Ma. Refugio Ríos Saldaña* Norma Yolanda Rodríguez Soriano* María Araceli Álvarez Gasca*
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo forma parte del proyecto general denominado “Patógenos conductuales y enfermedades crónico-degenerativas en estudiantes universitarios de la FESI”, el cual está planteado para desarrollarse en tres etapas (una por año). Estos resultados forman parte de la primera etapa.
Uno de los problemas más comunes, y que en la actualidad ha sido asociado con los estilos de vida, es el relacionado con el exceso de peso y la obesidad. En épocas no muy remotas, en algunas regiones (principalmente rurales y que aún se conservan debido a
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la tradición cultural tan fuertemente arraigada) se creía que la persona con sobrepeso e incluso obesa gozaba de buena salud y estaba “llena de vida”. Sin embargo, ahora se sabe que la obesidad tiene múltiples consecuencias sobre la salud y representa una amenaza para la vida, por ser una enfermedad progresiva y crónica de proporciones endémicas que afectan a todo el mundo. A lo anterior se aúna el hecho de que tanto la obesidad como el sobrepeso son problemas graves que representan una creciente carga económica sobre los recursos familiares e incluso nacionales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que tanto el sobrepeso como la obesidad son enfermedades altamente prevalentes y representan una epidemia mundial. Los datos reportados por la Secretaría de Salud en la Encuesta Nacional de Nutrición (ENN) de 1999 (2001) muestran que 60% de la población mexicana presenta obesidad y sobrepeso, problema que va en aumento y que presenta cifras alarmantes en niños y adolescentes. La Encuesta Nacional de Salud en EUA (2000) reportó una prevalencia de obesidad de 24.2% en blancos, 30.9% en afroamericanos, 30.4% en hispanoamericanos (grupo en el que se incluyen mexicanos, puertorriqueños y cubanos) y 20.6% en asiáticos. Estos datos dan cuenta de que en los jóvenes hispanoamericanos entre los 12 y los 18 años de edad se está presentando la obesidad cada vez con mayor frecuencia.
En México, al presentar el Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS) los resul- tados de su Encuesta Nacional de Coberturas en el rubro de sobrepeso y obesidad, Irma Fernández Gárate, coordinadora del Programa PrevenIMSS, señaló que las cifras son muy preocupantes, pues son obesos o tienen sobrepeso 71% de las mujeres de 20 a 59 años y 72% de los hombres del mismo grupo de edad, así como 66% de los adultos mayores de 59 años. Además, en esa categoría también están 20% de los menores de 10 años y 15% de los adolescentes. Estos datos, subrayó la especialista, obligan al IMSS a fortalecer las acciones educativas sobre alimentación y práctica de ejercicio entre la población derechohabiente, ya que el riesgo de sobrepeso y obesidad se incrementa con la edad, lo que predispone a una frecuencia mayor de todas las enfermedades relacionadas con el exceso de peso.* Las personas que presentan estos trastornos tienden a desarrollar enfermedades como hiperten- sión arterial; infartos al corazón; hemorragias cerebrales; problemas del aparato circulatorio; problemas en rodillas, espalda, cadera y tobillos; además de colesterol y diabetes tipo II, así como alteraciones de la postura corporal, entre otros trastornos asociados.
Hablar de obesidad requiere de claridad en cuanto a lo que podría considerarse como el peso normal o estable de una persona. Al respecto, Brannon & Feist (2001) han do- cumentado que un peso estable se mantiene cuando las calorías absorbidas del alimento equivalen a las que el organismo gasta para su metabolismo y para desarrollar actividad física. No obstante, argumentan que el contenido calórico varía de un alimento a otro, de forma que las grasas aportan más calorías que los carbohidratos o las proteínas. El grado de absorción depende de la rapidez con que los alimentos circulan por el aparato digestivo y la composición de la comida.
