• No se han encontrado resultados

PISO COMPARTIDO

In document 95669028-el-nuevo-Adan (página 87-90)

CAPITULO IV: ADÁN CONOCE A EVA %

6.1. PISO COMPARTIDO

Nos hemos levantado esta mañana de sábado casi a medio día, hoy hay desayuno especial porque ella se ha quedado dormir. Ayer fuimos al teatro a ver un musical de flam

enco y le encantó. Me siento muy feliz en este momento y me gustaría compartirlo con migo... Antes de salir de la habitación le he dado un beso y he ido a la cocina a preparar el desayuno. Mientras estaba exprimiendo unas naranjas, ha llegado una de mis compañeras de piso de trabajar, me ha visto atareado en la cocina haciendo desayuno para dos y ella ya sabe lo que significa. Ha puesto una sonrisa cómplice mientras aplaudía. Tenemos un muy buen ambiente en casa mis dos compañeras y yo. Des pués de convivir con mujeres durante cinco años aprendes muchas cosas y me diré que ap arte de eso, es una de las mejores experiencias personales que he tenido la opor

tunidad de vivir.

La convivencia es algo que deberíamos aprender todos, antes de encaminar una relac ión de pareja formal con una mujer, o empezar un futuro matrimonio. No entiendo a día de hoy, como parejas que no ha compartido ni si quiera un par de meses de conv ivencia bajo el mismo techo, por el mero hecho de comprarse una casa, toman la d ecisión de vivir juntos definitivamente. Cuando digo definitivamente, lo digo al m enos sobre el papel, porque la vida da muchas vueltas, y lo que piensas, crees y sientes hoy mismo, no tiene por qué ser lo mismo que piensas, creas o sientas mañan a. Conozco casos muy cercanos de parejas de novios, que han estado saliendo dura nte años, eso si, viviendo en casas separadas. De pronto han decidido dar el paso de comprar una casa conjuntamente, irse a vivir juntos, y a los pocos meses han pasado a estar peleados por ver quien de los dos se queda con la casa, quien de los dos compra la parte del otro, o como se reparten los beneficios de la venta de un inmueble. Si... A esto han quedado reducidas muchas relaciones, a una incómo da disputa inmobiliaria. Todo por no conocer en convivencia a la persona con la que compartes amistad, cariño, emociones, respeto y algo más.

No hablando ya de pareja, si no de convivencia en sí, es algo a lo que tarde o tem prano todos nos enfrentamos. Según mi más que modesta experiencia conviviendo con ot

ras personas, puedo decirte que lo imprescindible para que una casa funcione son dos cosas:

LA CONVIVENCIA

RESPETO E IGUALDAD DE CONDICIONES.

Dentro del respeto, me diré que por el hecho de que convivas con una mujer, nunca tienes que dejar de ser tú mismo, esto es algo muy importante desde el primer día no ya para la relación, si no para mi mismo. Es en mi casa el primer lugar donde has de ser tú, el respeto a la mujer con la que compartes una convivencia, empieza po r el respeto a mi mismo. Además si vas a compartir techo, día tras día, el pretender o cultar mis defectos solamente me valdría para aplazar una muy posible discusión o ru ptura, cuanto más trates de ocultar mis defectos o mis peculiaridades, más se irá agra vando por debajo esa futura discusión o ruptura.

Es mejor que desde el primer día, la convivencia sea un poker con las cartas al de scubierto. Como somos hombres de carne y hueso, ni ángeles perfectos ni santos var ones, hemos de recibir el mismo respeto que damos a cambio. ¿Por qué me digo esto? E n la convivencia los hombres tendemos a delegar "la casa" en manos de ella. No q uiero ser tópico, pero me darás cuenta en cuanto convivas con una mujer que tienen u na sensibilidad especial, para asumir la casa como suya. Con esto no quiero deci

r ni que limpien más, ni que planchen más, ni que cocinen más... Es más, me vas a llevar una gran decepción si lo que estás buscando es un mujer-madre-chacha, vete olvidand o ya, porque las mujeres llevan dejando esos roles por más que en la televisión diga n lo contrario. ¿Por qué lo se? Porque convivo con dos mujeres adultas, independient es y trabajadoras, que se han empeñado en contratar a una asistenta que viene todo s los jueves. Una de las preguntas que me hizo mi madre a los pocos meses de emp

ezar a vivir con mi compañera fue "¿Y cómo cocina mi compañera? ¿Te cocina bien?". Como pu edes entender, esta pregunta me dio risa por lo obvio. Traté de explicarle a mi ma

dre ante su asombro, que nos llevamos muy bien, pero que cada uno se hacía lo suyo , como es normal en un piso compartido.

