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Un origen de imprentas e institutos

In document Donde Esta La Riqueza (página 35-37)

Al día siguiente llamé a Gloria, productora de los programas de televisión de mi empresa, y le di el encargo de averiguar si era fac- tible hacer un programa de la zona. Normalmente trabajamos así: alguien del equipo sugiere un tema del management, un tipo de negocio o un conglomerado, y entonces decidimos investigar.

—¿Qué pasó con la inspección municipal del otro día? —le pre- gunté a Héctor antes de salir de la oficina.

—Han retrocedido. Han venido y nos han dicho que sigamos nomás haciendo los cambios, y parece que nos darán la licencia a fin de mes —respondió en tono triunfante.

—Celebraremos eso —dije.

Después de tres meses en el corazón financiero del Perú, nuestra empresa dedicada a promover a las empresas recién podría operar con tranquilidad.

El lunes siguiente, Gloria me informó en nuestra reunión semanal que las historias de Wilson funcionaban y que los datos que habíamos encontrado nos llevaban a un cluster muy interesante. En otras pala- bras, podíamos sacar un buen programa con nuestra visita a la zona.

—Hay que tener claro el origen del cluster —dije.

—Ya lo sabemos —respondió rápidamente Gloria—. Parece ser que hay opiniones divididas. Unos señalan que fue por la Sunat1 que

se instaló allí, en el Centro Cívico, y así muchas imprentas comenza- ron a ofrecer sus servicios para la impresión de las facturas. Luego se mudaron por allí, algunas ofrecieron servicios de diseño gráfico y jala- ron a los servicios de copiado de programas. De pronto, estalló todo.

—¿Y la otra teoría? —le pregunté curioso.

—Ah, esa también es interesante. En Wilson hay academias preuniversitarias desde hace tiempo. Después se extendieron hacia la avenida Arequipa, como recordarás, porque hemos hecho un in- forme de las academias y universidades allá. Pues bien, parece que los chicos de academias de computación necesitaban proveedores de disquetes, luego de programas, luego de máquinas y así se inició el comercio de hardware y software en la zona —terminó Gloria,

Nano Guerra-García ¿Dónde está la riqueza?

que dejó Fujimori? ¿Las grandes empresas de extracción de materia prima?

«Cierto —pensé—. Habría que hacer un capítulo de Somos Em-

presa sobre nuestras posibilidades tecnológicas». Mi cabeza repasaba

rápidamente dónde estaría nuestra zona comercial dedicada a este tema. ¿Cerca de las universidades? No había nada sino fotocopiado- ras y restaurantes de menús. ¿En algún parque industrial? Apenas merecían ese nombre el de Villa El Salvador, que tenía poca tecnolo- gía y mucha confección y producción, y el de Infantas, muy ligado a la metalmecánica. ¿Investigación agraria? Quizá la zona cercana a la Universidad Nacional Agraria La Molina.

—Papá, papá —me interrumpió en los pensamientos mi hija María Paula. Llevaba en la mano un cartucho de la impresora de la computadora que por enésima vez se había gastado en poco más de una semana.

—No. ¿De nuevo a comprar? —le dije con tono de derrota, pues habíamos comprado estos cartuchos cada quince días en los últimos dos meses—. ¿Es que no hay cartuchos más baratos y que duren más? —pregunté en tono de lamento.

—Bueno, en el callejón Diagon —me dijo María Paula, a la vez que regresaba nuevamente a jugar con su hermana en la computadora.

«¿Callejón Diagon?», me pregunté, y al segundo recordé que, cuando era más pequeña y leíamos juntos los libros de Harry Potter, la había llevado un día a comprar unos videojuegos piratas (debo admitirlo) a la avenida Inca Garcilaso de la Vega, conocida popu- larmente por su antiguo nombre, avenida Wilson. Entonces en- tramos a pasadizos enredados en las galerías, pasamos por puestos pequeñísimos y fuimos guiados por un vendedor, de una manera tan misteriosa para obtener nuestros productos clandestinos que María Paula dijo: «Papito, creo que este es el callejón Diagon», haciendo alusión al mercado alucinado, fantástico y secreto donde Harry Potter adquiere su escoba y su varita mágica en el primer libro de la saga.

—¡Wilson, es a Wilson adonde tengo que ir!

