5) Permitir al alumno crear su propio portafolio, con un sello personal, lo que indicará la presentación del mismo (op cit).
2.2. La disciplina objeto de estudio: Historia.
2.2.3. Nacimiento de la historiografía
Según Cicerón, Herodoto es el padre de la Historia. No obstante, si se atendiera únicamente a esta consideración, ¿qué pasaría con los legados históricos de los antepasados en las paredes de las cuevas?
De acuerdo con Bloch (citado por Pereyra, 2002:14) “...aunque la historia fuera eternamente indiferente al homo faber o al homo politicus, bastaría para su defensa que se reconociera su necesidad para el pleno desarrollo del homo sapiens”, afirmando con ello la importancia que han tenido aquellos legados no formales para el desarrollo de una Historia posterior.
Así pues, se puede decir que la aparición de la historia es equivalente a la de la escritura, pero la conciéncia de estudiar el pasado o de dejar para el futuro un registro de la memoria es una elaboración más compleja. Y un ejemplo de ello son las estelas y relieves conmemorativos de batallas en Mesopotamia y Egipto. Aunque el resto de las civilizaciones asiáticas alcanzan la escritura y la Historia a su propio ritmo, compilan sus fuentes teleológicas en forma de libros sagrados, en ocasiones con partes históricas como la Biblia hebrea y registran sus propios Anales, que son una forma concisa de escrito histórico que registra los hechos cronológicamente, año por año y finalmente su propia historiografía.
Otro ejemplo son los relatos en tablillas del siglo XXV a. C. sobre la Historia de Gilgamesh los de los indígenas americanos como el de Quetzalcóatl recogido por Sahagún, o la leyenda de Huitzilopochtli, cuya historia contiene datos como la trayectoria de los aztecas que han sido comprobados; el contenido histórico de la Iliada de Homero. La misma Biblia contiene valiosas afirmaciones sobre el pasado al hablar de sus principios religiosos. Desde el IV milenio a. C. se implantó la costumbre, en los nuevos estados, de anotar para la posterioridad los grandes acontecimientos de su origen, de las glorias de reyes y sacerdotes, del esplendor de una ciudad, con la sola intención de enaltecer estos sucesos sin buscar otro tipo de explicaciones o interpretaciones -a este grupo pertenece una parte de la Biblia llamada Crónicas- (Brom, 2003).
Historiografía greco-romana
Los primeros cronistas griegos, que se interesaron sobre todo en los mitos de origen (los logógrafos), practicaban ya el recitado de acontecimientos. Su narración podía apoyarse en escritos, como era el caso de Hecateo de Mileto (segunda mitad del siglo VI a.C.). Es preciso mencionar que la historiografía griega tiene raíces profundamente religiosas. Los dioses deciden las grandes guerras. Los tres principales autores son Homero, Hesíodo y Herodoto.
1 Se trata de una leyenda, que si bien posee datos míticos y fantasiosos, se han identificado también elementos
reales, como que Gilgamesh fue el tercer rey de la segunda dinastía que gobernó la ciudad de Uruk, muchas de las regiones que describe la leyenda también son reales.
Lo que sí resulta una aportación muy importante por parte de Herodoto, de acuerdo con Brom (op cit.) es que el relato de esos sucesos pasados cambia a fondo, por su voluntad de distinguir lo verdadero de lo falso; por ello realiza su "indagación" (etimológicamente: "historia"). Una generación después, con Tucídides, esta preocupación se transforma en espíritu crítico, fundado sobre la
confrontación de diversas fuentes orales y escritas. Su Historia de la guerra del
Peloponeso puede ser vista como la primera verdadera obra historiográfica, donde escribe:
Aquéllos que quisieran saber la verdad de las cosas pasadas y por ellas juzgar y saber otras tales y semejantes que podrán suceder en adelante, hallarán útil y provechosa mi historia, porque mi intención no es componer farsa o comedia que dé placer por un rato, sino una historia provechosa que dure para siempre (Tucídides citado por Pereyra, 2002:12).
Con ello se reafirma la idea de que fue en Grecia donde primero comprendieron que la Historia es algo más que un largo relato de lo que ha pasado. Pero Herodoto no pudo evitar en su Historia la influencia del mito, ni de la narración de los hechos. Tucídides, sin embargo, contó lo que pasaba en su tiempo, y lo interpretó a la luz de lo que había sucedido en el pasado, buscando una causalidad en los hechos históricos, y también las similitudes entre los hechos del presente y los del pasado, en una suerte de ciclo histórico que se repite. (http://enciclopedia.us.es/index.php/Historiograf%C3%ADa).
