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Capítulo 1. Características generales de la región y de la

3. La región

Como enseña Castoriadis, no hay lugar ni punto de vista alguno que pueda explicarse por fuera de la historia y de la sociedad. En la configuración regional de Urabá jugaron perspectivas nacionales y regionales (tanto de otras regiones como las propias de Urabá) según fuera rodando la historia y según la región fuera marginada o considerada parte de la vida nacional. Esto último sólo se dio hace unas tres décadas: primero, por los ingresos económicos que le generaba a la nación; luego, por la visibilización que produjo su sangrienta vida política de finales de los ochenta y de la década de los noventa.

39 Ibíd. p. 100 40 Ibíd. p. 164

Desde las regiones se armó la idea de construcción de la nación, no siempre por iniciativa de ellas mismas pues algunas, como Urabá, ni siquiera se interesaban ni sabían del país; sino porque las experiencias de cada región afectaban a otras y cuestionaban al país. Por eso cada una es vital para la construcción de la nación. La mirada histórica de la región es tan rica como hacerlo a través de un prisma; esa riqueza es, precisamente, una de las dificultades para entenderla. A lo largo de la historia Urabá ha ido acopiando significados diversos que, aún hoy, siguen en juego. Eso implica órdenes y desórdenes que ingresan a los Ordenes regionales. Con una breve referencia al caso de Urabá, se mencionan algunos elementos significativos para cualquier región que, como lo veremos a lo largo del texto, cobran un sentido específico en Urabá y alimentan la comprensión de la configuración de sus Ordenes regionales:

Ser un espacio integrador y cohesionador aunque Urabá, durante mucho

tiempo (casi todo el siglo XIX) no supo a quién ni cómo debía o tenía que integrar: a Bolívar, Cauca, Antioquia o a Chocó?

Ser un instrumento gubernamental, realidad jurídico–política que Urabá adquirió para Antioquia solo en 1905 cuando se adscribió al departamento por la necesidad nacional de que se garantizara la protección de la frontera bajo la tutela de Antioquia. Los resentimientos que causó está decisión en los bolivarenses y chocoanos siguen vivos en la memoria cultural y hacen parte de las contradicciones actuales.

Ser un referente cultural que genera un mundo simbólico. Esto lo ha

posibilitado por dos vías: una, por dejarse impregnar de cada una de las culturas que hoy están en la región (emberas, tule, zenú, sinuanos, negros caribeños y atrateños, interioranos) donde ellas plasmaron sus

ideas identitarias al tiempo que marcaron sus diferencias con respecto al otro de las demás culturas y, dos, porque permitió la construcción de la dimensión colectiva a escala de masas con las hordas migrantes en el Orden de la Colonización y luego en el Orden del Capital con los obreros bananeros (masas de distinta índole, como veremos), únicas en poder realizar una sociedad nueva que dio nacimiento a nuevas motivaciones y nuevas actitudes para la región y sus habitantes41.

Ser un espacio que hace posible la existencia de lo imaginario. La

significación cultural siempre está ligada a “algo”, es decir, el espacio se simboliza y cuando ésta cambia, edifica una nueva “sobre las ruinas de los edificios simbólicos precedentes y utiliza los materiales de estos”42.

Urabá permitió expresar la especificidad cultural de las distintas olas colonizadoras para que ellas construyeran en la región su propio edificio simbólico y, con el tiempo, permitió que las “ruinas” simbólicas de cada cultura fueran una base para edificar nuevos imaginarios, que podríamos llamar híbridos o mestizos. Como lo ha señalado Clifford Geertz, se precisa una sintonización de las acciones humanas con un orden cósmico visualizado, en definitiva, se precisan unas formas simbólicas que articulen de una forma integrada la experiencia del hombre en el mundo43.

Ser un espacio de permanencias a pesar de su transformación y

movimiento. La región, ya configurada, puede reorganizarse por el

surgimiento de nuevas significaciones, por ejemplo, asuntos económicos importantes como la economía (Urabá con la agroindustria bananera) o la misma guerra. Estos reforman una multitud de significaciones sociales ya disponibles y con ello las altera, condicionando la constitución de otras

41

CASTORIADIS, Op. cit. p. 35

42 Ibíd, p. 39

significaciones y desencadenando lateralmente unos efectos análogos sobre la casi totalidad de significaciones sociales44.

