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2. Fundamentación teórica – Democracia, medios, poder y opinión pública

2.2 Marco conceptual y teórico

2.2.3 Opinión pública

Para Hermann Oncken la opinión pública es algo que “se presenta bajo innumerables formas y se nos escapa entre los dedos” (Oncken, citado en D’Adamo, 2007, p. 1) – una vista que es afirmada en muchos textos teóricos sobre la opinión pública. Su origen también es complejo, ¿es la polis griega, o se remonta a Montaigne quien fue el primero en usar el término, pero sin definición estricta, o nació en la separación de Estado y sociedad? Definitivamente opinión pública es un “término que no respeta las fronteras

académicas: periodistas, filósofos, sociólogos, politólogos, psicólogos sociales y políticos, juristas e historiadores” lo han templado y tratado de analizar y definirlo. La

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opinión pública es comprendida como la comunicación entre los ciudadanos y su gobierno (Speier), como un modelo de cascada desde las élites (políticas, económicas, comunicacionales) a los públicos (Karl Deutsch) o al revés como un Bubble up, saliendo de la sociedad (Sartori). Para Monzón es estrechamente vinculada a la democracia y los derechos de pueblo, especialmente el derecho a expresarse, a discutir y a disentir las declaraciones y actuaciones del poder (Monzón, 1987, p. 11). Además detecta una fuerte tensión entre lo que debe ser la opinión pública (utopía de una instancia crítica y vigilante de la democracia) y lo que es (realidad). Por el lado del poder, la opinión pública puede ser entendida como criterio de legitimidad, interpretándola como voluntad general del pueblo.65

El papel de la prensa, de los cafés y salones políticos y literarios, por Habermas denominados “otros instituciones de la publicidad” (Muñoz, 1991, p. 41), fue esencial para la formación de la opinión pública a partir del siglo XIX. La sociedad de masa con sus medios de comunicación de masa generó un cambio en la opinión pública. Desde el siglo XX se hace un análisis de la opinión pública desde un enfoque diferente (Gallup), por lo cual la opinión pública pasa a ser lo que las encuestas medían (D’Adamo, 2007, pp. 8s). Los medios no solamente comunican, sino también generan tendencias de opinión e interpretaciones de los sucesos. Entonces se puede comprender la opinión pública por un lado como “lo que piensa y expresa el público sobre los asuntos de interés general” (Monzón, 1991, p. 11) y por el otro como “aquello que los medios de comunicación dicen que es.” (Monzón, 1991, p. 11), como el enunciado de los medios. Siguiendo a esta diferenciación, Robert Entman y Susan Herbst – que entienden por opinión pública las preferencias comprehensivas de una mayoría de individuos con respecto a un tema – incluso distinguen cuatro referentes:

1) La opinión de masas – la suma de todas las preferencias individuales independiente del nivel educativo de las personas, obtenidas mediante encuestas, referendos o elecciones.

65Por ejemplo Álvaro Uribe afirmó varias veces que “Colombia está en la fase superior del Estado de derecho, que es el Estado de opinión.”. (Jaramillo, 2009, 5 de junio)

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2) La opinión pública activada – las opiniones de ciudadanos activos, informados y organizados como lo son por ejemplo miembros fieles de un partido político, líderes de opinión o activistas locales.

3) La opinión pública latente – el resultado de la opinión pública tras un avanzado debate político o lo que las personas sienten de verdad, latente tras el caos y los cambios de opinión.

4) Las mayorías percibidas – Aquí la influencia de los medios es grande porque se trata de lo que los políticos, observadores y periodistas perciben como la opinión de la mayoría de la población en cuanto a un tema.

Los dos teóricos destacan que dichos referentes todos son influenciados por los medios de comunicación masivos y afectan al gobierno (Entman y Herbst, 2001, pp. 205-209). D`Adamo et. al. resaltan que

[…] las opiniones no surgen de la nada, sino que son fruto de un proceso. Se trata de un fenómeno

social en el que participan una multiplicidad de factores, sobre todo aquellos relacionados con la comunicación política y con las características del entorno en las que se da el propio proceso.

(D’Adamo, 2007, p. 10)

Finalmente Monzón la define como la “discusión y la expresión de los puntos de vista del público (o los públicos) sobre los asuntos de interés general, dirigidos al resto de la sociedad y, sobre todo al poder.”. (Monzón, 1991, p. 136) Aquí se atiene a la propuesta de D`Adamo et. al., que es parecida al concepto anteriormente citado, ellos proponen “definir la opinión pública como la expresión de cualquier colectivo que tenga la capacidad de manifestarse acerca de un objeto de origen público o privado pero de exposición pública, en un ámbito socialmente visible.”. (D’Adamo, 2007, p. 21)

La triada sujeto–objeto–ámbito expresado en la definición de D`Adamo es central, lo importante es que la expresión sea pública. No obstante falta destacar que la opinión cambia, que también implica disenso y finalmente, que evalúa más que se refiere a hechos.

