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La trasmisión en la subjetividad de la palabra (palabra apelativa)

En relación con la palabra apelativa Candelero expone sus ideas en cuanto a su particularidad dentro del lenguaje, al respecto describe lo siguiente.

De la palabra apelativa. La palabra apelativa es obra de una subjetividad, de una conciencia. No necesariamente de una conciencia reflexiva, pero sí al menos de una conciencia inflexiva. Presupone un saber de sí mismo –por parte del sujeto. La palabra expresiva, nos parece, es la obra inevitable de una corporeidad, de una naturaleza –la naturaleza misma al exterior. La palabra apelativa es en sí misma evitable, pero digamos…, «viene recomendada» por el interior. Supone un cuerpo que pide, que tiende. Intencionalmente, el sujeto (sea perro, sea hombre) la genera para alejar o plegar a otro. Es toda una acción construida. No es inevitable, sino ocasional; y no es inequívoca, pues es construcción subjetiva….Palabra apelativa: signo que el individuo genera para proveerse de lo que no tiene, tendencia concretada –como tendencia. (pp. 45-46)

Retomando la cita, Candelero hace ver que la palabra apelativa toma su significado cuando se desea descubrir el interior de quien a través de la manifestación corporal a expuesto su propio ser, se pone en acción el punto de vista, en tanto que a esta expresión se le puede atribuir la capacidad de dar un calificativo a las imágenes que se captan –en términos comunes- a través de la vista, pero atreverse a decir que se puede captar a través del oído o del olfato no es desacertado, puesto que dichos sentidos afloran en la medida en que se requiere hacer una lectura de lo que está expuesto y necesita conocerse. Desarrollar en su máxima estado cada uno de los sentidos es adentrarse en una conexión consigo mismo y que a su vez permite conectarse y saber del otro. La palabra apelativa toma validez cuando se apropia en su conjunto del significado de lo que la corporalidad y el sentir quieren decir, de ser desligado el uno del otro será en vano la existencia de dicho vocablo ya que separadamente estas propiedades de animales y humanos anulan la lectura de sus acciones. Llevando el término en mención a la acción pura, se hace efectiva cuando el individuo o el animal adquieren un conocimiento desde las sensaciones que recibe del gesto pero impregnado del sentir, hecho que al hacerlo visible, externo, adquiere un significado dentro del contexto del cual hace parte, esto es, que toma una existencia para sí mismo y para el otro, por lo cual se hace referencia a la realidad del sujeto y la realidad en el sujeto. Otro aspecto, y no menos importante, es que el acto de darle una interpretación al gesto no va direccionado a un único entendimiento o explicación, pues el hecho está en que al ser una demostración en la que se conjuga las sensaciones queda abierto a que esos sentires sean leídos desde el sentir propio, desde la realidad del otro, desde el contexto en el que se lleva la acción, desde lo que se desea encontrar, por tanto, son varios aspectos los que entran en juego a la hora

de interpretar la información. Esta postura como se ha manifestado en el anterior párrafo alude tanto al individuo como al animal y que en estos últimos se hace un poco más incomprensible, pues en una primera mirada se había otorgado todo el crédito a la palabra expresiva como medio de comunicación en ellos, sin embargo, es interesante tomarlo desde una segunda postura y es como entra en juego la subjetividad en la comunicación del animal, para el caso se podría decir que desde la postura de Lorenz (1999)

Resulta admirable la exquisita sensibilidad que algunos animales poseen frente a movimientos expresivos mínimos, como la manifestada por un perro que nota los sentimientos amistosos o inamistosos que su dueño experimenta hacia otras personas. Un paso más y el observador ingenuo, que humaniza sus observaciones, cree que un ser que comprende «hasta» dichos sentimientos tan íntimos y no explícitos, por fuerza a de entender todas las palabras de su dueño. Pero entonces se olvida de que la aptitud para percibir y entender los más pequeños movimientos expresivos se halla tan desarrollados en los animales sociales precisamente porque no pueden comprender las palabras, puesto que carecen de lenguaje vocal. (pp., 110-111)

Haciendo alusión a la cita, en primera instancia se podría manifestar que al referirse a la subjetividad en el animal se tiene que hacer énfasis en el animal humanizado, aquel que el individuo ha dotado -o cree haber dotado- de rasgos similares a los de él, que para el caso, sería la comprensión de la palabra hablada, la cual llena de sentir y la pone de manifiesto en el ser del animal atribuyéndole la capacidad de interpretación, de sentido, de reflexión, a sabiendas que lo que lo hace

distinto de esta especie es dicho vocablo porque es el único ser vivo que posee la facultad de emitir mensajes desde la oralidad, materializando los pensamientos y poniéndolos a exposición para revelar su ser.

