LUIS LÓPEZ BALLESTEROS.
II. PENSAMIENTO POLÍTICO.
En el aspecto ideológico, la figura de López Ballesteros suscita pocas dudas; su fidelidad a la monarquía absoluta y su adhesión no sólo ideológica, sino personal, a Fernando VII es del todo innegable: desde su participación en la Guerra de la Independencia a su relativo apartamiento de la vida pública durante el trienio .
Los presupuestos ideológicos en los que se mueve Luis López Ballesteros son los típicos del absolutismo. En ningún momento sus intentos de reformas responden a la intención de introducir elementos de apertura de carácter político, sino que se trata exclusivamente de dar salida al funcionamiento esclerótico de la maquinaria del Estado y a la caótica situación del Tesoro.
Se le puede considerar, en su pensamiento, heredero de la ideología reformista del despotismo ilustrado, Sin embargo, por confrontación con el radicalismo de otros elementos que formaron parte de los gobiernos de Fernando VII, sus ideas absolutistas no dejan de ser templadas. Formaba parte de ese grupo de reformistas que rodeaban al monarca y que se han llamado
“moderados o fernandinos”, a pesar de que SUÁREZ señala que las relaciones
de López Ballesteros con Zea Bermúdez, al parecer cabeza de este grupo, no fueron buenas. Sin embargo, parece que ambos, aun partiendo de presupuestos ideológicos distintos, tenían conciencia de que no era posible mantener las estructuras existentes, y de que únicamente la introducción de algunos cambios en la estructura económica y administrativa posibilitaría el mantenimiento de la monarquía de Fernando VII.
Pero López Ballesteros sobre todo debe ser considerado como un tecnócrata en cuanto que las medidas que propone van encaminadas exclusivamente a introducir elementos organizativos y criterios de racionalización en la gestión de su Ministerio, y responder al penoso estado de la Hacienda utilizando las herramientas que se consideraban en el momento
más acertadas y novedosas desde el punto de vista de la Economía política como ciencia, en concreto el recurso al endeudamiento. No obstante, la mayoría de las medidas que propone encontraron la frontal resistencia de los miembros más radicales del propio Consejo de Ministros, y sobre todo con la del Consejo de Estado, institución en la que se reunían figuras representantes del absolutismo más acendrado, y que retardó con dictámenes negativos la introducción de los presupuestos y sobre todo la creación del Ministerio de Fomento.
No obstante lo indiscutible de la fidelidad del López Ballesteros a Fernando VII y a la monarquía absoluta, ya entre sus contemporáneos tenía fama de persona abierta a nuevas ideas. MESONERO ROMANOS en sus
Memorias, lo presenta como único representante en los gabinetes de Fernando
VII de “la ilustración y la tendencia civilizadora”, y afirma que en el ejercicio de sus responsabilidades ministeriales desplegaba “celo y buen sentido,
adoptando medidas sensatas y favorables”30. Esta visión de sus contemporáneos como persona de talante moderado y conciliador, probablemente tenga mucho que ver con los componentes de su equipo de colaboradores en el Ministerio; hasta el punto de ser conocido el Ministerio de Hacienda como “los Estados Unidos”, por lo heterogéneo de la adscripción ideológica de sus empleados y la convivencia pacífica que marcaba las relaciones entre ellos. También es posible que esta visión dulce de sus contemporáneos responda a la comparación que podían establecer con otros compañeros de Gabinete, figuras verdaderamente tétricas y oscuras como Calomarde.
En todo caso, aunque López Ballesteros no participase de las ideas liberales, más o menos extremas, durante sus años al frente del Ministerio de Hacienda, reconociendo la capacidad y la preparación como cualidades no desdeñó como colaboradores a personajes de ideología mucho más aperturista, fundamentalmente afrancesados, generalmente autores intelectuales de las medidas que bajo su nombre aparecían el La Gaceta de Madrid; entre ellos, por supuesto destacan Javier de Burgos y Pedro Sainz de
Andino o Miñano, pero se cuentan muchos más: J. Pedro de Vicenti, como director de la Caja de Amortización, José Pinilla (José López Juana Pinilla), o el banquero Remisa. Incluso contó con la colaboración de liberales reconocidos como el antiguo ministro del trienio Ramón López Pelegrín, nombrado miembro del Consejo Real.
Esto no resulta sorprendente, toda vez que entre los afrancesados y los liberales se encontraban los sujetos mejor preparados y más capaces ya que entre ambos grupos se repartía la elite intelectual del país, heredera de la Ilustración, y López Ballesteros buscaba sobre todo la eficacia en la gestión y el orden en la marcha de los asuntos en su Ministerio, para lo cual resultaba indispensable contar con empleados suficientemente preparados y capaces de desempeñar las funciones que les fueran encomendadas. Puede que esta circunstancia lleve a COMELLAS a afirmar que López Ballesteros era un hacendista de talante abierto, pero sin ideología definida31.
Sin embargo, estas colaboraciones no contaron con la aprobación general; en determinados momentos (durante la negociación de los empréstitos en París) aparecieron caricaturas que hacían referencia a López Ballesteros, Javier de Burgos y Alejandro Aguado como exprimidores de los recursos nacionales 32.
En todo caso, y aunque resulte reiterativo, la fidelidad de López Ballesteros a la Monarquía absoluta tenía una gran componente de fidelidad personal a Fernando VII, de modo que la muerte de éste supuso su separación de la esfera de influencia política, aunque con posterioridad fuese senador en diversas legislaturas y ocupase el cargo de Vicepresidente del Consejo de Ultramar, eso sí, siempre bajo los auspicios de gobiernos de la tendencia liberal más moderada.
30
MESONERO ROMANOS, R, Memorias de un setentón, Madrid,1980, P 334. 31
COMELLAS, J.L, Isabel II, una reina y un reinado, Airel, Barcelona,1999, P 17. 32
“En febrero de 1831 hizo Aguado su ostentoso viaje a Madrid; el 24 aparecieron, fijados en las paredes de las calles, unos pasquines caricaturescos. España era presentada como un esqueleto con solo carne en un pantorrilla, y allí agarrados a ella, López ballesteros, Aguado y Burgos”. SUÁREZ F, Documentos del
reinado de Fernando VII. López Ballesteros y la hacienda entre 1823-1832 vol I. Editorial de