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Capítulo 1. Características generales de la región y de la

2. El Orden con mayúscula

34 Ibíd. p.147 35 Ibíd. p. 149 36 Ibíd. p. 155

El Orden (con mayúscula) es una composición regional de múltiples orígenes. Es el rompecabezas de interacciones entre órdenes con minúscula, o realidades* que conviven en una región en determinado

momento de su historia. Este rompecabezas, poco convencional, no tiene todas las fichas, algunas de ellas pierden su forma, se vuelven pequeñas o, simplemente, cambian de color; son fichas elásticas, tornasoladas, elocuentes o, a veces, mudas. Esas son, entre otras características, las que hacen del juego una búsqueda infinita. Sin embargo, esas interacciones tienen cierto margen de estabilidad dentro de un período de la historia, pero acaban por transformarse a lo largo de ella. Se dan de determinada manera en procesos de duración mas o menos establecida que marcan hitos en la historia y se constituyen en ejes ordenadores de la región y explican la presencia de tal o cual Orden regional. Al producirse cambios significativos en los procesos de un eje ordenador determinado, y al transformarse las formas de interacción entre realidades, el viejo Orden padece su propia crisis y las nuevas formas de interacción definirán un nuevo Orden que llevará consigo su inherente caos. Ese Orden lo vive tal o cual región; ninguna otra podría vivirlo por tratarse de algo particular e irrepetible.

El Orden es una manera de ser de una región; es tanto un resultado de interacciones como una idea de construcción permanente del mundo, cuya realidad es incierta aunque viva como representación: “...no existe ningún concepto para significar esta propiedad misteriosa que hace que un ser, un sistema, una máquina viviente, extraigan de sí mismos la fuente de su autonomía muy particular de organización y de comportamiento, al mismo tiempo que son dependientes, para efectuar este trabajo, de alimentos energéticos, organizacionales, informacionales extraídos o recibidos del entorno”37. Así concebido, el Orden tiene una relación fortísima con la

* Se acoge la propuesta de Morin de asumir las interpretaciones sectoriales (órdenes con

minúscula) como realidades que entran en interacción.

identidad de una región, identidad con un espectro amplio que rebasa lo meramente cultural. Ese Orden, que se anuda alrededor de procesos significativos en la vida regional, y que cambia por sí mismo y en relación con los procesos e interacciones, no prescinde del Orden transformado: lo que había no se destruye sino que se incorpora en el nuevo Orden en forma de memoria, experiencia, representación o discurso.

La memoria histórica de la transformación de Ordenes regionales está guardada en el Orden vigente en calidad de discurso simbólico, una forma de realidad de carácter distinto de la que le dio origen. Puede, incluso, llegarse a mitificar el viejo Orden, incorporarse como representación, como imaginario de Orden inalcanzable, que tiene existencia en el nivel de la representación como garantía para ofrecer una alternativa al caos. Por eso, y para eso, existe.

2.1 El orden reside en la región y es por la región

La región es una realidad definida como espacio de articulaciones entre significados que dan lugar a determinado Orden. Según esto, la región crea orden y éste solo reside en tal o cual región. El orden, a su vez, crea región, al reproducir esos significados que sustentan la región pero, también, al permitir que ellos evolucionen, se transformen o se produzcan otros, articulados en un espacio menor o mayor al anterior, dentro de un nuevo proceso estructurante de Orden.

La región, así concebida, mueve sus linderos por causa de nuevos significados. Muestra la historia que el Urabá del Orden de la Colonización, no es el mismo, en sus límites espaciales (que parecía no tener límite), que el Urabá del Orden del Capital que prescindió de las zonas norte y sur; ni MORIN, Op. cit. p. 256

tampoco, el Urabá del Orden de la Seguridad que incluyó toda la zona norte, el Atrato, el eje bananero, que abarca el Gran Urabá y que se extiende hasta el Nudo del Paramillo en dirección al Bajo Cauca.

Significar determinado territorio o, resignificarlo, no quiere decir olvidar la vieja región. Ese nuevo residuo (recordar que los residuos son los no elegidos dentro de los posibles) se incorpora al Orden con otro estatus. Por esa razón, según la historia, hay varias regiones: el Urabá Chocoano, el Urabá Antioqueño, el Urabá cordobés, el Gran Urabá. Cada Orden, como veremos, tiene su propia región.

2.2 Es invisible

Otra característica del Orden es su invisibilidad, pero no su anonimato. Sin verse, estructura las distintas realidades regionales aunque tenga forma indefinida; y sin ser ninguna de ellas, hace parte de todas las formas y de todas las realidades. Es lo que los hombres quieren que sea, lo que ellos dejen ingresar o excluyan en cuanto a significados, relaciones, realidades o espacios. Por eso, el orden no es general, depende de los hombres de determinados espacios territoriales, que han dado significados específicos a sus realidades para constituir un orden único que puede variar en la misma región haciendo que ella se estire, se encoja, se aclare u oscurezca.

El orden no es bueno ni malo, no se puede tocar ni ver pero se puede sentir. Se siente mientras se vive por estar íntimamente relacionado con la idea de interacción que la hacen posible los sujetos, hombres y culturas. Ellos son el vínculo entre la región y el orden y permiten el funcionamiento de las sociedades a pesar de quebrantos, conflictos, problemas y dificultades. Cuando hombres, sujetos o culturas interrogan los significados, o cuando por esa razón cambian las interacciones, se produce un efecto bola de nieve que

termina cambiando el Orden, la definición de la región y el espacio de la región.

2.3 Cómo entender el orden en la región

Cuatro principios básicos explican la relación entre el Orden y la región o el Orden de la región:

1. Concebir a la región de forma doble y contradictoria; es decir con las ideas de orden y desorden de manera simultánea como complementos que permiten la aparición de los cambios. La primera sitúa la continuidad, la constancia, la regularidad, la estabilidad. El desorden, concibe las irregularidades, desviaciones en un proceso, perturbaciones y transformaciones; son los choques, encuentros aleatorios, accidentes; las desorganizaciones, las desintegraciones. También, en lo subjetivo, es lo impredictible o lo relativamente indeterminable; “para el espíritu, el desorden se traduce en incertidumbre”38.

2. Garantizar el diálogo entre orden y desorden con ayuda de las nociones de interacción y de organización. El orden es parte de una organización en un espacio determinado alrededor de unos ejes históricos definidos, que combinan las realidades según las características de ese orden. Según el principio anterior, hay orden y desorden en los ejes estructurantes de la región, en las realidades y en la misma organización. “...no se puede reducir la organización al orden, aunque ésta lo comporta y produzca. En efecto, una organización constituye y mantiene un conjunto o “todo” no reductible a las partes, porque dispone de cualidades emergentes y de constreñimientos propios, y porque comporta una retroacción de las cualidades emergentes del “todo” sobre las partes. Por

ello mismo, las organizaciones pueden establecer sus constancias propias, su regulación y producir sus estabilidades. Así, la idea enriquecida de orden no solo no disuelve la idea de organización, sino que nos invita a reconocer esta idea de organización”39.

3. Entender el tiempo como un movimiento que va del orden hacia el desorden y de éste al orden. Por eso la historia de Urabá (con sus ejes estructurantes) es movimiento (es tiempo) hacia el cambio y a través de ese desorden se crea el orden.

4. Reconocer que el observador hace parte de lo observado, que entorno y observador son parte de lo mismo y que el espíritu humano pone en funcionamiento dos estrategias cognitivas: una que reconoce lo singular, lo individual, lo contingente, lo improbable, el desorden; otra que capta la regla, la ley, el orden40.