• No se han encontrado resultados

Práctica docente y la epistemología de la virtud.

En lo que respecta a la práctica docente, se observa “como cada uno de los docentes se encuentra en la difícil tarea de no solo formar a un solo individuo, sino a una sociedad entera” (Zuleta, 1932) citado por (González, Regalado, & Jiménez, 2015). Es por ello que los contenidos educativos deben de organizarse partiendo de lo simple y concreto hacia lo complejo y abstracto y de lo inmediato y cercano, a lo distante y cercano” y sobre todo que permitan el desarrollo de habilidades del pensamiento partiendo desde la observación, reflexión, análisis y producción, habilidades que permiten al estudiante una formación integral desde lo cognitivo a lo axiológico.

Ya casi transitado el camino de la epistemología de la virtud en la pedagogía activa, se diría que una formación en virtudes es consistente con lo que reivindican las teorías pedagógicas modernas, pues en ella se asume que la enseñanza de las ciencias necesita ampliar sus objetivos de tal forma que fomente aprendizajes que vayan más allá de la tradicional interpretación conceptual (Beuchot, 2012).

De tal modo que, una educación instituida en la virtud debe reflexionar en la importancia que tiene el saber disciplinar en las prácticas docentes y hábitos del estudiantado, así como los valores éticos y democráticos que se ponen en juego cuando la ciencia y la reflexión intervienen en la sociedad. Este hecho implica un amplio proceso reflexivo por parte de los docentes que oriente una mejor organización y presentación de los contenidos curriculares, pero sobre todo un asertivo manejo de la pedagogía en el proceso de enseñanza aprendizaje.

La práctica docente cobra connotación con Marcelo (1989) citado por (Tirado, 2015) quien reconoce que el profesor es un sujeto que toma decisiones, emite juicios y que cuenta con sus propias creencias. Cuando en la práctica docente se refleja una formación en virtudes surge un complejo entramado de relaciones entre los diferentes niveles de conocimiento reflexivo, epistemológico y ético, que se articulan en su enseñanza. Por ello en la práctica docente se debe ser muy creativos pedagógicamente, y hasta hacer un “face to face” al estudiante, para conseguir una mera concientización del conocimiento e inyectar en ellos la ideología del constructivismo pedagógico.

Entonces haciendo una reflexión intrínseca la epistemología de la virtud no se puede enseñar de forma mecánica o técnica, sino contemplar su aprendizaje como un constructo que se suscita en el estudiante, a partir de él mismo (Beuchot, 2012). El docente le da la guía y lo ayuda con su ejemplo y formación, pero sin la participación activa del que aprende, el proceso no se completa, hecho que es coherente con lo que reivindican las teorías educativas vigentes (Quicios, 2002).

Si el docente es una guía para conseguir tales pretensiones en los estudiantes debe tener una vasta formación epistemológica, debe saber que la denominada epistemología de la virtud intenta aproximarse a problemas clásicos sobre el proceso del conocer, para indagar sobre el siguiente tipo de interrogantes: ¿Qué requiere una creencia para ser conocimiento? ¿Qué justifica epistémicamente a un sujeto para sostener una creencia? ¿Qué papel juega el escepticismo en la adquisición de conocimiento?, condensando al unísono las respuestas para tales interrogantes, el maestro debe posesionarse de esta conceptualización, que una virtud es el cúmulo de habilidades o competencias epistémicas que permiten conseguir un bien intelectual, entendido éste como un conocimiento veraz y contextualizado (Sosa, 2007). Hilando más fino la meta de esta epistemología es elucidar y evaluar los aspectos intelectuales y éticos implicados en el proceso de adquirir conocimiento (Sosa, 1999). Constituyéndose que la una es la razón de ser de la otra y que la divergencia entre ellas se imposible.

Entiéndase de manera correcta que las virtudes epistémicas están en correspondencia con el buen funcionamiento del sistema cognitivo como una vía segura en la adquisición de creencias justificadas o basadas en el conocimiento, para

esto el sujeto epistemológico, en este caso el docente debe ser dueño de una serie de aptitudes como tenacidad intelectual, rigor, determinación, apertura de mente, avidez por comunicar articuladamente ideas, honestidad intelectual, etc. (Kvanvig, 2010). De esto se sigue la plausibilidad de buscar y fomentar virtudes epistémicas en la educación científica. Pues ello, redituaría en potenciar una interpretación más amplia y coherente de los contenidos curriculares, promoviendo así una educación más sólida e integral. (Garritz, 2010).

En consecuencia, para conseguir que la educación sea de calidad es primordial que el docente haga una mera reflexión sobre si la pedagogía que utiliza conlleva a su estudiantado a adquirir conocimientos y habilidades que puedan competir en una sociedad tan cambiante y exigente, que responda a la pedagogía activa, donde al estudiante se le da la oportunidad de ser el mismo, y que sea su Yo cognitivo el que lo lleve a posesionarse de una teoría que satisfaga la necesidad de sentirse más productivo, y que su práctica diaria esté conectada al saber práctico o disciplinar con el saber ético o social.

De esta forma, este carácter dual del cómo y del qué hacen que la educación cimentada en la virtud sea más profunda. Esto debido, a que compromete tanto al maestro como al alumno en la búsqueda de elementos que permitan ampliar y manejar prudentemente un saber disciplinar, así como en la consecución de una deseable realización moral.

