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LA UNIDAD DEL ACTO INTELECTIVO EN SU DESARROLLO Y LA UNIVERSALIDAD DE SU CONOCIMIENTO

In document ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA (página 162-166)

OPERACIONES VITALES Y REINOS DE LOS VIVIENTES

Definición 18: con ―operación cognitiva‖ se entiende la acción inmanente al sujeto cognoscente,

4.3. Conocimiento inteligible: la intelección

4.3.2. LA UNIDAD DEL ACTO INTELECTIVO EN SU DESARROLLO Y LA UNIVERSALIDAD DE SU CONOCIMIENTO

Tomás, afirmando que el intelecto conoce abstrayendo la idea a partir del dato sensible con la luz

del intelecto agente y no interpretándola a la luz de sus experiencias pasadas, quiere decir que el

hombre, este hombre individuo, condicionado biológicamente, históricamente y culturalmente, es capaz de conocimiento universal, gracias a su capacidad de definir y redefinir el ente lógico que él produce (afirmaciones y enunciados definitorios) en base al ente físico existente fuera de su mente. La espiritualidad del acto intelectivo consiste, en efecto, precisamente en esto. En todos los procesos generativos materiales es necesario distinguir una naturaleza recipiente y otra recibida:

esta distinción es necesaria en las generaciones materiales en cuanto la materia del generado recibe la forma del generante. Pero en la generación inteligible (el concepto es un ―concebido‖ por la mente, N.d.R.) no es así. El verbo inteligible no nace del intelecto en modo tal que una parte sea precomprehendida (preintelligatur) como recipiente y otra parte

derive del intelecto, sino en su totalidad el verbo intelectivo se origina del intelecto, como en su totalidad un concepto (verbum) nace de otro como una conclusión nace de sus principios.124

Supongamos que mi percepción conozca por vez primera un nuevo objeto, e.g., la nieve blanca, cuando hasta ahora he experimentado sólo el agua (y nunca el hielo o la nieve) y, cuanto al ―blanco‖ sólo he experimentado el blanco de la clara del huevo. Además, mi cultura de beduino en el desierto no tiene noción alguna de nieve o de hielo, ni siquiera en forma de fábula o mito. Si yo conociera sólo con la cogitativa y con la memoria, es decir, a la luz de experiencias pasadas personales emotivamente valoradas, daría de esta nueva experiencia de la nieve blanca una interpretación completamente inadecuada (e.g., podría definir la nieve como clara de huevo a punto de ―nieve,‖ como se dice en el lenguaje culinario). Además, cuanto a la universalidad del conocimiento, si me encontrara con un esquimal que nunca ha visto huevos, pero que vive con toda su cultura en medio de la nieve y el hielo, no me podría jamás entender con él (por razones muy diversas a la dificultad del idioma).

En cambio, con aquel esquimal, como con cualquier otro, nos podemos siempre comprender, si lo queremos. Y esto puede darse sólo en la medida que tengamos la posibilidad de referirnos al mismo objeto real individual – esta nieve blanca aquí, ahora – y que tengamos la posibilidad de

124

163 readecuar, sin limitaciones culturales y/o biológicas, nuestras precedentes definiciones sobre la

especificidad de esto objeto que es la nieve blanca.

Es decir, para entendernos necesitamos sólo que ambos, en lugar de comprender la experiencia presente absolutamente nueva para cada uno a la ―luz‖ de nuestra experiencia personal pasada, la comprendamos cada uno con una ―luz intelectual‖ pura en sí y común a todos los hombres, esquimales y beduinos incluidos. Una luz intelectualmente capaz de diversificarse sólo respecto a la diversidad de los datos sensibles a los que se aplica. Y esto, precisamente, es lo que Tomás dice, afirmando que sólo ―a partir de la diversidad ( = especificidad) de los datos sensibles (imaginatorum) puede ser definida la diversidad de la luz (lumen) intelectual‖ (II-II, q. 174, a. 3, ad 1).

En tal modo, gracias a la luz intelectual del intelecto agente, la capacidad de comprender ( =

intelecto posible) de cada hombre es actualizada respecto a la nueva experiencia como si fuera

una tabula rasa ( = la tabla de cera de los antiguos escribas) en la cual nada estaba ―escrito‖ anteriormente (cf. ARISTÓTELES, De an., Γ 4, 429 b 29 - 430 a 2; TOMÁS DE AQUINO, I, q. 79, a. 2, resp.). Y esto incluso si, de sí, el intelecto de cada hombre conserva memoria de todos los concepto definidos precedentemente, es decir, si bien el intelecto posible es también locus

specierum intelligibilium (cf. ARISTÓTELES, De an., Γ 4, 429 a 27 - 29; TOMÁS DE AQUINO, I, q. 79, a. 6; SCG II, q. 74; In de mem., ii). El intelecto posible de Aristóteles, en breve, no es tabula

