6.1. Performance línea escuela subjetividad y territorio
6.1.3. Yo profesor me confieso
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“No nací marcado para ser un profesor, así me fui haciendo de esta manera en el cuerpo de las tramas, en la reflexión sobre la acción, en la observación atenta de otras prácticas o de la prácticas de otros sujetos, en la lectura persistente y crítica de los textos teóricos, no importa si estaba o no de acuerdo con ellos. Es imposible practicar el estar siendo de ese modo sin una apertura a los diferentes y a las diferencias con quienes y con los cuales es probable que aprendamos (…) soy profesor a favor de la esperanza que me anima a pesar de todo”... Paulo Freire
Imagen 26 Fotogramas Yo Profesor me Confieso Proyecto UAQUE María Montessori IED
Fuente: archivo propio
Antes de iniciar con este performance, es necesario mencionar que, si bien la experiencia pedagógica del semillero Trinchera y el taller de performance, se piensan dirigidos a la formación de la subjetividad política de los estudiantes, quienes participamos como maestros en
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el proceso hemos sido atravesados por la experiencia. No es posible mantenerse al margen como un simple espectador o mediador, necesariamente se es coautor, pues todos aparecemos como protagonistas de nuestro propio trayecto de vida en la escuela, donde la experiencia y la investigación resultan transformadoras y fundan agenciamiento.
Esta trasformación no sólo se da en relación con las prácticas pedagógicas, en el hacer disciplinar del maestro, más allá de ese rol se involucran los sentidos y sentires que configuran un compromiso ético, a través del cual se funda una visión de escuela. En este orden de ideas, el maestro debe ser el primer sujeto en reconocer, potenciar y transformar su subjetividad política, asumiendo la capacidad de decirlo todo sin hablar.
Asimismo, ser uno más del grupo y a la vez fungir como maestro implica descentrarse, reflexionar y reconfigurar la forma en que se asumen las relaciones, pues se instituye una proxemia íntima, un conocimiento de los otros que exige una actitud parresiática. Poder decir verdad emerge como la columna vertebral de la relación maestro discípulo, por ello, al asumir la confesión se abre un espacio de conocimiento sobre sí mismo, en el sentido de un “yo” los otros, un “yo” nosotros, que implica una desnudez del ser, deviene inevitablemente en subjetivación, hacerse sujeto en la interioridad de los pliegues del conocimiento de sí y hacerse sujeto en la reflexividad de la conciencia ética de sí.
Contexto:
El proceso de diseño del taller de performance como acto educativo suponía pensar una secuencia didáctica que permitiera construir conocimiento desde la participación activa de los estudiantes y el desarrollo de pensamiento crítico, de acuerdo con los momentos del modelo praxeologico (ver, juzgar, actuar, devolver creativamente).
Para este fin inicialmente se apropió y adaptó la secuencia didáctica del Modelo Lector de Pedagogía Conceptual, la cual ofrecía una estructura que proporcionaba los tiempos y acciones planeadas para el cumplimiento de los objetivos del taller, además de adaptarse perfectamente como metodología al modelo praxeologico. Así, la secuencia dividida en cuatro fases (inicio, etapa de comprensión, etapa de desarrollo y cierre), las cuales estaban organizadas en operadores o momentos específicos para cada una de las fases, daban cuenta de los avances y alcances realizados en las sesiones de taller.
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En este orden de ideas, en la segunda fase “ juzgar”, que supone la comprensión de los conceptos y modos de hacer para la aprehensión del performance, aparece el operador modelar, que al interior del taller se definió como uno de los momentos más importantes, dado que planteaba que el docente presentara, “modelara” un ejercicio, de acuerdo con las características y procesos esperados por sus estudiantes. Como parte de la enseñanza aprendizaje, se podría resumir en una frase “mira como lo hago y comprende porque lo hago así”. En este operador, subyace la intención clara de demostrar y justificar el proceso creativo desde el hacer, así como las implicaciones narrativas, conceptuales y técnicas que implica la realización de un performance.
Para ese momento, todo ejercicio de clase se registraba con una introducción en la cual el performador exponía sus motivaciones y reflexiones más significativa; luego, se hacia el registro de la acción y, una vez terminado el performance, se realizaba un comentario final por parte de los asistentes o espectadores, para luego abrir un panel de discusión que daba cierre y evaluación a cada sesión. En ese ámbito es que nace yo profesor.
