La vida nueva en Cristo Resucitado
2. Pablo alcanzado por Cristo
El fragmento que hemos escogido está situado hacia la mitad de la Carta, en su segunda parte, y constituye como el clímax temático, ¡y también emotivo!, de toda esta misiva. Vale la pena leerlo con atención, siguiendo ordenadamente las afirmaciones del apóstol.
2.1. Invitación a la alegría (3,1)
Desde el principio mismo de la Carta, Pablo manifiesta la alegría que siente al recordar a los filipenses y les invita a compartir esa misma alegría. Aquí vuelve a repetir la in- vitación; y lo seguirá haciendo hasta el final, cuando con todo cariño les diga: “hermanos míos queridos y añora- dos, mi alegría y mi corona”.
2.2. ¡Cuidado con los perros! (3,2-3)
De repente, como si se hubiese salido de sus casillas, el apóstol abre una polémica vehemente y apasionada, uti- lizando la invectiva que solían utilizar los judíos contra los paganos. Pero aquí va dirigida contra los cristianos judai- zantes, que consideraban la circuncisión, la “mutilación”, como absolutamente necesaria para la vida cristiana. No es que Pablo niegue el valor de la circuncisión, que era el sello de la alianza antigua. Pero piensa que ahora lo que realmente importa es la fidelidad al Evangelio de Cristo. Porque, desde la venida de Cristo, la salvación se alcanza por la fe en Él y no por las obras de la ley (cf. Rom 3,28;
Gál 2,6). Pablo emplea un lenguaje duro porque no pue-
de permitir que algunos estén intentando pervertir entre los filipenses la esencia misma del Evangelio.
2.3. Hebreo, hijo de hebreos (3,4-6)
Para reforzar su argumentación, Pablo nos ofrece uno de los fragmentos autobiográficos más significativos de todo su epistolario. Va enumerando todos los motivos que podrían justificar su orgullo respecto a su pasado judío y desafía a sus interlocutores sosteniendo que, si alguien puede confiar “en la carne”, él podría hacerlo con mayor razón. En efecto, podría presumir de haber sido un judío auténtico, celoso, intachable.
La vida nueva en Cristo Resucitado
Tema 10
2.4. Lo perdí todo para ganar a Cristo (3,7-9)
Pero todo lo que antes era una “ganancia”, el apóstol lo considera ahora una “pérdida”, más aún, una “basura”, ante la excelencia del conocimiento de Cristo. Un cono- cimiento que para él es amor, relación profunda e ínti- ma, asimilación y entrega total. Y es precisamente esta experiencia de amor intenso la que le hace exclamar con íntima confianza: “Cristo Jesús, mi Señor”. Quiere ganar a Cristo, no con la propia justicia, la que deriva de la ob- servancia de la ley, sino con la justicia que se obtiene por la fe en Cristo.
2.5. Conocer a Cristo (4,10-11)
En una síntesis genial, el apóstol explica lo que supone ese conocimiento de Cristo que centra todos sus deseos. Primero, significa experimentar “la fuerza de su resurrec- ción”: es la experiencia de la gracia, del Espíritu Santo, que cambia por dentro, cura y hace revivir lo que está muerto en el hombre. Pero esta fuerza sólo le viene al hombre por la participación en los sufrimientos de Cristo, en su cruz, que es la fuente de la salvación: Pablo se glo- ría de llevar en su propio cuerpo los signos de la pasión de Jesús (cf. Gál 6,17). Y esta participación debe llegar hasta la identificación total, hasta configurarse con su muerte, es decir, hasta asumir la forma de la muerte de Jesús en la concreción de la existencia cotidiana. De este modo, la muerte de Jesús transfigurará el dolor y la muerte del apóstol, y de los cristianos, en ocasiones de amor y en garantía de alcanzar la resurrección de los muertos, la vida eterna como comunión definitiva con el Señor.
