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TEXTO EN EL EXTERIOR

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«Corrían los primeros días de 1969. Milán, en invierno, suele despertarse con niebla, con una niebla espesa y pegajosa que vuelve invisible la Recova del Corso y aleja las palomas del Duomo de los ojos de los turistas.

Arropados en la tibia calefacción del taxi, atravesamos junto al Miralles, el Lasso y el taxista aquella mañana de perros lombardos, camino a los estudios de la "Fonit Cetra" donde iba a empezar a grabar mi primer disco en castellano.Aquella fue una complicada decisión, pero hacía ya tiempo que estaba tomada. Hoy, a toro pasado, no me cabe duda que fue un acierto.

Iba feliz en el auto. Miraba con avidez los tentadores escaparates de las tiendas y piropeaba en los semáforos a las muchachas que me llamaban desde los anuncios, iba muy feliz.

En aquellos tiempos no era nada fácil para un artista español grabar un disco en Italia o en Inglaterra, mecas de la música, donde los estudios disponían de mesas de 8 y hasta 16 pistas. Pero, como acertadamente decía Dylan, los tiempos estaban cambiando y además a toda leche.

Tanto cambiaron que aquel mismo año, el hombre pisó la Luna al parecer por primera vez, las gentes del D.F. se aventuraron a desplazarse de Tacubaya a Chapultepec en metro y un servidor grababa este, su primer L.P. en castellano que con todo respeto quiero dedicar desde estas líneas a mi amigo, hoy desaparecido, Plinio Chiesa, ingeniero de sonido de esta grabación».

(Declaraciones para una Edición Mexicana del Disco)

COMENTARIOS

Estamos ante el primer disco de Serrat en castellano. Siguiendo la norma de aquellos años, aparece sin título y con una portada similar al anterior con un primer plano de Serrat y enmarcado en una atmósfera de luz bastante atractiva.

Más que un nuevo disco bien podríamos decir que en realidad se trataba de una recopilación, pues albergaba todas aquellas canciones que habían ido apareciendo en sus singles en castellano durante 1968 y 1969, a excepción del controvertido "La, la, la" aquí sustituido por "En nuestra casa".

Lo primero que cabe destacar con esta entrega discográfica es que Serrat se nos hacía bilingüe. Ello sería una prolongación natural dado su doble origen lingüístico y será motivo de controversia desde determinados sectores, muy en especial desde la Nova Cançó que no entendió el posicionamiento de un Serrat que desde entonces ha explicado muchas veces que para él cantar en catalán o en castellano es algo perfectamente natural. Serrat tomó esta decisión

en busca de una independencia que no tenía, en busca de una libertad expresiva con la que no contaba, al encuentro de su propia sensibilidad, que iría derramando disco a disco con el beneplácito de todos nosotros, sus afortunados seguidores.

Serrat canta en castellano y se convierte en uno de los pocos cantantes bilingües existentes manteniendo en ambas lenguas una coherencia y categoría expresiva irreprochables. Es la circunstancia histórica de Cataluña y las raíces de Serrat las que permiten este milagro. Desde ciertos sectores se le va a atacar a partir de entonces y con el escándalo eurovisivo recibirá palos de un lado y de otro. Ello llevará a Serrat a canciones tan explicativas de su actitud vital como "Com ho fa el vent" o "Vagabundear". Pero para el maestro, cantar en castellano era y es un reconocimiento a sí mismo. Y punto.

Resaltemos que aún es un disco lleno de ciertas inseguridades dado que Serrat no logra encontrar en algunos temas la misma fluidez expresiva que en catalán. Pese a ese inconveniente, consigue salir airoso y pone la primera piedra de su obra en castellano. Son diez temas en los que Serrat incorpora por vez primera a un poeta a su repertorio -Rafael Alberti- y en los que predomina la melancolía, entroncando por tanto con el espíritu de su anterior disco en catalán. Arreglos sobrios e instrumentaciones nada recargadas para un disco que viaja hacia lo social con personajes marginados, canciones de contenido amoroso y vivencial, recuerdos de amores perdidos y soledades, sin olvidar el indiscutible hallazgo sociológico que supuso el tema "Poco antes de que den las diez", quizás la canción que más logró flexibilizar los horarios de muchas adolescentes de la época.

En resumen, un disco serratiano en el mejor sentido del término que preludiaba su trabajo con los versos de Machado, auténtico punto de arranque de la explosión del fenómeno Serrat para el gran público.

LA PALOMA

"La paloma" parte de un poema homónimo de Rafael Alberti escrito en los inicios del exilio -entre 1939 y 1940- y que apareció en el libro "Entre el Clavel y la Rosa". Este libro cuenta con un prólogo y se halla dividido en ocho partes. El poema de "La paloma" se incluye en la tercera de estas partes titulada "Metamorfosis del clavel".