Un segundo aspecto es mirar la esencia del animal humanizado en el acto de comunicar, el cual se produce en tanto al interactuar con el individuo demuestra desde su corporalidad la necesidad que requiere ser suplida, y para ello, su gesto se llena de sentir desde su naturaleza pura, pues como ser viviente percibe a través de los sentidos diversos estímulos internos o externos que le afectan en su ser, a manera de ejemplo, producirle dolor o suplirle en alimento, acciones que tiene su incidencia en el sistema sensorial, dando como resultado una respuesta externa de la cual el individuo hace lectura de su sentir a través de sus movimientos, asimismo, el acto comunicativo se funde cuando el individuo también pone en juego sus sentir desde la corporalidad, o sea, la demostración que le brinda movilizando sus sentidos, muestra de ello cuando lo acaricia, lo cual no producirá una reacción negativa en el animal sino que se construye una conexión desde el sentir mismo. Entonces, se puede concluir que hace su efecto la palabra apelativa ya que tanto en el animal como en el individuo se conjuga la corporalidad con un sentir, dejando al exterior su interior.

Así como Lorenz y Candelero hacen visible la relevancia de la palabra desde el sentir, el gesto y el movimiento, no menos importante es lo planteado por Merleau- Ponty (1993) quien hace la siguiente afirmación.

El sentido de los gestos no viene dado, sino comprendido, o sea recogido, por un acto del espectador. La dificultad estriba en concebir bien

este acto y no confundirlo con una operación de conocimiento. La comunicación o la comprensión de los gestos se logran con la reciprocidad de mis intenciones y de los gestos del otro, de mis gestos y de las intenciones legibles en la conducta del otro. Todo ocurre como si la intención del otro habitara mi cuerpo, o como si mis intenciones habitaran el suyo. El gesto del que soy testigo dibuja en punteado un objeto intencional. Este objeto pasa a ser actual y se comprende por entero cuando los poderes de mi cuerpo se ajustan al mismo y lo recubren. El gesto está delante de mí como una pregunta, me indica ciertos puntos sensibles del mundo, en los que me invita a reunirme con él. La comunicación se lleva a cabo cuando mi conducta encuentra en este camino su propio camino. Hay una confirmación del otro por mí y de mí por el otro. Hay que restituir aquí la experiencia del otro, deformada por los análisis intelectualistas, así como tendremos que restituir la experiencia perceptiva de la cosa. (p. 202)

El gesto pone de manifiesto al cuerpo como un todo en la comunicación de los individuos, a través de él los diversos sentidos, entablan expresiones desde su sentir, esto es, que cargadas de sensaciones busca exteriorizar información que a la postre requiere ser leído por quien hace las veces de observador, pero tal proceso no es fácil de realizar pues se requiere que además del desarrollo visual haya una lectura del tiempo, el espacio, la intencionalidad, en otras palabras, contextualizar y contextualizarse en relación a quien trasmite y quien recibe la información. Dicha conectividad debe ir más allá de los movimientos que son visibles, pues no siempre la razón y la sensación desean trasmitir lo mismo ya que los movimientos se pueden

desconectar de lo que se piensa y se dice, para poner solo el sentir a manifestar su deseo. Es por ello que dentro del acto de comunicar corporalmente se hace necesario construir un vínculo en el que la mente y las señas -de quien trasmite y quien recibe información- se enlacen a través de un intercambio que se construye desde la mente, pasando por el sentir y llegando a exponer a través de los sentidos, así lo que equivale a la palabra toma un sentido de ser en el otro y para el otro permitiéndoles la exposición o construcción del saber.

En verdad que llegar al acto comunicativo desde la corporalidad requiere dejar de lado la subjetividad propia para adentrarse en la subjetivad del otro –lo cual puede ser atrevido de afirmar- pero toma validez, en tanto que adentrarse a la lectura del sentir del otro, para tomar el mensaje expuesto, se hace necesario apartarse de tanta racionalidad en la que pareciese que es la única forma de conocer, a sabiendas que el sentir hace parte de la construcción de las propias vivencias, que al dejarlas a la exposición del receptor pueden ser captadas permitiendo la conjugación del dar y recibir, en tanto, la lectura de los sentidos se hace efectiva y abre las puertas a la construcción del saber interno y externo. Cada gesto que se exprese llega al otro con una información -atreviéndose a afirmar –que se da una aseveración al respecto permitiendo la construcción del saber. Es por ello que dentro del conocimiento no se debe menospreciar ninguna de las manifestaciones que hacen parte de la palabra. El ser humano en ocasiones invalida este tipo de comunicación puesto que poner un significado al sentir es como dejar a la intemperie lo que realmente se desea, o sea, es dejar que el sentir despliegue a través de las señas lo que en realidad sin ningún formalismo ni proceso mental se niega a poner en la palabra hablada o en la escritura.

La palabra en su sentido de realimentación (palabra representativa)