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Nuestro Silicon Valley

In document Donde Esta La Riqueza (página 31-35)

Nano Guerra-García

Aprendizaje

En una zona de negocios, uno puede ser el que crea un producto complementario, es decir, quien añade valor a los productos tradicionales y clásicos de un cluster, tal como lo hizo Eduardo al crear una cerveza propia. Esto dará una dife- renciación a tu local o a tu fábrica y podrá permitirte atraer un cliente diferente; pero también se puede ser tan audaz de crear un producto contradictorio para la zona, como las carnes del Pickles en un lugar de pescados. Aquí estarás apostando por extenderte en los gustos del consumidor. Apostando a ofre- cerle un servicio o producto que por extensión debe coincidir con sus gustos.

Capítulo 2

¿Dónde está la riqueza?

«El meteoro de la posmodernidad, la nueva globalización y la sociedad del conocimiento nos han alcanzado, y amenazan con desaparecernos como si fuésemos dinosaurios. Más que una épo- ca de cambios, estamos asistiendo a un cambio de época»... Las palabras escritas por Simón parecían calzar con la conversación que ese día había tenido con mi padre.

Esa tarde, un mes después de mi incursión a Rosa Toro, y sema- nas antes de Navidad, fui a visitar a mi padre. Para variar, los temas del diálogo fluyeron entre sus tres favoritos: ciencia, salud y univer- sidad. Esa vez le había tocado a la ciencia.

—¿Sabes que el Perú tiene veinte veces menos físicos que Chile, y que nuestro presupuesto para ciencia y tecnología está entre los más bajos de la región? —me preguntó sin esperar respuesta—. Tú que buscas el desarrollo empresarial, hijo —me increpó con el tono reflexivo de siempre—, debes saber que es imposible competir si no tenemos nuestro propio desarrollo tecnológico.

Hizo hincapié en la última palabra.

—¿Pero podríamos competir copiando, como lo hicieron Japón y Corea? —le retruqué—. Ellos decidieron copiar y mira ahora lo que producen. Incluso China...

—Lo que pasa es que, para copiar, necesitas científicos que com- prendan lo que adaptas y tecnología para desarrollar. ¿O crees que vas a sacar fotocopias a los productos?

Me quedé en silencio.

—Mira, hasta para eso hay que tomar una decisión política, hay que definir en qué queremos especializarnos —continuó con un tono más vehemente—. Corea escogió primero la petroquímica y luego la tecnología electrónica; Singapur, la microtecnología; Chi- le, la agroindustria y la forestación. ¿Y nosotros qué? ¿Los casinos

¿Dónde está la riqueza?

«El meteoro de la posmodernidad, la nueva globalización y la sociedad del conocimiento nos han alcanzado, y amenazan con desaparecernos como si fuésemos dinosaurios. Más que una épo- ca de cambios, estamos asistiendo a un cambio de época»... Las palabras escritas por Simón parecían calzar con la conversación que ese día había tenido con mi padre.

Esa tarde, un mes después de mi incursión a Rosa Toro, y sema- nas antes de Navidad, fui a visitar a mi padre. Para variar, los temas del diálogo fluyeron entre sus tres favoritos: ciencia, salud y univer- sidad. Esa vez le había tocado a la ciencia.

—¿Sabes que el Perú tiene veinte veces menos físicos que Chile, y que nuestro presupuesto para ciencia y tecnología está entre los más bajos de la región? —me preguntó sin esperar respuesta—. Tú que buscas el desarrollo empresarial, hijo —me increpó con el tono reflexivo de siempre—, debes saber que es imposible competir si no tenemos nuestro propio desarrollo tecnológico.

Hizo hincapié en la última palabra.

—¿Pero podríamos competir copiando, como lo hicieron Japón y Corea? —le retruqué—. Ellos decidieron copiar y mira ahora lo que producen. Incluso China...

—Lo que pasa es que, para copiar, necesitas científicos que com- prendan lo que adaptas y tecnología para desarrollar. ¿O crees que vas a sacar fotocopias a los productos?

Me quedé en silencio.

—Mira, hasta para eso hay que tomar una decisión política, hay que definir en qué queremos especializarnos —continuó con un tono más vehemente—. Corea escogió primero la petroquímica y luego la tecnología electrónica; Singapur, la microtecnología; Chi- le, la agroindustria y la forestación. ¿Y nosotros qué? ¿Los casinos

Nano Guerra-García ¿Dónde está la riqueza?

que dejó Fujimori? ¿Las grandes empresas de extracción de materia prima?

«Cierto —pensé—. Habría que hacer un capítulo de Somos Em-

presa sobre nuestras posibilidades tecnológicas». Mi cabeza repasaba

rápidamente dónde estaría nuestra zona comercial dedicada a este tema. ¿Cerca de las universidades? No había nada sino fotocopiado- ras y restaurantes de menús. ¿En algún parque industrial? Apenas merecían ese nombre el de Villa El Salvador, que tenía poca tecnolo- gía y mucha confección y producción, y el de Infantas, muy ligado a la metalmecánica. ¿Investigación agraria? Quizá la zona cercana a la Universidad Nacional Agraria La Molina.

—Papá, papá —me interrumpió en los pensamientos mi hija María Paula. Llevaba en la mano un cartucho de la impresora de la computadora que por enésima vez se había gastado en poco más de una semana.

—No. ¿De nuevo a comprar? —le dije con tono de derrota, pues habíamos comprado estos cartuchos cada quince días en los últimos dos meses—. ¿Es que no hay cartuchos más baratos y que duren más? —pregunté en tono de lamento.

—Bueno, en el callejón Diagon —me dijo María Paula, a la vez que regresaba nuevamente a jugar con su hermana en la computadora.

«¿Callejón Diagon?», me pregunté, y al segundo recordé que, cuando era más pequeña y leíamos juntos los libros de Harry Potter, la había llevado un día a comprar unos videojuegos piratas (debo admitirlo) a la avenida Inca Garcilaso de la Vega, conocida popu- larmente por su antiguo nombre, avenida Wilson. Entonces en- tramos a pasadizos enredados en las galerías, pasamos por puestos pequeñísimos y fuimos guiados por un vendedor, de una manera tan misteriosa para obtener nuestros productos clandestinos que María Paula dijo: «Papito, creo que este es el callejón Diagon», haciendo alusión al mercado alucinado, fantástico y secreto donde Harry Potter adquiere su escoba y su varita mágica en el primer libro de la saga.

—¡Wilson, es a Wilson adonde tengo que ir!

Haríamos un programa sobre Wilson como emporio de los siste- mas y la tecnología de información en el Perú. «Y sería un sitio que Simón visitaría», me dije, como remarcando la decisión.

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