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Teresa de Jesús: santa y docta

“Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda; l

la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.”

(Santa Teresa de Jesús)

Introducción

Inicio la introducción a este artículo el 15 de agosto de 2014, día en que comenzamos el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús; y lo dedico a mi madre Teresa, a mi hermana María Teresa, a mi hija María Teresa y a mi nieta Mayte.36

Los organizadores del Centenario señalan que éste ha de “lanzarnos a descubrir que entre las cenizas de este mundo aún caldean las brasas de otro mundo posible, mucho más justo y mucho más humano.”

“Recordar a Teresa de Jesús tendrá, sin duda, el poder de hacernos conscientes de cuánto podemos hacer para que cambien las cosas, si nos decidimos a cambiar nosotros mismos, a optar por una vida más simple y más comprometida, más de acuerdo con el Evangelio de Jesús, el Evangelio del amor.”

“De esa manera, conseguiremos que el Centenario no sea una simple “celebración arqueológica”, ni una huída romántica a un pasado glorioso que se añora con nostalgia, y conseguiremos convertirlo en un tiempo de renovación y reactivación espiritual, de

rejuvenecimiento.”

“Celebrar así esta efeméride nos ayudará, de la mano de Santa Teresa, a afrontar el presente y el futuro con coraje, con creatividad y con decisión, apostando por un mundo más justo, más solidario, en el que cada persona pueda descubrir que es única e

irrepetible, que es amada y que está llamada a ser feliz, pero que no lo será si se cierra en sí misma y no es capaz de abrirse a Dios y a los otros”.

36 Mayte o Maite es un nombre de origen euskérico que significa amor/amada. Pero en la época en la que los nombres en euskera estaban prohibidos fue muy usual registrar a las recién nacidas como Maria Teresa para poder llamarlas Mayte.

Con este artículo pretendo contribuir a estos propósitos y quiero partir de que si la vida de cualquier persona está condicionada por sus circunstancias, como diría Ortega y Gasset (2004), resulta obligado que me refiera a ellas, aunque sea brevemente, para encuadrar la vida de Teresa.

Como nosotros ahora, ella supo que la historia la manejaban unos pocos, pero nunca creyó que no podría cambiar nada. Esa es, quizás, la principal diferencia entre nosotros y ella.

En efecto, vivió en un tiempo en el que reinaba el machismo. Los varones controlaban la historia, empujados por una insaciable sed de poder que les llevaba a enfrentarse en innumerables guerras, a explotar pueblos inocentes.

Vivió tras los muros de un convento de clausura, y, allí, le llegaron tristes noticias que hablaban de enfrentamientos incluso entre los que profesaban su misma religión, de personas que morían sin conocer al Dios que ella amaba.

Es por todo ello que el Papa Pablo VI, en la homilía pronunciada durante el acto de la proclamación de Santa Teresa como doctora de la Iglesia Universal (1970), afirmó: ”la vemos ante nosotros como una mujer excepcional, como a una religiosa que, envuelta toda ella de humildad, de penitencia y de sencillez, irradia en torno a sí la llama de la vitalidad humana y de su dinámica espiritualidad; la vemos, además, como reformadora y fundadora de una histórica e insigne Orden religiosa, como escritora genial y fecunda, como maestra de vida espiritual, como contemplativa incomparable e incansable alma activa. ¡Qué grande, única y humana, que atrayente es esta figura!”.

“Puesta frente a Dios, le conoció como Amigo y Maestro, como Libro Vivo en el que comprender su propia verdad y la verdad del mundo. En Cristo, su Amado, Dios se le revelaba preocupado por la historia, preocupado por los hombres y mujeres de todos los tiempos, preocupado por ella.”

“Teresa supo que, dando su vida por todos, Jesús le había marcado un rumbo y le pedía que siguiera sus huellas y que, andando junto a Él, también ella podría contribuir a

cambiar la historia, a transformar la ciudad terrena en ciudad de Dios, a dibujar sobre este mundo el Reino. Y se puso en camino.”

“Fundó pequeñas comunidades de mujeres empeñadas en demostrar al mundo que el amor puede cambiar el rumbo de la historia. En ellas, sus hijas vivían (y viven aún ahora) amándose unas a las otras, capaces de renunciar a todo en favor de los otros, sin

imponerse, sin vencer la tentación de la avaricia y la preocupación exagerada por nosotros mismos que acaba por hacernos desentendernos de los otros, sabiendo que cada hombre y cada mujer son un compañero de camino cuya vida es una palabra que he de respetar y escuchar.”

Es necesario que indique que el mérito de este trabajo es de aquellos autores a quienes cito en él. A mi me ha correspondido acopiar abundante información acerca de la Santa –í como lo he hecho también sobre San Juan de la Cruz, de quien me cuparé proximamente en otro artículo- , estudiarla, sistematizarla y sintetizarla en torno a un hilo conductor que es la homilia de Pablo VI que acabo de mencionar.

Este artículo consta de tres apartados: la vida de Teresa, su pensamiento y el impacto que que provocó en su época y aún en la actualidad.

Al terminar esta breve introducción, quiero precisar que he respetado en todo momento el estilo gramatical y la ortografía de la época en que vivio la santa.

Vida

Pablo VI (1970) desanima a quien pretenda condensar, en breves palabras, la semblanza histórica y biográfica de Santa Teresa, que parece desbordar las líneas descriptivas en las que uno quisiera encerrarlas.

Pese a ello, me arriesgo a esta pretensión y trataré de ser lo más objetivo posible

apelando al Libro de la Vida y a autores que lo han trabajado; el mérito es suyo el mío es solo el de la selección y sistematización.