"El corazón tiene sus razones que la razón no percibe". Entre los anglosajones es bastante usual pensar en las "razones" del corazón o del inconsciente como fuerzas rudimentarias, empujes u oleadas, lo que Freud llamaba Trieben. Para Pascal, un francés, el asunto era bastante diferente, y a no dudar concebía las razones del corazón como un cuerpo de relaciones lógicas o de procesos de computación tan precisos y complejos como las razones de la conciencia.
(He observado que los antropólogos anglosajones interpretan mal a veces las obras de Claude Lévi-Strauss precisamente por esta razón. Dicen que insiste demasiado en el intelecto e ignora los "sentimientos". La verdad es que él parte de la suposición de que el
corazón posee algoritmos precisos.)
Pero estos algoritmos del corazón, o como dicen ellos, del inconsciente, están codificados y organizados de una manera totalmente diferente a la de los algoritmos del lenguaje. Y co- mo gran parte del pensamiento consciente está estructurado en términos de la lógica del lenguaje, los algoritmos del inconsciente son inaccesibles por partida doble. No se trata solamente de que la mente consciente tenga un acceso dificultoso a ese material, sino que a ello se suma el hecho de que cuando ese acceso se logra, por ejemplo en los sueños, el arte, la poesía, la religión, la intoxicación y otros estados semejantes, subsiste un formidable problema de traducción.
Esto suele expresarse en lenguaje freudiano diciendo que las operaciones del inconsciente están estructuradas en términos del proceso primario, en tanto que los pensamientos de la conciencia (especialmente los pensamientos verbalizados) se expresan en el proceso
secundario.
Nadie, que yo sepa, sabe nada del proceso secundario. Pero de ordinario se presume que todos saben cuanto hay que saber de él, por lo cual no intentaré describir con detalle el proceso secundario, dando por supuesto que ustedes saben acerca de él tanto como yo.
El proceso primario es descripto (por ejemplo, por Fenichel) como carente de negaciones, de tiempo gramatical, de cualquier signo que permita identificar los modos gramaticales (por ejemplo, el indicativo, subjuntivo, desiderativo, etcétera) y como productor de metáforas. Estas caracterizaciones se basan en la experiencia de los psicoanalistas, quienes tienen que interpretar los sueños y los patrones que rigen la asociación libre.
También es verdad que el tema sobre el cual versa el discurso del proceso primario es diferente del tema del lenguaje y la conciencia. La conciencia habla de cosas o personas y une predicados a las cosas o personas específicas que se han mencionado. En el proceso primaria, las cosas o personas no son, usual-mente, identificadas, y el foco del discurso está puesto en las relaciones que se afirma darse entre ellas. Lo cual es en realidad otra manera de decir que el discurso del proceso primario es 'metafórico. Una metáfora mantiene inalterada la relación que "ilustra" pero substituye los términos relacionados por otras cosas o personas. En un símil, el hecho de que se esté empleando una metáfora se marca mediante la inserción de las palabras "como si" o "así como". En el proceso primario (como en el arte), no existen marcadores que indiquen a la mente consciente que el material del mensaje es metafórico.
(En el caso de un esquizofrénico, constituye un paso importante hacia una salud más convencional el que pueda formular sus enunciados esquizofrénicos o los comentarios de sus voces interiores en una terminología de "como si".)
Pero el foco constituido por las relaciones es algo más estrecho de lo que podría indicarse con sólo decir que el material del proceso primario es metafórico y no identifica los términos relacionados concretos. El tema del sueño y de otro material del proceso primario es, de hecho, relación en el sentido más restringido de relación entre uno mismo y otras personas o entre uno mismo y el ambiente.
A los anglosajones, que se sienten incómodos con la idea de que los sentimientos y emociones sean los signos exteriores de algoritmos precisos y complejos, se les dice generalmente que estos asuntos, la relación entre uno mismo y los otros, y la relación entre uno mismo y el ambiente san de hecho el tema de lo que se llama "sentimientos" (el amor, el odio, la confianza, la angustia, la hostilidad, etcétera). Es una lástima que estas
abstracciones, que se refieren a patrones de relación hayan recibido nombres que usualmente se manejan de maneras que suponen que los "sentimientos" se caracterizan principalmente por la cantidad más que por un patrón preciso. Esta es una de las absurdas contribuciones de la psicología a una epistemología distorsionada.
Pero sea esto lo que fuere, para nuestro interés actual es importante advertir que las características del proceso primario tal como se las describió anteriormente son las características inevitables de cualquier sistema comunicacional entre organismos que sólo puedan utilizar la comunicación icónica. La misma limitación es característica del artista y del soñante5 y del mamífero o ave prehumanos. (La comunicación de los insectos es, quizás,
otra cuestión.)