En los dos proyectos reeleccionistas de Álvaro Uribe en Colombia, claramente la opinión pública – se interpretó el alto respaldo popular manifestado en encuestas de opinión como tal – fue utilizada como estrategia de legitimación por Uribe y sus seguidores: La mayoría de la población apoya la reelección presidencial inmediata y la posibilidad de un tercer período de Álvaro Uribe, por ende dichos proyectos son legitimados. Que el pueblo

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decida opinó José Obdulio en su obra ya citada. Pero aparte de la opinión pública como instrumento, ¿se puede establecer una relación entre el papel de la prensa de referencia, su cubrimiento mediático a los dos proyectos reeleccionistas y la opinión pública manifestada en encuestas? Como ya se mencionó anteriormente, Ana Cristina Vélez López afirma que la opinión pública favorable a la primera reelección de Álvaro Uribe influyó a El Tiempo de tal manera, que el diario cambió su postura apoyando el proyecto oficialmente (Vélez, 2006, p. 104). Sin embargo, no logra fundamentar su afirmación suficientemente y tampoco se dedica a analizar cómo la opinión pública es presentada en y por la prensa. Es posible que la opinión pública influyera el cubrimiento a favor de la reelección con tendencia a silenciar la oposición. Pero también puede ser al revés, que la presentación de la figura de Álvaro Uribe como un hombre trabajador y político honesto en contra de la corrupción y la politiquería haya influido la opinión pública a su favor. O incluso puede haberse dado una influencia mutua como la describe el Modelo de Activación de Cáscada. Por ende, es necesario indagar cómo se refleja el cubrimiento mediático en la opinión pública y cómo ésta es percibida y presentada en la prensa. 2.2.4 Modelos para explicar el debate sobre la democracia

A continuación se presentarán varios modelos de comunicación para explicar el debate sobre la democracia: El Modelo de Esferas elaborado por Daniel Hallin, el Modelo de Propaganda por Herman y Chomsky, la Hipótesis de Indexación desarrollado por Bennett, basado en el trabajo de Hallin, y el Modelo de Cascada propuesto por Entman. Estos modelos permiten ampliar la discusión sobre la proyección del poder político en los medios desde un reconocimiento de la pluralidad de las elites y su lucha por la significación en el debate público. Se analizará cada modelo con respecto a su posible adaptación al contexto colombiano y su utilidad para contestar la pregunta de la presente investigación doctoral por el papel de la prensa de referencia en visibilizar y legitimar marcos de interpretación sobre la práctica democrática en Colombia a partir del cubrimiento a los dos proyectos reeleccionistas de Álvaro Uribe (2003 – 2009) y cómo se refleja en la opinión pública.

A partir de dicho análisis se justifica por qué se escogió el Cascading Activation Model

elaborado por Robert Entman como el marco teórico de este trabajo. Dicho modelo busca comprender más a profundidad la relación entre gobierno, medios de comunicación y

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política exterior en los Estados Unidos analizando cómo y cuándo se fomentan debates públicos.

El Modelo de Esferas

Con base en su análisis del cubrimiento mediático de la guerra en Vietnam, Daniel Hallin desarrolla un modelo de esferas para explicar el rol de los medios de comunicación de referencia en el debate político. Según Hallin, el papel de los medios depende del grado de consenso entre las élites oficiales sobre un asunto: A mayor grado de disenso oficial, mayor será también la crítica mediática. De esta manera, los periodistas mantienen prácticas consistentes con las normas de objetividad periodística reportando más que promoviendo el debate respecto a la política gubernamental. Hallin resume e ilustra esta hipótesis en el Modelo de Esferas que se presenta a continuación.

Figura 1: Esferas de consenso, controversia y desviación (traducción propia)

Esfera de consenso

Esfera de controversia legítima

Esfera de desviación

Fuente: tomado de Hallin, 1989, p. 117.

El modelo consiste en tres esferas, la interior es denominada la esfera de consenso. En ella están ubicados los valores y asuntos sociales que nunca jamás se cuestionan, por ende el apoyo de los medios es incondicional, sin necesidad de presentar perspectivas alternativas: “This is the region of «motherhood and apple pie»; it encompasses those social objects not regarded by the journalists and most of the society as controversial.”. (Hallin, 1989, p. 116) Sigue la esfera de la controversia legítima, en donde tiene lugar el debate y la objetividad periodísticos; sin embargo, se discute dentro de los límites del debate oficial condicionado por el sistema bipartidario estadounidense: “This is the region of electoral contests and legislative debates, of issues recognized as such by the major established actors of the American political process.”. (Hallin, 1989, p. 116) De manera más amplia, en la esfera de controversia legítima se libran los debates entre fuerzas e ideas políticas socialmente legítimas. Tanto los periodistas como el público en general rechazan la tercera esfera por sus contenidos demasiado fuera de la norma, los consideran

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indigno de escuchar. Es decir, en la esfera de desviación se excluyen del debate público todos aquellos actores y perspectivas políticamente ilegítimos.

