1.6 A LGUNAS CLAVES PARA LA LECTURA TEOLÓGICA DEL CCE
1.6.4 Pautas complementarias
Podríamos extendernos en la enumeración de otras claves de lectura. Añadamos lo que dice el mismo CCE en el Prólogo bajo el título: “Indicaciones prácticas para el uso de este catecismo” (18-22). Especialmente importa, como criterio metodológico para una lectura justa del CCE, lo que se dice en el n. 18: “Este catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad”. Vamos a retener esta consigna: “leerlo como una unidad”. Indica luego la razón de ser de la distinta tipografía empleada.95
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En los tres textos hemos subrayado nosotros las palabras destacadas.
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Cf. CH.SCHÖNBORN, Dios ha enviado a su Hijo. Cristología, Valencia 2006, 41-56 (a partir de aquí esta obra será citada simplemente como: Cristología).
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“Donde no existe ningún Padre, tampoco existe ningún Hijo. Donde no existe una relación con Dios, tampoco es comprensible quien en su esencia no es otra cosa que relación a Dios, al Padre; aunque sin duda es posible asignarle muchas notas particulares. Por lo tanto, la participación en los sentimientos de Jesús, es decir, en su oración –que es (como hemos visto) un acto de amor, de desapropiación y de entrega de sí a los hombres– no es una especie de condimento pío de la lectura del evangelio, que no contribuiría en realidad a su conocimiento o que sería, incluso, contraproducente para la estricta pureza del conocimiento crítico. Por el contrario, participar en su oración es el presupuesto fundamental para que pueda realizarse un genuino conocimiento en el sentido de la hermenéutica actual, es decir, devenir contemporáneo y sintonizar con sus mismos sentimientos” (J. RATZINGER, Miremos al Traspasado, Rafaela 2007, 29-30).
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Para ciertos pasajes se emplea letra pequeña, se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales complementarias; también en letra pequeña aparecen citas de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas que enriquecen la exposición doctrinal. Además, al final de cada unidad temática hay un resumen compuesto por una serie de textos breves que traen en fórmulas condensadas lo esencial de la enseñanza.
Por último, vale la pena prestar atención al logotipo del mismo Catecismo y que, de un modo sencillo y plástico, concentra lo que el libro nos quiere dar y lo que el fiel debe disponer para recibirlo. El dibujo está inspirado en una lápida sepulcral cristiana de las catacumbas de Domitila, en Roma, del final del siglo III. La imagen sugiere el misterio de Jesucristo, Buen Pastor, que guía y protege a sus fieles (las ovejas) con su autoridad (el cayado), los atrae con la sinfonía melodiosa de la verdad (la flauta) y los hace reposar a la sombra del “árbol de la vida”, su cruz redentora que abre las puertas del paraíso.
“La metáfora del buen pastor es capaz de sintetizar dos aspectos que podrían parecer contradictorios: el de la autoridad y el de la amistad. El pastor debe ser fuerte para defender su rebaño, pero al mismo tiempo es capaz de amar tiernamente... En el logotipo propuesto, se nota que el pastor está sentado y tiene el bastón en la mano. En la simbología el estar sentado es signo de autoridad, símbolo del maestro que enseña; el bastón, para el pastor nómada, es en cambio, signo del camino. También estos detalles ayudan a entender la finalidad del Catecismo. La enseñanza recogida en él explica la fe de la Iglesia que tiene necesidad de llegar a la fuente primera: la palabra de Dios que leída, interpretada auténticamente por los pastores y vivida durante el curso de los siglos constituye nuestra historia... El bastón del pastor indica precisamente esto: el largo camino que se debe recorrer. Es el futuro que está ante nosotros lleno de esperanzas, futuro en el que el «empeño de la fe» (1 Ts 1, 3) solicitará el crecer en la verdad toda entera (cf. Jn 16, 13) y el vivirla coherentemente en la participación en una responsabilidad común de la que nadie puede eximirse.
(...).
El buen Pastor, sentado con el bastón en la mano, está tocando la flauta. La música es el símbolo de la melodía y de la belleza de la enseñanza del Pastor. En este momento el camino necesita una pausa. Se necesita recuperar las fuerzas y examinar la situación. La oveja está sentada junto al Pastor y lo mira y escucha con confianza. Esta es la actitud fundamental que ha de guardar en relación a la música del Maestro: la disponibilidad a escuchar porque él no quiere y no puede engañar.
(...).
El logotipo está también envuelto como en un marco por el árbol de la vida. Es el árbol puesto en el centro del jardín del Edén (cf. Gn 2, 8), es el mismo árbol que, renovado por la sangre del Cordero, aparece de nuevo en el Apocalipsis; árbol que «da doce cosechas y produce frutos todos los meses, las hojas del árbol sirven para curar las naciones» (Ap 22, 2). Bajo la sombra de este árbol de la vida los creyentes encuentran reparo, escuchando la palabra del Pastor y estudiándola, y orientan su mirada al camino que todavía queda por recorrer”.96
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R. FISICHELLA, Valores supremos y límites inevitables del “Catecismo de la Iglesia Católica”, en