Con lo de asumir la casa como suya, me refiero a ponerla a su manera, a darle su toque personal, a ocupar con sus cosas cada espacio, a llenar los armarios con sus cosas, a decorar el salón a su manera, a monopolizar el espacio del cuarto de baño en un ochenta por ciento (te aseguro que ellas usan al menos seis o siete vec es más productos de aseo que tú y que yo, querido amigo)... Me refiero a estas cosas tan cotidianas y tan normales, con las que te

encontrarás en cuanto convivas con una mujer. ¿Qué tiene que ver todo esto con el resp eto? me recuerdo que tú también estás en mi casa, y mi espacio personal me pertenece s olamente a ti, el espacio común o compartido es de los dos.

Es una consecuencia de tener una personalidad sana y desarrollada, el que mi esp acio personal (tu habitación, mi estudio, mi rincón, mi cueva o como lo quieras llam ar) sea reflejo de mi mismo, que esté a mi manera y a mi gusto. Es mi espacio, mi territorio, mi intimidad y ha de estar a mi manera. Tanto en un piso compartido, como en una pareja, como en un matrimonio, es importante que mi territorio sea mio realmente, que tengas un espacio íntimo además del espacio compartido. En este s entido has de ser totalmente fiel a mi mismo y no renunciar a un solo centímetro c uadrado de espacio que necesites para ti. Acuérdate bien de esto, cuando estés convi viendo con una mujer, me aseguro que vas a tener que recurrir a estas palabras. El primer lugar donde has de estar cómodo y ser tú mismo es mi casa.

Tu estilo de música, mi forma de vestir, mi ropero, mi propio orden, las visitas d e mis amigos, mi espacio en el frigorífico, en el baño, mis DVDs, ver mis programas de TV, etc. Es cierto que con el tiempo vamos evolucionando, cambiando de gustos , de forma de vestir... Lo que quiero que entiendas es que todo esto ha de salir e ti. Algo importante en la convivencia, en referencia a jugar con las cartas a l descubierto,es que verbalices tanto mis acuerdos, como mis desacuerdos en este "piso compartido" con ella, o con quien sea. Es importante que desde el primer momento expreses mis condiciones, mis necesidades de espacio, mis gustos, mis vi sitas y todas aquellas cosas que sean importantes para ti. Es la única forma de de spués no llevarse sorpresas desagradables, problemas de convivencia o conflictos q ue se podían haber evitado simplemente con algo más de comunicación, habiendo verbaliz ado una declaración de principios.

Piensa que al igual que tú, las personas con las que estás conviviendo, tienen también vidas independientes, tienen derecho a su espacio, a vivir su vida, a recibir v

isitas de sus amigos, parejas, etc. Quiero ponerte un ejemplo práctico, en cuanto al respeto en la convivencia, vivido por mi en primera persona:

Hace unos dos años, mi compañera de piso y yo, nos vimos obligados a buscar un terce r inquilino para poder sostener el alquiler, ya que entre dos era algo imposible . Había estado

LA CONVIVENCIA

conviviendo con nosotros un chico del País Vasco, que por trabajo y por pareja dec idió regresar. Optamos por buscar una mujer, para darle otro aire a la casa y dura nte una semana tuvimos la casa llena de chicas viendo la casa, a cada cual más dis tinta... Lo cierto era que debido a la confianza ya existente entre ambos, antes de que terminara la entrevista con la chica en cuestión, con una simple mirada ya sabíamos si la chica gustaba o no gustaba.

En una de las entrevistas, estábamos a punto de darle el si a una chica que vino a ver la casa. Sus referencias eran buenas, era simpática, trabajadora... La habíamos conocido por una amistad de mi compañera. Saqué un cigarro y me lo encendí, en casa f umamos ambos, actualmente fumamos mis dos compañeras y yo. Cuando empecé a fumar, mi entras la entrevistada hablaba con mi compañera, me percaté que no paraba de mirar f ijamente al cigarro mientras se tocaba nerviosamente el cuello de la camisa como

protegiéndose. Obviamente no se sentía cómoda, se estaba conteniendo poniendo una son risa forzada desde que me encendí ese cigarro, hasta que no pudo aguantar más y preg untó: "¿Fumáis los dos en casa?". Nuestra respuesta fue si. Ella respondió con bastante ego y de forma altiva, he de admitir: "Pues que ambos fuméis va ser un problema".

Nos miramos mi compañera y yo con algo de incredulidad y ella con bastante diploma cia dijo: "Bueno, se está haciendo tarde...Mañana tenemos que ver a dos chicas más y y a me confirmaremos nuestra decisión".

