ENTRE LOS USOS DEL SUELO, LAS INFRAESTRUCTURAS VIARIAS Y LA PLANIFICACIÓN URBANA
1.1 SECTOR TERCIARIO
1.1.2 PERSPECTIVA GENERAL DEL PROCESO DE TERCIARIZACIÓN
La importancia de estas actividades posiblemente se haya debido al proceso de terciarización experimentado a lo largo del último tercio del siglo XX, relacionado con un profundo cambio del sistema económico internacional.
Empieza a manifestarse a principios de los años 60 con el desmantelamiento de centros industriales importantes en Estados Unidos y en el Reino Unido, o la industrialización de países del Tercer Mundo; más tarde, con la creciente internacionalización de los mercados y las relaciones económicas, basada en la interrelación de unas regiones metropolitanas; y por último, en el reforzamiento de las conexiones de transporte, y las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), que han hecho posible un nuevo escenario determinado por la globalizaciónde las economías (SASSEN, 1992, 35).
La nueva dinámica económica ha permitido la modernización, reestructuración y el crecimiento de muchas ramas del sector terciario; y este desarrollo de las actividades terciarias ha desplazado, según algunos autores, el concepto clásico de competitividad basado en las ventajas comparativas entre empresas hacia el concepto de competitividad entre espacios físicos, que sirven de soporte a la actividad económica, acentuando un dualismo productivo.
Es decir, por una parte, se produce una mayor dispersión a escala mundial de las empresas, y por otra, una integración en los mercados mundiales de los procesos direccionales, financieros y comerciales, conformada por un conjunto de grandes metrópolis (“ciudades globales”) como Nueva York, Londres, Tokio y París, y otras de menores dimensiones como Madrid y Barcelona.
Esto es, el crecimiento o expansión del terciario se debió (ESTEVAN, 1989, 63) a dos fenómenos, por un lado, a una tendencia a la terciarización de la producción o desindustrialización, y, por otro, a la descentralización o “externalización” de ciertas tareas terciarias, en sus dos dimensiones, la descentralización productiva y de descentralización territorial o espacial.
El resultado ha sido un proceso de concentración y desconcentración de usos terciarios en el espacio. La estructura de la localización del terciario se convierte, así, en un elemento esencial, puesto que su eficacia no depende tanto de las actividades singulares de las empresas sino de la interdependencia que se establece (GARCÍA y SANZ, 1990, 141, 142).
C
17
C O N T E N I D O T E S I S
La terciarización o desindustrialización ha supuesto el desplazamiento de las economías industriales hacia otras empresas de servicios, más complejas, apoyadas en la producción, organización y distribución de la información.
La externalización o descentralización de las diversas fases de producción, es un proceso de dispersión y deslocalización de ciertas actividades que antes se hacían en el interior de las empresas, a otras empresas de servicios a la producción, o la integración espacial de las funciones direccionales.
En este sentido, la división del trabajo determina una creciente especialización, y también una mayor interdependencia de las actividades productivas (GARCÍA y SANZ, 1990, 140). Luego, la externalización también es el resultado de una mayor necesidad de información, el incremento de funciones auxiliares, el fomento y la innovación tecnológica (tanto tecnológica como organizativa de las empresas), entre otros factores.
La ventaja, en general, de una descentralización o externalización se traduce en “mayores niveles de integración productiva interempresarial, a la vez que favorece la flexibilidad y movilidad y, sobre todo, fomenta la competitividad en la prestación, competitividad que es tanto cualitativa como cuantitativa. Por otro lado, esta demanda externa y el surgimiento de sectores específicos permite la mejora de su estudio a través de técnicas Input-Output[1].” (GARCÍA y SANZ, 1990, 141).
Pero quizás lo más importante de la descentralización de tareas no haya sido el mayor número de empleos y la creación de nuevas empresas especializadas, sino que este fenómeno ha llevado asociadas nuevas relaciones territoriales entre los centros de producción terciaria y los centros de consumo localizados sobre los tradicionales espacios industriales.
El elevado nivel de dinamismo manifestado por el sector terciario ha provocado transformaciones en las relaciones entre éste y el espacio que ocupa, en las estrategias regionales, en el papel de las ciudades y en el ritmo de los procesos de urbanización; contribuyendo a modificar la estructura metropolitana monoconcéntrica hacia un modelo policéntrico, más complejo, con “nuevas centralidades”.
