Definición 11: con determinaciones categoriales de un ente o categorías se definen, en
2. Respecto a otro ( = ad alterum), todo ente:
2.1. El origen de la problemática del ser y del hombre en el pensamiento occidental
2.1.1. DE LA BÚSQUEDA DEL απσή AL SER 2.1.1.1. La escuela de Mileto
La cuestión de los trascendentales o de las ―determinaciones trascendentales‖de los entes nos ha introducido en la íntima relación que existe entre el hombre y el ser. El hombre no es sólo un ente entre los entes, sino el único ente que tiene la potencialidad de relacionarse al ser de cada ente, tanto que dos de las determinaciones trascendentales de cada ente, verdad y bien/valor, dependen propiamente de la relación del ser de cada ente con el intelecto y la voluntad humana. El hombre es, por lo tanto, animal metafísico por excelencia.
Evidenciar esta relación íntima entre el intelecto humano y el ser nos remonta los orígenes del pensamiento occidental, es decir, al culmen de la búsqueda de los filósofos presocráticos sobre el
principio (απσή) o causa primera de todas las cosas.
La primera escuela filosófica, la llamada Escuela de Mileto (Asia Menor) se caracteriza por esta búsqueda del principio de todas las cosas:
– Para Tales (640-560 AC): ἀ πσή = agua, principio vital de todas las cosas.
– Para Anaximandro (610-547): las cosas son tales en cuanto definidas, por lo tanto ἀ πσή =
indefinido (ἀ πεἰ πυν).
– Para Anaxímenes (585-528): la materialización del ἀ πεἰ πυν de Anaximandro lo llevó a definir el ἀ πσή = aire, origen de todas las cosas a través de un mecanismo de rarefacción- condensación.
2.1.1.2. La escuela pitagórica
La segunda escuela filosófica, la Escuela Pitagórica, se desarrolló en la Magna Grecia a partir de la enseñanza de su fundador Pitágoras (Crotón, ca. 570). El desarrolló las tesis de Anaximandro y Anaxímenes, dándoles un fundamento de tipo matemático. Así, para él, todas las cosas derivaban de la síntesis de definido-indefinido, de limitado-ilimitado. Por lo tanto, la esencia de todas las cosas es ser figuras geométricas. Estás, a su vez, están constituidas, en último término, de puntos o unidades indivisibles. Por lo tanto, para Pitágoras, puntos = números.
Así, todas las cosas se definen en cuanto medibles (como figuras geométricas) y numerables (en cuanto compuestas de indivisibles). La realidad nace, entonces, de la armonía de los opuestos: ante todo la primera y fundamental oposición, la del limitado-ilimitado (es decir, respectivamente, de los dispares {uno, limitado, forma} y de los pares {dos, ilimitado,
44 materia}), visto que del uno y del dos se pueden constituir todos los números y, por ende, también todas las figuras geométricas. Las demás oposiciones, derivadas de la precedente, son las de derecho-curvo; quietud-movimiento, etc.
Como se ve, el nacimiento del cálculo moderno con su pretensión de reducir las magnitudes físicas y sus variaciones (los cuerpos y sus movimientos en cuanto matemáticamente definibles) a objetos y relaciones geométricas, se convierte en un tipo de realización del sueño metafísico pitagórico. No por nada, Copérnico, en los albores de la modernidad, se refiere precisamente a la teoría de las armonías pitagóricas para justificar metafísicamente su teoría del movimiento de los planetas.
2.1.2. PARMÉNIDES Y EL NACIMIENTO DE LA METAFÍSICA Y DE LA ANTROPOLOGÍA
Una primera conexión entre la problemática metafísica y la antropológica se da con otro filósofo de la Magna Grecia, Parménides de Elea (520-440), con quien por primera vez la noción de ser se desarrolla temáticamente en occidente. Parménides pudo, en base a su reflexión, distinguir entre dos categorías de hombres: los que, por un lado, ―duermen‖ en la llamada vía de la opinión (δόξα), aceptando como verdadera la mezcla entre ser y no-ser ligada a la multiplicidad cuantitativa, a la diversidad cualitativa y al devenir; y los que, por otro, se han ―despertado‖ a la consciencia del ―ser‖ y caminan así en la vía de la verdad. El principio de todo es el ser, entendido como absoluta positividad, y sin mezcla alguna de no-ser, entendido como absoluta
negatividad: ―Es necesario decir y pensar que el ser sea: en efecto, el ser es, y el no ser no es. Te
exhorto a considerar estas cosas.‖49
El ser, por lo tanto, es la única cosa pensable y expresable. De aquí la posición de Parménides que afirma la identidad entre el pensamiento y el ser y con ello da comienzo al racionalismo y, por ende, a la confusión sistemática entre el ser de la cosa (ente natural) y el ser del concepto relativo a ella (ente lógico): ―... en efecto, lo mismo es pensar y ser.‖50
En otras palabras, el error de Parménides consiste en concebir el ser unívocamente y, por ende, como ―género generalísimo‖ y no en muchos modos como, en cambio, descubrirán Platón y, sobretodo, Aristóteles.
