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Por la superación del colonialismo interno

EN TORNO A LAS CONCEPCIONES TEORICAS Y POLITICAS DE VICTOR HUGO CARDENAS

2.3. Por la superación del colonialismo interno

En este acápite nos interesa desarrollar algunas temáticas axiales del pensamiento político e intelectual de Víctor Hugo Cárdenas. Sin duda, el más importante es el tema del colonialismo, que ciertamente ha merecido (y aún merece) una profunda reflexión. Uno de los méritos teóricos y políticos más importantes de Cárdenas y del conjunto del movimiento katarista es, sin duda, el reconocimiento de la persistencia colonial, del colonialismo y la colonialidad dominantes.

Desde mediados de la década de los setenta, durante la resistencia anti- dictatorial, los militantes: ideólogos y activistas kataristas empezaron a hablar de que Bolivia, después del secular dominio del colonialismo externo (español), entró, con la fundación de la República criolla, a la fase del colonialismo interno, que se produjo cuando el poder blanco mestizo (que no indígena u originario) sustituye al español.

La categoría de colonialismo interno, como un concepto estructurador del conjunto de la sociedad boliviana, es una creación propia de los intelectuales y pensadores del movimiento katarista, es decir que esta comprensión teórica se la

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produjo de manera independiente de Pablo Gonzáles Casanova125. Los ideólogos del movimiento katarista arguyen que, en la década de los años setenta, aún “no conocíamos sus trabajos”.

Si bien han existido (y existen) investigadores que han teorizado sobre este tema, el colonialismo ha sido entendido, básicamente, como la relación entre Estados, es decir entre un Estado que somete y otro que es sometido. Cárdenas considera que hay que darle otro sentido a esta relación de dominación y es por ello que él habla de colonialismo interno y afirma que Bolivia, en su estructura social básica, se define por el colonialismo interno; es decir de la existencia de una serie de relaciones coloniales dentro de la misma sociedad y Estado bolivianos.

La fundación de la República de Bolivia marca el paso de un colonialismo externo a un colonialismo interno. Recordemos que, en el momento de la creación de Bolivia, la sublevación de los Amarus y Kataris, que hizo temblar los cimientos del régimen colonial, había sido derrotada y es en su lugar que emergió el proyecto de los sectores criollos, que es el que empieza a articularse y es también el que va a fundar Bolivia. Así:

“El sentido político estatal (de la fundación de Bolivia) es criollo porque es la consecuencia de la perspectiva y del contenido criollo. Pero, hay que ir un poco más allá, ese proyecto criollo en su contenido central era proyecto realista, proyecto chapetón, o si quieren -para nuestros criterios- proyecto colonial, pero en lo formal era proyecto liberal.

“Los fundadores de este país eran portadores de un discurso liberal de boca para afuera, pero en esencia (era) un proyecto colonial. Esto es lo típico de la fundación del país”126.

Es pues indudable que, con la fundación de la República, el colonialismo externo se convierte en colonialismo interno. Si bien los españoles se van a su madre patria, los criollos son los que ascienden. Sin embargo, la población indígena, las mayorías (pluri)nacionales, siguen igual o, en muchos casos, peor que antes, es decir que las estructuras económicas, sociales y políticas continuaron siendo colonialistas. Tanto que, durante toda la primera mitad del siglo XIX, casi dos tercios del presupuesto de la nueva República de Bolivia estaba basada en la contribución indigenal.

Desde 1825 vivimos entonces la historia del colonialismo interno, tanto que incluso hoy, a pesar de los diversos cambios sociales, la relación colonial sigue siendo la misma: una minoría colonial que acapara lo más importante de la vida económica,

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Cfr. Gonzáles C., Pablo, "Colonialismo interno", en: La sociología de la explotación, México, Siglo XXI, 1971. Gonzáles entendía al colonialismo interno como la relación de poder racista/etnicista que opera dentro de un Estado/nación.