Según Hallin, los periodistas tienen el papel de guardián fronterizo: El periodismo “plays the role of exposing, condemning, or excluding from the public agenda those who violate or challenge the political consensus. It marks out and defends the limits of acceptable political conflict.”. (Hallin, 1989, p. 117) Hallin destaca que cada una de las esferas tiene rangos de variación y que los límites entre ellas son borrosos. Por ejemplo, en el límite de la esfera de controversia con la de consenso se tiende a citar fuentes oficiales directamente, mientras cerca del límite exterior de la esfera de controversia se puede observar periodismo de investigación con menos dependencia de fuentes oficiales. Aunque el modelo de esferas de Hallin da pistas sobre el cubrimiento mediático, explicando el tipo de cubrimiento – en todas sus matizaciones desde completamente alineado a la versión oficial hasta más crítico, presentando perspectivas alternativas – según la posición en las esferas, no explora las posibles influencias de los medios sobre la política ni tiene en cuenta la opinión pública.

La Hipótesis de Indexación

Basándose en el reconocido estudio de Daniel Hallin sobre la cubrimiento mediático de la guerra en Vietnam mencionado arriba, Bennett sostiene que la prensa tiende a seguir el rango del debate oficial y que en especial el grado de consenso o disenso entre las élites se refleja en un cubrimiento más o menos crítico: “Mass media news professionals, from the boardroom to the beat, tend to «index» the range of voices and viewpoints in both news and editorials according to the range of views expressed in mainstream government debate about a given topic.”. (Bennett, 1990, spring, p. 106) Según Bennett no hay duda de que los medios masivos estadounidenses utilizan al gobierno o funcionarios gubernamentales como fuente para las noticias cotidianas. Pero la discusión académica difiere en cuanto al significado de esto y a la norma que rige el comportamiento de los periodistas. El teórico estadounidense describe dicha norma así:

Culturally speaking, it is generally reasonable for journalists to grant government officials a privileged voice in the news, unless the range of official debate on a given topic excludes or

“marginalizes” stable majority opinion in society, and unless official actions raise doubts about

political propriety. In these “exceptional” circumstances, it is reasonable for the press to

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stories and editorials as check against unrepresentative or otherwise irresponsible governments. (Bennett, 1990, spring, p. 104)

La prensa se comprende a sí misma como perro guardián de la democracia y simultáneamente supone que el gobierno tiene la misión de promover los intereses públicos y considerar el bien común. Indudablemente dicha comprensión es idealizada, pero se remonta a una larga tradición, según la cual le corresponde a la prensa informar a los ciudadanos para que puedan formar su opinión y también criticar al gobierno cuando sea necesario. Por ende, se considera que una prensa libre e independiente es esencial para la democracia: “A free and independent press is generally considered essential for democracy, both to raise timely questions about debatable government policies and to report challenges to those policies when they fail.”. (Bennett, Lawrence, Livingston, 2007, p. x) No obstante, Bennett reitera que sin un disenso entre las élites políticas como apoyo y fomento, la prensa rara vez cuestiona la política gubernamental, presentando perspectivas alternativas – o dichas perspectivas no se difunden: “[…] when other officials inside circles of power (for example, congressional Democrats) fail to speak out against prevailing government claims (in this case, from the Bush administration), there is no engine to drive critical news coverage.”. (Bennett, Lawrence, Livingston, 2007, p. 10) Esto tiene serias implicaciones para el papel de los medios: Más que perros guardianes de la democracia, hoy en día los medios son archivos de memoria oficial, dejando a las élites la responsabilidad de vigilarse a sí mismos.

El autor verifica la hipótesis de indexación mediante un estudio analítico de todos los artículos del New York Times relacionados con la política estadounidense en Nicaragua que llevó a cabo durante cuatro años y luego, en el 2007, la comprueba de nuevo analizando la cobertura mediática de hechos destacados durante el gobierno de George W. Bush, por ejemplo del huracán Katrina y de los prisioneros torturados por militares estadounidenses en Abu Ghraib.

