CARTAS A VICTORIA LADY WhLBY
P. O Milford Pa Oct 12,
19 Para un análisis am plio de estas categorías, véase C o llected P apers, 1.141 1.353.
El tipo de una idea de Segundidad es la experiencia del es fuerzo, prescindiendo de la idea de una intencionalidad. Se po dría decir que tal experiencia no existe, que hay siempre una intencionalidad hasta tanto se conozca el esfuerzo. Se puede du darlo, pues en un esfuerzo sostenido perdemos pronto de vista la intención. No obstante, me abstengo de entrar en la psicología, que nada tiene que ver con la ideoscopía. La existencia de la pa labra esfuerzo es prueba suficiente de que la gente piensa que ob tiene tal idea, y eso es suficiente. No puede existir la experiencia del esfuerzo sin la experiencia de la resistencia. El esfuerzo sólo es esfuerzo en virtud de que algo se le opone, y no ingresa nin gún tercer elemento. Observe que hablo de la experiencia, no del
sentir, del esfuerzo. Imagine estar sentada sola, de noche, en la
barquilla de un globo aerostático, disfrutando serenamente de la absoluta calma y la quietud. De repente estalla sobre usted el pe netrante chillido de una sirena de vapor, que continúa durante un buen rato. La impresión de calma era una idea de Primeri- dad, una cualidad del sentir. El silbato penetrante no le permite pensar o hacer otra cbsa que soportarlo. Esto también es absolu tamente simple: otra Primeridad. Pero la ruptura del silencio por el ruido fue una experiencia. En su inercia, la persona se identifi ca con el anterior estado de sentir, y el nuevo sentir que llega a pesar de ella es el no-yo. Tiene una conciencia bilateral de un yo y un no-yo. Esa conciencia de la acción de un nuevo sentir, que destruye el sentir antiguo, es lo que llamo una experiencia. Por lo general, la experiencia es aquello que el curso de la vida me ha
obligado a pensar. La Segundidad es genuina o degenerada. Hay
muchos grados de genuinidad. En términos generales, la Segun didad genuina consiste en que una cosa actúa sobre otra: la ac ción bruta. Digo bruta porque en la medida en que aparece la idea de cualquier ley o razón, se presenta la Terceridad. Cuando una piedra cae al suelo, no actúa la ley de la gravitación para ha cerla caer. La ley de la gravitación es el juez en el estrado, que podrá enunciar la ley hasta el día del juicio, pero a menos que el brazo fuerte de la ley, el alcalde brutal, ponga en práctica la ley, ésta viene a ser nada. Es verdad que el juez puede designar una alcalde si hace falta, pero debe tener uno. El hecho de que la pie dra caiga realmente es asunto exclusivo de la piedra y la tierra en el momento dado. Es un caso de reacción. También lo es la exis
tencia, que es el modo de ser de aquello que reacciona con otras
cosas. Pero también hay una acción sin reacción. Tal es la acción
de lo anterior sobre lo subsiguiente. Resulta difícil establecer si la
idea de una determinación unilateral es una idea pura de Segun didad o si implica una Terceridad. Actualmente me parece co rrecta la primera opinión. Supongo que cuando Kant hizo del Tiempo sólo una forma del sentido interno estaba bajo la in-
fluencia de algunas consideraciones como las que siguen. La re lación entre lo anterior y lo subsiguiente consiste en que eí ser anterior es determ inado y fijo para el subsiguiente y éste es inde term inado para el anterior. Pero la indeterminación sólo corres ponde a las ideas; lo existente está determinado en todo sentido y justam ente en esto consiste la ley de la causación. De conform i dad con esto, la relación del tiempo sólo se refiere a las ideas. También se podría alegar que, según la ley de la conservación de la energía, en el universo físico no hay nada que corresponda a nuestra idea de que lo anterior determina lo subsiguiente en cual quier form a en que lo subsiguiente no determine lo anterior. Pues según esa ley todo lo que sucede en el universo físico con siste en el intercambio de una determ inada cantidad de fuerza
viva m por un determinado desplazamiento. Ahora bien,