Contará el propio Alberti en su libro de memorias "La Arboleda Perdida" cómo su poema ha recibido las más sesudas interpretaciones por los críticos literarios no sabiendo al cabo del tiempo el propio autor con qué carta quedarse. Parece como si Alberti no hubiese querido contarnos más que lo que el poema nos dice sin segundas interpretaciones. De cualquier modo la paloma parece simbolizar la paz masacrada, ultrajada, en el duro contexto del exilio.

La canción de Serrat nace de la musicación que realizó el compositor argentino Carlos Guastavino del poema de Alberti, y de lo aportado por Sergio Endrigo en su versión al italiano. Será un tema que frecuentemente incluirá Serrat en sus conciertos siempre con gran acierto, pues a la natural belleza del poema se une la brillante interpretación del cantautor que en este caso arriesga vocalmente en muchos de sus pasajes. No cabe duda que, junto a algunos de los musicados por Paco Ibáñez, es el poema hecho canción más popular de Rafael Alberti. Y en ello la voz y la sensibilidad de Serrat cantándola, ha tenido mucho que ver.

EL TITIRITERO

Serrat prolonga en "El titiritero" las pinceladas sociales presentes en anteriores discos. A la galería de personajes admirablemente descritos en canciones como "La tieta", "El drapaire" o "La Carmeta" Serrat suma este titiritero que viene a ser en cierto modo una revisión en castellano de la canción "Els titelles".

En aquella canción Serrat anteponía la figura de los títeres para describir la situación errante de estos titiriteros que van de pueblo en pueblo desesperanzados y tristes. Era aquél un recurso expresivo magnífico que confería al tema una originalidad indiscutible. En este caso, Serrat se centra en la figura del titiritero y lo retrata con enorme precisión y sencillez. Quizás articula con excesiva profusión los pareados, siendo a veces previsibles aunque no por ello inapropiados. Es todavía un letrista en castellano dubitativo que trata de encontrar la misma naturalidad expresiva que en catalán. Pero eso sólo era una cuestión de tiempo.

El resultado es estimable y el tema sirve para incorporar a la canción popular en castellano de aquellos años un repertorio de personajes, de tipos humanos desarraigados inéditos hasta entonces. El talante y la sensibilidad del autor le permite desviar la mirada hacia estos personajes huidizos en los que nadie reparaba. Y lo hace con una poética sincera e inspirada, dejándonos al final con la misma imagen que Vittorio de Sica despedía "Ladrón de bicicletas" con aquel final lacerante, sin esperanzas, que no abría ni siquiera una puerta para un futuro más próspero.

Por último, resaltemos que a finales de 1967 Serrat presentó "El titiritero" para el festival de Eurovisión. Pero no agradó lo bastante ya que no era la canción eurovisiva, pegadiza y comercial que TVE deseaba para tal evento. De ahí que se eligiera el "La, la, la" y después sucediera la historia que todos conocemos.

POCO ANTES DE QUE DEN LAS DIEZ

He aquí la canción sociológica por excelencia de Serrat. Al escribirla, el autor plasma una realidad de la moral franquista: las muchachas debían volver a casa antes de la diez. Un corsé de los tiempos, como bien describe la escritora Carmen Martín Gaite: "A partir de las diez de la noche -último plazo para llegar a cenar aunque fuera corriendo y perdiendo en la fuga un zapatito de Cenicienta-, a la chica decente no se le había perdido nada fuera de las cuatro paredes de su cuarto..."

"Poco antes de que den las diez" es otra de esas canciones ejemplarmente narrativas de Serrat. Una completa historia con su estructura, nudo y desenlace como la de "De cartón piedra". Vemos a la muchacha vistiéndose con celeridad, la seguimos bajando atropelladamente los escalones, despidiéndose de su amante borrando la última huella testigo de su amor. Y luego la seguimos corriendo por las calles en medio de la neblina intensa de la noche. Y al final, el portal, la madre, el reloj que da las diez, la paz del hogar, las convenciones sociales salvadas.

Es como si el amor tuviera que someterse a los horarios y a la hipocresía social de la época. Como ocurría en "Piel de manzana", con aquella parte de la canción tan explícita en la que Serrat nos dice "Y oír sobre las diez, 'niña, la hora que es y sin poner la mesa'..."

"Poco antes de que den las diez" es del todo una canción coyuntural que hoy sería absurdo que Serrat cantara dado que ahora las muchachas se recogen a las diez de la mañana y no a las diez de la noche. Pero fue admirable la sensibilidad de Serrat para retratar la realidad de su tiempo. Todo ello al compás de una música vibrante, muy adecuada al tono enérgico del texto, cuyos arreglos difieren bastante de la versión que apareció primeramente en single.

