El Papa Benedicto XVI (2011) nos dice que la adhesión a la reforma del Carmelo no fue fácil y a Juan le costó también graves sufrimientos.
Mancho Duque escribe que hacia 1574 “en el seno de la Orden del Carmen se habían agravado las tensiones jurisdiccionales entre los carmelitas calzados y descalzos, debido primordialmente a distintos enfoques espirituales de la reforma conflicto que tuvo que experimentar San Juan en Salamanca y quizá en Medina.”
El pleito entre la curia romana y el Papa Felipe II, reticente ante Roma y promotor de una reforma "a la hispana", radical y rápida, se había incrementado.
Santa Teresa decía que había llegado la guerra del paño y del sayal. Los del paño, como llamaba la santa a los calzados, quisieron ahogar la reforma en sus principios. Fue una discordia de hermanos, con apasionamientos, violencias de palabra y obra, azotes, cárceles y excomuniones. Sólo fray Juan parece impasible; ni una lamentación, ni una queja; y él fue la víctima principal de la persecución.
En 1575 el Capítulo General de los Carmelitas, reunido en Piacenza, adoptó la medida especial de enviar un Visitador de la Orden para Calzados y Descalzos con el objetivo de suprimir los conventos fundados sin licencia del General y de recluir a Teresa en un convento elegido por ella.
Los calzados estaban dispuestos a dar los pasos necesarios para desmantelar la
reforma. En 1575, fray Juan de la Cruz fue detenido y encarcelado en Medina del Campo por los frailes calzados, pero fue liberado a los pocos días gracias a la intervención del nuncio apostólico favorable a los descalzos
Pero la cosa no quedó ahí, en la noche del 3 de diciembre de 1577, un grupo de calzados y seglares armados se allegaron a la casita donde vivía fray Juan, descerrajaron la puerta y prendieron a fray Juan y a su compañero, llevándolos presos al convento del Carmen. Allí fueron azotados dos veces. Días después los dos presos fueron sacados de Ávila. El compañero de fray Juan fue llevado a Medina mientras que a él lo llevaron, entre
maltratos y grandes rodeos hacia Toledo al convento calzado que tenía allí la Orden. En cuanto tuvo noticia del secuestro, la madre Teresa escribió al rey, suplicándole que hiciese algo. Poco se pudo hacer. Nadie sabía dónde estaba y los calzados se conjuraron para ocultar su paradero.
En Toledo, Juan de la Cruz compareció ante un tribunal de frailes calzados que le conminó a retractarse de la Reforma Teresiana. Allí se le leyó el acta del capítulo
celebrado en Piacenza el año anterior, que decidía el desmantelamiento de los conventos andaluces y, so pena de excomunión, se le conminaba a abandonar la reforma y volver a la observancia. Más allá de la decisión personal que se le instaba a tomar, estaba el
hecho de que siempre había actuado siguiendo las órdenes de sus superiores, tanto de su general como de los visitadores. Al negarse, fue declarado rebelde y contumaz, sentencia nula, pues el tribunal carecía de facultades jurídicas, pero que dejaba al descubierto la consideración generalizada de fray Juan como uno de los pilares más representativos de la Reforma.
Legalmente no podía ser obligado a nada, extremo que no fue respetado por el tribunal. Después del poco éxito que tuvieron las amenazas y los ofrecimientos halagadores se le condenó en rebeldía y encerró en la cárcel conventual. A los dos meses se le cambió a un sitio preparado exprofeso para él, de seis pies por diez de planta y con la única abertura de una saetera en lo alto de tres dedos, por la que sólo a mediodía entraba luz suficiente para poder leer. Era tan exigua la celda que fray Juan, con lo pequeño que era, apenas cabía. El lugar era antes un servicio y por eso carecía de luz. El lecho se confeccionó con una tabla echada en el suelo y dos mantas raídas. De ropa, la que llevaba, sin poder cambiarse. En estas precarias condiciones tuvo que soportar el invierno toledano, cuyo rigor hizo que se le despellejasen los dedos de los pies. Allí permaneció más de ocho meses.
A la inhumanidad del habitáculo se sumaron luego diversos padecimientos y
humillaciones, por lo pronto, una mala alimentación a base de agua, pan y sardinas, si acaso algunas sobras, y ayuno prescrito tres días a la semana. No se producía este ayuno en la soledad de su celda, sino que esos días era sacado de su celda y cenaba con los frailes, pero no sentado como ellos sino de rodillas en el suelo. Después de la cena, el superior le increpaba, recriminando largamente su rebeldía, acusándole de sostener la reforma para ser tenido por santo. Los viernes recibía de balde una disciplina circular que se extendía por el tiempo de un miserere. Dispuestos los frailes en círculo, desnudaban su espalda y por turno lo castigaban de recio con varas. A veces, los frailes hablaban frente a su celda, fingiendo el final de la reforma para atormentarle. Fray Juan soportaba todo con dulzura. Algunos novicios lamentaban lo que ocurría.
