimen conocen límites. Hacia El Carmen descendieron por las cuestas policías uniformados, detectives, guardias de rentas y civiles de Pamplona, Hacarí, Convención y Teorama. Se identificaron 33 cadáveres. A las víctimas se les obligó a caminar con los pies descalzos por una
calle envidriada. Se les fusiló sobre una fosa común, abierta por ellos mismos. Hubo saqueo, violación y estupro.
«Los que pudieron huir escaparon por bosques y sementeras. Hombres, mujeres, ancianos y niños formaron el grupo del éxodo, que algunos calculan en tres mil personas. Algunos tomaron la vía del Río Magdalena, saliendo por Gamarra. Otro grupo muy numeroso, se internó en la selva en busca de la guerrilla de Rangel.
»Pero, ¿Quién era Rangel?
»Era el comandante de la Policía de San Vicente (Santander). El 9 de abril de 1948 se sublevó, como casi toda la policía del país, contra el gobierno partidista. La rebelión fue dominada por el ejército y Rangel se replegó a la selvática región de La Colorada.
Nombrado alcalde de San Vicente un sujeto llamado Pedro Rueda, avasalló y fusiló a los oponentes al gobierno. En su obra, fue secundado por el personero. Campesinos honrados, pacíficos, fueron encarcelados. Sacados por camionadas en las horas de la noche, se les fusilaba de espaldas, cara a un barranco en cuyo fondo de muchos metros rugía un quebradón.
»En proporción de aquel progrom, aumentó la guerrilla de Rangel. Campesinos honrados viéronse perseguidos y torturados. Dueño de recursos y de armas, Rangel atacó en varios sitios en la vasta región boscosa, comprendida entre San Vicente, Chucurí y Barrancabermeja. Hombres resueltos a vengar sus torturas y sus hogares violados y saqueados, lo rodeaban. Tomó armas y municiones, masacrando de paso a soldados y policías. Los sorprendía en mitad de la selva virgen que orilla el río Magdalena y no daba cuartel. Hízose ducho en pasear su guerrilla por los maniguales, ciénagas y esteros.
»Andando el tiempo, la guerrilla de Rangel creció tanto, que extendió sus retenes y cuerpos de asalto hasta La Dorada y Puerto Wilches. De todas partes de la República le venia gente desespe- rada y arrojada de las ciudades y aldeas por la ferocidad hidrófoba de los uniformados. A él acudieron los fugitivos del Santa Helena del Opón, borrada del mapa, por el incendio y el saqueo. Sus parcelas, sus casas, sus ganados, se vendieron a vil precio a los nuevos dueños. A Rangel acudieron los despojados del Carare. A él, aldeanos, campesinos y pequeños rentistas de La Gloria, Gamarra, Carmen de Santander, Ocaña, Convención, Wilches, Barrancabermeja y de todas las poblaciones, villas y aldeas azotadas por la Peste Azul. A él, los pequeños propietarios, colonos y mozos de campo de la orilla del río obligados a vender a precio de remate sus parcelas para el
provecho de los enfermos de hidrofobia.
»A la sombra de Rangel se improvisaron jefes que comandaban grupos guerrilleros aislados. Estos hundían o incendiaban barcos fluviales y pusieron en grave aprieto a la navegación del Magdalena. "El tránsito fluvial se hizo peligroso. También a la sombra de Rangel y contra su querer y órdenes, surgieron verdaderos pandilleros que asesinaban y saqueaban. Protagonizaron los crímenes más atroces, emulando con los lobos uniformados en ferocidad y ausencia de sentimientos. Por esta razón y por la estrategia política, guerrilleros y bandoleros fueron confundidos en una sola de- nominación: la de chusmeros.
»La diferencia la establecían las propias víctimas. Cuando se trataba de auténticos guerrilleros, el barco o la lancha eran obligados al ataque, y los asaltantes se limitaban a exigir alimentos y drogas. Dinero no. Si de buena gana querían darlo, lo recibían, claro es. Tomaban, eso sí, cuanta arma caía en sus manos. Y si a bordo iban uniformados, los mataban sin consideraciones. Tanto, que los capitanes de los barcos suplicaron al gobierno que no les diera guardia de uniformados, que provocaba la furia de los guerrilleros, y con mayor razón de los bandoleros. Estos, entraban a saco y a muerte sin respetar mujeres y niños.
»0tras víctimas seguras de unos y otros fueron los caballeros de alguna posición que viajaban a bordo, pero con antecedentes persecutorios. Se les fusilaba sin juicio.
»Varios asaltos a pueblecitos desprevenidos, dejaban una huella de incendio y muerte. Tanto daba que asaltaran los bandoleros o la policía. La competencia era el diezmo de la sangre. Frecuen- temente bajaban por el río, en procesión infinita, cadáveres despellejados, torturados, mutilados. La identidad de los agresores se advertía por las huellas de la tortura: si de los Hombres Lobos se trataba, la falta de las orejas y de los genitales, era la marca de su paso. Si de simples bandoleros, el despellejamiento. Salgar y La Dorada proporcionaban la cosecha más cuantiosa de cadáveres. »Un tercer grupo de desesperados, atacaban cuanto encontraban con vida porque ya odiaban la vida, con odio brutal y encendido. No distinguían entre amigos ni enemigos.
»Este tercer grupo integró el de los «bandoleros», muchos, muchísimos de los cuales tenían antecedentes nobles y decentes. Pero la Peste del Odio los contagió y toda una legión de escrúpulos murió en ellos. El escrúpulo de la Vida, el escrúpulo de la Propiedad, el escrúpulo de la Honestidad, el escrúpulo del Hogar, el escrúpulo de la Ley, el escrúpulo de la Virtud, en síntesis: había en su conciencia un vasto cementerio de escrúpulos»11.
11 Ramón Manrique, Los días del terror (Bogotá, 1955), pp. 121,123, 230, 233.
Una pregunta: ¿Por qué en Santander, tan tradicionalmente belicoso, no perduró la violencia? Porque cierto mandatario seccional utilizó un método que consistía en preparar en cada pueblo elementos que hubieran prestado servicio militar y fueran partidarios del Gobierno. Hecho esto enviaba un contingente de policía con uniformes y fusiles para dotar a los hombres preseleccionados. La irrupción sobre el poblado y veredas era rápida, inmediata y bárbara. Las gentes debieron optar por someterse o emigrar. Y prefirieron someterse. Rangel depuso las armas en 1953. El también soñó con una auténtica revolución.