Supongo que la entrevistada dio por hecho, que la habitación ya no sería para ella. Imagina por un momento que esta chica no hubiese mostrado durante la entrevista su rechazo al tabaco. me seguro que hubiera sido ella quien hubiera entrado a vi vir con nosotros, pero... ¿En qué condiciones? Probablemente el tema del tabaco hubi era sido ya un problema de convivencia desde el primer día, fruto de discusiones, incomodidad y respeto. Es cierto que en mi casa tienes derecho a respirar el air e que quieres respirar, no el que se me imponga. En este sentido nunca mientas, nunca ocultes mis verdaderas preferencias por miedo a agradar, o por miedo a per der un estatus y usa condiciones de convivencia dignas y respetuosas para mi mis mo. Desde el primer día es importante que tengas esto bien claro: ERES EL ÚNICO RESP ONSABLE DE mi BIENESTAR. Nunca has de delegar en nadie el respeto por mi mismo y más, en un aspecto tan básico y tan cotidiano como es la convivencia.

En cuanto a la igualdad de condiciones, tenemos que ponemos en un plan más "legal" y menos romántico o amistoso, porque en muchas ocasiones, la igualdad de condicio nes en la convivencia no es práctica. Por agilizar la convivencia, se puede partir de desigualdades que en principio no nos tienen por qué parecer tales, porque ya puede existir o se ha generado una confianza. Estas desigualdades son concretas, van desde la propiedad de la casa, lo que paga cada uno de vosotros, que solame nte uno de los dos tenga trabajo, que hayáis sido una pareja habiendo terminado la relación, mis obligaciones como inquilino o invitado, la limpieza, o incluso una deuda que me haga tener un compromiso de permanencia con la persona con la que c onvives.

No es lo mismo que los dos entréis a vivir de alquiler en un piso vacío, en igualdad de condiciones, que por ejemplo vayas a vivir a la casa que es propiedad de mi pareja... No, no es lo mismo. En el primer caso, los dos estáis al mismo nivel y s

erá mucho más fácil que repartáis vuestro espacio vital, los dos empezáis de cero, tenéis el mismo nivel de compromiso hablando sobre el papel, podemos decir que los estatu

tos de la convivencia están todavía por escribir. Los dos tendréis el mismo apego a la casa desde el principio, eso sí os tendréis que adaptar al uno al otro, pero partie ndo de una igualdad de condiciones.

En el caso de que seas tú el que vaya a vivir en casa de mi pareja,la cosa cambia y mucho. Si... Os queréis mucho, ella está encantada de que vayas a vivir con ella,

pero es su casa, es su espacio, su territorio, lo tiene a su manera y me va a te ner que hacer un sitio. ¿Eso qué quiere decir? Va a tener que renunciar a parte de s u espacio para que ahora entres tú. Es su casa y su apego a ella es mucho mayor qu e el mio, por lo que desde que entres por la puerta, has de ser consciente que m i presencia va a afectar y mucho. Ella ha puesto un esfuerzo, una dedicación y un capital, para que es casa funcione y sea fiel reflejo de su forma de ser, de su personalidad. Descálzate antes de entrar.

Fíjate, como el que entres en su casa, es un ejemplo muy gráfico de tolerancia. Ella en cierta medida ha de renunciar al cien por cien de su espacio para que tú también me sientas como en mi casa. Valora esto, porque es un signo claro de respeto ha cia ti, y lo menos que puedes hacer, es devolverle este respeto, haciendo que mi entrada en convivencia sea lo menos

LA CONVIVENCIA

agresiva posible, siendo consciente de que mi estancia genera un impacto. En la medida de lo posible, aprende a ponerte en su lugar, en el fondo es su espacio y su territorio por mucho que os queráis. Una cosa muy importante, ahora que ya sab es que estás en su casa: si ella me respeta y si mi haces por facilitar la convive ncia, ella no me recordará que estás en su casa. Esto es importante, alguien que me recuerda constantemente que no estás en mi casa, es alguien que no me respeta, y d onde no hay respeto, no hay ni amistad, ni cariño, ni amor, ni convivencia ni nada de nada.

Quizás para entenderlo mejor, debas imaginarlo a la inversa: que sea ella quien ve nga a vivir a mi casa. ¿Te gustaría que entrara como un huracán disponiendo de todo el espacio como si le correspondiera por nacimiento? ¿Cómo me sentirías? Aunque como ya hemos dicho anteriormente, ellas tienden a asumir el hogar como suyo y pretender

que no transforme en cierta medida, este hogar que ahora sería más de los dos, es p edirle que no se mujer. Desde la igualdad de condiciones en el origen de la conv ivencia, siempre será más fácil la adaptación para ambos.

In document 95669028-el-nuevo-Adan (página 87-90)