Por otro lado, se ha mencionado que el organismo convierte las grasas ingeridas en la dieta en grasa corporal más fácilmente que cualquier otro alimento (Rodin, 1992); por
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ello, las personas que consumen alimentos con grandes cantidades de grasas corren mayor riesgo de convertirse en obesos que aquellas cuya dieta es baja en grasas. La multiplicidad de factores asociados con la obesidad muchas veces dificulta conceptuarla de una manera aceptada por todos; es un problema sumamente complejo, por cuya razón en su estudio existen múltiples definiciones de acuerdo con el modelo teórico explicativo o disciplina científica desde donde se aborda. Desde el punto de vista médico, Robles y Altamirano (2004) consideran que “la obesidad es una enfermedad neuroquímica, crónica recidivan- te, evolutiva y mortal, caracterizada por el aumento porcentual de la cantidad de tejido adiposo para el sexo y la edad. Su distribución en adultos es de tipo central o androide y periférica o ginecoide. En niños prepúberes no es posible distinguir estos tipos hasta que inicia el desarrollo sexual” (p. 104). Otros (Barquera, Barquera, García et al., 2003) la han definido como:
“Una enfermedad de etiología multifactorial de curso crónico en la cual se involucran aspectos genéticos, ambientales y de estilo de vida que conducen a un trastorno metabólico. Se caracteriza como un balance positivo de energía, que ocurre cuando la ingestión de calorías excede al gasto energético, ocasionando un aumento en los depósitos de la grasa corporal y, por ende, ganancia de peso” (p. 2).
La obesidad también se ha considerado como un fenómeno multifactorial (Fundación Mexi- cana para la Salud, 2002) por ser una enfermedad crónica originada por múltiples causas y con numerosas complicaciones, una de cuyas principales características es el exceso de grasa en el organismo. Actualmente se acepta que la obesidad se caracteriza por el exceso de tejido adiposo en el organismo y se determina la existencia de obesidad en adultos cuando existe un ÍMC mayor a 30, esto es, el organismo presenta mayor acumulación de grasa en el cuerpo. En ese sentido, la obesidad se ha definido como un contenido de grasa corporal mayor de 25% del peso corporal total para varones y mayor de 30% para mujeres. Mancilla, Álvarez, Román, López y Ocampo (1998) la definen como un exceso de tejido adiposo indeseable porque se le asocia con varias enfermedades y mayor mortalidad, pro- ducto de un balance energético mayor al óptimo, que puede provenir de diversos factores (bioquímicos, genéticos, psicológicos, sociales y culturales). Este trastorno se presenta en personas de cualquier color, edad, nivel económico, sexo o situación geográfica como una acumulación excesiva de tejido adiposo, que se manifiesta en un aumento del peso corporal debido a que el organismo ingiere más alimento del que necesita para cubrir sus requeri- mientos de energía, almacenando el resto en forma de grasa (Mancilla, Durán et al., 1992).
Aunque en el DSM-IV (1994) de la American Psychiatric Association (APA) no se menciona a la obesidad propiamente dicha, sin embargo se describe el trastorno de la con- ducta alimentaria no especificado, en el que se incluye al trastorno por sobrealimentación, cuya presencia compromete las demás funciones biológicas del cuerpo, afectando órganos y sistemas en quienes la presentan.
Por otro lado, el sobrepeso se ha definido como la existencia de un índice de masa corporal (IMC) mayor a 27 y menor de 30 en la población en general. Lo anterior puede significar cualquier exceso de peso del recomendado como deseable para una determina- da persona; así, si un individuo que presenta un máximo de 10% de sobrepeso del ideal (p. ej., si el peso ideal de una persona es de 60 kilogramos y pesa 66), puede decirse que
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tiene sobrepeso. Pasqualini (1973) ha indicado que la obesidad es el estado en el cual el organismo acumula un exceso de tejido adiposo, con desviación notoria en la formación somática. En relación con el peso corporal, el exceso de tejido adiposo es de magnitud muy variable debido a que se relaciona con el resto de los tejidos, principalmente el esqueleto y los músculos estriados, estimándose que existe obesidad cuando el peso sobrepasa en 10% al que corresponde de acuerdo con el sexo y la talla, mientras que Bray (1989) ha señalado que, por definición, hay obesidad cuando el tejido adiposo constituye una fracción mayor que la “normal” del peso corporal total. En varones de 18 años, aproximadamente 15 a 18% del peso corporal es grasa. La grasa correspondiente para mujeres es de 20 a 25%. El porcentaje de peso corporal que es grasa suele aumentar con la edad, aspecto que de ningún modo puede ser necesario ni deseable para cualquier persona.