2.6. Yo corro hacia la meta (3,12-14)
Pero Pablo sabe que “todavía no” ha alcanzado la meta. El creyente ya ha resucitado en la esperanza, pero “espe- ramos lo que no vemos” (Rom 8,25), “caminamos en fe y no en visión” (2Cor 5,7). Por eso Pablo concibe su vida presente como una carrera, como un lanzarse “hacia lo que está por delante” en busca de la recompensa final. Y lo que está por delante es el mismo Cristo, que le ha pre- cedido en la gloria y espera allí al discípulo. Cristo siempre nos precede. Nos precede en la llegada a la meta, pero nos precede también al principio de la carrera: Pablo re- conoce que si ahora se esfuerza por alcanzar a Cristo es porque antes fue alcanzado (aferrado, conquistado, ca- zado) por él; es la forma más expresiva de las que utiliza el apóstol para describir lo que le ocurrió en el camino de Damasco.
La vida nueva en Cristo Resucitado
Tema 10
Convirtámonos ahora en discípulos de Pablo, como aquellos filipenses que leerían esta Carta con lágrimas en los ojos. Y, ante todo, pidámosle al apóstol que nos ayude a descubrir cómo también nosotros hemos sido “alcanzados por Cristo”. ¿Cómo ha entrado Él en nuestra vida? ¿Nos damos cuenta y sabemos agradecerle lo mu- cho que madrugó para hacernos suyos? ¿No será que nos ha amado desde antes de nacer, desde siempre?
¿No nos invade una gran alegría al experimentar un amor tan sin por qué? Hagamos caso al apóstol que nos dice: “¡Alegraos. A pesar de de todos los problemas y triste- zas, alegraos porque sois amados por Jesús!”.
Pablo dice que se olvida de lo que queda atrás. ¿Vivimos nosotros atrapados por culpabilidades pasadas? Si es así, pidámosle al Señor que nos libre de estos frenos, que au- mente nuestra confianza en él y nos vuelva a ilusionar en la carrera para encontrarle.
¿Cómo experimentamos nosotros la fuerza del Resucita- do, que quiere transformar nuestra vida?
¿Estamos dispuestos a participar en sus padecimientos y en su misma muerte? ¿Sabemos unir nuestras cruces a la suya?
¿Es Cristo lo más importante en nuestra vida? ¿Ansiamos encontrarnos con Él? ¿Corremos con decisión hacia su encuentro?
Introducción
Jesús, con su testimonio y su predicación, diseñó y pro- puso un nuevo modelo de hombre. Pero no se confor- mó con ofrecernos un alto ideal sino que, además, nos lo hizo posible, nos transformó por dentro y nos comunicó la energía necesaria para poder realizarlo. Todos los li- bros del Nuevo Testamento nos hablan de esta contribu- ción decisiva de Cristo a la humanidad, desde diferentes perspectivas y con lenguajes también variados.
Nosotros vamos a intentar comprender el proyecto de Jesús sobre el hombre siguiendo al Apóstol San Pablo. Nuestra elección se basa en tres razones muy claras. Pri- mera, porque Pablo es quien explica este proyecto y la posibilidad de asumirlo de la forma más completa y por- menorizada. Segunda, porque lo hace con un lenguaje existencial y vivo: lo que nos transmite es su propia ex- periencia personal del encuentro con Cristo, a través de unos escritos autobiográficos como sus Cartas. Esto nos permite descubrir qué le pasa por dentro a una persona que ha sido alcanzada por Jesús, qué transformaciones experimenta, qué obstáculos tiene que vencer… Y este modo de transmitirnos el Evangelio de Jesús nos lleva a la tercera razón: la experiencia contada por Pablo se ha convertido en paradigmática para los cristianos de todos
2. Reflexionamos
Exposición del tema
La vida nueva en Cristo Resucitado
Tema 10
los tiempos. No ha habido ningún intento de renovación a lo largo de la historia cristiana, que no haya vuelto los ojos a las vivencias de este apóstol que, por lo demás, fue el máximo difusor de la fe cristiana en los primeros tiempos.