PROBLEMAS EPISTEMOLÓGICOS DE LA LINGÜÍSTICA GENERATIVA
3. El objeto de estudio de la lingüística generativa
3.2. El desplazamiento de la lengua-E a la lengua-I 1 Lengua-E vs Lengua-
3.2.2. Razones para el desplazamiento Defensa del realismo
Tal como lo ve Chomsky, la gramática generativa cambió el objeto de estudio de la lingüística. Hizo que se dejara de prestar atención a la conducta potencial o real y sus productos y que se pasara al sistema de conocimiento que subyace al uso y a la comprensión del lenguaje y, con mayor profundidad, a la GU, i.e., a la capacidad innata que hace posible que los humanos tengan ese conocimiento. En síntesis, se produjo un cambio del estudio de la lengua-E, el estudio de la lengua considerada como un objeto exteriorizado, al estudio de la lengua-I, el estudio de la lengua considerada como un sistema de conocimiento obtenido y representado en el interior de la mente/cerebro. La GU es la teoría de un estado inicial de la mente que hace posible la obtención y la representación de las gramáticas particulares, como las del castellano, el inglés o el guaraní. Ese estado inicial, que Chomsky simboliza S(O), es común a todos los seres humanos desde el momento en que nacen. Por su parte, las gramáticas (con minúscula) son las teorías de las diferentes lenguas-I. La gramática particular que desarrolla un individuo constituye ya el estado estable de la facultad del lenguaje, el cual tiene dos componentes estrechamente relacionados: el componente específico de la lengua en cuestión y la parte del estado inicial.
El sistema de conocimiento obtenido, la lengua-I, “asigna un status a cada hecho físico relevante, por ejemplo a cada onda sonora” (Chomsky 1985: 41). Cada lengua-I diferente le asigna a cada hecho físico que corresponda un status diferente dentro de ciertas categorías. Por el contrario, la lengua-E no puede ocupar ningún lugar en un panorama como éste porque las lenguas-E son “artefactos”, inventos mal encaminados en el marco de una concepción equivocada del lenguaje. Los hechos físicos pertinentes, desde las ondas sonoras hasta los enunciados con determinadas formas oracionales, no
pueden recibir status alguno de una lengua-E. Chomsky dice que podemos definir “lengua-E” de cualquier manera, puesto que este concepto no cumple ningún papel en una teoría del lenguaje. La lengua-E no está dada, el input ante el cual el niño está expuesto es una serie finita de datos a partir de la cual, gracias al S(O), el niño construye una lengua-I que asigna un status a cada expresión, y que recién después podemos llegar a considerar como generadora de una determinada lengua-E. De todas maneras, esta lengua-E es una consecuencia cuya caracterización bien puede resultar superflua.
Desde un enfoque epistemológico, el concepto de lengua-E lleva a errores fatales que contradicen lo que para Chomsky es una elemental postura realista. En principio, la lengua-E no es un objeto del mundo real, se trata de una construcción artificial, arbitraria y poco interesante. Por el contrario, las dos instancias de la lengua-I, el estado inicial y el estado estable, son elementos reales de las mentes/cerebros particulares, son “elementos del mundo físico”, dado que los estados mentales en alguna medida pertenecen al mundo físico. En este punto, Chomsky adopta una postura claramente realista y correspondentista, ya que para él “las afirmaciones sobre la lengua-I ... son afirmaciones verdaderas o falsas sobre algo real y determinado, sobre estados reales de la mente/cerebro y sus componentes (con las idealizaciones ya discutidas)” (1985: 42)11. En efecto, la lingüística es una ciencia empírica que tiene su objeto de estudio en el mundo real. Increíblemente, muchos lingüistas perdieron de vista cuál era ese objeto y trabajaron con un artificio. En contraste, la teoría generativa se dio cuenta del error y encauzó a la lingüística por el camino de las ciencias empíricas. De este modo, la GU y la teoría de las lenguas-I, la gramática universal y las particulares, están a la par de las teorías de la física, la química o la biología. Por el contrario, las teorías de la lengua-E tienen un status distinto y ciertamente oscuro, porque “no existe ningún objeto en el mundo real que les corresponda” (1985: 42).
Por estos razonamientos, Chomsky sostiene que la lingüística es parte de la psicología y, en última instancia, de la biología. En cierto sentido, también cree que la ciencia del lenguaje está algo subdesarrollada porque espera que quede definitivamente incorporada a las ciencias naturales cuando se descubran los mecanismos biológicos con las propiedades caracterizadas por las investigaciones lingüísticas. En realidad, Chomsky piensa que debe esperarse que esas investigaciones de una abstracción
superior sean un paso necesario para el estudio de dichos mecanismos. El concepto de lengua-I no propone nada nuevo para la metodología de la ciencia. El mismo Chomsky destaca que su trabajo se encuadra en la tradición del realismo, donde la lingüística y la psicología parecen “una pobre elección” comparadas con ciencias más avanzadas (1985: 42, n. 15).
Precisamente, el desplazamiento analizado en este inciso constituye un movimiento a favor del realismo epistemológico porque la lingüística ha pasado a estudiar un objeto del mundo real en lugar de un artificio y ha puesto en foco lo que realmente queremos decir como “una lengua” o “el conocimiento de la lengua” en el uso común. En este sentido, la ciencia del lenguaje no está absolutamente separada de lo que podríamos llamar la “lingüística-folk” o “lingüística de sentido común”.12
El realismo chomskyano es ciertamente sofisticado. La realidad del lenguaje no es lo que aparece o parece a simple vista. Esto queda claro con el experimento mental de los marcianos, orientado a demostrar que dos gramáticas pueden ser extensionalmente equivalentes sin ser las mismas gramáticas. Supongamos que un marciano con una mente muy distinta de la nuestra emite (y entiende) las oraciones del castellano tal como nosotros. Supongamos también que la investigación lingüística demuestra que utiliza elementos y reglas muy diferentes de los nuestros, por ejemplo, sin palabras, por medio de sintagmas memorizados como unidades mínimas de su gramática. Resulta claro que no diríamos que la lengua-I castellano y la lengua-I marciano son las mismas, aunque fueran extensionalmente equivalentes13.
En lo concerniente al modo de determinar objeto de la lingüística o de cualquier ciencia, Chomsky se declara empirista. Efectivamente, para él no puede definirse de antemano, a priori, cuál es el conjunto de datos preciso con el que tratará una ciencia. “Por lo menos en las ciencias, las disciplinas son concebidas como cuestiones de conveniencia, no como formas de trocear la naturaleza por sus articulaciones o como la elaboración de conceptos fijos, y sus límites se desplazan y desaparecen a medida que avanza el conocimiento y la comprensión” (Chomsky 1985: 51). Por todo esto, el estudio del lenguaje constituye una ciencia empírica como la química, la biología o la teoría de la visión humana.