El NYU Child Study Center, encargado de investigar, prevenir y dar tratamiento a los pro- blemas de salud mental en niños y adolescentes asociados principalmente con estrés, an- siedad y depresión, menciona que uno de los primeros pasos para prevenir o tratar el
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estrés infantil es ayudar al niño a reconocer cuando está estresado; para lograrlo, se debe recordar que el estrés se manifiesta (1) fisiológicamente (aumento de la frecuencia cardia- ca, dolores de cabeza, náuseas, dolor de estómago, etc.); (2) conductualmente (alteracio- nes del sueño, irritabilidad, evitación, etc.) y (3) cognitivamente (dificultades para concentrarse, preocupación, pensamientos negativos, etc.).
Cuadro 11-2. Estrategias de afrontamiento y ajuste relacionadas con enfermedades
crónicas o terminales
Optimismo Refleja una forma de ver el mundo como benigno y controlable, en general, con expectativas positivas sobre los resultados. Se relaciona con el control percibido, la autoeficacia y con resultados positivos en la salud Percepción de
falta de control y de desamparo (desesperanza)
Investigaciones clínicas consistentes han demostrado que la percepción de falta de control sobre eventos importantes y la consecuencia emocional de desamparo son estresores potenciales cuyo resultado es reducir la motivación y provocar distrés emocional como ansiedad y depresión y se asocia a resultados negativos en la salud
Catastrofización Relacionada con el desamparo aprendido y la desesperanza, la catastrofización se define como el uso excesivo y exagerado de autoenunciados negativos cuando se enfrentan eventos de esta índole (como una enfermedad crónica). Se ha vinculado con elevados niveles de distrés psicosocial y disfunción, pobre funcionamiento físico y discapacidad, frecuentes reportes de dolor que interfiere con las actividades cotidianas y disminución en los niveles de actividad en general Fortalecimiento Se refiere a la creencia de que uno tiene el control sobre lo que le está
pasando; hay un fuerte sentido del compromiso y propósitos para alcanzar una meta, así como un “brío” por los retos
Auto-enunciados de afrontamiento positivos
Numerosos estudios han encontrado que los autoenunciados positivos se enlazan a un funcionamiento más adaptativo ante la adversidad. Muchas técnicas cognitivo-conductuales incluyen el entrenamiento en autoenunciados positivos como un componente integral de la estrategia de tratamiento
Rezar/ Fe Muchos individuos utilizan la oración como un método para ayudarse a sobreponerse ante problemas de salud y sufrimiento o para obtener respuestas positivas como “Tengo fe en que mi doctor me curará”. Desafortunadamente, esta estrategia pasiva de afrontamiento no ha demostrado ser muy adaptativa para ayudar a manejar y ajustarse a las enfermedades crónicas
Distracción/ Atención dispersa
La habilidad para poder realizar actividades de distracción permite que los individuos tengan menos tiempo para tener rumiaciones o catastrofizar aspectos de la enfermedad crónica. Esta estrategia genera un humor positivo y aumenta la posibilidad de interactuar con otros, por lo que hay también la oportunidad de adquirir los efectos positivos del apoyo social
Después de identificar las respuestas de estrés, el niño sabrá que es momento de redu- cir éste poniendo en práctica algunas estrategias, principalmente técnicas de relajación (Mandel, 2005).
Allen y Marotz (2003) encontraron que los niños de menos de seis años de edad cuen- tan con menos capacidad de (1) pensar integralmente en un evento; (2) elegir de un “menú” de posibles comportamientos en respuesta a cualquier evento nuevo, interesante o provocador de ansiedad; (3) comprender un evento sin relacionarlo con sus propios sentimientos y (4) modificar sus reacciones físicas en respuesta a cambios de estimulo.
En términos generales, los niños que son resistentes al estrés, de acuerdo con Garmezy (1985) y otros investigadores (Masten, Best y Garmezy, 1990), se caracterizan por contar con tres factores protectores:
1) Características personales: a. Autonomía
b. Autoestima elevada c. Orientación social positiva 2) Cohesión familiar:
a. Apego seguro
b. Solución de problemas
3) Sistemas externos de apoyo que motiven y refuercen el esfuerzo de afrontamiento: a. Modelo de al menos uno de los padres
b. Familia (hermanos) c. Papel de la familia extensa d. Amigos
e. Confianza con el equipo de salud
Para Rutter (1990), las características individuales tienen influencia sobre la respuesta ante situaciones estresantes; la resiliencia entonces se asocia a una relación positiva con adultos competentes, con tener habilidades de solución de problemas y con experiencia previa de éxito. De igual forma, la interacción familiar afecta las respuestas a los estímulos estresores, incluso la influencia adversa de los desacuerdos por riñas familiares puede ser modificada por las características particulares intrafamiliares. Por ejemplo, contar con una buena relación entre el niño y uno de sus padres reduce el riesgo psiquiátrico propio de una familia con interacción inadecuada.