Haríamos un programa sobre Wilson como emporio de los siste- mas y la tecnología de información en el Perú. «Y sería un sitio que Simón visitaría», me dije, como remarcando la decisión.

Un origen de imprentas e institutos

Al día siguiente llamé a Gloria, productora de los programas de televisión de mi empresa, y le di el encargo de averiguar si era fac- tible hacer un programa de la zona. Normalmente trabajamos así: alguien del equipo sugiere un tema del management, un tipo de negocio o un conglomerado, y entonces decidimos investigar.

—¿Qué pasó con la inspección municipal del otro día? —le pre- gunté a Héctor antes de salir de la oficina.

—Han retrocedido. Han venido y nos han dicho que sigamos nomás haciendo los cambios, y parece que nos darán la licencia a fin de mes —respondió en tono triunfante.

—Celebraremos eso —dije.

Después de tres meses en el corazón financiero del Perú, nuestra empresa dedicada a promover a las empresas recién podría operar con tranquilidad.

El lunes siguiente, Gloria me informó en nuestra reunión semanal que las historias de Wilson funcionaban y que los datos que habíamos encontrado nos llevaban a un cluster muy interesante. En otras pala- bras, podíamos sacar un buen programa con nuestra visita a la zona.

—Hay que tener claro el origen del cluster —dije.

—Ya lo sabemos —respondió rápidamente Gloria—. Parece ser que hay opiniones divididas. Unos señalan que fue por la Sunat1 que

se instaló allí, en el Centro Cívico, y así muchas imprentas comenza- ron a ofrecer sus servicios para la impresión de las facturas. Luego se mudaron por allí, algunas ofrecieron servicios de diseño gráfico y jala- ron a los servicios de copiado de programas. De pronto, estalló todo.

—¿Y la otra teoría? —le pregunté curioso.

—Ah, esa también es interesante. En Wilson hay academias preuniversitarias desde hace tiempo. Después se extendieron hacia la avenida Arequipa, como recordarás, porque hemos hecho un in- forme de las academias y universidades allá. Pues bien, parece que los chicos de academias de computación necesitaban proveedores de disquetes, luego de programas, luego de máquinas y así se inició el comercio de hardware y software en la zona —terminó Gloria,

Nano Guerra-García ¿Dónde está la riqueza?

orgullosa de tener una información importante aunque no certera sobre el caso.

—Bien, ¿y emprendedores? —pregunté aún más entusiasmado. —Excelentes historias. La zona es realmente increíble y a la gen- te le gusta el programa. Inclusive quieren que hagas un evento allí. Gloria me miraba de reojo como para recoger mi entusiasmo. En muchos de los lugares a los que vamos, buscamos llegar con un evento de capacitación, de mejora de sus capacidades productivas y, sobre todo, de servicios. A continuación, buscamos auspiciadores que quie- ran relacionarse con los emprendedores de la zona y nos lanzamos a ubicar un auditorio o local donde podamos concentrarlos.

De esta manera, iniciamos nuestra segunda evangelización. Ya no es animarlos a hacer empresa —porque lo han hecho por su cuenta y en contra de casi de todo—, sino entusiasmarlos por me- jorar su servicio al cliente, hacerlos más competitivos y organizarlos para enfrentar la competencia enorme, que viene con ayuda muni- cipal, permiso inmediato y hasta, a veces, beneficios tributarios. Por eso hacemos nuestros eventos.

—Bien, empezamos el miércoles —dije.

—No, Nano, el miércoles no tendremos todo listo, es muy pronto. Tendrá que ser el próximo lunes —dijo Gloria con tono de orden. ¿Puede alguien en una empresa darle órdenes a su presidente? Pues si uno trabaja en equipo, así debe ser. Si uno dirige un negocio, debe saber respetar la decisión de sus especialistas o de los responsa- bles de determinadas áreas.

Muchas veces los emprendedores que han iniciado una organi- zación creen que lo pueden todo y que saben más que ninguno. En- tonces organizan equipos y dan responsabilidades, para luego pasar por encima de ellos, frustrando su trabajo y su organización, y cau- sando un desalineamiento enorme. El jefe de un equipo es la máxima autoridad en él: respételo siempre. El programa se grabaría el lunes.

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