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Modelo bioconductual de estrés-alimentación

La evidencia experimental presentada demuestra que el estrés está relacionado con el aumento en el consumo de alimento, con una disminución en la ingesta del mismo o, en algunos casos, con ningún tipo de efecto. De igual manera, el estrés se ha vinculado con el desarrollo de múltiples patologías como: obesidad, TCA (anorexia, bulimia y trastorno por atracón) y desnutrición (Teegarden y Bale, 2008; Rojo, Conesa, Bermudez y Livianos, 2006; Guo et al., 1993). Tanto los cambios en la conducta alimentaria como las patologías vinculadas con ellos son, desde nuestra perspectiva, elementos necesarios para que un modelo pueda ofrecer una explicación plausible de la relación estrés-alimentación, razón por la que en la presente sección describiremos nuestra propuesta del modelo bioconduc- tual estrés-alimentación.

Greeno y Wing (1994) publicaron un destacado artículo en el que plantearon dos posibles modelos para explicar el efecto del estrés sobre el acto de comer. El primero fue denomi- nado modelo del efecto general, descrito en la sección anterior. El segundo fue llamado modelo de las diferencias individuales, en éste se señala que los efectos del estrés depen- derán de las características particulares de los organismos. Una vez que el organismo es sometido a algún tipo de estresor se desencadena un cambio que dará como resultado el aumento, disminución o mantenimiento del consumo de alimento.

Conforme lo argumentamos, es necesario considerar nuevos factores como lo son los cambios en la conducta alimentaria, producto de la exposición a eventos estresores, y evaluar el modo en que éstos actúan como elementos que desencadenan una predisposición para desarrollar algún tipo de patología alimentaria. Tomando como base inicial el con- cepto de las diferencias individuales, propio de múltiples modelos en psicología, y adicio- nando factores tales como el énfasis en la conducta en tanto indicador y explicación plausible para el desarrollo de predisposición por algún tipo de patología alimentaria, presentamos el modelo bioconductual de estrés-alimentación.

En general, está organizado de manera vertical, con lo cual se señala la temporalidad de los eventos en dirección de arriba hacia abajo. Adicionalmente, es posible observar dos líneas de eventos previos a la exposición del periodo de estrés y tres líneas de eventos posteriores (figura 5-1). Las dos líneas de eventos previos al estresor contemplan, en pri- mer lugar, las características particulares del organismo, en especial sus diferencias bioló- gicas, psicológicas y sociales: en el ámbito biológico, los aspectos genéticos de los individuos. De este modo, un individuo tendrá más probabilidades de desarrollar una alta susceptibi- lidad ante el estrés si cuenta con genes vinculados con la obesidad, como los involucrados en la vía de leptina-ghrelina relacionada con la saciedad.

En el ámbito psicológico es posible señalar que el ambiente alimentario juega un papel determinante en la formación de los hábitos correspondientes, los cuales están vinculados con el desarrollo de una alta susceptibilidad. Adicionalmente, el ámbito social hace referencia a las prácticas culturales alimentarias que pueden determinar la forma, la cantidad y la variedad de los alimentos a consumir, como por ejemplo las marcadas diferencias entre las culturas occidentales y orientales, donde en occidente se fomentan más prácticas cultura- les desordenadas relacionadas con una mayor susceptibilidad. Así pues, en lo psicológico se determina la alta o baja susceptibilidad del organismo ante el estrés de acuerdo con sus características individuales; esto es, el estado de vulnerabilidad o sensibilidad que presen- ta un organismo ante un evento estresor, de suerte que la alta o baja susceptibilidad de- penderá de la combinación entre las características individuales y las estrategias con las que cuenta el organismo para sortear la intensidad, duración, niveles de imprevisibilidad y el grado de control sobre el evento estresor.

Tras esto, se integra el periodo de exposición al estrés y enseguida se señalan los posi- bles cambios biológicos, psicológicos o sociales que son producto de la exposición al even- to estresor o que, por sí mismos, actúan como estresores, enfatizando las diferencias de los organismos con alta o baja susceptibilidad. Estos cambios se refieren a modificaciones que pueden ir desde cambios en los niveles de catecolaminas o glucocorticoides hasta las alte- raciones en la conducta individual o social.

