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MAMÁ LOLA

In document joan_manuel_serrat_-_cancionero (página 96-103)

Cuando la calle duerme y el sol no ha levantado todavía el vuelo, mamá Lola

ya anda arriba y abajo, con el ultimo bostezo en la garganta,

haciendo el desayuno para el marido, sacando los hijos de la cama

para que vayan a la escuela. Empieza el día para ella y el sol no ha levantado todavía el vuelo. Es necesario hacer muchos números, es necesario tener memoria

para llegar a fin de mes. Para mamá Lola

nadie escribe la historia, es poca cosa, casi nada. Mira los árboles del paseo mientras se llena el lavadero. Mamá Lola...

Ay, si por un momento pudiera, ni hacer ni pensar nada, e irse sola.

Pero su sueño siempre se pierde hacia arriba por el patio, dejándole un montón de ropa, mientras la gente anda por el paseo y se va llenando el lavadero.

Es necesario hacer muchos números, es necesario tener memoria

para llegar a fin de mes. Para mamá Lola

nadie escribe la historia, es poca cosa, casi nada. Cuando la calle duerme y el sol ya ha escondido su vuelo, mamá Lola

se seca por fin las manos, ya duermen los niños. Y mamá Lola

se desnuda a los pies de la cama, ella sabe que su marido

está acostado y espera a su mujer. Si Dios quiere mañana todo irá mejor, todo le parece bien.

Pero... todo le parece bien, pero...

FICHA TÉCNICA

Letras: Joan Manuel Serrat Música: Joan Manuel Serrat Arreglos y Dirección Musical: Ricard Miralles Guitarra Solista: Gabriel Rosales Compañía Discográfica: Edigsa

Referencia del LP: C.M. 254 LP - Dep. Legal B. 12.733/1970 Maqueta y Diseño de Portada: Jordi Fornas

Fotografías: Colita

TEXTO EN EL EXTERIOR

«Se titula así, porque aunque fue el primero de mis discos en catalán que apareció en México, era ya el cuarto L.P. que grababa en mi idioma paterno. Apareció si mal no recuerdo, en la primavera de 1970.

Para mí se trata de un trabajo que ofrece una visión doblemente intimista de mis más inmediatos alrededores. De una parte por lo que cuenta, y de otra porque, aparte de las temáticas, está escrito y contado en catalán, en aquel catalán perseguido por el franquismo, en aquel idioma que aprendimos en la casa y en la calle, porque aunque la dictadura prohibió su enseñanza en las escuelas no hubo manera de borrarlo del corazón, ni de la vida cotidiana de un pueblo. Desde la serenidad que ofrecen, o debieran de ofrecer, los años y la distancia pienso en lo inútil que resulta tratar de aniquilar por decreto una cultura, en lo estúpido de pretender ignorar que los hombres llevan -como el caracol- sus raíces, su cultura y su idioma a cuestas aunque sea a trancas y barrancas.

Mi barrio, el Poble Sec..., la calle, la casa, la niñez, los amigos..., las experiencias y los descubrimientos de la primera juventud no podían tener otro vehículo que no fuera el de la propia voz de estos espacios entrañables.

En confianza, les diré que algunas de estas canciones en catalán fueron escritas durante uno de mis primeros viajes a México en diciembre de 1969. Aún me veo trabajando en ellas durante las tensas y emocionantes esperas previas a aquellos inolvidables conciertos en Bellas Artes, hace casi 25 años. Dios mío, ¡cómo pasa el tiempo!»

(Declaraciones para una Edición Mexicana del Disco)

COMENTARIOS

El título del disco -"Serrat 4"- es debido a que se trata del cuarto LP que publica Serrat en su idioma paterno. Sale a la venta en la primavera de 1970 y consiste en una colección de diez canciones en las que se entremezclan los temas que al autor le son propios.

Serrat ya es un cantautor que está en primera línea entre los de lengua catalana. En el resto de España su éxito también ha sido excelente con unas primeras canciones en castellano bien acogidas por el público y un disco de Machado de enorme repercusión a todos los niveles. No cabe duda que con este disco "Serrat 4" logra hasta esa fecha su mejor trabajo, el primero realmente maduro, en el que aparece un Serrat más seguro, menos reiterativo en lo musical, más preocupado por los arreglos y el aspecto melódico del disco. Además Serrat va ganando muchos enteros en firmeza vocal y en capacidad escénica. Muy pronto sus modos de desenvolverse en un escenario serían absolutamente propios, sin modelos de referencia, sino con un talante propio, inequívoco. Las manos de Serrat también empezarían a hablar, a interpretar, a hacer de Serrat no sólo un cantautor con excelentes canciones sino con un modo único de interpretarlas.