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política y cultural del país, y la mayoría social plurinacional continúa excluida de las instancias de decisión política. Así, lo indígena, lo indio, lo aymara, lo quechua, en fin lo propio, continúa oculto, discriminado, marginado y excluido. Este conjunto de situaciones asimétricas es lo que caracteriza a toda sociedad colonial.

La revolución nacional del ‘52 pretendió superar la historia colonial, pero es evidente que no lo ha logrado. ¿Hubo cambios? Sí, ¡por supuesto!, nadie los puede negar, pero no llegaron a afectar la matriz básica del colonialismo interno. Así, por ejemplo, y aún cuando el trabajador campesino ya no es pongo de hacienda, ahora es propietario de su parcela, pero continúa excluido y sigue siendo parte del mundo de abajo, del mundo marginado y discriminado. Así podemos ir viendo varias medidas supuestamente revolucionarias que demuestran que la matriz colonial, que (inter)media la relación entre la minoría criolla y la mayoría plurinacional, sigue vigente en la historia republicana del país.

Es por tanto la persistencia estructural del proceso colonial que nos permite afirmar, junto a Víctor Hugo Cárdenas, que, incluso hoy, todavía vivimos una democracia colonial. Es ciertamente paradójico, que en pleno siglo XXI, persista el proceso de dominación colonial, pero es esta situación la que todavía sufrimos en el país. Es también por ello que el propio sistema político boliviano no pueda expresar la naturaleza compleja y abigarrada de la sociedad boliviana, sino y simplemente de una serie de intereses extremadamente sectarios y/o corporativos. Por tanto, el sistema político boliviano no es sino un sistema de usurpación, es decir que no es que esté en situación de crisis (de legitimidad) el sistema de representatividad, sino que nunca ha representado al país profundo, verdadero y real.

De modo que según la percepción de Víctor Hugo Cárdenas, Bolivia es un país que, a pesar de casi dos siglos de vida republicana, todavía mantiene una estructura colonial, es decir que aún se conservan formas de apartheid, en unos casos algo disimuladas y en otras brutalmente violentas; pero que, en todo caso, ésta es la estructura fundamental del país. Más aún, las formas democráticas, que se están desarrollando contemporáneamente, todavía lo están haciendo en el marco de una democracia colonial.

La continuidad de una serie de procesos políticos de un contenido y un carácter profundamente colonial es la que explica que un reducido porcentaje de familias controlen los principales mecanismos de decisión política, económica y militar. Igualmente, menos del 20% de los grupos privilegiados controlan más del 80% de la tierra cultivable del país127, obviamente tierras no adquiridas mediante un proceso legal

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Cfr. “La tierra en Santa Cruz está concentrada en 15 familias”, en: La Prensa, 21 de abril de 2008, p. 14a.

de compra y venta, sino más bien producto de las usurpaciones, de los favores políticos y de un conjunto de otras formas generalmente irregulares, cuando no corruptas.

Durante los años cincuenta se realizó la reforma agraria que, sin duda, fue uno de los últimos eslabones coloniales del proceso de desestructuración territorial vía o a través de la parcelación de las tierras de propiedad comunal. Recordemos que la visión del MNR fue la de “repartir” tierras, pero desconociendo (absolutamente) las lógicas territoriales de los pueblos andinos y amazónicos. Hay entonces una urgente necesidad de dar pasos en y con la perspectiva del pleno ejercicio de los derechos territoriales, sobre todo el derecho a reconstituir los propios y ancestrales espacios territoriales que los pueblos indígenas siempre han poseído y cultivado.

Según Víctor Hugo Cárdenas, de las varias problemáticas que podrían ser tratadas, conviene y vale la pena trabajar en torno al proceso de desterritorialización y desestructuración social y política. Es por ello que los movimientos sociales de los pueblos indígenas, sobre todo los que han surgido durante las últimas décadas, han estado planteando una serie de propuestas tendentes a la superación del proceso de desterritorialización para así poder (re)crear las condiciones ecológicas que posibiliten la reconstitución de las lógicas territoriales (ancestrales y/o históricas) propias de los pueblos andinos.