Como adultos, padres o maestros es importante considerar que podemos ayudar al niño a desarrollar habilidades que le faciliten la adaptación a los sucesos estresantes:
1) Ante estresores cotidianos, preparar al niño, platicando con él sobre el lugar que visitarán, la actividad que van a desarrollar, la duración y, en su caso, el procedi- miento. Esto aplica desde un simple corte de cabello hasta la colocación de un ca- téter en el hospital.
2) Advertir del ambiente o contexto para que el niño pueda tener a la mano material que le permita expresar sus emociones, sobre todo si es muy pequeño. Es impor- tante recordar que los niños no usan sólo el lenguaje verbal directo para expresar sus emociones. Se puede disponer de hojas de papel y colores, libros sobre niños que pasan situaciones similares, o bien diferentes juguetes incluidos los videojuegos.
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3) Modelar con el niño diferentes estrategias de afrontamiento, compartiendo nues- tras experiencias y comentando las diferentes formas de reaccionar ante una misma situación, con el objetivo de que nos comparta cuáles son sus propias estrategias, o bien que incluya en su reportorio algunas de las que le mencionamos.
4) Ayudar y respetar la expresión de emociones ante las diferentes situaciones de es- trés. Se tiene que recordar que el niño en sus diferentes etapas del desarrollo vive de forma diferente los estresores y su manera de reaccionar puede ir desde un be- rrinche hasta el aislamiento, por lo que es importante no ignorarle para prevenir complicaciones emocionales asociadas con las respuestas ante el estrés.
5) Practicar autoinstrucciones y frases resilientes, como: “Yo puedo, yo quiero, yo soy, yo tengo”, mismas que favorecen el desarrollo de una autoestima sana y tienen re- percusión sobre su propio repertorio conductual.
6) Enseñar estrategias de relajación, desde una adecuada postura corporal y técnicas de respiración profunda, hasta el uso de la imaginería guiada. Los niños cuentan con recursos creativos que favorecen el uso de estas estrategias, además de que pueden ponerlas en práctica en cualquier lugar y situación.
7) Ayudar al desarrollo del sentido del humor; esta sencilla estrategia puede disminuir la tensión percibida cuando se está en proceso de adquirir habilidades, dado que se plantean respuestas positivas ante estresores cotidianos.
8) Generar y promover la independencia, la autoeficacia y la capacidad de solucionar problemas por sí mismo. El niño sabe que cuenta con los adultos significativos en su vida (padres, hermanos, amigos), sin embargo, sentirse seguro para enfrentar las situaciones le brinda confianza, seguridad y promueve la autoestima. Ingredientes importantes para combatir el estrés.
9) Facilitar el contacto con sus pares: el apoyo social desde la infancia amortigua el impacto del estrés y genera habilidades sociales importantes para la vida adulta. Los amigos coadyuvan a mermar el impacto negativo del estrés.
10) Finalmente, contribuir en el mantenimiento de hábitos saludables. Dormir y comer de modo apropiado rebaja la probabilidad de estresores biológicos, que se suman a estreso- res sociales, resultando un niño irritable y con vulnerabilidad ante la enfermedad. La vida cotidiana representa en sí misma un importante reto para el bienestar y la salud de los niños. El papel de los adultos es proveerles de estrategias para manejar los distintos tipos de estrés, pero sobre todo enseñarles a través de la práctica cómo se puede llegar al desarrollo de habilidades útiles ante momentos difíciles. Un niño que vive las consecuen- cias negativas del estrés será un adulto vulnerable ante las enfermedades de salud mental y físicas. La prevención en este campo nos acerca al desarrollo de niños fortalecidos y mejor preparados para las demandas de nuestra época.
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163 Gerardo Leija Alva • Víctor Aguilera Sosa • Juan Daniel Rodríguez Choreño