EPISTEMOLÓGICAS CONTEMPORÁNEAS APLICADAS AL CASO DE LA LINGÜÍSTICA
EXPLICACIÓN, COMPRENSIÓN Y EL CASO DE LA LINGÜÍSTICA
2. Problemas de explicación y comprensión en las ciencias sociales
Si, como afirma Hempel, todas las explicaciones científicas caen en una de las categorías de “cobertura legal” explicadas anteriormente, debemos preguntarnos qué ocurre con las pretensiones explicativas de la historia y de las ciencias sociales y humanas en general. Comesaña destaca que algunas de las críticas que se le hacen a la teoría de la explicación de Hempel provienen de los historiadores (1996: 32). En efecto, muchos historiadores preocupados por problemas epistemológicos creen que la historia brinda explicaciones, aunque estas explicaciones no se subsuman en leyes, i.e., aunque no se ajusten al modelo de cobertura legal. Según Hempel las explicaciones históricas no se respaldan en leyes.
Lo que los análisis explicativos de los hechos históricos ofrecen es, entonces, en la mayoría de los casos, no una explicación sino un esbozo de explicación. Este consiste en una indicación más o menos vaga de las leyes y las condiciones iniciales consideradas relevantes, y necesita ‘completarse’ con el fin de convertirse en una explicación hecha y derecha. Este completamiento requiere de una explicación empírica más extensa, por la cual el esbozo sugiere la orientación (Hempel 1965: 240).
Ahora bien, si las explicaciones históricas se respaldan en leyes, éstas son tan triviales que ni hace falta mencionarlas. Por ejemplo, si explicamos la invasión de las Malvinas por parte del impopular gobierno militar argentino de 1982 señalando que se trató de una operación tendiente a generar un espíritu de unidad nacional estamos empleando tácitamente la siguiente ley, que puede ser trivial o excesivamente particular: “Un gobierno impopular tratará de generar situaciones que eleven el espíritu de unidad nacional para mantenerse en el poder”.
La solución de William Dray (1957) parece la más eficaz y la más sencilla: las explicaciones históricas no hacen referencia a leyes muy triviales o muy complejas, sino que no hacen referencia a ley alguna. De un modo similar, Peter Winch (1958) dice que los fenómenos sociales se comprenden por medio de métodos muy diferentes de los de la ciencia natural. Al científico social se le aparece el desafío de comprender el significado de las conductas que observa si quiere considerarlas como hechos sociales. El científico social alcanzará la comprensión por medio de conceptos y reglas que determinan la realidad social de los agentes estudiados. Por ejemplo, podrá comprenderse que la variedad de lenguaje que se usa en las cárceles y que constituye un tipo de ‘antilenguaje’ es el resultado de una actitud al mismo tiempo defensiva y agresiva por parte de los presos hacia el resto de la sociedad: ellos constituyen una ‘antisociedad’ que habla un ‘antilenguaje’. Para Winch, la explicación y la comprensión de la conducta social tienen que usar la misma trama conceptual que los agentes de los procesos sociales investigados. En consecuencia, el científico social no puede apartarse de su objeto de estudio del mismo modo que lo hace el científico natural: debe alcanzar una comprensión empática, una aptitud para participar en una ‘forma de vida’. Esto se relaciona directamente con lo que afirma Gastón Gil (2002: 42) a propósito de quienes desarrollan investigaciones antropológicas de su propio entorno: “Lo que se busca es un rigor que parte, indefectiblemente, de esclarecer cómo se lleva a cabo la investigación social cuando existe un vínculo sólido entre el investigador y los sujetos de la investigación”5.
Los problemas que enfrenta la investigación en historia parecen comunes a todas las ciencias “sociales” o “humanas”. Nagel señala que aunque muchos estudios sociales contienen penetrantes observaciones sobre las instituciones, “raramente pretenden
basarse en indagaciones sistemáticas de datos empíricos detallados concernientes al funcionamiento real de la sociedad” (1961: 404)6. En alguna medida, esta tesis de doctorado surge de un problema muy frecuente en las ciencias sociales o humanas: la falta de acuerdo general en las humanidades que sí es común entre los investigadores de las ciencias naturales en lo referido al menos a los hechos pertinentes, las explicaciones y los métodos válidos de investigación. Hemos visto y seguiremos viendo las diferencias sustanciales que hay entre la lingüística generativa y la lingüística funcional. ¿Son estas diferencias un obstáculo sustancial para afirmar que la lingüística constituye una ciencia desarrollada?7 En síntesis, en las ciencias naturales surgen desacuerdos sobre los métodos, las teorías y las explicaciones, pero (a excepción de cuestiones que entrañan problemas morales) los desacuerdos se resuelven con relativa celeridad debido a nuevos estudios o a técnicas de análisis mejoradas. Por ejemplo, la teoría de la relatividad hizo desparecer las controversias sobre la supuesta existencia del éter8. En cambio, algunas mesas de los congresos de lingüística, por caso, producen la impresión de que son un campo de batalla de escuelas teóricas en guerra interminable. Como dice Nagel (1961: 405), “hasta cuestiones que han sido objeto de estudios intensos y prolongados permanecen en la periferia, formada por los problemas no resueltos, de la investigación”.