2.4. “Si no valoramos a nuestra gente, ¿quién nos va a valorar?”

Ahora veamos, mejor dicho escuchemos la palabra viva de Víctor Hugo Cárdenas en torno a la actual gestión del gobierno del presidente Morales. Empezamos consultándole si considera que este gobierno es en verdad de los pueblos indígenas, la respuesta de Cárdenas es muy lúcida, por cuanto reconoce que existe un proceso de democratización social, que promueve una mayor presencia de hombres y mujeres indígenas en la administración pública y no sólo en el nivel local, sino también regional y nacional.

Sin embargo, es precisamente aquí que aparece un primer gran problema, en el sentido que si bien hay un evidente proceso de sustitución de una élite "neoliberal" por otra “revolucionaria”. Esta sustitución está basada en un solo y exclusivo criterio de pertenencia a los corporativismos sindicales, eufemísticamente denominados “movimientos sociales”, y no así en la eficiencia gerencial.

“Veo un gobierno encabezado por una persona de origen indígena - representación simbólica que busca cambiar la percepción colectiva hacia una nueva dominación simbólica- con una propuesta estatista, socialista y nacionalista, de corte marxista, (pero) cuyas principales estructuras y mecanismos de decisión no están en manos de representantes de los pueblos

indígenas, sino de los representantes de la vieja y renovada izquierda nacionalista de criollos”128.

Lo indígena, lo comunitario y sus perspectivas políticas u horizontes históricos todavía no son parte esencial de la formulación e implementación de políticas públicas, sino que más bien son usados de forma instrumental por el juego del poder mestizo criollo en la construcción de un determinado predominio ideológico, básicamente q’ara. Es en este contexto que lo indígena es todavía un pretexto ideológico para la articulación de una serie de interes sectarios (populistas e izquierdistas) de profundo carácter colonial.

Uno de los postulados básicos de la actual propuesta gubernamental es la “revolución cultural y democrática” y fueron lanzadas algunas señales de acciones interesantes: personas de sectores excluidos presentes en el gabinete ministerial, enseñanza en tres idiomas desde el nivel inicial hasta la universidad, superación de las fronteras étnicas, uso de los idiomas indígenas en la burocracia pública, etc. Pero, hasta ahora, no pasa nada; por tanto, aún está pendiente la puesta en práctica de tales anuncios (por hoy sólo publicitarios).

No obstante, más que la búsqueda de una equidad social y cultural, en la práctica, se han incrementado las condiciones de una sociedad polarizada y escindida por fuertes tensiones regionales, sociales, étnicas, políticas e ideológicas. Así lo prueban los recientes conflictos en el oriente del país, la tragedia de Sucre, el enfrentamiento cocalero con los sectores urbanos de Cochabamba y el creciente discurso etnocéntrico, racista y autoritario de personajes tan influyentes como el Vicepresidente García.

A nivel de la cultura burocrática e institucional empiezan a asomar preocupantes prácticas de nepotismo, de corrupción, de prebendalismo, de paso del cuoteo partidario al cuoteo de un monopolio partidario y muchas otras irregularidades, supuestamente superadas por la emergencia de una nueva élite “digna y honesta” (Morales dixit). ¿Será que, como bien dice Víctor Hugo Cárdenas, “vivimos los tiempos de absorción colonialista de una propuesta supuestamente revolucionaria”?

También es importante y muy necesario reflexionar en torno a los avatares, cada vez más críticos, de la Asamblea constituyente (A.C), en torno a ella Víctor Hugo Cárdenas se ratifica (una y otra vez) en el criterio emitido el día de la aprobación de la respectiva ley de Convocatoria: la A.C es la crónica de una desilusión anunciada. Las razones que Cárdenas arguye son las siguientes:

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 falta de un período preconstituyente de generación de consensos previos en los aspectos más importantes de las reglas de juego, tales como la identificación de los temas principales, la determinación de los mecanismos de apoyo al trabajo de los constituyentes, la comparación con los procesos similares de otros países, etc.