rasa en sí, como afirman los modernos siguiendo la superficial interpretación de John Locke en

su personal polémica empirista contra el innatismo idealista de Descartes. El intelecto posible, dice literalmente Aristóteles, es ―como tabula rasa‖ (por lo tanto no es ―en sí tabula rasa,‖ dado que es esencialmente ―memoria‖) sólo respecto a la nueva comprensión que el intelecto agente hace actual en él con su abstracción. Esto es lo que Tomás decía en la cita de la Summa contra

gentiles arriba, afirmando que ―el verbo intelectivo,‖ es decir el concepto expresado en nuestra

mente:

no nace del intelecto en modo tal que una parte sea precomprehendida (preintelligatur) como recipiente y otra parte derive del intelecto, sino en su totalidad el verbo intelectivo se origina del intelecto, como en su totalidad un concepto (verbum) nace de otro como una conclusión nace de sus principios.125

Tal comprensión, o acto del intelecto posible, tiene los dos momentos antes sumariamente indicados de:

1. La aprehensión de la nueva esencia inteligible de ―nieve-blanca‖ en forma atemática o pre- verbal. Introspectivamente, esto corresponde al primer momento de la comprensión, cuando estamos ciertos de haber comprendido algo nuevo, pero aún no hemos formulado el ―juicio‖ mediante el cual nos decimos a nosotros mismos lo que hemos comprendido.

2. La formulación del juicio mediante la aplicación de la idea abstracta a los datos de la experiencia, con el fin de explicitar la esencia aprehendida en el nuevo juicio definitorio: ―la nieve es blanca.‖

125

164 Esta definición se da mediante una re-definición mutua de los precedentes significados contenidos en la memoria-cogitativa respecto a la nueva experiencia aprehendida. Por ejemplo, en el caso-límite del beduino que ve nieve por vez primera, teniendo experiencia previa sólo de agua y nunca de hielo y sólo del blanco del huevo y nunca del blanco de la nieve, para llegar a formular el enunciado: ―la nieve es blanca‖ se tratará de definir, ante todo, el nuevo sujeto ―nieve,‖ abstrayendo del dato sensible la diferencia específica ―helada.‖ Seguidamente, con un procedimiento análogo, se tratará de especificar el género ―blanco-del-huevo,‖ mediante la nueva diferencia especificada abstraída de los datos ―blanco-de-la-nieve.‖ En síntesis: (agua nieve) + (blanco-del-huevo blanco-de-la-nieve) la nieve es blanca.

En otras palabras, es como si, gracias a la operación del intelecto agente, el género o significado de partida ―agua‖ se hubiera redefinido en base a la diferencia específica nueva ―helada‖ para obtener ―nieve‖ y el género o significado de partida ―blanco‖ hubiera adquirido una nueva

diferencia específica adicional a la de ―blanco-del-huevo‖ ya poseída, la diferencia ―blanco-de-

la-nieve.‖

Definiendo S el género de partida de aquello que funge de sujeto de la afirmación definitoria y P aquello que funge de predicado a la misma afirmación, y definiendo ΓS y ΓP la variación de mutua redefinición para satisfacer su ―nuevo modo de estar juntos‖ en la realidad ―nieve-blanca,‖ podremos decir que el intelecto habrá producido una nueva afirmación universal, porque es capaz de abstraer completamente de todos los condicionamientos biológicos y culturales de la experiencia de los individuos singulares, siempre que se cumpla la siguiente relación:

ΓS

— = const. ΓP

Donde el hecho que, al término del proceso de mutua redefinición, sea una constante la relación de mutua redefinición del sujeto y del predicado sobre la especificidad del objeto que el conocimiento sensible nos ha hecho notar, quiere decir que, en tal modo, el intelecto ha logrado, en algún modo, ―capturar‖ bajo forma de esencia definida en un enunciado la naturaleza del objeto físico en cuestión, es decir, de aquello que ha originado como causa las experiencias a partir de las cuales se ha originado el acto intelectivo.

Es evidente que lo que se describe aquí es un procedimiento de tipo universal. En efecto, lo que variará de individuo humano a individuo humano, en base a sus diferencias históricas-culturales- biológicas, será sólo la amplitud de las variantes Γ mediante las cuales adecuarse al único objeto

real. Dicho todo esto en términos de Tomás:

Hay que ver que aquí universal no se entiende en el sentido de aquello que es predicado de

múltiples sujetos, sino según una cierta adaptación o adecuación (adaptationem vel adaequationem) del predicado al sujeto, respecto a la cual ni el predicado es dicho sin el

sujeto, ni el sujeto sin el predicado.126

126

165 En otras palabras, para el idealismo y el empirismo, la universalidad del conocimiento depende del hecho que todos los singulares individuos humanos tengan en sus mentes las mismas ideas que, por lo tanto, no son producidas por la mente del singular individuo humano sino, evidentemente, son recibidas pasivamente por la mente del singular individuo:

- o porque son consideradas innatas, como afirma el idealismo;

- o porque dependen de la recepción puramente pasiva de los sentidos, como afirma el empirismo.