Estar en movimiento aunque nos gusta verlas estáticas para entenderlas. Por eso se propone combinar orden y desorden, asumir el caos, concebir estructuras relativamente estables sobre una base inestable45 y entender

que la región tiene la capacidad de engendrar el orden, nutrirse del desorden y de las perturbaciones. En esa misma lógica, conlleva simultaneidad de procesos y órdenes contrapuestos, dificultad que hace que la sociedad busque en lo imaginario el complemento necesario para su orden, según acierta Castoriadis. Esto se traduce en una región que se ha movido en el tiempo, según lo ilustran sus cambios, pero también en el espacio, movimiento que representa diversidad de regiones (Gran Urabá, Urabá antioqueño, Urabá cordobés, Urabá chocoano) como luego veremos. Afirma Castoriadis que en el núcleo de este imaginario que permite la región (en movimiento), hay “algo irreductible a lo funcional, algo así como la atribución inicial, por parte de la sociedad, al mundo y a sí misma de un sentido que no está “dictado” por los factores reales, puesto que es éste, mas bien, el que confiera a estos factores reales una importancia y un lugar determinados en el universo que se constituye esta sociedad (que no está muy lejos de lo que Hegel llamaba el “espíritu de un pueblo”)46. Esto nos abre las puertas para el entendimiento de lo que

signfican la pertenencia y la identidad regional y a la región de Urabá. 3.1 Los tres Órdenes regionales de Urabá

El rompecabezas de interacciones entre realidades ha dado lugar a tres Órdenes en la historia reciente de la región de Urabá (segunda mitad del

44 CASTORIADIS, Op. cit. p. 60 45 BALANDIER. Op. cit.94.

siglo XX-hoy), anudados alrededor de tres procesos de duración mas o menos establecida que han marcado hito: i) la colonización, ii) el capital, iii) la guerra o sus consecuencias. Son cortes que han redefinido las relaciones entre los sujetos (de poder, con la tierra, el mercado, productivas, interculturales, entre otras) y han incorporado de forma diferente a los distintos órdenes -con minúscula- (cultural, social, político, económico, ambiental); es decir, cambian las reglas de juego según el eje ordenador y las interacciones que se den alrededor de cada uno de ellos. Cuando se dan cambios en las interacciones entre órdenes con minúscula -o realidades- comienza a transformarse un Orden en otro, mediado por un nuevo proceso que ocasiona o sustituye al anterior que mostró agotamiento.

Los tres Órdenes de Urabá son particulares a la región y, por ende, irrepetibles en otras regiones*. Hacen parte de la identidad regional y

muestran cómo la región ha cruzado sus realidades de cierta manera. El Orden es acumulativo pero siempre nuevo: a medida que transcurre la historia, que se viven procesos significativos capaces de dar lugar a un nuevo Orden, éste no prescinde de todos los contenidos del Orden transformado, pues, como se dijo, lo que había no se destruye sino que se incorpora en el nuevo Orden en forma de memoria, experiencia, representación o discurso.

3.2 Los eventos y los Ordenes regionales

*

* Posiblemente en otras regiones del departamento y del país puedan ser vigentes estos

mismos Ordenes que se proponen para leer a Urabá (El Magdalena Medio o el Bajo Cauca, por ejemplo). Lo que sí es improbable es la repetición de las interacciones al interior de cada uno de ellos. Las particularidades de las distintas regiones pueden dar lugar a otros Ordenes, denominados de forma distinta a la que se propone para Urabá pues los procesos que dan forma a determinado Orden en cada región solo se viven de forma específica en esa región.

Mas que la expresión de la termodinámica del Orden, la llegada de la agroindustria a la región, y la guerra por el territorio, fueron eventos que irrumpieron, respectivamente, en las interacciones de los Ordenes de la Colonización y del Capital, afectaron a todas las partes constitutivas de éstos, a todas y a cada una de las realidades involucradas en ellos. La afectación de esas interacciones no fue, exclusivamente, producto de la inestabilidad de ellas, o del incremento de la entropía y la agitación interna en cada Orden. La llegada de la agroindustria y la guerra, mas bien, fueron catástrofes (destructoras o creativas, o ambas), eventos y traumatismos que modificaron la estructura de los Ordenes existentes (Colonización y Capital) y transformaron un Orden en otro Orden. Para Morin “...los traumatismos son precisamente uno de los choques que provienen del encuentro entre este desarrollo autogenerado y el mundo exterior”47.

Además de las características de improbabilidad, discontinuidad y accidentalidad, con las que Morin asocia un evento, los dos eventos regionales mencionados tienen sus propias características. Advirtiendo que esto apenas es un esbozo y merece investigarse en profundidad, nos arriesgamos a hacer algunas diferencias entre dos eventos que sirven de gozne entre el Orden de la Colonización y del Capital (la irrupción de la agroindustria) mientras que la guerra es el gozne entre el Orden del Capital y el Orden de la Seguridad. Se trata de observar qué es lo que diferencia a un evento, catástrofe o trauma, de otro. Estudios futuros podrán rebatir, ampliar, precisar o desechar estas interpretaciones.