Consideraciones finales

Llegando al término de esta temática disciplinar de importantes repercusiones éticas, educativas y por ende sociales, se llega a múltiples reflexiones:

La labor del docente se puede encauzar hacia una formación de virtudes. Este hecho representa una excelente oportunidad para emprender acciones pedagógicas que permitan desarrollar en los estudiantes un conocimiento reflexivo, es decir, un saber basado en las denominadas virtudes epistémicas.

La educación está muy ligada a la epistemología virtuosa, con la puesta en práctica de la pedagogía activa, se vio afectada de manera positiva lo cognitivo en el estudiante, puesto que se le dio la oportunidad de creer en sí mismo, al ser capaz de decidir entre una postura u otra, se enfrentó a su propia realidad cognitiva. Y tomo la mejor decisión ser ente generador de un conocimiento puro, único y ético.

Los estudiantes deben de relacionarse no solo con los libros y conceptos, sino con el entorno que lo rodea, para que de esta manera la pedagogía activa cumpla con el objetivo por la cual fue creada, preparar a los estudiantes para la vida y no para el momento. Por esto que podemos decir que los estudiantes deben obtener ciertas cualidades y competencias, que los hagan competitivos y esto se lo logra si la práctica del docente se base en una epistemología virtuosa.

Una de las conclusiones más relevante en este campo, apuntando a la práctica docente, es la realidad de saber que el cambio que se ha transitado en estas últimas décadas, en lo que respecta a la pedagogía activa cara a la educación del futuro, es

muy pequeña comparado con el que se va a obtener de la mano de las exigencias educativas de parte del mismo estudiante, donde cada día pide aprender más y a su ritmo, y que mejor manera de enseñarle a que él sea el eje principal de su propio desarrollo cognitivo, lo que hará que sea más competente y eficiente en la sociedad actual.

Como conclusión final se puede manifestar que el estudiante es un actor fundamental en el proceso educativo y es por ello por lo que son el punto de partida para que los docentes puedan tomar las mejores decisiones y determinar los diferentes métodos ideales para el perfeccionamiento de las competencias básicas en la educación de sus estudiantes.

Referencias Bibliográficas

Beuchot, M., Pedagogía y analogía: temas de filosofía de la educación desde la hermenéutica analógica. México: De la Vega editores, 2012.

Cardona, Z., Conde, M., & Hoyos, R. (2016). ESCUELA NUEVA UNA OPORTUNIDAD PARA EL CAMBIO. Santiago de Cali: Facultad de Educación. Recuperado el 10 de julio de 2018, de http://repository.usta.edu.co/handle/11634/9773

EL, A. (2004). RASTREO, COMPETENCIA Y CONOCIMIENTO1. Quaderns de filosofia i ciència, 39, 41-59. Recuperado el 18 de julio de 2018, de https://www.uv.es/Sfpv/quadern_textos/v34p41-59.pdf

Garritz, A., La enseñanza de la química para la sociedad del siglo XXI caracterizada por la incertidumbre, Educación Química, 21(1), 2-15, 2010.

Gómez, Á. I. (2010). Aprender a educar: nuevos desafíos para la formación de docentes. Revista interuniversitaria de formación del profesorado, 68, 37-60.

Recuperado el 11 de julio de 2018, de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3276044

Gonzalez, G., Regalado, C., & Jimenez , E. (2015). La pedagogía activa con metodología escuela nueva en Boyacá: el caso de dos municipios. Quaestiones Disputata, 16, 83-101. Recuperado el 28 de julio de 2018, de http://revistas.ustatunja.edu.co/index.php/qdisputatae/article/view/955/ 925

González, P. E. (2008). Aportaciones sobre el aprendizaje activo de la química. REVISTA EUREKA SOBRE ENSEÑANZA. Recuperado el 9 de julio de 2018, de https://revistas.uca.es/index.php/eureka/article/view/3687.

Hookway, Ch. (2004) "Cómo ser un epistemólogo de la virtud", Discusiones Filosóficas, Vol. 5, No. 8

Hoyos, D. (2005) "Teoría de las virtudes: un nuevo enfoque de la epistemología (Parte I)", Discusiones Filosóficas, Vol. 6, No. 9.

Krageskov, E., The Future of Tertiary Chemical Education – A Bildung Focus?, Hyle: International Journal for Philosophy of Chemistry, 8(1), 35-48, 200

Kvanvig, J., Sosa's virtue epistemology, Crítica – Revista Hispanoamericana de Filosofía, 42(125), 47-62, 2010.

Ledesma, M. (2015). La virtud, un paradigma filosófico loable en la educación química. Educación química, 1, 43-49. Recuperado el 13 de julio de 2018, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0187-

893X2015000100007&script=sci_arttext

Osborne, J. y Dillon J., Science Education in Europe: Critical Reflections. A report to the Nuffield Foundation. Londres: The Nuffield Foundation, 2008. Disponible en: http://www.nuffieldfoundation.org/fileLibrary/pdf/Sci_Ed_in_Europe_Re port_Final.pdf

Sosa, E. (2014). Con pleno conocimiento (Vol. 109). Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza. Recuperado el 14 de julio de 2018, de

https://epistemologiadelavirtud.files.wordpress.com/2015/02/sosa-con-pleno- conocimiento.pdf

Tirado, C. (2015). Concepciones epistemológicas y práctica docente. REDU. Revista de Docencia Universitaria, 13(1), 35-56. Recuperado el 18 de julio de 2018, de http ://red-u.net/redu/files/journals/1/articles/899/public/899-3923-1-PB.pdf