Un día, Cristo le había preguntado desde la cruz:
—Fray Juan, ¿qué precio quieres por lo que me has servido?
—Señor—había respondido él—, padecer y ser despreciado por Vos.
Después de nueve meses de prisión, en la octava de la Ascensión, en la noche entre el 16 y el 17 de agosto de 1578 «cuando estaba ya finando con accidentes de calentura», una voz misteriosa le invita a salir de la prisión, y su voluntad heroica afronta todos los riesgos de la huida. Con jirones de manta, trenza una cuerda y la deja caer por un agujero. Allá en el fondo rugen las aguas del Tajo. Tiene sensación de vacío y vértigo de abismo. Salta, va a dar en una peña, cruza unas tapias, llega a una huerta, y al amanecer busca el convento de las carmelitas descalzas, en la misma ciudad.
Llamó al torno y dijo: Hija, soy fray Juan de la Cruz, que me he salido esta noche de la cárcel. Dígaselo a la madre priora.
Enterada la priora, le acogió en la clausura para hurtarlo a los calzados, que habían descubierto ya la fuga y le buscaban. Llegaron al poco dos frailes preguntando por él, e inspeccionaron el locutorio y la iglesia. Los alguaciles vigilaban el convento y también los caminos. Mientras, las monjas estaban asustadas del acabado aspecto de fray Juan. Apenas hablaba. Pusieron su empeño en cuidarle, dándole comida y ropa. Pero para mayor seguridad, le enviaron al Hospital de Santa Cruz, donde convaleció mes y medio.
Las incidencias de aquella huida nocturna, preñada de angustia, quedarán como un poso latente en el fondo vivencial del poema de la Noche Oscura.
Luego de su huida fue a un convento de Jaén y el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias. E increíblemente, el Provincial le negó la posibilidad de decir misa.
La reforma pasaba entonces por su peor momento y los descalzos habían convocado un capítulo el 9 de octubre en el convento de Almodóvar para enfrentar la situación. A ella acudió también fray Juan de la Cruz. Era la primera vez que veía a los suyos en varios meses y enseguida le pusieron un enfermero. La situación de la reforma era mala. Casi a la desesperada se había convocado aquel capítulo, sobre cuya legalidad existían
fundadas dudas.
Tras un nuevo enfrentamiento doctrinal con los suyos fue destituido en 1591 de todos sus cargos, y quedó como simple súbdito de la comunidad.
Aunque su enfermedad iba en aumento se le retiró al monasterio de Ubeda, donde fue tratado al principio con dureza; su oración constante, "sufrir y ser despreciado", se cumplió así literalmente casi hasta el final de su vida. Pero al final incluso sus adversarios reconocieron su santidad.
Obras
En este apartado voy a abordar brevemente la obra de un santo, Doctor de la Iglesia Universal, por sus contribuciones esenciales en la Teología Mística, de un Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca por sus méritos intelectuales; de un escritor, por sus cualidades literarias y poéticas, de un artista inspirador de músicos, pintores y
escultores, por su exquisita y sugeridora sensibilidad; y, finalmente, de un ser que posee el don de atraer, impresionar y conmover -sin sensiblería-, mediante una poesía
adelgazada y honda, los espíritus más refinados de cualquier lugar o época.
Mancho Duque (2005) confirma lo dicho de esta forma: “dotada de extraña y sorprendente modernidad, su producción escrita ha superado las coordenadas temporales, para
convertir a su autor en un clásico, experto en el manejo de los recursos del lenguaje poético hasta extremos insospechados, cuya impronta es evidente en los mejores poetas de la literatura española del siglo XX -Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Guillén, Lorca, Valente, etc.- y extranjera: Valéry, Eliot, entre otros”.
En cuanto a las fuentes que utiliza diré que conocía profundamente la "Suma" de Santo Tomas de Aquino, como lo demuestra casi cada página de sus obras. Las Sagradas Escrituras parece que se las sabe de memoria, su dominio le viene evidentemente más por meditación que por las clases. No hay en él ningún rastro de influencia de
enseñanza mística proveniente de los Santos Padres, el Aeropagita, Agustín, Gregorio, Bernardo, Buenaventura, etc., de Hugo de San Victor, o de la escuela dominicana alemana. Las pocas citas de patrística en sus obras se relacionan fácilmente con el Breviario o la "Suma". Ante la ausencia de cualquier influencia consciente o inconsciente de escuelas místicas más tempranas, su propio sistema, así
como el de Santa Teresa, cuya influencia es claramente profunda, podría ser denominado misticismo empírico. Ambos arrancan de su propia experiencia.