Ahora bien, Yo profesor me confieso surge como un ejercicio autoreflexivo sobre el rol docente, el rol performado que se ejerce y que obedece a las propias dinámicas de la escuela como institución histórica, el tipo de sujeto y subjetividad que ha sido modelado para la noble labor de formar a las siguientes generaciones, y que parece determinar un rol performado que es atravesado por nociones como la vocación, la entrega y el sacrificio en términos absolutos y profundamente cristianos. El profesor como símbolo misional, ataviado con valores como serenidad, sabiduría, respeto e idoneidad, se desborona, con una dignidad cada vez más quebrantada y un protagonismo social cada vez más ignorado.
Es la figura histórica del maestro de escuela, que agoniza y convive hoy con realidades y escenarios sociales adversos y de difícil aprehensión, para su lenta transformación. Aquí yace el profesor superado por los saberes sociales de los cuales necesita, desaprender para aprehender para no desaparecer; o por el contario, es la oportunidad de replantear, de reinventar su papel en la sociedad y abrirse a prácticas y modos de hacer en los cuales explore y ponga de manifiesto su subjetividad, de ser así, se requiere un cambio de escenario un plegamiento interno una acción de sí, y sobre sí, un juego de desplazamientos y encuentros entre lo público y lo privado que pase del rol performado a las subjetividades docentes, empoderadas, diversas e incluyentes conectadas con los estudiantes y los contextos. Una subjetividad que admita la horizontalidad, el diálogo la
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co-construcción, así como el reconocimiento de saberse siempre aprendiente para poder poner en escena el sujeto que es, como acto de libertad e identidad.
Si bien el taller pretende hacer uso del cuerpo como soporte expresivo para poder decir sin el uso de la palabra, este performance hace uso de la voz, planteado una confesión pública. El proceso de construcción del texto apela a recolección y selección de frases y acciones que circulan cotidianamente en boca y cuerpo de los profesores y se conjugan con la oración católica del yo pecador, en tanto palabra, obra y omisión.
Descripción
Esta vez el escenario es la Facultad de Ciencias y Educación, de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en el marco del encuentro Tejidos y Fugas, del Proyecto UAQUE, Arte etnografía de IDEP. En el transcurso de esa jornada los docentes, participantes de este estudio, realizamos intervenciones, instalaciones y exposiciones, socializando los resultados de los proyectos de investigación y creación, que cada uno desarrollaba en sus instituciones educativas. Así, se desarrolló una muestra colectiva que incluía diversas prácticas artísticas y espacios de la universidad. Esto, con el propósito de romper la cotidianidad de la academia y abrir espacios para la reflexión, el diálogo y la participación, teniendo en cuenta el público asistente: los docentes en formación de las diversas licenciaturas que se imparten en esta sede.
Anterior a este encuentro de cierre, se habían desarrollado presentaciones en duplas o tríos de docentes del proyecto UAQUE, esto como preparación al ensamblaje general, en el cual se reunieron un total de 11 muestras. Esas socializaciones previas habían tenido escenarios como la Escuela Normal María Montessori, la Universidad Pedagógica Nacional y La Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca.
Tondo inicia en silencio. En la portería de la Universidad, nadie nota algo extraño, a unos pasos de las escaleras está el performador, a la expectativa. Cerca de él descansa un reclinatorio de iglesia, rojo con decorados dorados. Inmóvil y vestido de traje y corbata, toma aire e inicia. En una de sus manos sostiene un maletín negro. Sin soltarlo, acomoda sobre su hombro izquierdo el reclinatorio, avanza lento, paso a paso como en una procesión, en silencio y sin levantar la mirada.
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Atraviesa las escaleras hasta llegar a una plazoleta, que tiene como fondo un muro donde están pintados los rostros de Ernesto “el Che Guevara”, Fidel Castro y el Padre Camilo Torres. Allí lo espera una jaula cubierta con una bata blanca, una bata de profesor, en la cual se lee “yo profesor me confieso”. De fondo, tres caballetes y tres pizarras verdes de tiza, que dispuestas de espalda ocultan su contenido.
En medio de las pizarras ubica el reclinatorio. A unos metros de distancia aparece una estudiante que carga una silla escolar, la coloca de frente a las pizarras, toma siento y permanece inmóvil. Este pupitre está intervenido en el brazo de madera y el espaldar: tiene perforaciones centímetro a centímetro en esas dos piezas, y en las perforaciones, lápices afilados de más o menos cuatro centímetros. Una suerte de silla de tortura para faquir, pero no en puntillas o vidrios sino en lápices, lo cual resulta absolutamente simbólico.
El performador toma el maletín, lo ubica en la parte superior del reclinatorio, lo abre y saca de él un borrador de tablero. Se aproxima a los caballetes y una a una va colocando las pizarras. Así, en la pizarra del centro está la imagen de Paulo Freire y la frase “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el Mundo”; a la derecha, la pizarra corresponde a Michael Foucault, quien sobre su hombro lleva las palabras “Saber/ Poder”; en la izquierda, la pizarra revela el rostro de Joseph Beuys y está acompañado con la frase “todo hombre es un artista”.