Con estas premisas, Parménides afirma el carácter puramente aparente ( = vía de la opinión) de: 1. La multiplicidad: para dividir cuantitativamente un ente de otro, debo dividirlo mediante el
no-ser. Pero el no-ser no es. Por lo tanto el ser es uno.
2. La diversidad: para distinguir cualitativamente un ente de otro, debería admitir la realidad del no-ser (el ―ser-esto‖ de un ente implica necesariamente el ―no-ser-aquello‖). Pero el no-ser no es. Por lo tanto el ser es idéntico.
3. El devenir: para afirmar cualquier devenir, incluso el movimiento local, debo admitir un pasaje del ser al no-ser y vice-versa (e.g., en el pasaje A B, A se convierte en no-A y no-B se convierte en B). Pero el no-ser no es. Por lo tanto, el ser es inmóvil.
49
PARMENIDES en DIELS, H., Fr. 6. 50
45 El ser, por ende, debe ser único, idéntico, inmóvil: de aquí la noción de ser como esfera, como único ente (panenteísmo = todo es un sólo ente) que, en algún modo, debe ser capaz de auto-
contenerse. Pero, como se percibe inmediatamente, es aquí que está el problema. En efecto, el
nudo teórico que rápidamente aparece es el siguiente: si el ser es un único ente, no puede ser
ilimitado porque ilimitado indica un no-ser, una negatividad. Será, por lo tanto, limitado, en
efecto, una ―esfera.‖ Pero si es limitado y todo el ser está, por definición, en la esfera, ¿qué limitará la esfera? Tal límite debería estar ―fuera‖ de la esfera. Pero si todo el ser está en la esfera, ¿qué podrá limitarlo si no el no-ser? Como se ve, la metafísica parmenidiana, como toda metafísica racionalista, es íntimamente contradictoria. Como hemos recalcado, todas las metafísicas modernas racionalistas de base cientificista, primera entre ellas la espinoziana, sufren de la misma inconsistencia teórica. Metafísicamente, hay bastante poco de ―nuevo bajo el sol.‖ 2.1.3. EL ATOMISMO DE DEMÓCRITO Y SU CONCEPCIÓN ATOMISTA DEL ALMA
2.1.3.1 Una primera respuesta a Parménides: Demócrito y la no-contradictoriedad del
“múltiple” cuantitativo
No obstante la, apenas formulada, crítica de fondo a todo parmenidismo y/o racionalismo de la identidad del ser-idea (o ser-esencia),51 los filósofos posteriores se dedicaron a encontrar una respuesta al ―problema de Parménides.‖ Tal problema consiste en lo siguiente: ¿cómo conjugar la noción de ―ser‖ con las ―evidencias‖ de la multiplicidad numérica, de la diversidad cualitativa y del devenir temporal de todo ente?
Una primera respuesta a Parménides se encuentra en Demócrito de Abdera (Tracia, 460-370), que demostró la no-contradictoriedad del múltiple. Zenón (discípulo de Parménides) había demostrado la contradictoriedad de la divisibilidad al infinito de una extensión. Pero, por otro lado, era también necesario, para admitir la existencia de partes últimas indivisibles – o átomos– de la realidad extensa, superar la acusación de contradictoriedad de la noción de multiplicidad
numérica hecha por Parménides y Zenón.