Al reflexionar sobre el status epistemológico de la lingüística y de las ciencias humanas en general, lo que realmente importa es entender los problemas metodológicos fundamentales y la estructura de las explicaciones que estas disciplinas pueden llegar a proveer. De esta manera, “el otorgamiento o la negación de títulos honoríficos” (Nagel 1961: 406) carece de importancia.
Precisamente Ernest Nagel menciona que hay por lo menos cinco dificultades básicas generadas por la naturaleza de los objetos de estudio de la investigación social. Esa dificultades aparecen como obstáculos serios, pero no fatales, para el establecimiento de leyes.
1) Las ciencias sociales tienen un margen de maniobra muy estrecho para efectuar investigaciones controladas, i.e., experimentos donde se pueda manipular el conjunto de variables estudiadas. La situación se agrava cuando pensamos que el ejercicio de poder para cambiar condiciones sociales a los efectos del experimento es en sí mismo una variable social. Aunque es posible realizar
progresos científicos sin experimentos controlados (pensemos en la astronomía) parece indispensable algún hacer tipo de investigación empírica controlada. 2) Los fenómenos sociales están “culturalmente condicionados”. Las formas que
asume la conducta social dependen de las condiciones concretas que la estimulan y del marco cultural e histórico. Por ello, las conclusiones de las investigaciones sobre un determinado caso pueden no ser extensibles a otra sociedad. Según Nagel, “debe admitirse la posibilidad de que las leyes no triviales y bien fundadas sobre los fenómenos sociales tengan sólo una generalidad muy restringida” (1961: 415). En la posturas más extremas se les reclama a las ciencias sociales que tengan la capacidad predictiva de la astronomía9.
3) Los seres humanos suelen modificar sus modos habituales de conducta social como consecuencia de haber adquirido un nuevo conocimiento sobre los sucesos en los cuales participan o sobre la sociedad a la que pertenecen10. En síntesis, el
conocimiento de los fenómenos sociales es una variable social. En este sentido, se supone que los informantes de una investigación sociolingüística modifican su conducta y sus respuestas de forma consciente cuando se saben entrevistados. La dificultad es seria pero no parece insuperable. Los físicos están familiarizados hace tiempo con el hecho de que los instrumentos usados para efectuar mediciones pueden provocar alteraciones en la misma magnitud que se quiere medir: ésta es la enunciación elemental del principio de incertidumbre de Heiseinberg11.
4) Los estudios sociales manifiestan una naturaleza “subjetiva”. Las explicaciones objetivamente bien fundadas resultan muy difíciles porque los fenómenos sociales presentan un aspecto esencialmente subjetivo o impregnado de valoraciones. Por ejemplo, las suposiciones que en ocasiones hacen los economistas sobre la “confianza” en los mercados parecen la proyección de los estados subjetivos del mismo investigador. Por ello, esas suposiciones no se justifican por sí mismas. Se necesitan elementos de juicio a favor de las suposiciones si no se quiere que la explicación sea “un ejercicio de imaginación descontrolada” (Nagel 1961: 435).
5) Los valores sociales y aun ideológicos a los que adhieren los investigadores no sólo tiñen el contenido de sus hallazgos sino que también controlan la evaluación de las conclusiones. De este modo, para las ciencias sociales es un gran inconveniente alcanzar la “neutralidad valorativa” que impera en la ciencia natural. Según Nagel (1961: 440), se han necesitado siglos de esfuerzo para desarrollar técnicas y hábitos de investigación que protejan a las investigaciones de las ciencias naturales contra la intrusión de factores extraños y tampoco se puede caer en la ingenuidad de creer que esos procedimientos son infalibles.
En conclusión, las dificultades metodológicas complican la búsqueda de explicaciones sistemáticas de los fenómenos sociales, pero esas complicaciones no son exclusivas de las ciencias sociales ni tampoco intrínsecamente insuperables.
3. Solución para los problemas de la investigación social en el caso de la lingüística