 Se alimentan del Orden donde irrumpen. Ambos eventos tienen la característica fundamental de alimentarse del Orden donde irrumpen, como dice Morin, depende de cuán apto esté éste para dejarse destruir, para integrarlo o resistir el embate del evento. Puede decirse que la agroindustria, a pesar de los traumatismos y de la forma misma como se

desarrolló (eso es tema del capítulo correspondiente), fue una catástrofe creativa que no devoró el Orden existente sino que desató cambios importantes en el orden como la invención de la política y otras nuevas interacciones. Con la guerra pasó todo lo contrario al haber sido una catástrofe destructiva que, por el contrario, terminó con la política después de haberse devorado muchas otras interacciones que desaparecieron y empobrecieron la riqueza existente.

 Tienen diferentes magnitudes. Lo anterior conduce al asunto diferencial de la magnitud del evento. Con la irrupción de la agroidustria la región no echó por la borda las interacciones culturales de la colonización sino que utilizó éstas para lograr el cometido de hacer de la región un centro de exportación bananero. También activó nuevos mecanismos políticos y organizativos, dio pié para la organización de partidos políticos tradicionales, admitió luego la formación de partidos alternativos, e introdujo nuevos elementos para la interacción y la definición de un nuevo Orden bajo modalidades laborales desconocidas en las tradicionales relaciones parentales y vecinales. El Orden del Capital se mostró menos apto para asimilar e integrar la guerra y ella lo devoró, se alimentó de él al perturbar cada una de sus realidades y desconfigurar cualquier lógica (con su ilógica) de orden. Los efectos de una guerra nacional en el orden regional van unidos a las singularidades de Urabá al librarse de forma distinta y particular en todos los rincones de país, por donde pasa, devastando.

 Afectan distintas porciones regionales. La agroindustria se instaló en la zona centro de Urabá e irrumpió en todas las relaciones previamente establecidas entre colonos, comerciantes y funcionarios de esa zona específica. Los mas perjudicados fueron los colonos que fueron expulsados de sus tierras pero tuvieron desfogues en otras latitudes de la

región para buscar nuevas parcelas y alimentarse de sus relaciones tradicionales puesto que la industria era un evento localizado. A pesar de esas alternativas, el desarrollo de la agroindustria le imprimió a la región una nueva dinámica donde las nuevas interacciones no fueron todas conflictivas como veremos. En la guerra, los espacios bélicos fueron mayores que el espacio de la agroindustria pues la guerra se dio en toda la región la que sufrió convulsiones por todos los flancos, desalojó pobladores en todas partes, no dejó refugios en la región para huir de la guerra. Fue implacable con todos y contundente en todo el espacio regional y sus regiones vecinas. Su estela de dolor y muerte causó destrozos síquicos, afectivos y mentales a la población de la región.

 Son eventos que difieren en gradualidad y temporalidad. La agroindustria llegó para quedarse. Se instaló violentamente pero arraigó y se transformó con la región en un proceso que todavía pervive. La guerra se hizo en unos siete años y el carácter autoritario de los actores de la contienda no admitió gradualidad sino imposición, mientras mas breve ésta, mas efectiva la guerra. Esa guerra no dio lugar a ajustes graduales sino que generó cambios súbitos.

 Direccionalidad y diferenciación en el impacto. La agroindustria se hizo del centro hacia la periferia y, paulatinamente fue infiltrándose en el resto de la región y en otras actividades de la vida regional sobre todo en las que tienen que ver con sus economías de escala. Su impacto fue grande cuando lo hizo como economía de enclave en la fase de capitalismo salvaje pero fue infiltrándose y transformándose con la región la que difícilmente podría hoy prescindir de esta actividad. A pesar de que la guerra tuvo sus estrategias de operación y su propia direccionalidad vista según la posición de los ejércitos de la contienda, para la región el impacto fue general y por todos los flancos donde se distribuían

insurgentes y paramilitares tratando de ganar posiciones por los cuatro puntos cardinales.

Ésta es una invitación a concebir la historia de la región de Urabá como una gran puesta en escena en tres actos: Orden de la Colonización, Orden del Capital, Orden de la Seguridad, cada uno precedido de un evento. Cada Orden representa un giro importante en la historia, así como virajes en el comportamiento de los actores entre cuadro y cuadro.

Capítulo 3. El Orden de la Colonización