 Ausencia de una concepción democrática en y de la A.C. El gobierno del MAS vio a la A.C como una parte y un instrumento de su estrategia política de poder, que busca refundar el país y crear nuevas instituciones y creencias sobre un nuevo Estado plurinacional.

 Falta de una cultura democrática de convivencia, de diálogo y de generación de acuerdos. Además de la evidente ausencia de una cultura de pactos y acuerdos que busquen la unidad nacional, sin exclusiones, ni privilegios. Otro campo de suma preocupación de Víctor Hugo Cárdenas es el económico. Al respecto hay que afirmar que el actual momento, sin duda alguna, constituye un conjunto de circunstancias realmente excepcionales para la economía boliviana, es decir “que el contexto internacional beneficia a la economía local”. Hoy contamos con altas reservas internacionales, 6.000 millones de dólares es el ingreso (extraordinario) que tiene el país por la bonanza económica, elevados precios por las exportaciones de las materias primas, todo ello posibilitado no tanto por la acción del partido hoy en función de gobierno, sino más bien y sencillamente por la inercia administrativa, básicamente neoliberal, y también por los altos precios internacionales de los minerales.

Si bien el volumen de exportaciones está reduciéndose, los precios no cesan de subir, prácticamente como nunca, o sea que la coyuntura internacional es muy favorable para el país. Por tanto, es altamente probable que cuando, en el futuro, se vea la gestión del actual gobierno, se la verá como una oportunidad y una coyuntura internacional extraordinariamente favorable, “excepcional”, para el país; pero, que lamentablemente se la desaprovechó129.

Por lo demás, la persistencia (más o menos) solapada de las políticas neoliberales no hace sino evidenciar la continuidad de la mentalidad rentista, propia de las viejas élites oligárquicas, y que hoy contagia incluso a las organizaciones (movimientos) sociales, tradicionalmente acostumbradas a cuestionar e impugnar al Estado, pero a pedir todo del mismo. De manera que, en un poco más de tres años de gestión del gobierno masista, todavía no asoman señales (más o menos) evidentes de una franca reorientación de las políticas públicas tendentes a la reducción de los altos

niveles de pobreza, exclusión y marginación. Por hoy, lo único visible (en el MAS) es que existe un evidente afán por retornar al decadente capitalismo de Estado, eufemísticamente denominado “capitalismo andino” (Linera dixit).

Otro tema fundamental en el pensamiento de Víctor Hugo Cárdenas es, sin duda, el de la educación. Al respecto, él percibe que el gobierno del MAS hasta ahora no ha logrado definir y/o implementar política educativa alguna (ni buena, ni mala). Actualmente no existe sino un beligerante discurso, cuando no cháchara, neo- indigenista, supuestamente revolucionario. Por hoy sólo se conoce un proyecto de ley, más parecido a un pliego petitorio, extremadamente ideologizado, políticamente superficial y pedagógicamente inconsistente130. De manera que aún no hay una propuesta pedagógica con respuestas curriculares a los principales problemas socio- culturales de la educación boliviana. Sin embargo, es evidente la intención de utilizar e instrumentalizar el sistema educativo con fines ideológicos para supuestamente revertir el dominio simbólico -como solía decir el finado Pierre Bourdieu- del mundo q’ara. Al parecer, el MAS quiere inaugurar el dominio de la violencia simbólica “indígena” a través del sistema educativo. ¿Revancha, resentimiento y/o espíritu vengativo?

Con todo, es indudable que constituye un gran mérito del proyecto de nueva ley educativa poner énfasis en la situación y las perspectivas de los pueblos indígenas, pero es un enorme demérito asumir una actitud revanchista, nada democrática y menos (mucho menos) intercultural. Como bien dice Víctor Hugo Cárdenas, “la profesión de fe intracultural deviene en etnocentrismo cuando se pierde la perspectiva intercultural y nacional”131.