La idea de Demócrito es simple y potente y constituye un enorme paso adelante para la historia del pensamiento occidental, incluso si le tocará a Platón desarrollarla plenamente. Para separar a los átomos (como partes últimas de los seres extensos) entre ellos, no era necesario el no-ser absoluto, sino el simple vacío, es decir, la ausencia de materia. El vació no es el no-ser, sino la pura y simple ausencia de materia. En otros términos, más generales, para justificar la multiplicidad cuantitativa, no es necesario el no-ser, la nada, sino el simple ―cero,‖ la ausencia de una cantidad mínima respecto a una particular escala, no en absoluto. Lo que es contradictorio, como explicitará más adelante Platón (en su diálogo precisamente de nombre Parménides) es la contraposición absoluta entre ser y no-ser: pero nada impide que algo sea respecto a una cosa y
no-sea respecto a otra. El vacío es ausencia de materia, no ―existencia del no-ser‖: no es la nada,
sino el ―no-ser de algo.‖ Igualmente, el ―0‖ respecto al ―1‖ definido en base a una cierta escala,
51
A esta luz se comprende la estatura metafísica absoluta de Tomás, que ha sido el único filósofo de todo el occidente capaz de brindar un metafísica coherente de la diferencia real de ser y esencia, es decir, de esencia y acto
46 no es, de hecho, una ―nada‖ (e.g., un segundo respecto a un reloj que cuenta sólo minutos pero no segundos, valdría 0, pero no es, en efecto un nada).
La idea de Demócrito es, por lo tanto, la de reducir todas las diferencias, también cualitativas ( =
diversidades) entre los entes, a diferencias cuantitativas (lleno-vacío, uno-cero) entre átomos. En
efecto, para Demócrito, todos los átomos se diferencian:
1. En sí mismos, por la figura: cada átomo tiene una determinada figura geométrica, entendida como síntesis de lleno y de vacío.
2. Respecto a los demás, por su orden y, por lo tanto, por su posición. Todo cuerpo compuesto de átomos se diferencia así de los demás por el número y/o figura y/o orden y/o posición de los átomos que lo componen.
Un ulterior resultado de Demócrito es el de poder justificar de este modo también una particular
forma de devenir: el movimiento local. El movimiento local, de hecho, no implica ningún pasaje
del ser al no-ser, sino simplemente un cambio de posición de un átomo ( = lleno) de un lugar
vacío a otro lugar vacío. De aquí la idea que los átomos, moviéndose localmente a través de
trayectorias absolutamente deterministas, formen, combinándose, diversos mundos posibles. La cosmología democritea es, por lo tanto, el primer y más fundamental ejemplo de un atomismo
metafísico. Todo cuerpo no es otra cosa que la suma o composición de átomos, por lo tanto,
carece de unidad intrínseca alguna: a Demócrito le falta aún la idea aristotélica del ser en acto del ―todo‖ o de la substancia y del ser-en-potencia de las partes materiales constituyentes, y, por ende, le falta también la otra idea aristotélica de materia y forma (cf. § 1.3.2.5. y § 2.3).
2.1.3.2. El atomismo metafísico de Demócrito y su monismo psicofísico
Tal atomismo, precisamente por su carácter metafísico, es decir, porque pretendía dar la explicación última de lo real, abarcaba también la antropología. El alma del hombre, para Demócrito, estaba constituida de átomos más ligeros (aire y fuego), distribuidos en los órganos sensorios, en los nervios y en los miembros y, por esto, los estados psíquicos se distinguían de algún modo de los estados físicos del cuerpo, formado prevalentemente por átomos más pesados. Como se puede ver, todas las actuales teorías materialistas de la psique, que la identifican con el Sistema Nervioso Central (SNC), son siempre reediciones de la vieja antropología metafísica democritea.
Igualmente, su teoría del conocimiento ( = gnoseología) es, históricamente, la primera y más fundamental forma de sensismo, implicando la identidad última entre estado físico (del órgano sensorio) y el estado psíquico (de la facultad sensoria). Esto lo decía Demócrito de modo ingenuo, afirmando que las sensación se daba porque los átomos, separándose de las cosas, penetraban los poros de los órganos sensorios de la misma figura (e.g., átomos triangulares penetraban poros triangulares, etc.), de modo que estimulaban los átomos del alma y provocaban las sensaciones.
De este modo se evidencia por primera vez un principio que nos será útil en toda la exposición histórica de las varias antropologías filosóficas del occidente: todas las teorías que son monistas en gnoseología ( = identidad entre la forma del estado físico en el órgano y la forma del estado
47 consciente en la psique) son monistas también en psicología ( = reducción del alma a función del cuerpo: monismo materialista). Si, de hecho, Demócrito jamás profesó abiertamente el materialismo, como lo harán sus subrogados antiguos (e.g., los epicúreos y los escépticos Pirón y Sexto Empírico) y modernos (e.g., Hume y los positivas y neopositivistas de los dos últimos siglos), es sólo porque Platón no había aún distinguido entre los dos mundos: el hiperuranio ( = ―más-allá-del-cielo‖) de las formas inmateriales o esencias subsistentes, y el mundo material ( = ―bajo el cielo‖) de los entes físicos.