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El mito colonizador como mediador entre el orden y el caos

Capítulo 3. El Orden de la Colonización La traducción

3. Encuentros culturales Concepciones de orden

3.3 El mito colonizador como mediador entre el orden y el caos

Balandier muestra cómo los mitos fundacionales, o de los nuevos comienzos, reconocen el agotamiento de la energía y hacen del mito, un rito del que surge un contrato como figura mediadora entre el orden y el caos59. Esta

perspectiva se acerca a la propuesta de Hobbes si entendemos el mito como un contrato que establece un orden artificial: ese contrato hace de mediador entre el estado de naturaleza y el Estado civil y está dirigido a domar, refrenar o coaccionar todos aquellas pasiones de los hombres -su estado de naturaleza- pues si no se controlan, llevan a un estado de guerra; esto hace que el conflicto sea potencialmente permanente. El esquema estado de naturaleza-contrato-sociedad civil, no significa pasar de un estado a otro sino garantizar un control sobre la naturaleza humana que dé lugar a la sociedad civil como artificio; ésta no se apoya en ninguna verdad universal sino en la voluntad de los individuos para hacer un contrato.

En el transcurrir del proceso de poblamiento hubo un cambio de lugar, o una nueva interpretación, del mito colonizador: i) la postura platónica del orden natural desajustado por comportamientos irracionales que había que domar con la educación y la religión o ii) el mito como mediador, es decir, como contrato que instaura un orden artificial proveniente de la administración regional bajo los dictámenes de la nación, es decir, del orden civil a cargo de unos funcionarios guiados por una concepción de orden natural. Este tema contradictorio está en la base de los conflictos regionales violentos, como veremos en el Orden del Capital.

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STEINER, Op. cit. p. 79

Sea como fuere, la ideología del mito colonizador era excluyente e impositiva, asuntos que contribuyeron a que fracasara la tarea colonizadora como estaba concebida por la hegemonía paisa. No obstante, algo de él llevaban los colonos, quienes estaban a medio camino entre el orden ideológico paisa y los órdenes de facto construidos en la vida social, cultural, política y económica que no estaba relacionada con el interior del país sino que se había tejido entre los migrantes negros, caribeños, sinuanos e indígenas que estaban en la región mucho antes de que en 1905 Urabá hubiese sido anexada a Antioquia.

Los colonos paisas pobres, amparados en lo que les correspondía del mito colonizador, se sentían culturalmente respaldados y estratégicamente dotados para aguantar en tierras enmarañadas. Se revelaba en estos pobres una superioridad en relación con los pobres de las otras culturas, tema que los hacía odiosos a los ojos de los demás, sobre todo cuando se trataba de paisas algo mas adinerados, es decir, comerciantes pequeños, vendedores, arrieros, o cualquier oficio de oportunidad donde poder demostrar su mal llamada sagacidad. Así lo habían visto los negros caribeños y sinuanos que estaban en la región antes que los paisas. En 1905, recién entregadas las tierras a Antioquia, señala Steiner esa tensa relación con la Costa:

A medida que Antioquia intensificaba sus esfuerzos de control regional, los cuales eran vistos en Urabá como una forma de expansionismo, crecía también el antagonismo entre las dos regiones ... esta visión que consideraba a Antioquia expansionista no era exclusiva de Urabá. En otras regiones de la costa Caribe, especialmente en sus sabanas, la movilidad de campesinos antioqueños también era percibida por sus habitantes como una amenaza...el costeño consideraba que el antioqueño le quitaba el trabajo, razón por la cual lo aborrecía hasta el punto de asesinarlo60.

Si este tipo de percepciones e imágenes existía en otros lugares de la costa, adonde los antioqueños se dirigían en busca de trabajo, no es de extrañar que en el caso de Urabá, cuando la región le fue oficialmente otorgada al departamento de Antioquia, la resistencia contra la anexión se manifestará de diversas formas...las relaciones de Turbo con Cartagena eran no solo comerciales sino también sociales y educativas... Por eso era tan importante la educación para los antioqueños por medio de la cual se esperaba que calaran las costumbres antioqueñas61.

Donde mas específicamente se palpaba la realización del proyecto ordenador, es decir, modernizador o ilustrado, era en las instituciones educativas y religiosas. Estas tenían serias contradicciones que la dirigencia sabía suavizar, ya que esta dicotomía era usual entre los antioqueños. “Si para los funcionarios la solución a la “barbarie” estaba en la presencia de maestros antioqueños, para el secretario de la Prefectura Apostólica del Chocó la salvación estaba en (la iglesia)”62. Desde el inicio de la ocupación

española, los habitantes del golfo vieron desfilar por sus tierras a misioneros religiosos de diferentes órdenes. En el siglo XIX estuvieron en la región capuchinos catalanes y jesuitas. A comienzos del siglo XX, en 1914, fueron las misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, esta última congregación fundada por la madre Laura Montoya para evangelizar a los indígenas63.