De acuerdo con Álvarez, Mancilla, Aguilar, Vázquez, López y Alonso (1998), el hecho de que no exista una definición única de la obesidad sino múltiples, y que a su vez éstas subyacen a muy diversas teorías (energética, neuroquímica, genética, celular, endocrina y las psicológicas enmarcadas dentro de diferentes modelos de aproximación: el de apren- dizaje, cognitivo, cognitivo-conductual, sistémico, psicodinámico, ambientalista, etc.) que tratan de explicarla, hace pensar en la necesidad de reconocer y asumir la complejidad en la comprensión de la obesidad (p. 23). Es por ello que a causa de las múltiples definiciones, Bray (1989) propone utilizar la palabra “obesidades” en vez del uso singular, para captar el sentido multifactorial de la obesidad, donde persisten influencias de distinta índole.
Un punto de coincidencia entre los estudiosos de la obesidad es en lo referente a su reconocimiento como factor que contribuye al desarrollo de muchas enfermedades que rompen el equilibrio saludable de forma grave. Por sí misma, está considerada como una enfermedad crónico-degenerativa que se presenta particularmente en personas de edad avanzada, aunque en la actualidad la obesidad se manifiesta cada vez con mayor frecuencia en personas de menor edad, en especial en niños y adolescentes, y se hace evidente por la presencia de sobrepeso, realidad que está llamando la atención de diversos actores sociales. Sin embargo, el sobrepeso como antesala de la obesidad muchas veces ha llegado a pasar inadvertido por quien lo padece y para quienes lo rodean; este hecho puede generar pro- blemas para abordarlo, debido a que si aumenta de manera progresiva, su tratamiento se vuelve más complejo debido a otras alteraciones derivadas en el aspecto físico, psicológico y social.
En torno a la obesidad, se ha demostrado la existencia de múltiples factores involu- crados en su aparición (p. ej., diferencias en el metabolismo de las personas), al tiempo que el metabolismo de un individuo también puede variar de un periodo a otro. Por otro lado, también se ha demostrado que el nivel de actividad requiere de un gasto calórico más elevado. Esto explica por qué unas personas engordan y otras no cuando ingieren las mismas cantidades y calidades de alimento. Aunado a esto, debe tomarse en cuenta que el peso está constituido por diferentes componentes, entre los cuales el exceso de musculatura corporal puede dar en un momento dado la impresión de obesidad.
Los factores que influyen en la obesidad del adolescente son los mismos que los del adulto. Un adolescente ligeramente obeso puede subir de peso con rapidez y llegar a ser obeso en pocos años. Calzada-León (2001) ha mencionado que ningún tipo de obesidad inicia como tal. Generalmente se da como un ligero sobrepeso no atendido oportuna- mente, lo que dará pie al desarrollo de la obesidad. Aunque existen factores y etapas más
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vulnerables que otras en cuanto al inicio del problema, nada determina que éste no pueda aparecer en otro momento de la vida. Entre los factores relacionados con la obesidad se encuentran los socioculturales, los psicológicos, los familiares, los orgánicos, los farmacoló- gicos, los genéticos, el sedentarismo y los hábitos alimenticios. Además, situaciones como embarazo, posparto, matrimonio, dejar de fumar, adolescencia, menopausia y conflictos en diversas áreas conllevan el comer compulsivo y la baja autoestima, y son origen frecuente del problema en los adultos con sobrepeso y obesidad (León y Salas, 1993).
En la actualidad se han facilitado los medios para la preparación rápida de comida, con menor esfuerzo y menor gasto de energía para obtenerla. Basta vaciar un sobre de comida en agua hirviendo para obtener una sopa caliente, o introducir durante algunos segundos alimento al horno de microondas para tenerlo listo para comer en antaño. El ser humano tenía que desplazarse antes a pie para cazar su alimento, y ahora basta una llama- da telefónica para que el alimento esté al instante en la mesa listo para consumirse. Todo ello da como resultado menor gasto de energía para obtenerlo. Al respecto, también se ha enfatizado en el hecho de que las personas sedentarias necesitan menos calorías, mientras que el aumento de la actividad física hace que las personas de peso normal coman más.