Inicia entonces el performance colocándose de frente a las pizarras e inicia presentándose: “yo profesor, me confieso. Lo primero que tengo que confesar es que no soy docente de formación y ¿qué hacen los profesionales actuando como licenciados?” Mientras borra la pizarra central, pregunta: “¿qué es lo que los valida?” vuelve al frente y dice “yo no soy profesor”. Aproximándose a la imagen de Beuys pronuncia: “mi formación es como artista, pero no pertenezco a los circuitos de arte en esta ciudad”, pregunta entonces: “¿de qué me sirve ser artista?”. Borra una parte de la pizarra y luego dice: “todo hombre es un artista, yo no soy un artista, soy la liebre muerta de Beuys”, y termina de borrar.
Luego, el performador se traslada entonces a la a la pizarra de Foucault y continúa diciendo, “yo no soy un investigador, todo artista es un seudo-filósofo, lo que hago no lo reconoce nadie, porque subestiman mi trabajo por ser una práctica pedagógica, yo soy la encarnación del discurso, saber poder”, concluye diciendo mientras borra la última pizarra.
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Paralelo a esto, la estudiante se ha levantado de la silla y con tajalápiz en mano, afila los pequeños lápices de su silla para luego ubicarlos en las perforaciones aún libres.
Luego de esa introducción, y con la instalación completa, continúan una serie de acciones que componen el performance. El performador coloca el maletín en el suelo, lo abre y deja ver los elementos que guarda. El primer dispositivo que saca y coloca en el suelo es un par de plantillas en madera, que al igual que la silla están intervenidos con lápices afilados, los dispone en el suelo y procede a desamarrar sus zapatos y retirar sus medias. Entretanto, la estudiante ha vuelto a la silla y ubica uno a uno los lápices que acaba de tajar.
Ahora, a pie desnudo, luego de retirar la chaqueta del traje, se coloca la bata que cubría la jaula. Del interior de la misma, retira un libro de carátula verde que permanecía suspendido como un pájaro. Es una edición de bolsillo de la Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire. Es evidente que el libro pertenece a una biblioteca escolar, dentro de él, a modo de separador de página, está una ficha de préstamo diligenciada en máquina de escribir y con sellos institucionales.
Se traslada al punto donde están las plantillas de faquir, abre el libro y se posa sobre ellas. La estudiante retira la jaula del pedestal en el cual reposaba y la coloca en la cabeza del performador, quien entretanto pronuncia: “esta es la lección de hoy”. Dice: “un pájaro enjaulado no puede hablarles a los otros de libertad; a usted señor estudiante, un pájaro enjaulado no puede hablarles a los otros de libertad; compañero docente, futuro docente, un pájaro enjaulado no puede hablarle a los otros de libertad”.
Se detiene por un instante, mira fijamente al público, guarda silencio durante unos segundos y luego inicia un acto de contrición diciendo: “con este corazón arrepentido, los invito a participar de mi confesión”. Luego de un corto silencio, continúa señalando: “a la voz del maestro respondemos diciendo “líbranos Señor”. Este momento se transforma en una suerte de responsorial donde los asistentes participan, así:
- De educar desde la frustración y la necesidad… - “líbranos Señor”, - De justificar la educación pública desde el contexto… - “líbranos Señor”, - De vivir contando los días que faltan para pensionarse… - “líbranos Señor”, - De sobrevivir sin vocación y sin acción pedagógica… - “líbranos Señor”, - De la pensión por salud mental… - “líbranos Señor”,
167 - De hacer y no querer… - “líbranos Señor”,
- De negar el derecho a la educación y a la universidad pública… - “líbranos Señor”,
- De la pereza y la negligencia… - “líbranos Señor”,
Concluye este momento diciendo: “Permite señor, que este siervo tuyo abandone su estado de
confort y que con un corazón arrepentido haga pública su confesión”. Cierra el libro, la jaula es retirada de su cabeza, vacía el maletín en el cual reposaba gran cantidad de viruta de lápiz, toma un tajalápiz y un lápiz, y mientras lo afila, pronuncia la siguiente frase: “bendícenos señor para que nuestro ejercicio pedagógico no se convierta en un acto tortuoso y torturante”; luego, coloca el lápiz afilado en el pupitre y se dirige al reclinatorio. Ya de rodillas junta las manos en posición de rezo, cierra los ojos, deja pasar unos segundos y elevando la mirada y los brazos al cielo, inicia diciendo:
“Yo profesor me confieso, ante Dios todo poderoso y ante vosotros hermanos porque he pecado mucho…
De pensamiento… porque creo que de nada sirve desgastar mis días en estos muchachos que no tiene futuro, que no tiene oportunidades, que están condenados al fracaso.