El proyecto de “antioqueñización” generó resistencias en el ámbito de la educación como una forma de oponerse a los intentos de hegemonía política; pero para los ilustrados, la educación de las masas, declaradas incompetentes para la construcción de un proyecto de nación soberana, era una tarea para la que la dirigencia paisa se creía encomendada.

61 Ibíd. p. 64-67 62 Ibíd. p. 69 63 Ibíd. p. 82

En 1911, el prefecto de la provincia en Urabá, Juan Manuel Uribe...se refería al “caos moral” que reinaba en la región a su cargo, destacando la necesidad de crear allí “una verdadera hegemonía moral de Antioquia”. Aclaraba que no era el regionalismo lo que lo guiaba a hablar así, sino “la vista de la vida bárbara que con ligerísimas excepciones” llevaban los habitantes de la región. Para lograr dicha hegemonía, el prefecto insistía en la necesidad de llevar a la región profesores de Antioquia, los únicos que, a su juicio, podrían salvar la situación, “darle cimiento a esta sociedad agónica de ellos y en fin, a dar instrucción con educación, es a lo que deben venir los maestros de Antioquia, que habrán de ser catequizadores en una de las regiones mas atrasadas moral e intelectualmente en Colombia”64.

Sin embargo, la mayor resistencia de los habitantes de Urabá a la antioqueñización era en aspectos personales como la sexualidad y la religión, a través de los cuales Antioquia pretendía lograr una hegemonía cultural y moral65. Los colonos sabaneros, bolivarenses o atrateños, los

comerciantes de Cartagena, Quibdó, Montería, asiduos a la región, eran mucho mas liberales que los paisas y habían dejado el moralismo y los juicios de valor para el ámbito privado, temas que no podrían estar sujetos a acuerdos de convivencia, lo que finalmente aprendieron los colonos paisas. Sin embargo, desde Medellín la dirigencia quería ejercer el poder controlando la sexualidad de sus funcionarios los que también, según describían en sus cartas, se escandalizaban, o lo hacían parecer a sus superiores, con la “barbarie” de las costumbres escandalosas del baile y las formas en las cuales se relacionaban hombres y mujeres66.

Estos funcionarios y colonos, encarados con otros hombres, tierras y culturas, se enfrentaron a una doble realidad: los funcionarios debían atender la dimensión oficial que correspondía a un orden nacional tratando de superar obstáculos a veces infranqueables en la dimensión real. Los colonos aprendieron a valérselas gracias a estrategias culturales no supeditadas a los valores, con visiones mas pragmáticas y menos románticas, con otros elementos nuevos que se iban creando en el encuentro con el otro poniendo

64 Ibíd. p. xiii 65 Ibíd. p. 69 66 Ibíd, p. 69

en entredicho las anteriores creencias del “nosotros” y el “ellos”. Gracias a las estrategias culturales pudieron sobrevivir en un nuevo entorno y hacer un proyecto colonizador con otros valores, órdenes y relaciones.

Dice Ann Swindler que una cultura no es un sistema unificado que empuja la acción en una dirección consistente sino que se parece mas a un “juego de herramientas” o repertorio del que los actores seleccionan distintas piezas para construir las líneas de acción. Tanto los individuos como los grupos saben cómo hacer diferentes tipos de cosas en diferentes circunstancias e, incluso, que la gente puede tener disponibles capacidades culturales que raramente emplea pues “todo el mundo conoce más cultura de la que utiliza”67. Esta observación permite entender la actitud de los funcionarios

(alcaldes e inspectores antioqueños) quienes trataron de defender siempre a Antioquia ante las quejas de los otros pobladores pues “eran el único vínculo de la sociedad naciente con el departamento” pero acabaron sumándose al coro que testimonia la, llamada por Clara García, Antioquia ajena68.

La utilización de herramientas y de estrategias que daban sentido a sus actos y orientaban su acción, y la superación de la barrera tradicional y romántica de la identidad y del mito paisa, hicieron que los colonos replantearan el “nosotros” y el “ellos” en sus nuevas relaciones territoriales.

67 SWINDLER, Ann. La Cultura en acción: símbolos y estrategias. En: Revista Zona Abierta

77/78. Madrid: (1996/97); p.138

68 GARCÍA, Clara Inés. Urabá. Región, actores y conflictos 1960-1990. Bogotá: Cerec e Iner.