EN NUESTRA CASA

Quizás la canción que pasó con más discreción de todas las de este disco. Una de las más olvidadas canciones de Serrat. La causa de ello pudo ser debida a que fue el único tema de este álbum que no había salido anteriormente en single. Por aquellos años, las canciones se hacían populares al aparecer en discos sencillos y la costumbre era reunirlas posteriormente en un disco de larga duración.

Así se hizo en esta ocasión también, pues todos los demás temas partían ya del conocimiento del público cuando se publicó este recopilatorio. Serrat había publicado cinco sencillos y tenía pues diez canciones en castellano, pero era lógico que no pudiera incluir el discutido "La, la, la" y entonces hubo de sustituirlo por "En nuestra casa".

La canción conforma junto a "Balada de otoño" el momento más pesimista de todo el disco: la soledad de la casa, de los pasillos, de los cuartos y las paredes por donde susurraron los besos y se arrulló el amor, es el testimonio fatal del amor perdido e irrecuperable.

En ocasiones se hacen patentes algunos de los defectos del primer Serrat en castellano, pero aún así cuenta con hallazgos expresivos notables como sucede en la estrofa final: "a nuestra casa/ otras bocas vendrán/ a borrar nuestros besos".

MANUEL

Llegamos a "Manuel", una canción muy discutida por la crítica, pero que gozó de enorme popularidad y sirvió para que mucha gente de mi edad reparara y descubriera a aquel muchacho tan criticado y vilipendiado por su renuncia a Eurovisión.

Es difícil defender este tema cuando el propio Serrat terminó reconociendo que con esta canción se había equivocado. No cabe duda que Serrat pretendía acercarse a la problemática rural de la España de la época a través de este desdichado jornalero. Serrat no parece aquí tomar los modelos de poesía social que habían ido dejando con anterioridad Antonio Machado, Miguel Hernández o Rafael Alberti y en cambio adopta los recursos fáciles del melodrama.

"Manuel" parte de un error de perspectiva histórica. La canción es anacrónica en cierto sentido. Es evidente que el campo español ofrecía un panorama desolador en aquellos años, pero también es obvio que no existía la hambruna sofocante de la posguerra. Serrat parece exagerar la realidad -por única vez en toda su trayectoria- y retrata con un tono lacrimógeno las desgracias del jornalero.

Pese a sus defectos, la forma de cantar de Serrat y la musicación sobria y eficaz, salvan en cierta medida el resultado final. La canción tendría en "Els veremadors" (1970) la otra cara de la misma moneda ya que en esta ocasión Serrat firmará una canción magnífica partiendo también de una injusticia social.

TU NOMBRE ME SABE A YERBA

El disco recupera su pulso con "Tu nombre me sabe a yerba", con toda probabilidad la canción más popular de este disco y que además gozó de varias versiones por otros intérpretes. Es el tema más vitalista dentro de un conjunto que peca de cierta monotonía en los arreglos, superada con el tiempo por parte de Serrat.

Su letra traduce una exaltación vital y sensorial del amor que, exceptuando el arcaísmo inevitable de la enagua, ha sabido combatir el paso del tiempo y constituirse en uno de los clásicos de Serrat. La canción articula dos elementos claves en el cantautor catalán: el amor y la naturaleza conjugados ambos con una concisión digna de elogio. Aquí ambos se funden como sucedía en "Marta", donde el entorno jugaba un papel tan esencial. El mar vuelve a ser el destino en el que el amor termina encontrando su perfecto significado, constituyendo un elemento clave para Serrat como sucederá también en "Mis gaviotas".

Decía Rafael Alberti en 1967: "Yo nací junto al mar. Yo sigo siendo siempre un poeta del mar, aunque pueda pasarme días, incluso años sin escribir su nombre, sin recordarlo siquiera...". Serrat suscribiría plenamente estas palabras ya que es un cantautor que ha agolpado su memoria y su creatividad en torno al mar, del que ha extraído páginas inolvidables.

La canción tendría años después una conveniente revitalización musical por parte de Serrat que en esta primera grabación del tema no explota todas las posibilidades musicales del tema.

POEMA DE AMOR

"Poema de amor" es todo un clásico de la poética sentimental de Serrat. En 1998 el escritor y periodista Fernando García Delgado en su programa radiofónico 'A vivir, que son dos días' agradecía a Serrat en nombre de toda su generación aquel poema de amor con el que muchos acompañamos el amor adolescente hacía ya más de treinta años. Una de esas canciones que, sin duda, forman parte de la banda sonora de nuestras vidas.