En resumen, la hipótesis de indexación se centra en el disenso o consenso de élites como indicador de un cubrimiento más o menos crítico porque considera los medios como seguidores del rango oficial del debate. Sin embargo, el eje de la explicación está en el porqué de un cubrimiento crítico por parte de los medios de comunicación frente a una coyuntura política, remitiéndose a las relaciones directas entre las élites políticas, sin considerar el rol de la opinión pública o los periodistas frente al debate público y

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mediático. Además, la hipótesis de indexación se desarrolló en un contexto de Guerra Fría, y pese a que sigue siendo una de las teorías dominantes en el campo de la comunicación política, vale la pena preguntarse por su nivel de adaptación a otros contextos geopolíticos y sistemas de medios hoy.

Aplicado a los dos proyectos reeleccionistas en Colombia, se podría plantear desde la hipótesis de indexación que hubo un disenso entre las élites que llevó a un debate más abierto sobre el segundo proyecto uribista. No obstante, no da razones por qué se dio tal disenso ni por qué era menor durante el primer proyecto. Además, la hipótesis de indexación, si bien explica el porqué de cubrimiento crítico por los medios frente a un momento coyuntural político, no parece ser apta para indagar sobre un aspecto tan específico de la cobertura mediática como el papel de la prensa en visibilizar y legitimar encuadres sobre las prácticas y conceptos democráticos colombianos manifestados en los debates reeleccionistas uribistas. Por un lado, porque se centra en el grado de apertura del cubrimiento mediático en dependencia del consenso y disenso entre las élites, y por el otro lado, porque define el papel de la prensa en relación con las élites políticas sin tener en cuenta la importancia de la prensa y su posibilidad de interactuar en el momento y la manera de expresar, seleccionando palabras e imágenes, y difundir los marcos de interpretación. Se trata de una posibilidad que el siguiente modelo, él de propaganda, también ignora.

El Modelo de Propaganda

Herman y Chomsky (Herman y Chomsky, 2002) proponen el Modelo de Propaganda que sirve de marco para analizar las estructuras institucionales, la performance de los medios estadounidenses y las relaciones en cuales operan. Para los dos teóricos su modelo muestra cómo el dinero y el poder, es decir, presiones económicas y políticas, determinan lo que finalmente sale en las noticias:

It is our view that, among their other functions, the media serve, and propagandize on behalf of, the powerful societal interests that control and finance them. The representatives of these interests have important agendas and principle that they want to advance, and they are well positioned to

shape and constrain media policy. […] We believe that what journalists do, what they see as

newsworthy, and what they take for granted as premises of their work are frequently well explained by the incentives, pressures, and constraints incorporated into such a structural analysis. (Herman y Chomsky, 2002, p. xi)

Resaltan que no es fácil detectar la propaganda en sociedades democráticas y que por supuesto existen noticias críticas, sin embargo, son marginadas. Eso demuestra que los

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medios no son monolíticos y a la vez que no tienen el poder de interferir en la agenda oficial. A menudo ni los periodistas se dan cuenta de dichas estructuras y están convencidos de que llevan a cabo un trabajo siguiendo los altos estándares de calidad periodística: informar de manera objetiva e independiente. Según el Modelo de Propaganda, la información pasa por cinco filtros antes de ser publicada:

1) Magnitud, propiedad y orientación de los beneficios de los medios de comunicación: Se manifiesta una tendencia a conglomerados mediáticos.

2) Beneplácito de la publicidad: La publicidad es una de las fuentes de ingreso más importantes de los medios; de ella depende su existencia.

3) Suministro de noticias a los medios de comunicación: Los medios dependen en gran parte del gobierno, de los expertos y del comercio como fuentes de

información.

4) Flak: Las quejas sobre el manejo de información de los medios masivos funcionan como medio para disciplinar a los medios.

5) Ideología/Opiniones "anti-": En la era de la Guerra Fría, el anticomunismo funcionaba como mecanismo de control y religión nacional. Hoy en día se va sustituyendo por la guerra contra el terrorismo. (Herman y Chomsky, 2002, p. 2) En consecuencia, se genera una serie de choques entre el supuesto papel de los medios como perro guardián tanto de la democracia como de las élites y los intereses de las élites. Primero, la publicación y aparición visible de una noticia que va en contra de los intereses y valores de los propietarios y conglomerados mediáticos es menos probable que la de una alineada a dichos intereses y perspectivas. Segundo, lo mismo aplica para el caso de la publicidad. Como la existencia de los medios a menudo depende de los ingresos generados por la publicidad, se tiende a respetar los intereses de los clientes para asegurar la continuidad del periódico. Es decir, tendencialmente se publican más noticias conformes que inconformes a los intereses de los conglomerados y de los inversionistas publicitarios. Además, dichos inversionistas quieren evitar problemas y prefieren