Así, durante el choque entre Grecia y Persia, desde al auge de la primera hasta la guerra del Peloponeso, se escribe Historia propiamente dicha, pues se narran los acontecimientos con una visión mundial y con la conciencia del carácter histórico de los valores culturales, se trata de un estudio de esos hechos para tratar de buscar leyes que regían la acción de los hombres.
Los continuadores del nuevo género literario de Herodoto y Tucídides fueron muy numerosos en la Grecia Antigua y pueden contarse entre ellos Jenofonte
(autor de la Anábasis), Posidonio, Ctesias, Apolodoro de Artemisa, Apolodoro de Atenas, Aristóbulo de Casandrea.
En el siglo II a. C., Polibio trata de contar los hechos según la verdad, y crea la teoría de los grandes ciclos históricos. Es el historiador de la creación del Imperio romano, por lo que la suya es una Historia universal. Para Polibio la Historia debe tener una utilidad práctica, de ella se deben extraer enseñanzas para la actuación en el presente y en el futuro. Más importantes que los hechos son las causas y sus consecuencias. Polibio influyó decisivamente en los historiadores romanos, que en general son hombres públicos que cuentan los hechos desde su punto de vista, (op cit.). Es el primero en reflexionar sobre las causas de tales sucesos históricos más que describirlos únicamente. En esas alturas del periodo helenístico, la Biblioteca y el Museo de Alejandría representaban la cumbre del afán griego por preservar la memoria del pasado, lo que implica su valoración como herramienta útil para el presente y el futuro.
Según Pereyra (2002), “Polibio y Plutarco escribieron a fin de enseñar con el ánimo de ofrecer soluciones a las necesidades prácticas de las generaciones posteriores, esa idea pedagógica de la Historia dio paso a otra concepción centrada en el supuesto básico de que la Historia posibilita la comprensión del presente”, pensamiento que posteriormente fue desarrollado por las diversas corrientes historiográficas modernas.
...Además de ser la narración de los hechos pasados, para los griegos historia era investigación y conocimiento al mismo tiempo. Era investigación porque descubría el sentido de la primera observación visual, y conocimiento porque, como resultado de la investigación, la realidad investigada se nos aproxima, manifiesta y toma su contexto (Corcuera, 2002:85).
Por otro lado, la civilización romana dispone de mitos de origen que recogió
Virgilio poetizados en la Eneida. También, al menos desde la República, mantuvo
un cuidado especial por la recopilación de hechos en Anales, la legislación escrita y los archivos vinculados al sagrado de los templos. Hasta las guerras púnicas la
recopilación de los principales sucesos acaecidos estaba a cargo de los pontífices,
en forma de crónicas anuales. La primera obra histórica completa latina es Los
Orígenes de Catón (siglo III a. C.).
El contacto de Roma con el mundo mediterráneo, primero Cartago, y sobre todo Grecia, Egipto y Oriente fue fundamental para ampliar la visión y utilidad de su género histórico. Los historiadores (sean romanos o griegos) acompañarán en las campañas militares a los ejércitos, con el declarado fin de preservar su memoria a la posteridad, recopilar información de utilidad y justificar sus acciones. La lengua culta, el griego, se utilizará para este género a la par que la más sobria latina.
Otro ejemplo de historiógrafos romanos es Julio César con su Commentarii
Rerum Gestarum, acerca de dos de las más grandes acciones bélicas que llevó a cabo: la guerra de las Galias (58 a. C.-52 a. C.) y la guerra civil (49 a.C.-48 a.C.). Así
como Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.), con los 142 libros de Ab Urbe Condita, divididos
en grupos de diez libros que se conocen con el nombre de "décadas", que se han perdido en su mayor parte, escribe una gran historia nacional, cuyo único tema es Roma y cuyos únicos actores son el Senado y el pueblo de Roma. Su propósito general es ético y didáctico; sus métodos fueron los del griego Isócrates del siglo IV a.C.: es el deber de la Historia decir la verdad y ser imparcial, pero la verdad debe presentarse con una forma elaborada y literaria. Utiliza como fuente a los primeros anales, pero su patriotismo le lleva a deformar la realidad en detrimento de lo exterior y a un escaso espíritu crítico.
Historiografía medieval
Según Brom (2003), la época medieval también posee particularidades en relación a la Historia, pues en ella se considera como elemento principal al cristianismo, como legado a la actualidad la forma de designar los años corresponde a la disposición divina, teniendo como inicio el nacimiento de Cristo, como punto esencial su crucifixión y como fin de la Historia de la humanidad, el día del juicio final.