A este respecto, Truswell (1985) ha mencionado nueve factores que identifican este tipo de comportamiento: 1) omisión de comidas (por lo general el desayuno); 2) consumo de comida “chatarra” (confituras y alimentos dulces); 3) ingesta de comida rápida; 4) inicio de consumo de bebidas alcohólicas; 5) mayor consumo de refrescos; 6) preferencia o aversión por determinados alimentos; 7) consumo elevado de calorías; 8) consumo insuficiente de nutrientes; 9) práctica de “dietas” reductoras de peso. Se ha argumentado que la práctica en adolescentes e incluso adultos de omitir el primer alimento de la mañana (desayuno) con la idea de favorecer la pérdida de peso es totalmente falsa, ya que un ayuno prolon- gado repercute sobre el metabolismo basal (energía consumida por el organismo para las funciones vitales) disminuyéndolo, de tal manera que la pérdida de peso se hace más difícil (Morgan, 1991). Este investigador argumenta que los estudios realizados con adolescen- tes han indicado que la omisión del desayuno o si éste es inadecuado puede conducir a insuficiencias alimentarias que rara vez se compensan con otras comidas, aunado al hecho de que la deficiencia en hierro, zinc, calcio y vitamina A puede favorecer la aparición de carencias marginales o provocar trastornos de deficiencias específicas.
Actualmente se ha debatido mucho al respecto del papel de los trastornos emocionales y se ha considerado que, más que causa de la obesidad, representan una fuerte reacción a los prejuicios y discriminación contra las personas obesas, lo cual puede repercutir en la imagen corporal, la autovaloración y la autoestima, aunado a sentimientos de inseguridad, aislamiento y malestar en determinadas situaciones sociales.
Los factores de riesgo revisados hasta ahora son los mismos que influyen en la obesidad de los adolescentes. Cuando un adolescente aumenta ligeramente de peso, con frecuencia gana peso con mucha rapidez y en pocos años se convierte en obeso. Como consecuencia, este hecho lo puede conducir a desarrollar baja autovaloración y autoestima.
En la actualidad, y a pesar de las tasas de incidencia de obesidad mundial, aún no hay muchas opciones especialmente dirigidas hacia la prevención de este trastorno en adoles- centes. Por ejemplo, las escuelas, donde los jóvenes pasan gran parte de su tiempo, podrían ser los espacios idóneos para una intervención preventiva de la obesidad; sin embargo, aún no se ocupan suficientemente por establecer una cultura de la prevención en estos ámbitos.
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Método
Objetivo
El objetivo de este trabajo fue identificar la incidencia de obesidad, conductas de riesgo, factores emocionales y heredo-familiares en estudiantes universitarios.
Participantes en el estudio
En un diseño exposfacto, observacional y descriptivo, y mediante el examen médico auto- matizado (EMA), se evaluaron 1 945 alumnos de nuevo ingreso en el ciclo 2004 de las seis carreras que se imparten en la FESI UNAM, de los cuales se analizaron 280 (29.3% varones y 70.4% mujeres), con edad promedio de 18.91 y desviación típica de 3.41. Todos fueron evaluados de manera grupal en tres horarios distintos por día (de 8: 00 a 11:00 horas, de 11:00 a 14:00 horas y de 15:00 a 20:00 horas) durante una semana.
Procedimiento
Se realizaron los trámites administrativos pertinentes ante la Dirección General de Ser- vicios Médicos para participar en el proceso global de aplicación del EMA. Después de la aplicación se solicitaron datos generales del 2004. Se revisaron las bases de datos y se identificaron los ítems relacionados con la presencia de obesidad, los factores y las conduc- tas de riesgo, los indicadores emocionales, las redes sociales de apoyo y los antecedentes heredo-familiares, así como la presencia de hipertensión y diabetes mellitus en los estu- diantes y sus progenitores.
Resultados
Los resultados se presentan en términos descriptivos en cuatro rubros generales: 1) pro- blemas de obesidad y salud, 2) antecedentes heredo-familiares, 3) conductas de riesgo y 4) problemas emocionales.
