El paradigma está concebido como el nivel más elevado de la teoría, el de los supuestos básicos, que para Thomas S. Kuhn permitía a la ciencia construir explicaciones normalizadas del fenómeno social sobre la base de los conocimientos que produce (KUHN 1971: 7):6
Una investigación histórica profunda de una especialidad dada, en un momento dado, revela un conjunto de ilustraciones recurrentes y casi normalizadas de diversas teorías en sus aplicaciones conceptuales, instrumentales y de observación.
Estos supuestos básicos son puntos de partida teóricos que permiten, en primer lugar, el planteamiento del objeto de estudio y, en segundo, la manera de abordarlo.
Así, para la presente tesis, es necesario definir como punto de partida teórico la concepción acerca del cambio social, respecto del cual históricamente dos teorías se han enfrentado: la que propugna que las sociedades son producto de la suma de acciones individuales y la que, por el contrario, postula que los individuos actúan supeditados a las estructuras de poder, que son las que cambian en el curso de la historia. Para la primera concepción, es posible un cambio social histórico evolutivo y progresivo, mientras que para la segunda las transformaciones se dan por saltos radicales, que renuevan completamente los tejidos sociales. Estas dos concepciones han dado lugar a lo que se conoce como ‘derecha’ e ‘izquierda’, respectivamente (cf. BOBBIO 2000).
Los representantes de la primera concepción se asientan en el postulado de Jean-Jacques Rousseau del ‘contrato social’ (cf. ROUSSEAU 2006), como compromiso fundador de la sociedad, mediante el cual las personas ceden una parte de su libertad al Estado para que éste asegure su desarrollo, protegiéndola del abuso de otros individuos. Para Rousseau éste es un compromiso racional en función de fines también racionales.
En cambio, los representantes centrales de la segunda son Carlos Marx y Federico Engels quienes, en 1848, plantearon que las sociedades están organizadas con base en los intereses económicos y políticos de las clases dominantes, las que por tanto modelan las instituciones de acuerdo a este proceder (cf. MARX & ENGELS 2004).
Una tercera posición que no se encuadra en las anteriores visiones de la izquierda y la derecha es la “Escuela de los Anales” fundada en Francia por Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929, que comprende a la historia como el resultado de una ecuación compleja en la que intervienen no sólo los componentes sociales, también aspectos inmateriales como la orografía, la tecnología de la que se dispone, la economía… dentro de un proceso dinámico que incluye el conjunto de disciplinas sociales. Así se pretende dotar al presente y al devenir histórico a partir de todas las dimensiones del pasado, en un proceso científico interdisciplinario, que permita salir del positivismo de izquierdas o de derechas (BÉNICHOU 2003: 174):
Initiée par Lucien Febvre, Marc Bloch et Fernand Braudel, l’école des Annales se dresse contre l’école positiviste. Elle s’intéresse davantage à l´’activité économique, l’organisation sociale et la psychologie collective qu’à la seule vie politique. Il s’agit d’aborder tous les aspects de l’activité humaine et de mettre en évidence les interactions des différents paliers de la réalité sociale. Dès ses débuts, l’école des Annales opère un glissement d’une histoire traditionnelle centrée sur
quelques individus puissants à l’exploration des mentalités collectives et à l’étude des structures mentales. 7
Ahora bien, la “Escuela de los Anales” viene a enriquecer nuestra perspectiva al hacernos ver que la historia tiene una multiplicidad de factores y causas, además de la económica o la política. Ello no nos impide pensar que existe un cambio social evolutivo y progresivo en la humanidad, y también plantear una evolución similar en el desarrollo de los derechos humanos que fundamente su vocación universal.
Sin embargo, si creemos que los cambios sociales se dan por saltos históricos radicales, tendremos que concluir que los derechos dependen de la época y lugar, y no podrían, por tanto, tener vocación universal.
Para la tesis existe una respuesta posible: plantear una vocación universal de los derechos humanos es sostenible si concebimos, como punto de partida teórico paradigmático, la concepción de la sociedad y sus instituciones como un todo evolutivamente progresivo, que globalmente tiende hacia una unificación.
Es decir, el derecho ha nacido localmente con sus particularidades propias: un tipo de ley para cada pueblo. Pero desde la modernidad, la tendencia se da hacia la universalización de los derechos humanos, varios de los cuales,
7 “Iniciada por Lucien Febvre, Marc Bloch y Fernand Braudel, la escuela de los Anales se
levanta contra la escuela positivista. Se interesa más en la actividad económica, la organización social y la psicología que sólo a la vida política. Se trata de abordar todos los aspectos de la actividad humana y de resaltar las interacciones de las diferentes capas de la realidad social. Desde sus comienzos, la escuela de los Anales realiza un cambio de la historia tradicional centrada sobre algunos individuos poderosos a la exploración de las mentalidades colectivas y al estudio de las estructuras mentales” (traducción libre de la tesis).
como el derecho a la libertad de expresión, son compartidos por numerosos Estados en todo el orbe.
Con todo, debe reconocerse que, en función de intereses históricos de grupos de poder, reacción a los mismos de fuerzas sociales, descubrimientos científicos o técnicos, alteraciones del hábitat (cambio climático, glaciación), o crisis económicas (producidas por los grupos de poder o pese a los grupos de poder), este desarrollo puede no ser lineal, sino sufrir tanto avances como retrocesos.
Esta posición no debe considerarse como un positivismo histórico práctico, sino como la propuesta de fundamentar racionalmente en el mundo de hoy la unificación global de los derechos de la persona que también se hizo históricamente en nombre de la dignidad humana, como idea que igualmente es hija de la modernidad occidental y que comparten juristas iberoamericanos (CARPIZO 2011: 5):
Considero que encima del derecho positivo sí existe una serie de principios, cuyo fundamento es la noción de dignidad humana, principio que se ha reconocido internacionalmente y que es parte esencial de nuestro acervo cultural. Principio universal porque la historia de los pueblos coincide en su lucha por hacerlo objetivo. La dignidad de la persona como principio superior que ningún ordenamiento jurídico puede desconocer.
Esta propuesta se desarrollará concretamente cuando veamos la evolución histórica de los derechos humanos, así como la del derecho a la libertad de expresión al derecho a la información.
2.2. Teoría general. La formalización progresiva y acumulativa de los