siendo positivo el cuadrado de una cantidad negativa, se sigue que si en cualquier instante se invirtieran todas las velocidades todo seguiría igual, y sólo el tiempo retrocedería, por decirlo así. Todo lo que ocurrió ocurriría de nuevo en sentido contrario. Me parecen fuertes argumentos para probar que la causación tempo ral (algo muy distinto de la acción dinámica física) es una acción sobre ideas y no sobre existentes. Pero como nuestra idea del pa sado es justamente la idea de aquello que está absolutamente de terminado, fijado, fa it accompli y muerto, en contraposición con el futuro que es vivo, plástico y determinable, me parece que la idea de la acción unilateral, en la medida en que se refiere al ser de lo determinado, es una pura idea de Segundidad, y pienso que grandes errores de la metafísica se deben al hecho de considerar el futuro como algo que habrá sido pasado. No puedo admitir que sea factible expresar la idea del futuro en las ideas Segundas del pasado. Decir que un tipo dado de evento no ocurrirá nunca, equivale a negar que hay alguna fecha en que ese suceso pertene cerá al pasado; pero no es equivalente a ninguna afirmación acerca de un pasado relativo cualquier fecha especificable. Cuan do pasamos de la idea de un evento a decir que no ocurrió nunca o que ocurrirá en una interminable repetición, o introducimos de cualquier manera la idea de una repetición interminable, diré que la idea está mellonizada ([jíaXojv, a punto de ser, hacer o sufrir). Cuando concibo un hecho como actuante pero no susceptible de una acción, diré que es paralelitoso (jiape^XoGús, pasado) y de signaré el modo de ser que consiste en tal acción como paralelito- sino (-ino = eívai, ser). Considero la primera como una idea de Terceridad, la última como una idea de Segundidad. Considero la idea de cualquier relación diádica que no implique ningún ter cero como una idea de Segundidad y no llamaría completamente degenerada a ninguna de estas relaciones diádicas, salvo la rela
ción de identidad. He clasificado las relaciones diádicas de mu chas maneras distintas, pero las más importantes son, primero, con respecto a la naturaleza en sí y, segundo, en relación con la naturaleza de su primero20. El Segundo o R elato21 es, en sí, o bien un Referato si se trata intrínsecamente de una posibilidad, como una cualidad, o bien es un Rerrelato si es por su propia na turaleza un Existente. Con respecto a su primero, el Segundo es divisible en relación con el primero dinámico o con el primero in mediato. En relación con su primero dinámico, un Segundo queda determinado ep virtud de su propia naturaleza intrínseca o en virtud de una relación real con ese segundo (una acción). Su segundo inmediato es una Cualidad o un Existente.
Llego ahora a la Terceridad. Después de haber examinado el tema durante cuarenta años desde todos los puntos de vista que pude descubrir, para mí es tan evidente que la Segundidad es ina decuada para abarcar todo lo que está en nuestras mentes que apenas sé como empezar a persuadir a cualquier persona que ya no esté convencida de ello. No obstante, veo a muchos grandes pensadores que intentan construir un sistema sin poner en el mis mo ninguna Terceridad. Entre ellos se encuentran algunos de mis mejores amigos, que reconocen estar endeudados conmigo en cuanto a ciertas ideas, pero que nunca aprendieron la lección principal. Muy bien. Es altamente apropiado investigar la-Secun- didad hasta sus mismos cimientos. Sólo así se puede poner de manifiesto el carácter indispensable e irreductible de la Terceri dad, aunque para quien tenga aptitud mental para captarlo resul ta suficiente decir que no puede resultar ninguna ramificación de una línea por el hecho de poner una línea al fin de otra22. Mi amigo Schróder se enamoró de mi álgebra de las relaciones diádi cas. Las pocas páginas que le dediqué en mi Nota B en los «Estu dios de lógica por miembros de la Universidad John Hopkins» tenían una extensión proporcional a su importancia23. Su libro24 es profundo, pero su profundidad sólo pone más claramente de manifiesto que la Segundidad nunca puede abarcar la Terceri-