En general, en los ideólogos y activistas del partido de gobierno predomina una visión decadente: centralista, estatal y estatista, articulada en torno al poder ejecutivo y, peor aún, a la figura del presidente Morales132, que subestima, cuando no desprecia y discrimina el rol de las prefecturas y el de los gobiernos departamentales en la gestión pública regional y local. En este contexto, incluso la participación (que no control) social se torna instrumental y funcional a los intereses políticos e ideológicos del partido político hoy en funciones de gobierno.

Para terminar este acápite dedicado al pensamiento de Víctor Hugo Cárdenas, queremos reflexionar en torno a los aspectos más importantes de una interesante

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Cfr. “Gobierno y empresarios aún no aprovechan el auge económico”, en: La Razón, 23 de julio de 2007, p. A6.

130

Cfr. Cárdenas, Víctor Hugo, "Conferencia", en: Cátedra extraordinaria sobre democracia, La Paz, Instituto para la Democracia - UCB, 5 de diciembnre de 2006, 12 pp., inédito.

131

Cárdenas, Víctor Hugo, entrevista por el autor, La Paz, 17 de enero de 2007.

132

Cfr. “El Gobierno se edifica sobre la imagen de Evo Morales”, en: La Razón, 5 de noviembre de 2006, p. A8.

entrevista con Cárdenas publicada en la revista ¡OH! de Los Tiempos, donde después de un largo y discreto silencio, hace un repaso a la actual gestión política del MAS, desvelando las luces y las sombras del actual gobierno, tales como la producción y generación de una serie de tensiones y fracturas sociales, políticas y regionales.

Incialmente, Cárdenas nos insta a recordar la propia trayectoria política del proceso democrático boliviano. Los primeros años fueron los de la construcción de un sistema de libertades, pero con la exclusión (racista y racializada) de varios sectores del país, entre ellos los indígenas. También por entonces empezaron a aparecer algunos gestos multiculturales, tales como la inclusión de los pueblos indígenas, pero subordinados a objetivos ajenos. Sin embargo, a partir de los noventa empezó a surgir una clara presencia indígena en varios proyectos político partidarios, ya no sólo en condición minoritaria, sino más bien protagónica, sobre todo con la reactivación de una serie de propuestas y proyectos políticos alternativos: estatales y societales.

Podemos ver, así, que tras un secular período de exclusión, la democracia institucional boliviana ha ido avanzando hacia una progresiva inclusión (y potenciamiento) de una diversidad de organizaciones campesinas e indígenas hasta llegar, especialmente, después de las grandes movilizaciones del año 2000, a una presencia realmente significativa en los diferentes niveles del gobierno nacional, regional y municipal, además de un interesante y creciente proceso de legitimación de los derechos colectivos y territoriales de los pueblos indígenas.

Después de la etapa de la inclusión multicultural, hoy estamos ante el desafío del protagonismo y la gradual cualificación técnica y política de la presencia indígena en la administración pública estatal. Sin embargo, es en verdad lamentable que este desafío haya sido asumido por el MAS en un contexto excesivamente radicalizado: de confrontación, de rencor, de venganza, en fin de revancha. Como bien Víctor Hugo Cárdenas, “el MAS no ha creado el conflicto regional o el conflicto étnico, pero sí lo ha agravado”133.

Igualmente, y aún cuando también podamos reconocer que la desconfianza y el recelo (sospecha y temor) entre cambas y collas, es decir la agudización del conflicto inter-regional, no es invento del MAS, pero es pues evidente que lo ha profundizado hasta niveles y extremos realmente peligrosos y potencialmente destructivos: pérdida de vidas humanas. La ciudadanía boliviana esperaba que el MAS, con una votación tan generosa, del 54%, pueda asumir valientemente el mandato de unificar el país, es decir de superar las profundas e históricas tensiones y fracturas históricas, políticas, culturales, étnicas y regionales, para hallar soluciones

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Cárdenas, Víctor Hugo, “El MAS no creó los conflictos, pero los agravó”, en: Revista ¡OH! de Los