Y no obstante la calidad de su obra, esta no vio la luz sino bastantes años después de la muerte de su autor. 41 Ahora tenemos la oportunidad de difundirla y comentarla, a modo de artículo, mediante importantes aportaciones de especialistas, a través de los medios de un mundo globalizado.
Ahora bien, debemos tener en cuenta que, como veremos más adelante en el
pensamiento/doctrina del santo, es frecuente observar en el estudio literario de su obra que o bien se den saltos continuos a lo teológico, o bien se estudien de forma conjunta la poesía y los comentarios doctrinales del propio poeta, con la idea de que estos son necesarios para comprender aquella. Frente a esta vertiente de los estudios sanjuanistas, se encuentra otra que postula que «la necesidad (o posibilidad) de la interpretación religiosa es algo que debe ser argumentado y discutido en cada caso», en tanto que el sentido objetivo de la poesía de San Juan no obliga necesariamente a aceptar un significado religioso.
Veamos a continuación con Mancho Duque la poesía y la prosa de nuestro místico:
Poesía
“Su obra poética está compuesta por tres poemas considerados mayores: Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva; y un conjunto de poemas habitualmente calificados como menores: cinco glosas, diez romances (nueve de ellos pueden contarse como una sola composición) y dos cantares. La difusión de su obra fue manuscrita, y aún no se han dilucidado todos los problemas textuales que conllevan. En prosa escribió cuatro comentarios a sus poemas mayores: Subida del Monte Carmelo y Noche oscura para el primero de estos poemas, y otros tratados homónimos sobre el Cántico espiritual y Llama de amor viva.
Las poesías atribuibles sin lugar a duda a San Juan de la Cruz son las recogidas en el códice de Sanlúcar o manuscrito S, ya que este fue supervisado por el mismo San Juan. El repertorio de sus poemas, según dicha fuente, se restringe a diez composiciones (los tres poemas mayores citados y otras siete composiciones), siempre y cuando los romances que comprenden los textos titulados In principio erat Verbum, que son un total de nueve, sean considerados una única obra. La autenticidad del resto de su obra poética
41
En 1618 se publica la editio princeps de sus obras en Alcalá de Henares, aunque sin contener el Cántico espiritual. Fue reproducida en Barcelona en 1619. En 1622 se publicó en París por primera vez el Cántico en lengua francesa. La primera edición española con el Cántico incluido salió en Bruselas en 1627, por Juan Meerbeeck, año en el que también apareció en Roma la primera versión italiana. El título Cántico espiritual figura por vez primera en la edición de Jerónimo de San José, publicada en Madrid en 1630. Para muchos estudiosos, la mejor publicación de fue escrita por Fr. Jerónimo de San José O.C.D (Madrid, 1641), pero, no siendo aceptado por los superiores, no estaba incorporado en las crónicas del orden, y el autor perdió su posición de analista. De sus obras no se conservan autógrafos ya que, a medida que las componía, se ayudaba de compañeros para copiarlas en limpio. Luego estas obras eran puestas a disposición de sus frailes y monjas que las volvían a copiar, siendo al final estas las que se han conservado.
no ha podido aún ser dilucidada por la crítica. Por tradición se acepta generalmente que también son suyos los poemas Sin arrimo y con arrimo y Por toda la hermosura, y
las letrillas Del Verbo divino y Olvido de lo criado. Las siete glosas y poemas «menores», cuya autoría no está discutida, son los siguientes: (se citan por el primer verso):
• Entréme donde no supe • Glosa al Vivo sin vivir en mí • Tras de un amoroso lance • Un pastorcico solo está penado • Que bien sé yo la fonte
• En el principio moraba
Los nueve romances de In principio erat Verbum se conocen también por el verso con que se inician:
• En aquel amor inmenso • Una esposa que te ame • Hágase, pues, dijo el Padre • Con esta buena esperanza • En aquellos y otros ruegos • Ya que el tiempo era llegado • Entonces llamó un arcángel • Ya que era llegado el tiempo • Encima de las corrientes
Prosa
La Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva son las tres obras más emblemáticas de San Juan de la Cruz.
Su obra en prosa pretende ser corolario explicativo, dado el hermetismo simbólico que ---- -entre cierta crítica- se atribuye su poesía: (las tres primeras han sido editadas juntas reunidas en el volumen Obras espirituales que encaminan a un alma a la unión perfecta con Dios) y Cántico espiritual.
• Subida al monte Carmelo (1578-1583) • Noche oscura del alma
• Cántico espiritual (1584)
• Llama de amor viva (1584 o 1585)
Una vez vista su producción cabe preguntarse: ¿Cuándo escribió Fray Juan de la Cuz todas esas obras?