La historiografía iíiedieval se escribe principalmente por hagiógrafos, cronistas, miembros del clero episcopal cercanos al poder, o por monjes. Se escriben genealogías, anales áridos, listas cronológicas de acontecimientos
sucedidos en los reinos de sus soberanos (anales reales) o sucesión de abades
(anales monásticos); vidas (biografías de carácter edificante, como las de los
santos merovingios, o más tarde de los reyes de Francia), e Historias que cuentan
el nacimiento de una nación cristiana, exaltan una dinastía o, al contrario, fustigan a los malvados desde una perspectiva religiosa.
El cristianismo cambia totalmente la ideología común y de los historiadores. La Historia será desde ahora la Historia de la Salvación, que tiene un plan preestablecido. San Agustín es el auténtico fundador del pensamiento historiográfico cristiano y el auténtico constructor de la teología cristiana sobre el que todavía hoy se basa la Iglesia. Sienta los cimientos de la filosofía de la Historia hasta el siglo XII. Cuando el control está en manos cristianas es cuando puede articular su filosofía. Aunque Eusebio de Cesárea sea el primer historiador medieval del siglo IV porque escribe con sentido cristiano, el autor sobre el que se basarán los historiadores posteriormente es San Agustín. Él es el constructor de la filosofía de la Historia y recibe la influencia del neoplatonismo, y del mismo modo que se exponía en el mito de la caverna de Platón, Agustín afirma que en la Tierra hay huellas que permiten al hombre adivinar lo que hay en el cielo. La misión del historiador es buscar el rastro de las señales de Dios para alcanzar la posibilidad de salvación (http://www.filosofia.tk/soloapuntes/quinto/filis/tlfhis.html).
La Historia de Orosio, Isidoro de Sevilla o Beda, tratará de demostrar que todos los hechos de la Historia llevan a Dios, por lo que proliferarán las vidas ejemplares. Al ser el calendario de las fiestas litúrgicas cristianas determinado por la fecha de la Pascua, la costumbre de la Iglesia Occidental era desde tiempos primitivos indicar esa fecha en tablas para un cierto número de años o incluso de siglos. Estas tablas pascuales eran pequeños libros en los que el día de la fiesta de Pascua de cada año se separaba del siguiente por un espacio en blanco más o menos amplio. En ese espacio algunos monjes anotaban brevemente los hechos
importantes que habían tenido lugar en el año.
Renacimiento
Durante los siglos XV y XVI, fundamentalmente, es la época del Renacimiento, donde nuevamente se pone como centro de atención al hombre en todos los ámbitos del saber, y la Historia no fue la excepción, dedicándose a indagar el papel del hombre en los acontecimientos buscando hacia dónde se dirigía su desarrollo terrenal, humano, pero sin rechazar la función del destino o de otras fuerzas sobrehumanas. El racionalismo es la base del pensamiento de esta etapa, observando, comprobando y criticando hechos y conocimientos al rechazar la fe como fuente única o principal de verdad (usando los métodos nuevos de crítica y análisis).
Paulatinamente aumentan los elementos científicos en la Historia, aunque ya en el siglo XVIII se considera al hombre como factor decisivo en el devenir, es hasta el siglo XIX que la Historia se vuelve autoconciente, pues reflexiona sobre la gran influencia que el contexto ejerce sobre el propio historiador, en cada una de las tareas que conforman su labor, por lo que se trata de establecer un enfoque objetivo, científico. Simultáneamente se realiza un desprecio recíproco entre las “ciencias puras” y las “utilitarias”, se demarcan los elementos vivos de los inertes, los humanos de los naturales. Se realiza la disciplinarización del conocimiento (recuérdese el resurgimiento de la Universidad a mediados de este siglo y la influencia que tiene sobre este fenómeno).
Asimismo, en la segunda mitad del siglo XIX aparece la concepción marxista, que presenta una imagen unitaria y dialéctica del universo. Se considera que todo lo que existe está regulado por leyes sean conocidas o no, algunas generales y otras particulares, todo está en movimiento constante pues en cada momento los elementos opuestos que conforman a los fenómenos chocan entre sí. Uno de los principales campos de estudio de esta teoría es la Historia, cuya interpretación marxista, el materialismo histórico, presenta una visión simple, que observa de manera general las interrelaciones entre los sucesos y sus movimientos dialécticos, y otra compleja, en la observación detallada de cada hecho concreto.
