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La presión migratoria como argumento para la política de control

A partir de ahí, durante todo el año, se han producido decenas de saltos a las vallas de Ceuta y Melilla en las que se han visto imágenes espeluznantes de inmigrantes apaleados, rociados con gas pimienta, devueltos ilegalmente a Ma- rruecos, encaramados durante horas a lo alto de la valla de seis metros y de inmigrantes que conseguían entrar en Ceuta o en Melilla. Se han publicado decenas de reportajes sobre los viajes alucinantes que tienen que hacer atrave- sando África y sobre las dificultades que soportan una vez de llegar a Marrue- cos y acercarse a la frontera con España, el tiempo que tienen que pasar en el monte, la represión que sufren por las fuerzas policiales de Marruecos, las for- mas de organización que construyen para sobrevivir durante meses y poder afron- tar los saltos más o menos masivos, a sabiendas de que es la única manera para que pasen unos cuantos compañeros o compañeras.

Los medios de comunicación se han hecho eco de una mirada alarmista, in- cluso sensacionalista de la presión migratoria. De hecho, el 18 de febrero, la asociación Alkhaima se dirigió al director del diario El País para protestar por el titular de primera página del día 16 de febrero en el que se decía que 30.000 inmigrantes aguardaban en Marruecos para saltar a Ceuta y Melilla, según datos de los servicios de inteligencia españoles. Era un titular alarmista, falto de rigor,

99 estigmatizante hacia los inmigrantes pues se los consideraba como una amenaza

incontrolable. Las cifras de El País no eran contrastables y estaban en contradic- ción con los propios datos proporcionados por Frontex sobre el número de per- sonas que habían entrado en España de forma irregular desde Marruecos en los últimos tres años: 5.003 en 2010, 8.448 en 2011, 6.397 en 2012 y 7.505 en 2013.

Las imágenes que hemos visto se parecían, como dos gotas de agua, a las de los años 2005 y 2006: acontecimientos de El Ángulo, apertura del campamento de Calamocarro porque los Cetis estaban desbordados, saltos masivos a las va- llas, traslados de inmigrantes al desierto por parte del Gobierno marroquí con la bendición del Gobierno español después de un viaje hecho por la entonces ministra Maria Teresa Fernández de la Vega. Entonces, parecía que las nuevas medidas adoptadas, tales como subir la altura de las vallas o poner concertinas en las mismas impedirían los intentos de entrada. No fue así. Al cabo de un tiempo más o menos largo, las personas inmigrantes afectadas, con un coste humano enorme, aprendieron a enfrentarse a esas nuevas dificultades. Y apren- derán a enfrentarse a las nuevas, mientras los gobiernos pongan exclusivamente el acento en las medidas de tipo técnico represivo.

Como venimos denunciado las organizaciones sociales que trabajamos por los derechos de las personas mirgrantes, durante estos últimos años se evidencia que las travesías y métodos son cada vez más peligrosos, que la gente no deja de intentarlo porque haya más control, sino que lo único que se consigue es poner más en riesgo las vidas de los seres humanos que lo intentan. Que muchas de las personas que vienen, proceden de conflictos en el que también están en peligro sus vidas, con lo cual no tienen nada que perder. Es decir, solucionar el tema de los flujos migratorios hacia Europa con más control no es la solución, al contra- rio, la agrava. Hemos visto y comprobado que el elemento central de la respues- ta del Gobierno ha sido la de aumentar los instrumentos de represión, llegando a reconocer públicamente mediante una noticia publicada en septiembre de 2014 que España ha gastado 74 millones de euros en la última década en las vallas de Ceuta y Melilla.