De palabra… porque hago de mi voz un ejercicio punitivo, porque me atrevo a decir cosas como aprendan o no aprendan igual a mí me pagan.
De obra… porque si algo puedo hacer por ellos, pero esta por fuera de mi horario, me abstengo de hacerlo, porque pienso que si hago algo más yo mismo me estoy clavando el puñal con más trabajo.
De omisión… porque en algún lado refundí mi vocación, porque trabajo en automático, porque me siento realmente cansado.
Una breve pausa y continua con golpes de pecho diciendo: “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, por eso ruego a Santamaría siempre Virgen, a los santos y vosotros hermanos que intercedáis por mi ante Dios nuestro señor, Amen, Amen y Amen”, pronuncia, volviendo a juntar las manos y cerrando los ojos.
Espera unos segundos, se levanta y dice, “antes de juzgarme, a usted futuro docente, a usted compañero docente, a usted señor estudiante, lo invito a que se ponga en mis zapatos, a que confiese como yo y que construyamos desde allí, otra escuela posible”. Ofrece el reclinatorio, para quienes quieran hacer pública su confesión; la bata, como una manera algo más anónima de
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confesión, para quienes quieran escribir. Termina el performance reiterando la importancia de la comunicación y sobre todo, de la necesidad “decir verdad”.
Luego, un breve aplauso da paso a la participación del público, termina el performance y se hace más evidente el happening en el cual los diversos espectadores, completan el ejercicio. La participación, en algunas ocasiones tímida, negadora; otras veces, intensa o abrumadora, sobre todo con docentes en formación o estudiantes. Todo depende de la implicación subjetiva afectiva de los espectadores. Igual, este momento siempre resulta esclarecedor, permitiendo sumar voces y experiencias.
A modo de aclaración, hay que decir que, para esta presentación en específico, se dispuso de una cámara de video extra, para realizar una serie de preguntas a los espectadores con el fin de recoger las impresiones y poder cualificar el performance, como parte del proceso creativo.
Examen, los pliegues de la subjetivación Sobre el cuerpo:
Como se había mencionado en párrafos precedentes, este performador en cada una de sus acciones exterioriza un cuerpo vinculado con su formación católica, pero éste resulta ser el performance en el que es más evidente esta condición. La confesión, la implicación de la culpa, la cual es resultado de la transgresión de la norma y la necesidad de expiarla, son algunos de los elementos que dibujan un cuerpo frágil atravesado por una doctrina donde se busca redención.
En este performance entonces, podríamos hablar de un cuerpo penitente, un cuerpo torturado y un cuerpo exhibido, que hace público y en público, sus reflexiones más privadas. Detrás de cada acción subyace la necesidad inequívoca de ser un sujeto de verdad, de poder decir la verdad en términos parresiáticos, es una lección del maestro a sus discípulos.
Por otra parte, es un ejercicio de libertad, de liberación. El libro que le acompaña, en el responsorial, es una metáfora sobre cómo se encuentra atrapado en la dinámica de oprimidos y opresores, que aún se mantiene en las escuelas, es un llamado a la búsqueda de una pedagogía de la libertad. Si bien es una suerte de catarsis en la que revela sus miedos más profundos, como la fragilidad de su salud mental o simplemente la desesperanza. En medio de ellos, llama la atención cómo implora vocación y convicción en el actuar, es un cuerpo individual, un sujeto el que habla, pero encarna lo colectivo, así como cuando se refiere popularmente al cuerpo docente.
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Ese cuerpo colectivo es la voz de muchos. El performance recoge, de alguna manera, los diversos perfiles de la condición de los docentes en su día a día; no pretende juzgar, pues es evidente que esa labor le pertenece a Dios, pero sí es una clara invitación a pensar en cómo se ejerce esta labor, desde la normas y políticas, sean estas públicas o solapadas, en esos espacios construidos como currículo oculto. La referencia constante a las prácticas docentes implica una perspectiva ética que implica el ejercicio de verdad, que conduce a la libertad y por ende, al cuidado y al cultivo de sí, para poder asumir la guía y cuidado de los otros.
Sobre la Norma:
Si bien a la escuela la tienen que acatar unas normas, que le permiten ser escuela, en tanto dispositivo de control y modelamiento social, ésta instituye una serie de modos de ser para los sujetos en formación: los que fungen como docentes. La idea de la iluminación, por tortura y sumisión, que parece dominar esta acción, desde el inicio de la procesión penitente, el acto de