2. LA PERSPECTIVA DE LA COMPLEJIDAD Y EL CONOCIMIENTO EN LA
2.1 LA COMPLEJIDAD COMO PERSPECTIVA DE ANÁLISIS
2.1.2 Principios de los sistemas complejos
Como se presentó anteriormente, Mitchell (2009) plantea que los sistemas complejos constituyen un campo interdisciplinario que se interesa por fenómenos como la autoorganización y la emergencia. Según Richardson y Cilliers (2001), un sistema complejo está “compuesto por un gran número de entidades que muestran un alto nivel de interactividad no lineal” (p. 24). Estos autores presentan siete principios que los identifican: 1) agentes y su interacción; 2) adaptabilidad; 3) auto-organización; 4) inestabilidad; 5) influencia de la historia; 6) permeabilidad de sus límites e 7) irreductibilidad.
La interacción de los agentes y no la cantidad de estos, es una de las principales características de un sistema complejo. Este principio se constituye en uno de los más importantes a la hora de abordar el conocimiento desde una perspectiva compleja, pues permite reenfocar el tema de conocimiento como recurso a conocimiento como relación sujeto/objeto en un contexto compartido.
De acuerdo con este principio, independientemente de los elementos y/o agentes individuales que componen el sistema, son las interacciones las que alteran el sistema a través del tiempo. A través de la interacción los agentes no solo se adaptan sino que se auto organizan en un proceso de supervivencia, o mejor, de evolución. Lo que ocurre en este proceso de evolución no puede ser vaticinado, por el contrario, cualquier situación o fenómeno puede emerger.
La adaptabilidad y la autoorganización son principios íntimamente relacionados entre sí, puesto que un sistema complejo se adapta a través de sus procesos de autoorganización. En este mismo sentido, la emergencia es también un fenómeno que no puede separarse de la adaptabilidad y la autoorganización puesto que a través de esta es que se crea un nuevo orden al que será necesario adaptarse nuevamente y, para ello, es necesaria la autoorganización. El ir y venir entre la emergencia de un nuevo orden, la capacidad de adaptarse a este y luego una nueva emergencia produce un nuevo cambio que requiere nuevamente otro proceso diferente de autoorganización y adaptación y así sucesivamente. Esto explica el principio de inestabilidad de los sistemas complejos, pues la interacción de sus agentes está constantemente actualizando las condiciones del entorno y las respuestas pertinentes ante sus presiones. Y, adicionalmente, explica la influencia de la historia en el sistema complejo. Es decir que, este tipo de sistemas no puede ser aislado de su contexto temporal pues perdería sus propiedades y características específicas.
Los sistemas complejos son sistemas abiertos, es decir, están fuertemente influenciados por el ambiente o entorno en el que se encuentran. Esto significa que sus fronteras o límites permiten la entrada o salida, por ejemplo, de nueva información de manera que el sistema está en permanente adaptación a los cambios del entorno. De ahí la permeabilidad de sus límites. Gilpin y Murphy (2008), citan a Varela (1995) y mencionan que la emergencia se da porque las interacciones locales de un sistema se convierten en patrones que abarcan a todos los agentes. Estos teóricos de la complejidad advierten acerca de la irreductibilidad de los sistemas complejos al afirmar que: “El entrelazamiento de relaciones, entorno, historia e intereses individuales hace particularmente difícil la definición de fronteras discretas y conlleva a la séptima característica: los sistemas complejos son irreductibles. Si un sistema es verdaderamente complejo, es más que la suma de sus partes.” (Gilpin y Murphy, 2008, p. 32). No separabilidad, no reducción, no aislamiento, autoorganización, irreversibilidad y coevolución son condiciones y fenómenos que caracterizan a los sistemas complejos.
La imposibilidad de reducir un sistema complejo está relacionada precisamente con la causalidad no lineal, no determinista y con la irreversibilidad. Según García (2007), la realidad no se presenta en clasificaciones asociadas con una disciplina en particular, ni se expresa en partes que pueden ser fácilmente separables, por tanto la realidad es compleja. Este autor define los sistemas complejos “como un recorte de esa realidad, conceptualizado como una totalidad organizada (de ahí la denominación de sistema), en la cual los elementos no son ‘separables’ y, por tanto, no pueden ser estudiados aisladamente” (p. 21).
Lareo (2007) asume que “la complejidad es la propiedad emergente de los sistemas complejos” (p. 67). Para explicar qué es la complejidad, este autor se refiere así a lo que sabemos de la complejidad: a) es una propiedad común de todos los sistemas; b) pueden existir sistemas artificiales con bajos niveles de complejidad, pero ninguno tendrá un nivel nulo; c) a mayor número de componentes del sistema, mayor será su complejidad; d) los paradigmas científicos actuales no son suficientes para estudiar en detalle esta propiedad; y por último, e) es una propiedad “que se reconoce independientemente de la posición que se asuma ante la materia, ya sea esta holista, vitalista, mecanicista o reduccionista” (p. 69).
Volviendo a Mitchell (2009), su ejemplo sobre las economías como sistemas complejos permite observar los principios mencionados. Esta manera de ver el comportamiento del mercado es una forma de superar el reduccionismo que, según los críticos, caracteriza, por ejemplo, la mano invisible de Adam
Smith. Este economista clásico consideraba que era posible el equilibrio del mercado entendido como un todo conformado por las acciones de los individuos. La autora describe las economías como un sistema complejo que consiste en personas o empresas que compran y venden (son los componentes simples o microscópicos) y el comportamiento colectivo del mercado (difícilmente predecible), entendido como el todo.
Asumir la economía como un sistema complejo que presenta un comportamiento colectivo del mercado, significa aceptar que no es suficiente con medir y predecir las tendencias de variables cuantitativas para dar cuenta de este comportamiento emergente. Como advierte Maldonado (2005): “lo que escapa a la compresión de las mediciones estadísticas de la complejidad son los fenómenos de auto organización, los cuales no pueden, en manera alguna, ser explicados satisfactoriamente a partir de la mecánica estadística”(p. 27). En este sentido, el autor considera que la temporalidad es la respuesta al problema de la complejidad de los sistemas sociales. Esto significa que, “la complejidad de un sistema social no coincide necesariamente con el tiempo actual o con la historia del sistema”( p. 20) y quizás por ello advierte que los “sistemas sociales humanos son los de mayor complejidad”( p. 55).
El análisis de un sistema social humano exige elegir una perspectiva de análisis que permita comprender la organización como un sistema de complejidad creciente. De acuerdo con Anderson, (1999), la perspectiva de los sistemas complejos adaptativos es pertinente para este tipo de sistemas en tanto que se preocupa “to ask how changes in the agent’s decisions rules, the interconnections among agents, or the fitness function that agents employ produce different aggregate outcomes” (P. Anderson, 1999, p. 220).