La mirada de Serrat se detiene en su calle desde donde palpitan emociones, vivencias, escenas de la vida entresacadas del alma del barrio, al tiempo que la primavera nace dejando atrás el tiempo de la lluvia y de los amantes mirándose en el rojo crepitar del fuego. Ese Serrat que ama, que recuerda su calle, que mira la naturaleza y la hace suya, que es marinero y a la vez trovador de sueños, también se detiene en los desterrados, en los perdedores, en los vendimiadores. Porque Serrat desde sus inicios siempre tuvo una preocupación social constante por los que sufren y lloran en silencio sus penas.

La portada está llena de motivos vegetales que forman un abigarrado conjunto de espigas. En la contraportada y en el interior aparecen fotos de un Serrat invernal y muy serio con abundante ropa de abrigo. Es un Serrat más próximo al "Temps de pluja" que al "20 de Març" por jugar con dos títulos del disco. Las fotos son de Colita, infaltable en la memoria fotográfica del Serrat de la época. Los arreglos y la dirección musical corren a cargo de Ricard Miralles que ya había arreglado el disco de Machado y a la guitarra aparece el excepcional Gabriel Rosales, que acompañará durante años a Serrat en los recitales.

20 DE MARÇ

El disco se abre con esta canción que sirve a Serrat para proclamar a los cuatro vientos el nacimiento de la primavera. Para Serrat la primavera tiene ribetes bucólicos, señas de esperanza, de resurrección de la vida, de regreso al paraíso perdido de la niñez.

"20 de Març" es una canción alegre, llena de vitalidad, con un estribillo muy a tono con la canción. Es un Serrat que mira a la primavera desde dentro, es decir desde los campos en flor y desde la fauna y el sol que salen a su encuentro llenos de alborozo.

La canción está llena de imágenes, unas más logradas que otras. Hay una ingenuidad hermosa en la mirada del autor a las cosas con la emoción de un niño que acabara de descubrir a la iniciada estación saliendo a su encuentro. La primavera no es algo que se repite, es única, reparadora en sí misma. Supone además la necesaria respuesta a canciones como "Quan arriba el fred" o "Balada de otoño", canciones de Serrat regidas por la severidad del invierno o del otoño que vienen a entristecer la vida. La primavera tiene en sí misma el contenido de la esperanza. Florece el mundo y de un modo u otro florecen las esperanzas presentes o futuras.

ELS VEREMADORS

Serrat se hace cronista social de primera talla al retratar la odisea de "Els veremadors" con una descripción amplia, no exenta de toques amargos, de estos hombres que parecen nacidos de una página de John Steinbeck y que pertenecen a una España real, no inventada, una España de dura emigración, de frío y hambre, de desolación en medio de una estación camino de Francia.

En "Els veremadors" vuelve a estar el mejor Serrat, el Serrat social, que clava sus palabras en los rostros cansados de estos hombres, en la injusticia de su situación. Serrat llega aquí más lejos que en "Manuel" porque no hay necesidad de forzar la situación, de crear un melodrama folletinesco con suicidio final incluido. Hay una única mirada que capta de un modo inspirado, caleidoscópico, el modo de vida de estos hombres. Es una mirada real, que sólo describe, pero que no puede esconder el dolor de esas descripciones, ajustadas a la realidad, a la verdad que desnuda todo artificio y que no engaña y que da una imagen triste de esa otra España marginal y errante, aquella que el franquismo ocultaba y que existía de una punta a otra del país.

Estos vendimiadores del Sur, de Aragón, de África, que Serrat clama en el estribillo, se agarran a la esperanza como a un clavo ardiendo. Qué profunda verdad dolorida la de aquella parte de la canción en la que Serrat nos dice: "Un tros on dia a dia/ es van deixar la pell/ on es varen fer vells/ quan no era el temps encara..." ("Un terruño donde día a día/ se dejaron la piel/ donde se hicieron viejos/ cuando no era el tiempo todavía...").

Para aquellos que dudaban del compromiso de Serrat con la situación social del momento en el que vivía, "Els veremadors" es una canción valiente, audaz, comprometida con el más débil, una canción improbable en el repertorio de toda aquella pléyade de "artistas" acomodados al régimen oficial.

CONILLET DE VELLUT

Tras la cruda instantánea anterior, Serrat demuestra su capacidad para sorprender y se envuelve en los sonidos de un rítmico y sincopado charlestón para ofrecernos una de las canciones más inspiradas de este disco "Conillet de vellut" ("Conejito de terciopelo"), canción nacida -según confesión del propio autor- desde el resentimiento hacia una modelo danesa que lo abandonó.