Según se desprende de la opinión de sus estudioso, como por ejemplo Mancho Duque, la secuencia fue la siguiente:
En 1577, durante su encierro en Toledo, en un "estado de abandono total, estado que en otros paraliza el pensamiento, Juan de la Cruz escribió una grandísima poesía de amor, elaborado en sentido erótico -con los acentos de la búsqueda y del deseo del Amado- el
sensualismo del texto atribuido a Salomón", (el denominado protocántico), a la vez que los Romances. La composición tendrá mucho de técnica mnemotécnica -tal vez sobre
gérmenes embrionarios brotados ya en Ávila- pues durante mucho tiempo no le proporcionaron papel para escribir. Quizá compuso, en todo o en parteNoche oscura. Esta eclosión poética ocurrida en la oscuridad de una celda no tiene explicación. Se ha dicho de San Juan de la Cruz que es el Poeta máximo de obra mínima, queriendo
significar que su poesía nació perfecta, sin antecedentes ni ensayos. Como tal perfección exige de natural una ejercitación continua o frecuente, se han buscado precedentes en el período anterior de su vida: en el colegio de Medina, en el convento de Santa Ana, en Salamanca, en Ávila. Pruebas, lo que se dice pruebas, no las hay. Quizá se puede situar alguna composición en el tiempo de Ávila, fruto del trato con Santa Teresa, que también era escritora y poetisa, pero todo resulta insatisfactorio. La altura poética alcanzada por fray Juan durante el encierro en Toledo semeja el Salto de Roldán 42, una suerte de acto heroico, imposible de acometer en una sola jornada.
También en 1577, pero ya en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, culminó la escritura de varias de sus principales obras.
En septiembre de 1578 en El Calvario en la serranía jienense, en un enclave aislado y retirado de las tensiones entre calzados y descalzos; con un entorno sosegado y
relajante, en plena naturaleza, disfrutó de una etapa de fecunda creatividad pues parece que aquí compuso los primeros escritos breves: Cautelas, Avisos, Montecillo de
Perfección, el poema Noche oscura y comentarios aislados a las estrofas del Cántico. Pero entre 1582 y 1583 ya en Granada compuso la mayor parte de sus obras, en parte sobre trabajos previos que había elaborado después de salir de la cárcel, tanto en el Calvario como en Baeza. Allí, compiló ordenó y completó el tratado Subida del Monte Carmelo, al cual antepuso el dibujo del Monte de perfección. También redactó el
comentario de la Noche Oscura, el del Cántico espiritual y las cuatro estrofas de su obra más espiritual Llama de amor viva.
En 1584 finalizó la redacción del primer Cántico Declaraciones de las canciones que tratan del ejercicio de amor entre el Alma y el Esposo Christo. También dio forma casi definitiva a los grandes tratados en prosa, Subida, Noche y Llama.
Por último, en 1589 estando en Segovia, en casa fundada, ampliada y mejorada por él mismo, redactó la mayor parte de las cartas que se han conservado.
Fallecimiento
Mientras arreciaba la persecución, fray Juan comenzó a resentirse en su salud. Tenía calenturas con mucha frecuencia. El prior le dijo que fuese a Baeza para curarse, pero él prefirió Úbeda, donde no le conocían tanto. El 28 de septiembre de 1591 salió en borrica para allá, pues tenía la pierna inflamada. Llegados a Úbeda, todos le recibieron con gran contento, excepto el prior. Se conocían de Sevilla, donde fray Juan tuvo que amonestarle.
42
En el pireneo del Alto Aragón existe una formación rocosa que ha venido en llamarse Salto de Roldán por cuanto, según la leyenda, cuando el carolingio Roldan se retiraba hacia Francia, fue rodeado en una de las peñas y para deshacerse de sus perseguidores, espoleó a su caballo de tal suerte que -de un salto- alcanzó la peña de enfrente dejando marcadas sus huellas en la propia roca.
Además de la animadversión personal, motivada también porque no le gustaban los santos, llegaba en un mal momento pues la comunidad estaba a disgusto con su gobierno pues era una persona, agria y rígida, más de ciencia que de gentes, que quería llevarlos a palos a la perfección. Además del desabrido recibimiento, le asignó la peor celda y le obligó a asistir a oficios que no podía.
En esos primeros días, su mal se desató virulentamente. Una erisipela en el empeine del pie derecho reventó en cinco llagas en forma de cruz, que el enfermo miraba con cariño, pues le causaban devoción. El cirujano sajaba la pierna día sí y día también. La presencia de fray Juan no pasó desapercibida. La gente quería verle y ayudarle. Uno de esos días,