Problemas de obesidad y de salud
En la figura 6-1 se muestran los datos relacionados con la obesidad, donde puede observarse una diferencia importante entre hombres y mujeres. Asimismo, se calculó el IMC, y los resultados mostraron un promedio de 28.97, con una D. M. de 5.18.
En la figura 6-2 se muestran los porcentajes de estudiantes universitarios que repor- taron la presencia de obesidad y de otras enfermedades. Puede verse que la hipertensión se encuentra en primer lugar, le siguen los problemas renales, y en tercero y cuarto lugares figuran las enfermedades pulmonares y del corazón, respectivamente.
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Antecedentes heredo-familiares
En la figura 6-3 se ilustran los resultados acerca de los antecedentes heredo-familiares, donde se observa que la obesidad y la hipertensión se presentan en primer lugar en las madres. La obesidad ocurre en mayor porcentaje en las madres, en segundo lugar en el padre y en tercer lugar en los hermanos. La hipertensión se presenta también en mayor porcentaje en las madres, y en los padres y hermanos en segundo y tercer lugar, respectivamente. La diabetes se presenta en primer lugar en los padres y en segundo lugar en la madre, aunque también aparece en menor porcentaje en los hermanos. Las enfermedades del corazón se presentan en igual porcentaje en padres y madres, y en segundo lugar en los hermanos, aunque este último problema ocurre en menor porcentaje.
Hombres Sexo Mujeres Porcentaje 0 10 20 30 40 50 60 70 80 23.9 70.4 Figura 6-1.2EHVLGDGHQHVWXGLDQWHVXQLYHUVLWDULRV Figura 6-2.(QIHUPHGDGHVUHSRUWDGDVSRUORVHVWXGLDQWHVXQLYHUVLWDULRVREHVRV Porcentajes 0 5 10 15 20 25
Renal Cardiaca Pulmonar T.A.
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Conductas de riesgo
En las figuras 6-4 y 6-5 se presentan las conductas de riesgo y estilo alimentario reporta- dos por los estudiantes universitarios. Obsérvese en la figura 6-4 que en primer lugar se presenta la vida sedentaria; en segundo lugar, y con una diferencia mínima, se presenta el alcoholismo; en tercer lugar el tabaquismo, y en último lugar la drogadicción. Asimismo, en la figura 6-4 se presenta en primer lugar la ingesta de alimentos altos en colesterol, como carne de cerdo, carne de res y chorizo diariamente (46.4%); en segundo lugar los refrescos (28.5%); en tercer lugar los alimentos con gran contenido de azúcar refinada, tales como pastelillos, galletas, dulces y helados (22.75), y en menor porcentaje (14.2%) los antojitos y las frituras (6.4%), además de comer fuera de casa (23.4%) y saltarse comidas (15.35).
Problemas emocionales
Lo encontrado sobre los problemas emocionales e indicadores depresivos se presenta en las figuras 6-6 y 6-7, respectivamente. En la figura 6-6 puede apreciarse que el estrés y la ansiedad se presentan en mayor porcentaje (32.5 y 21%, respectivamente); le siguen los sentimientos de incapacidad para resolver problemas (15.6%) y la pérdida de confianza (8.5%), así como el miedo ante todo lo que tienen que hacer (11.9%). En la figura 6-7
Porcentaje 0 10 20 30 40 50 60 70 80
Cardiacos Diabetes Obesidad Hipertensión
Padre Madre Hermanos
18 19 8 31 21 1 45 60 27 28 80 6 Figura 6-3.$QWHFHGHQWHVKHUHGRIDPLOLDUHV
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se observa que el pensamiento suicida y los intentos de suicidio se presentan en igual porcentaje (9.2%), aunque en mayor porcentaje (11.2%) se presenta la sensación de que no vale la pena vivir, y en menor porcentaje (2.75%) el estar a punto de quitarse la vida.
Figura 6-4.&RQGXFWDVGHULHVJRHQHVWXGLDQWHVXQLYHUVLWDULRV
Figura 6-5.(VWLORGHDOLPHQWDFLyQ
Alcohol Drogas Sedentarismo
Porcentajes 0 20 40 60 80 100 120 140 160 200 180 Tabaco 86 185 1 197 Porcentaje 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 Comer fuera
de casa Saltarsecomidas Comida