La historia en el siglo XX
A pesar de que muchos historiadores rechazaban el pertenecer a las Ciencias Sociales, la Historia es de “las primeras disciplinas... que alcanzó una existencia institucional autónoma real” (Wallerstein, 1998:17), es preciso mencionar que esta Historia es considerada como la nueva Historia y se desarrolla en el siglo XX, quizás para muchos ésto parezca ilógico. Sin embargo, hay que dejar claro que la Historia desarrollada antes del siglo XX sólo eran relatos que permitían conocer el pasado y se caracterizaba por estar manipulada por aquéllos que se encontraban en el poder, por lo que su función se limitaba sólo a mantener vivos ciertos sucesos que marcaban el dominio sobre las personas.
Así pues, la nueva disciplina se caracteriza por el énfasis en mostrar lo que ocurrió en realidad, tomando como base la Ciencia Natural, es decir, busca alcanzar conocimientos objetivos a través del almacenaje y manipulación de los datos, no obstante, y a pesar de manifestarse en contra de la filosofía, tampoco buscaba crear leyes científicas, es por ello que, para considerarse válida se enfocaba en el uso de archivos, o fuentes documentales, sumado al conocimiento de la cultura, lo que permitió desarrollar conocimientos válidos y justificables del contexto; puede decirse entonces que la Historia pasó a ser una ciencia idiográfica ya que no se interesaba por establecer leyes universales sino que buscaba reconstruir el pasado para relacionarlo con situaciones presentes.
Ya para este siglo, los estudios psicológicos (principalmente los de Freud) y los datos proporcionados por la Sociología son aportaciones importantes para la Historia. A lo largo del tiempo se puede ver una mayor profundización científica, incluso el historiador de hoy es menos anecdótico y arbitrario que el de antes, se preocupa más por indagar, analizar y criticar.
Para 1960 la Historia no puede satisfacer los requerimientos de las nuevas relaciones por lo que debe acudir a la Ciencia Social para lograr conformarse y satisfacer las demandas de la nueva sociedad, ya que para estas fechas se habla de la oportunidad que todos los pueblos poseen de modernizarse, ampliando con ello los estudios a zonas que anteriormente no tenían previstas, pues en los inicios de las mismas el enfoque sólo se encontraba en los países en los que se desarrollaba
dicho conocimiento, con esto se dan cuenta que los actos humanos no se repiten de la misma manera por lo que los conocimientos arrojados por la disciplina histórica no son suficiente para comprender el mundo.
Con la necesidad de la Historia, y el encuentro con nuevas oportunidades de ampliar la ciencia, es que las Ciencias Sociales nomotéticas y la Historia, se dan cuenta de la interrelación o intercambio de información que pueden hacer para conformar un conocimiento más amplio y sólido, ya que la Historia estaba dejando de lado los procesos y las estructuras sociales abocándose sólo a acontecimientos y motivos de individuos e instituciones (Wallerstein, 1998) lo que llevaba a sólo el estudio del pasado pero sin establecer relaciones con el presente; es por ello que se proponen cambios para esta disciplina, cambios que permitirán un conocimiento mejor cimentado sobre las realidades sociales, el cual sólo se logrará con la ayuda de las Ciencias Sociales que apoyarían a los historiadores con “métodos cuantitativos, conceptos analíticos así como modelos de cambios social” (op cit.: 48) que satisfagan la relación entre presente y pasado.
A pesar del interés de algunos historiadores por querer trabajar de forma conjunta, se desarrolló dentro de la Historia, una división que, por un lado presenta una Historia con intención de describir y explicar a gran escala los hechos; y otra, denominada sociología histórica, que se inclinaba más por la historicidad que por la ciencia, por lo que buscaba la creación de reglas generales, mas no leyes, que permitieran ser aplicadas a diversas instituciones con el fin de que los acontecimientos y las relaciones pudieran ser explicados, reglas que posibilitaran desarrollar conocimientos tanto de los países modernos como los países no modernos, tal como los clasifica Wallerstein (op cit.).
Ahora bien, el método que facilitará el conocimiento histórico de las sociedades radica en el conocer cuál es la función teórica y social de dicha disciplina, así pues su función teórica es “explicar el movimiento anterior de la sociedad” (Pereyra, 2002:28) mientras que la social radica en “organizar el pasado en función de los requerimientos del presente” (op cit.). Teniendo clara estas dos funciones, el historiador puede fácilmente ubicarse en el camino a seguir para desarrollar un conocimiento válido.