Serrat prefiere no entristecerse y descarga toda su artillería de palabras corrosivas e irónicas para caricaturizar a la modelo en cuestión y de paso, al mundo ya efervescente de la "beatiful people" de la época, encarnada en esta jovencita de moralidad dudosa y ambiciones varias.

La canción es perfecta, de una frescura inagotable y con un Serrat pleno de mordacidad desde el inicio. Los pareados son precisos, se ajustan de un modo muy hábil a la música de la canción arreglada de un modo muy sobresaliente por Miralles. Hay toda una crítica desenfadada y certera al mundo de la moda de los recién nacidos años 70. Serrat no se contiene, habla de la promiscuidad de la modelo y da inoportunamente al final de la canción su verdadero número de teléfono, exponiéndose al asedio de las admiradoras. Tanto fue así que hubo de cambiarlo tan pronto llovieron las llamadas.

En la primera edición de este disco, salió censurada la frase "ménage à trois", y en vez de la frase sólo se oían los acordes, al modo de puntos suspensivos. Lo cual fue mucho peor, porque cada vez que la escuchábamos, uno se imaginaba una barbaridad mayor.

EL MEU CARRER

Llegamos a "El meu carrer", otra excelente canción recorrida en este caso por la nostalgia y en la que Serrat nos lleva a su calle del Poeta Cabanyes en el Poble Sec, donde nació y creció entre juegos, para de paso hacernos una radiografía muy acertada de su gente, de su barrio, de la fuente, de la plaza, de todo aquello que forma parte de su geografía local, de esa calle cada vez más olvidada, donde aún puede volver y reconocerse.

"El meu carrer" no sólo es la calle de Serrat, es la calle de muchos de nosotros, con su bar, sus vecinos compartiendo vino, dominó y fútbol. Una calle que se cae a trozos, que se derrumba, en la que todo es tan sencillo y evocador a la vez. Un niño que merienda pan con aceite y azúcar, las peonzas, los juegos, la inocencia y el traje de monaguillo... No cabe duda que Serrat sabe mirar, detener el instante y captar las esencias de su calle, los establecimientos, las esperanzas algo mustias, la rutina, la soledad. Para Serrat la calle es un medio tan válido como la escuela y la casa para el aprendizaje de la vida.

En "El meu carrer" no hay una idealización de su calle. Hay un retrato sombrío de la pobreza de sus casas, de la falta de horizontes de sus gentes. La infancia de Serrat no es ajena a la circunstancia política, social y económica en la que se desarrolla. Pero es una añoranza necesaria porque como ya decía Jaime Gil de Biedma -poeta muy vinculado a Serrat-: "Quien no sepa en algún modo salvar su niñez, quien haya perdido toda afinidad con ella, difícil es que llegue a ser artista, casi imposible que pueda ser nunca poeta, y no por ninguna razón sentimental, sino por un hecho muy simple, la sensibilidad infantil constituye, por así decir, un campo continuo, y la poesía no aspira a otra cosa que a lograr la unificación de la sensibilidad."

BON DIA

Regresa un Serrat gozoso, feliz, esperanzado, que nos canta "Bon dia", canción que incluyó en la película "La larga agonía de los peces fuera del agua" obra desafortunada del recientemente fallecido Francisco Rovira-Beleta, en la que Serrat interpretaba a un marinero ibicenco enamorado de una inglesa. "Bon dia" sonaba al principio de la película como música de fondo a los títulos de crédito mientras contemplábamos las "habilidades acuáticas" del mismísimo Joan Manuel.

También ha sido un tema muchas veces utilizado por Serrat para comenzar sus conciertos y así saludar a su público, de la misma forma que en la canción saluda al viento de levante.

El mar, la playa, el puerto, vuelven a ser la identidad idónea para la felicidad de Serrat, un año antes de componer su mítico "Mediterráneo". De un modo u otro siempre el paisaje del mar o del campo sirven de referente para la fluidez de las palabras, de las imágenes que Serrat va entretejiendo. Serrat quiere ser marinero y establece afinadas metáforas identificando a las olas con juglares y al sol con una media granada.

CANÇÓ PER A EN JOAN SALVAT-PAPASSEIT

Esta "Cançó per a en Joan Salvat-Papasseit" sirve a Serrat para definir y homenajear al excelente poeta catalán y de paso identificarse plenamente con el modo de ser y actuar de Papasseit. Compuesta en este año de 1970, la incluiría más adelante -con algunos cambios en sus arreglos- en su "Res no és mesquí".

Se trata de un tema fresco y nuevo, con unos arreglos sencillos pero acertados, que gustaba mucho al propio Serrat, pues en alguna ocasión declaró que la consideraba el mejor tema de cuantos había compuesto hasta entonces en su carrera.