En el año 2014 fue especialmente relevante el debate generado por el uso de concertinas en las vallas, a pesar de saber por la práctica que esas cuchillas producen graves lesiones a las personas y pese a que hubo varias iniciativas ciudadanas contrarias a este uso, como por ejemplo, la iniciativa llevada a cabo a través de la plataforma Change.org, abanderada por el escritor Enrique Laso en la que se recogieron más de 52.000 firmas de apoyo de ciudadanos para pedir al Ministerio del Interior la retirada de las concertinas instaladas en los períme- tros fronterizos de Ceuta y Melilla, situadas para frenar las entradas de inmigrantes. Pese a ello, declaraciones del PP justificaban su uso con el argu- mento que gracias a este sistema se había reducido en un 80% las entradas ilega- les a territorio español.

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Pese a ello, la política de control de fronteras ha continuado desde una pers- pectiva represiva y de control militarista. Además de las concertinas, los argu- mentos de presión migratoria y avalanchas llevaron a políticas de reforzamiento de las vallas aprobando un presupuesto de 2 millones de euros para reforzar la frontera con vallas antitrepa para impedir que pueda ser escalada. Además de las devoluciones ilegales a Marruecos en frontera; desatención a los posibles solicitantes de asilo o de protección internacional; construcción de vallas en Marruecos. El Gobierno ha hecho caso omiso de las denuncias y propuestas hechas por las organizaciones que trabajan y se ocupan de proporcionar solida- ridad y ayuda humanitaria a las personas inmigrantes que afrontan esa situa- ción.

Además de lo anterior, tras lo sucedido en el Tarajal y durante todo el año 2014, el Ministerio del Interior llevó una auténtica campaña de intoxicación, manejando cifras completamente exageradas sobre el número de personas que estaban a la espera de dar el salto a entrar en España. Se ha buscado crear miedo, sensación de invasión, a pesar de que ningún dato objetivo mostraba esa reali- dad. Mientras el Ministro del Interior español decía que había 80.000 personas a la espera de dar el salto, las propias autoridades marroquíes cifraban en unas 20.000 el número de personas que en ese país se encuentran en situación admi- nistrativa irregular, y que ha impulsado a su gobierno a poner en marcha un proceso de regularización especial. La cifra dada por el Ministro del Interior es pura intoxicación, lisa y llanamente, mentira.

El 14 de mayo de 2014, Frontex presentó su informe anual, correspondiente al año 2013. Según esta agencia de la Unión Europea para el control de las fronteras exteriores, durante ese año se produjeron 107.365 entradas ilegales en la Unión, en cifras redondas, 45.000 lo intentaron por Italia, 24.800 por Grecia, 18.000 por Bulgaria y 5.800 por España. España es la cuarta ruta de entrada, lejos de Italia, Grecia o Bulgaria. Es falso que durante el año 2013 haya habido una presión migratoria «sin precedentes», tal y como en más de una ocasión han dicho desde el Ministerio del Interior sobre las fronteras españolas y como se ha reflejado en los medios de comunicación generalistas durante todo este año. Esa presión es sensiblemente inferior a la de los años 2001 ó 2005. Lo mismo ocurre con los datos de entradas en pateras, pues las cifras de 2013 son las más bajas desde el año 1999, muy lejos de las 39.000 personas que utilizaron embarcacio- nes para llegar a España en el año 2006.

La APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía) en su Informe «Derechos Humanos en la Frontera Sur 2015» (http://www.apdha.org/media/ informe-fs2015-web.pdf) realiza un balance migratorio de 2014 en la Frontera Sur concluyendo en el enorme coste humano que está suponiendo estas políti- cas de cierre de fronteras, contabilizando 131 personas muertas y desapareci- das. En este informe se constata un incremento de las llegadas a España pero muy lejos de las cifras de Italia y Grecia, aumentando las cifras de los ingresos por Ceuta y Melilla en relación a otros años.

101 Sin embargo, los propios saldos de inmigrantes africanos desmienten las ci-

fras del Ministerio del Interior. Esos saldos son negativos desde el año 2010, es decir, que se van de España más personas africanas que las que vienen. Y el saldo negativo es creciente: -12.502 en 2010; -23.871 en 2011; -32.167 en 2012.

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