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6.1. Performance línea escuela subjetividad y territorio

6.1.4. Tarea

Imagen 27 Fotogramas Tarea Secuencia Video Performance Proyecto C4

Fuente: archivo propio

Contexto:

Este performance es una suerte de remake de uno de los ejercicios iniciales del taller en el Centro Educativo Lombardía: Come-tareas, el cual se describió con anterioridad en el documento, en el apartado de contextualización de la experiencia. La reflexión es la misma, el punto de partida es el papel que se le concede a la “tarea” en las dinámicas escolares, así como la percepción que tienen los estudiantes sobre el papel de la educación para sus vidas, y sobre cómo resignificar la cotidianidad de la escuela, donde se despliegan, asimilan y naturalizan dispositivos de regulación y control disciplinario.

En este sentido, el poder que reside en una actividad como lo “tarea”, cuando se convierte en una estrategia de control no de los saberes y proceso de formación, sino cómo se transforma

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en una actividad sancionatoria, muy en la lógica de premio y el castigo, es decir de evaluación punitiva, es vista en el performance como una condición vomitiva, repugnante, asociada con el trastorno psicogénico de la alimentación de la Bulimia.

La “tarea” es una invariable actividad, de todo proceso de enseñanza aprendizaje en los diferentes niveles de formación. Planteada como como actividad de refuerzo, para afianzar el conocimiento y abrir nuevas posibilidades de comprensión o ejercitación, la “tarea” es muchas veces señalada y repudiada, pero igual se le confiere un lugar protagónico.

En algunas ocasiones puede ser obviada o esquivada por estudiantes y profesores, pero lleva sobre sí misma la condición de ser valorada y entendida históricamente como la evidencia fundamental de la presencia de la escuela al interior de los hogares. Desde la visión de los padres, la tarea es garantía de buena educación, tal vez porque produce la falsa sensación de seguridad, de que se está aprendiendo y se está enseñando, de que se está empleando correctamente el tiempo en casa. Cuando el estudiante menciona: “no tengo tareas” o “hoy no dejaron tareas”, queda en el aire la duda: o el estudiante miente o el reproche y la preocupación de los padres se toma la situación y mencionan “tengo entonces que ir al colegio a ver qué es lo que está pasando”. En esa lógica es que se asume entonces, la “tarea”.

Referente al proceso de creación, éste tiene que ver con el video registro de su predecesor

Come-tareas, así como con Indiferencia, un performance de Fernando Pertuz, presentado en el segundo festival de Performance de Cali, el cual sirve siempre como referencia inicial e infaltable para iniciar el taller.

La gran diferencia con Come-tareas, es que aquí no hay una definición de diccionario. Lo que se presenta es la repetición, la acumulación y el atiborrar para luego tener que vomitar. En el sentido de Pertuz, se retoma la intención de generar asco, no por la sensación simplemente, sino con la intención de llamar la atención, a no ser indiferentes a la realidad señalada. Es un cuestionamiento más que directo al espectador.

En este orden de ideas, una vez asumidos los referentes y el proceso de discusión en el taller sobre ellos, así como sobre los argumentos que respaldaba la acción, se diseñó el performance. Aquí cabe mencionar cómo éste al igual que otros performances, fueron fruto de las respuestas a la pregunta generadora: ¿Qué diría usted de la escuela si lo pudiera decir libremente?, pregunta que serviría de excusa para debatir sobre varios temas, como la pertinencia y persistencia de ciertas prácticas en la escuela, las relaciones de dominación y resistencia, las

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expectativas de estudiantes en torno a su proceso educativo, es decir, la escuela para qué o las formas de violencia simbólica presentes en la escuela entre estudiantes y docentes.

De esta manera, tarea se constituyó en una suerte de ejercicio imprescindible, infaltable en cada una de las presentaciones de la experiencia pedagógica. En cada espacio se reconocería su potencia, su claridad y capacidad transgresora por su narración. Junto con ¡Ahhhhh!, Jennifer y los rumiantes y Yo profesor, consolidaron la performance-ponencia, la cual llegaría a espacios académicos como el encuentro de investigación Interludios, en 2014, en la Universidad Pedagógica Nacional o los Foros Educativos Local y Distrital en ese mismo año. Posterior a esto, dentro del programa C4, Ciencia y tecnología para crear, colaborar y compartir, del Centro Ático y la Secretaría de Educación Distrital, pasó a ser uno de los primeros video-performance realizados en la experiencia pedagógica, con un lenguaje audiovisual y proceso de edición depurado.

Descripción:

Una mesa escolar y una silla. El espacio podría ser cualquiera: un aula de clase, un auditorio, un estudio de grabación. En este caso un subterráneo del centro Ático de la Pontificia Universidad Javeriana. El plan de grabación y el Story Board están claros, dos cámaras listas: una en plano general y la otra presta a los acercamientos y primeros planos.

Así inicia. Sobre la mesa una botella de agua, un cuaderno y un marcador negro, Angie, nuestra performadora, llega perfectamente uniformada, tranquila desprovista de cualquier emoción. Parece concertada. Se aproxima a la silla, la retira tranquilamente, toma asiento y abre el cuaderno. La cuadriculada vacía en la página. En seguida, toma el marcador y de forma horizontal inicia a escribir pausadamente: tarea, en un par de hojas. El texto en negro y centrado es visible. Luego, hoja a hoja, y una a una, escribe las asignaturas escolares repasándolas: cálculo, economía, español, inglés se leen, entre otras. Luego de esto, escribe en cuatro hojas más la palabra tarea, mira a la cámara y baja la mirada.