En esta canción hay mucho de definición personal del autor estando recientes la actitud poco comprensiva de la nova cançó hacia Serrat por decidirse a cantar en castellano y de círculos franquistas que ya no olvidarían su negativa a Eurovisión y su, para ellos, "falta de españolidad" (sic).

Serrat la utiliza para definirse a sí mismo. Son muy explícitos los versos en los que dice: "Jo no prometo res./ Només camino (mullant la ploma al cor/ que és on es suca l'eina...)" ("No prometo nada./ Solamente camino/ mojando la pluma en el corazón/ que es donde se debe mojar la herramienta...").

Por si no había quedado claro, remarca que "lo que piensan de mí no me interesa nada" e incluso suelta una carcajada al final de la canción, como un síntoma más de la independencia que siempre ha caracterizado y ha salvado de impurezas a su obra.

Así pues, el retrato de Salvat-Papasseit es un alter ego del propio Serrat resumido en el verso "Jo no vull allistar me sota de cap bandera" ("yo no quiero alistarme en ninguna bandera") que ejemplifica el modo de ser y de actuar de Serrat a lo largo de gran parte de su vida, con sus aciertos y sus errores, sus luces y sus sombras, su hiel y su vinagre como ahora nos canta en su reciente "Fe de vida".

QUASI UNA DONA

Serrat vuelve a ofrecerse vitalista, sensual, atrevido, audaz, rompiendo las convenciones de la época, hablando del amor con un sentido pleno de libertad, dominando los recursos expresivos y musicales a la perfección. La melodía de "Quasi una dona" es de las más frescas de este disco con un estribillo muy pegadizo y unos arreglos muy adecuados. El autor se atreve a contarnos su amor prohibido con una adolescente que aún lleva calcetines y no le importa que con ello pueda escandalizar a la gente más reaccionaria. Es una canción que conecta con "Señora" o con "Poco antes de que den las diez" al abordar las relaciones amorosas de un modo valiente y nada atemperado. Dice Vázquez Montalbán que eso ya lo hicieron Los Beatles. Y es cierto, pero ni Serrat los usa como referencia ni la situación de España era la misma que la del resto de Europa, incluida Inglaterra. No sólo "lo verde empezaba en los Pirineos" - como rezaba una película española de los años 70- sino también la democracia y los aires de libertad.

En "Quasi una dona" brillan las descripciones de la adolescente que tiene el olor del pan blanco salido del horno. Es una canción sencilla, juguetona, malévola, en la que Serrat vuelve a ser ese cronista sentimental admirable que tanto se deja ver en sus canciones.

TEMPS DE PLUJA

Serrat 4 es un disco de contrastes. Ello se ejemplifica en el paso de la felicidad de un amor adolescente a la melancolía que preside "Temps de pluja". Esta canción tendría su versión en castellano, "Tiempo de lluvia", debido quizás a cuestiones meramente comerciales, pues nada se añadía musicalmente a la canción y en lo letrístico forzaba a cambios que empobrecían la calidad de la canción original.

"Temps de pluja" puede conectarse con "Balada de otoño", pues para Serrat vuelve a ser la lluvia motivo de tristeza y de recogimiento. En la letra retornan los pareados de un modo casi continuado. El tiempo de lluvia es para Serrat un tiempo de melancolía, de reclusión, mientras el mar, la barca, el muelle quedan en un segundo plano. Hay sitio junto al fuego para el amor, pero la voz y la melodía suenan tristes, interiorizadas, nada que ver con esa otra que nos anuncia al principio del disco la llegada de la primavera.

Es una canción más sosegada, más reflexiva y mucho menos desesperada que "Balada de otoño", pero guarda musicalmente y temáticamente paralelismos con aquélla. El amor no puede pregonarse, se interioriza, se hace media voz y no estalla como en otras estaciones del año.

ADÉU, ADÉU AMOR MEU I SORT

Serrat canta "Adéu, adéu amor meu i sort", una bella canción de desamor, de ruptura. Ya antes había tratado el tema del desamor con enorme tristeza en cortes como "De mica en mica" o "Saps". En esta ocasión el adiós de los amantes es visto con una serenidad que está en las antípodas de las canciones antes referidas.

La guitarra solista de Gabriel Rosales cobra un hermoso protagonismo. El tema se inicia con fluidas antítesis con las que Serrat opone elementos de la naturaleza que personifican la incompatibilidad de caracteres de los amantes. La siguiente estrofa de la canción está llena de obviedades muy pertinentes, pues sirven para remarcar la imposibilidad de salvar un amor que ya está muerto. Los pareados son excelentes y la sencillez de la canción es admirable. La estrofa final es la única con cierta carga melancólica pues Serrat le dice a la amada que no sienta pena al lavar una

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