Para Tomás, en cambio, el conocimiento universal depende de la referencia al mismo objeto. En otras palabras, no obstante los singulares individuos humanos tienen una historia y experiencias diversas, gracias a la capacidad abstractiva del intelecto, cada hombre es capaz de readecuarse a lo real y, por lo tanto, de definir del mismo modo la esencia del mismo objeto. Afirma textualmente Tomás comentando a Aristóteles:

Es necesario decir que la intención de Aristóteles no es afirmar la identidad de los conceptos de la mente por referencia a su enunciación verbal, como si una misma enunciación supusiera una misma concepción de la mente: porque los enunciados verbales son diversos entre diversos sujetos. Al contrario (Aristóteles) quiere afirmar la identidad de los conceptos de la

mente en referencia a las cosas: dice que los conceptos son idénticos porque se refieren en

manera similar (no idéntica: las mentes de los que los concibe son, en efecto, diversas,

N.d.R.) a las mismas cosas.127

Por ejemplo, para conocer la nieve-blanca, otro individuo, diverso de nuestro beduino, que conocía sólo el blanco de la clara de huevo – digamos un cultivador de caña de los llanos de Puglia que proviene de una cultura en la cual el color blanco hasta aquel momento definido es sólo el del azúcar, que es un cristal como la nieve – la variación ΓP del predicado ―ser-blanco,‖ para adecuarlo al ―ser-blanco‖ de los cristales de nieve deberá ser menor que la del beduino, que partía de la clara del huevo que no es un cristal.

Con el mismo procedimiento, estos nuevos ―géneros-concebidos-por-la-mente,‖ o conceptos, e.g., el concepto de ―nieve‖ y el concepto de ―blanco-de-la-nieve,‖ se podrán enriquecer en el futuro con nuevas diferencias específicas. Por ejemplo, en el caso que en una nueva experiencia de nieve el beduino o el pugliés observara nieve sucia, ellos podrían redefinirse oportunamente los géneros de partida de modo que obtengan el juicio ―verdadero‖ o adecuado a lo real: ―la nieve sucia es gris.‖ Se tratará, en este caso, de redefinir el género ―nieve‖ en base a la especificidad ―sucia‖ y el género de partida ―blanco-de-la-nieve‖ en aquel ―blanco-sucio-de-la- nieve‖ o ―gris-de-la-nieve.‖ De nuevo vale la misma fórmula universal:

ΓS — = const. ΓP 127 In Periherm., I, ii 21.

166 Por lo tanto el género es universal no porque el género contiene ya en sí, platónicamente, todos los infinitos individuos con todas sus diferencias específicas a las que puede aplicarse (e.g., la esencia universal de ―nieve,‖ única para todos los tipos posibles de nieve). El género es universal sólo porque, habiendo sido definido al inicio en base a una sola experiencia individual de ―nieve‖ ( = universal ―uno de uno,‖ es decir, la definición ―esta nieve es blanca‖), puede ser redefinido por la mente humana paso a paso en base a diversas experiencias de varios tipos de nieve (e.g., nieve blanca, gris, limpia, sucia, etc.). A este punto el intelecto puede abstraer de todos estos universales ―uno de uno‖ de cada tipo de nieve el único universal ―uno de muchos‖ de ―nieve,‖ simplemente abstrayendo, ―separando‖ la esencia específica común de ―nieve‖ de todas las demás diferencias específicas ―blanca, gris, limpia, sucia, etc.

El núcleo de la teoría tomista del conocimiento universal está, por lo tanto, ligada a la teoría del intelecto agente que hace al singular individuo capaz de:

1. abstraer del objeto realmente existente su diferencia específica propia de modo que hace posible a todos una definición única de aquel singular objeto ( = ―universal uno de uno‖); 2. abstraer de muchos conocimientos singulares de este tipo las diferencias comunes a una

pluralidad de objetos de modo que hace posible a todos una definición única de aquel género de objetos ( = ―universal uno de muchos‖).

Así se clarifica la diferencia entre sentido e intelecto. Mientras el proceso readecuativo del sentido en base a lo real está físicamente limitado dentro de un singular género y un número finito de especies (cf. § 4.2.1), la capacidad del intelecto de abstraer de los datos un número potencialmente infinito de especies y de géneros indica que el proceso readecuativo del intelecto es ilimitado y, por lo tanto, no-físico o ―espiritual.‖

Habiendo así ilustrado, a grandes trazos, el proceso intelectivo del ―volverse del intelecto a los datos sensoriales‖ (conversio ad phantasmata), ahora ilustramos, paso a paso, las diversas nociones aquí usadas.

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