En una progresión encomiable, Serrat compone esta canción a base de enumeraciones, con pequeños tercetos encadenados que suelen tener una acertada rima en pareado del primer verso con el segundo, quedando el tercero libre, y con el mar y la playa como elementos unificadores, "Poema de amor" es otra de esas canciones entretejidas por la inspiración de la obra de Serrat.

Pasados los años, Serrat prescindió en sus actuaciones de la postiza introducción que la canción poseía en su origen, inevitable deuda de la época. Un prólogo que sí estuvo presente en las versiones en francés, italiano y portugués que el cantautor grabó para acompañar el lanzamiento del "La, la, la" de Eurovisión.

"Poema de amor" no faltó -para regocijo de nostálgicos- en ninguno de los conciertos de la gira de "Sombras de la China", ya con algunas variaciones en los arreglos y con la increíble anécdota de que Serrat olvidara su letra y se quedara en blanco en el segundo de sus recitales del Teatro Albéniz en Madrid. Y es que pienso, que seguramente debe resultarle la letra más difícil de memorizar de todas sus canciones.

BALADA DE OTOÑO

El disco llega a la "Balada de otoño", una de las canciones más tristes y desalentadoras de Serrat, pero en la que destaca una expresión ajustada, brillante, que salvo en ciertos pareados poco precisos y excesivos ("...y me deja la queja/ que mañana será vieja..."), consigue mantener una altura poética y musical incuestionable situándose entre los mejores momentos de este disco.

En esta canción Serrat interrelaciona -como otras veces ha hecho ("Quan arriba el fred", "Temps de pluja", "Piel de manzana")-, las estaciones lluviosas con la soledad, con el final del amor, con el desaliento... Los chopos deshojados, las hojas poblando las aceras, los tejados mojados, la lluvia, el viento, todos son elementos que dan cuerpo a la soledad y al desamparo.

Hay partes de un efecto dramático magnífico sin estridencias ni efectismos y con un aliento poético poderoso: "Te podría contar/ que está quemándose mi último leño en el hogar/ que soy muy pobre hoy/ que por una sonrisa doy/ todo lo que soy/ porque estoy solo y tengo miedo...". Son instantes que empiezan a vislumbrar un letrista en castellano intenso, dominador pleno de los recursos expresivos.

La "Balada de otoño" ha sido recuperada por Serrat de tiempo en tiempo en sus actuaciones en directo. Es quizás junto a "La Paloma", "El titiritero" y "Tu nombre me sabe a yerba" el tema de este disco que mejor ha soportado el paso del tiempo.

EN CUALQUIER LUGAR

Este tema lo usó Serrat para la cara B del single de "La paloma" y es la versión castellanizada de su canción "En qualsevol lloc", que ya había sido incluida en su anterior long-play en catalán. En este caso, -como en los demás- se notan excesivamente los esfuerzos de traducción y la versión en castellano es claramente inferior a la original.

Bajo una briosa música, Serrat presenta unos personajes que buscan huir de la tierra que ya no da fruto, de la escasez de un entorno pobre y sin recursos, en busca no ya de paraísos imposibles o de regiones idílicas sino de lugares habitables en donde poder construir una vida lo suficientemente digna. Es un viaje que no sabemos cómo concluirá, pero al que lo impulsa la necesidad. Para Serrat la huida, ya sea individual o colectiva, siempre es una necesidad imperiosa. Aquí hay un antecedente de "Pueblo blanco", aunque sin la fuerza expresiva ni el dramatismo de aquélla. Aquí aún es posible huir.

MIS GAVIOTAS

Serrat cierra el disco con "Mis gaviotas", otra canción mecida en los sones de la confesión autobiográfica con la añoranza de la infancia como eje vertebrador de todo el tema. Hay ecos en la música del futuro disco "Mediterráneo", visibles además por cierta sonoridad de influencia latinoamericana.

La idea de la canción precede a la de "Mi niñez" en su evocación del paraíso perdido de la infancia y, pese a no alcanzar los logros de aquella, sí es un tema de interés con el que Serrat prolonga su discurso sobre el paso del tiempo. Un discurso ambivalente, pues unas veces hay un apego a las raíces y en otras, un deseo de huir, de buscar nuevos horizontes, nuevos rumbos, para no sentirse atado a unos condicionantes afectivos que le impidan avanzar en la vida.

El mar -elemento muy presente en este disco- vuelve a unificar la infancia, los ecuerdos de Serrat. Las gaviotas son la memoria despiezada, el rumor de aquel tiempo de olas, fragancias y juegos sobre la arena de una playa. El mar de la

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