Los criterios de localización también cambian, exigiendo una mayor cualificación a los espacios productivos. Esta modificación se ha visto favorecida seguramente por los nuevos sistemas de infraestructuras, y en particular por el sistema viario, que haya contribuido a articular el territorio: la disminución generalizada del peso relativo de los costes del transporte y el avance de las comunicaciones hacen que muchas decisiones empresariales respecto a la elección del sitio contemplen nuevas alternativas de localización, localización que, como ya se ha comentado, es la clave de la
competitividad.
La integración de las regiones en el contexto europeo ha reforzado el papel de algunas, como el caso de Madrid, que se ha situado como centro de servicios a escala nacional e internacional por la creciente importancia que adquiere el intercambio de información frente al intercambio de productos, y su situación, físicamente periférica con respecto al centro de gravedad de la economía en Europa, tendrá cada vez una importancia menor.
Algunas explicaciones y modelos realizados para entender este desarrollo del terciario observado en paralelo al progreso económico, se han apoyado en las categorías conceptuales tradicionales, es decir, en la agricultura, la industria y los servicios2, y han utilizando distintas tradiciones teóricas como la neoclásica, keynesiana,
neo-ricardina, etc.
En otros estudios realizados, ha pasado de ser considerado como un sector que crece de la mano del sector industrial a ser un elemento fundamental en el desarrollo regional de cualquier sociedad actual.
Un primer esquema de análisis, asociado a una lógica determinada por las etapas de crecimiento económico, ha estudiado el sector servicios para explicar su tendencia expansiva (Fischer, 1933; Colin Clark, 1940; Rostow, 1960; Fuchs, 1968; Singelmann, 1978, etc.) (GARCÍA y SANZ, 1990, 137). Pero estos análisis lo que han hecho ha sido verificar las formas, más que las causas del crecimiento de las actividades terciarias (CUADRADO ROURA, 1992, 258).
Un segundo esquema de análisis, se ha sido enfocado al estudio del sector industrial, en términos de desindustrialización (Blackaby, 1978; Bluestone y Harrinson, 1982; etc.) a la llegada de la sociedad post-industrial (Bell, 1973; Gershuny, 1978; Gershuny y Miles, 1983; etc.) (GARCÍA y SANZ, 1990, 137).
Aunque, este análisis en torno a la “desindustrialización” (o terciarización), desarrollado a partir de la última crisis económica internacional, tampoco ha sido capaz de mostrar los cambios que experimentan los servicios. En unos casos (para Pavit, 1980), porque se hizo para las actividades manufactureras, en los cambios producidos en ellas y en la demanda de productos industriales. En otros casos, porque se justificó el desplazamiento del sector industrial por el aumento del sector público, y en otros, porque se explicaba con el “modelo” de las etapas del crecimiento al estilo Rostow (CUADRADO ROURA, 1992, 258).
C
19
C O N T E N I D O T E S I S
Quizás el motivo por el que la descentralización terciara, en numerosos estudios, haya sido comparada con las actividades industriales que se las ha identificado de forma casi exclusiva, haya sido porque la determinación de la estrategia de integración o descentralización es igual para cualquier estructura gerencial3, de hecho, se puede
aplicar a las actividades del terciario interno de las empresas los conceptos de proceso divisible y proceso continuo, tradicionalmente aplicados a las industrias manufactureras (GABINETE DE ECONOMÍA APLICADA, 1991, 42). Sin embargo, para A. Estevan (1989, 65, 66), este fenómeno ha sido el resultado de una opción o conjunto de opciones en la organización de la empresa para aumentar su eficacia productiva y los beneficios, más que organizar actividades puramente industriales.
“En la búsqueda –según CUADRADO ROURA, 1992, 258- de una base explicativa de la evolución de las estructuras productivas, todos estos enfoques se han visto prácticamente sustituidos en los últimos años por otro que parece mucho más ajustado y fructífero. Por una parte, se ha pasado a considerar y analizar conjuntamente los cambios que se vienen produciendo en la industria y en los servicios, ya que, en gran medida, constituyen un proceso interrelacionado; y por otra, se otorga prioridad a la realización de análisis mucho más desagregados por ramas, en lugar de proseguir la línea de los enfoques globales que había dominado anteriormente.”