En la comunicación icónica no existe tiempo gramatical, ningún adverbio simple de negación, ninguna marca modal.
La ausencia de adverbios negativos simples tiene especial interés porque obliga a los organismos a decir lo opuesto de lo que quieren significar para conseguir que se acepte la
proposición de que quieren significar lo opuesto de lo que dicen.
Los perros se acercan unos a otros y necesitan intercambiar el mensaje: "No vamos a pelearnos". Pero la única manera en que puede mencionarse una pelea en la comunicación icónica es mostrando los colmillos. Entonces los perros necesitan descubrir que esa mención de la pelea fue solamente exploratoria. Para ello se enzarzan en una riña; descubren que ninguno de los dos, en última instancia, pretende matar al otro y, tras ello, pueden ser amigos.
(Considérense los ceremoniales empleados para hacer la paz por los habitantes de las islas Adaman. Considérense también las funciones de la enunciación invertida o sarcasmo y otras formas de humor en el sueño, el arte y la mitología.)
En general el discurso de los animales versa sobre relaciones consigo mismos y con otros o entre ellos mismos y el ambiente. En ninguno de los dos casos resulta necesario identificar los términos de la relación. El animal A le expresa algo al animal B sobre su relación con B y le expresa algo a C sobre su relación con C. El animal A no tiene nada que expresar al animal C acerca de su relación con B. Los términos de la relación se encuentran siempre presentes para ilustrar el discurso, y el discurso es siempre icónico, en el sentido de que está compuesto de acciones parciales ("movimientos de intención") que mencionan la totalidad de la acción que se está mencionando. Aun cuando el gato le pide leche a usted, no puede mencionar el objeto que desea (a menos que esté perceptualmente presente). El dice "mamá, mamá" y se supone que usted, a partir de esta apelación a la dependencia, conjetura que es leche lo que él necesita.
Todo lo dicho indica que los pensamientos del proceso primario y la comunicación de esos pensamientos a otros son, en un sentido evolutivo, más arcaicos que las operaciones más conscientes del lenguaje, etcétera. Y este hecho tiene consecuencias para la totalidad de la estructura económica y dinámica de la mente. Samuel Butler fue quizás el primero en hacer notar que lo que conocemos mejor es aquello de lo que tenemos menos conciencia, es decir, que el proceso de formación del hábito es una inmersión del conocimiento hacia niveles menos conscientes y más arcaicos. El inconsciente contiene no sólo aquellos asuntos dolorosos que la conciencia prefiere no indagar sino también muchos asuntos que nos son tan familiares que no necesitamos examinarlos. El hábito, por consiguiente, constituye una de las más importantes economías de pensamiento consciente. Podemos hacer cosas sin
pensar conscientemente en ellas. La habilidad de un artista, o más bien su demostración de habilidad, se convierte en un mensaje sobre esa parte de su inconsciencia. (Pero tal vez no un mensaje del inconsciente.)
Pero, el asunto no es tan sencillo. Es conveniente hundir algunos tipos de conocimiento hasta los niveles inconscientes, pero hay otros que conviene mantener en la superficie. Hablando en sentido amplio, podemos permitirnos hundir aquellos tipos de conocimiento que siguen siendo verdaderos independientemente de los cambios producidos en el ambiente, pero tenemos que mantener en un lugar accesible todos aquellos controles de la conducta que deben modificarse en cada caso concreto. El león puede permitir que se hunda en su inconsciente la proposición general de que las cebras son su presa natural, pero al habérselas con una cualquiera en particular debe estar en condiciones de modificar los movimientos de su ataque para que sean adecuados al terreno concreto donde los realiza y a las tácticas de evasión de esa cebra en particular.
La economía del sistema empuja, de hecho, a los organismos a que hundan en el inconsciente aquellas generalidades de relación cuya verdad es permanente y a mantener en lo consciente los aspectos pragmáticos de cada caso particular.
Las premisas pueden, con provecho para la economía, sumergirse, pero las conclusiones particulares tienen que ser conscientes. Pero el "hundirse", aunque económicamente favorable, tiene de todas maneras su precio. Dado que el nivel hasta el cual se hunden las cosas se caracteriza por los algoritmos icónicos y las metáforas, resulta difícil al organismo examinar la matriz de la que brotan sus conclusiones inconscientes. Inversamente, podemos observar que lo que es común a un enunciado concreto y a la metáfora correspondiente es de una generalidad que lo hace apto para hundirse.