A continuación se señalan los tres tipos de conducta alimentaria resultado de la expo- sición a periodos de estrés. Luego, del lado izquierdo se representa las dos posibilidades de modificación de la conducta alimentaria a partir de la combinación entre la alta suscepti- bilidad al estresor, la exposición al evento y los cambios biológicos, psicológicos y sociales. El aumento o disminución en el consumo de alimento dependerá de las características par- ticulares de las posibles combinaciones, lo que nos llevaría a afirmar que en un mismo sujeto una combinación determinada podría provocar la disminución en el consumo de alimento, mientras que otra combinación podría provocar el aumento del mismo, donde ambas conduc- tas tienen como propósito funcional disminuir el efecto del estresor. Particularmente, el incremento en el consumo de alimento compite y supera otras conductas vinculadas al evento estresor. Por su parte, la disminución funciona como estímulo atencional hacia otros sujetos.

En tanto, del lado derecho se presenta como única opción el consumo habitual, es decir, la conducta alimentaria del sujeto permanece sin cambios debido a la combinación de baja susceptibilidad, exposición al evento estresor y cambios biológicos, psicológicos y sociales. Finalmente, el modelo proyecta el desarrollo de patologías alimentarias depen- diendo del aumento o disminución en el consumo de alimento. Con ello, se puede prede- cir el riesgo de desarrollar obesidad, trastorno por atracón, bulimia, anorexia o desnutrición como efecto del estés (figura 5-1).

Conclusión

El estrés como fenómeno de estudio ha sido analizado históricamente por diversas áreas de estudio, pero es el área experimental la que ha permitido desarrollar su concepto ope- racional así como la evidencia científica necesaria para su adecuada caracterización. En lo particular, la investigación básica permitió, con las primeras aproximaciones de Cannon al

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señalar la importancia del fenómeno y con el genial trabajo que Seyle desarrolló, caracte- rizar lo que hoy conocemos como estrés, afi rmación que se ve apoyada por la gran canti- dad de evidencia experimental que es base de los modelos empíricos y teóricos utilizados en la investigación básica del comportamiento alimentario.

Consideramos que la mayor aportación de este capítulo es poner a consideración de la comunidad científi ca nuestra propuesta de modelo bioconductual de estrés-alimentación. Si bien es cierto que permite señalar el aumento en la predisposición para desarrollar patologías alimentarias, teniendo como base la ocurrencia de conductas alimentarias espe- cífi cas, aún es necesario trabajar en varios aspectos a nivel experimental para dilucidar algunos cuestionamientos importantes como: ¿qué características determinan el nivel de susceptibilidad de un organismo? ¿Es posible experimentalmente obtener organismos con

Diferencias en las características biológicas, psicológicas o sociales

Estrés Cambios biológicos, psicológicos o sociales Dismunución en el consumo de alimento Aumento en el consumo de alimento Consumo habitual de alimento Predispocosión para desarrollar anorexia o desnutrición Predispocosión para desarrollar obesidad, trastorno por atracón

o bulimia

Cambios biológicos, psicológicos o sociales

Alta susceptibilidad Baja susceptibilidad

algún grado de susceptibilidad? ¿Cuáles de los cambios biológicos, psicológicos o sociales interactúan con el estresor o son en sí mismo estresores?

A pesar de que el trabajo restante para fortalecer el modelo es basto, resulta oportuno señalar que cuenta con múltiples bondades que por sí mismas le otorgan plausibilidad, fortaleza y pertinencia al modelo. La primera de ellas es que considera las bases medulares de muchos de los modelos antecedentes e integra elementos novedosos que están vincu- lados directamente con la investigación; es decir, comparte elementos básicos como el considerar en su estructura elementos biológicos, psicológicos y sociales, así como carac- terizar al estrés como estímulo. Esto permite sumar en vez de restar, al considerar las perspectivas de otros modelos que en su momento ofrecieron adecuadas explicaciones para el momento histórico en que fueron formuladas. Por otra parte, al enfatizar en la conducta como elemento indispensable para predecir el desarrollo de una predisposición para el desarrollo de patologías alimentarias, permite que el modelo tenga una base expe- rimental de análisis con lo que integra nuevos hallazgos que en este renglón se generen.

Al final, pero sin agotar las bondades, puede decirse que este modelo permite la inte- racción con otros que sustentan otras perspectivas de la ciencia. Al señalar el desarrollo de una predisposición por alguna patología alimentaria, permite integrarse al campo clínico y funcionar como modelo preventivo.

Para finalizar, quisiéramos señalar que la intención no explícita de este capítulo es in- vitar a estudiantes e investigadores a profundizar en el estudio del estrés y en especial en su relación con el campo de la alimentación. Esperamos que en el futuro lo expuesto en este documento sea la base de nuevos modelos que permitan ofrecer explicaciones del delicio- so fenómeno que es la alimentación.

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Sección II

Aplicaciones

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