Paso seguido, arranca cuidadosamente las hojas escritas con esta palabra y comienza a rasgarlas con las manos a la mitad, luego a la mitad y de nuevo a la mitad, hasta hacer pequeños trozos. Acerca la botella de agua. La pone frente suyo, respira profundo, mira hacia la cámara, se vuelve a encoger, agacha la cabeza, toma algunos fragmentos de papel y los junta hasta hacer un

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puñado. Bebe un poco de agua, compacta el puñado de papel, lo lleva a su boca y lo mastica lentamente, hasta tragarlo, bebe agua para ayudar al proceso.

Luego repite la acción, tragando más papel, para luego dar un último sorbo. Tapa la botella, la pone a un costado. Continúa masticando hasta pasarlo todo. Un breve instante de espera. Levanta la mirada, se vuelve al cuaderno y las hojas, ahora mantiene la cabeza baja y luego haciendo un gran esfuerzo desde sus entrañas, vomita sobre la mesa, el papel que había ingerido. Un par de contracciones más y vuelve a vomitar, ahora toda la tarea ha sido expulsada, convertida en una acuosa. La masa revoltijo de papel, agua y tinta, reposa ahora en medio del cuaderno y la botella de agua. La performadora mira de nuevo a la cámara, se levanta y se marcha dejando la evidencia en medio de los pequeños fragmentos de papel que aún estaban en la mesa.

Examen,los pliegues de la subjetivación Sobre el cuerpo:

El cuerpo que emerge en la narración del performance presenta dos condiciones: una inicial, que es la más tradicional y ajustada al deber ser del escenario escolar pasivo, resignado, uniformado y sentado, con movimientos pausados y muy controlados. Es un cuerpo obediente y contenido, es el cuerpo escolar que prefiere y promueve la escuela, más tradicional.

El cuerpo de la quietud y del trabajo intelectual, el cual está representado en la escritura en el cuaderno, reproduce la información que ya conoce, así, llena una a una las páginas. Luego, el cuerpo sufre una breve activación con el rasgado de las hojas, una tarea bien desarrollada por la motricidad que implica. Al alternar sus movimientos con la acción de levantar la cabeza o bajar la mirada como acto de sumisión, define su actitud corporal.

De ese cuerpo tranquilo, pasamos al cuerpo llevado al límite, primero en la ingesta del papel arrugado, la mano tensa que compacta y luego a la boca, la masticación y el tener que tragar, el agua ayudando a disolver el material, ese cuerpo hambriento que se jacta de consumirlo todo; luego, de la llenura del exceso deviene la acción del vómito, no inducido por un agente externo, el cuerpo que se martiriza provocando las arcadas para expeler el bolo, el cuerpo se contrae, se afecta hasta que cumple su cometido de expulsarlo todo. Ese cuerpo es la metáfora de la bulimia absurda de querer llenarse de tareas, de actividades y cosas por hacer, es la evidencia

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repulsiva de una alimentación intelectual inútil, llevada a una acción simbólica que pone el cuerpo como algo excesivo. Más allá del asco que produce la plasta encima del cuaderno, la reflexión apunta a pensar qué tan hastiados y asqueados están los sujetos en la escuela, con prácticas tan poco prácticas.

Sobre el Saber:

Frente al saber, el performance propone una reflexión directa: el saber inútil, sin justificación y sin practicidad. El saber como un dictador, que determina las actividades propias, justas y definitivas para cada quien. Lo que resulta complejo es el juego de engaños que entraña la “tarea”. Es un ejercicio inútil y sin conciencia de aprendizaje para quien la hace, sin tener clara su importancia. Igual de inútil resulta para el profesor que en momentos de evaluación, no tiene más alternativa que pasar páginas y colocar un visto bueno sin ningún criterio, pues detenerse a leer los arrumes de cuadernos resulta un trabajo descomunal.

En este sentido, el saber pareciera acumulación enciclopédica, compilación o reproducción de conocimientos sin valor reflexivo o interpretativo. El señalamiento que hace el performance cuestiona. No cuestiona en sí la tarea, la cual es válida; se cuestiona la comprensión y uso que los agentes escolares hacen de ella y cómo se requiere un nivel de conciencia que permita entender que no se hace para el maestro, sino que por el contrario, busca la autonomía y la inquietud intelectual que permita construir conocimiento y generar valor a los saberes de la escuela.

Sobre la Norma:

No existe acción más normativa frente al conocimiento en la escuela, que la tarea. Es el fundamento de los procesos. Es multipropósito, tiene alcances punitivos, legisla sobre la soberanía de los maestros y estudiantes, define los tiempos y acciones y en gran medida pareciera tener una propia dinámica por su condición histórica.

Es vista como una exigencia por todos los que participan del proceso de formación. Por ejemplo, el docente norma su clase y le da valor a la tarea condicionando, los procesos de autonomía y regulando el control que tiene sobre los grupos. Los estudiantes la asumen como garantía de evaluación, así estén desprovistos de saber, lo importante es reportarla. Las voces de

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los más pequeños como: “profe yo si hice la tarea” o “la va a revisar”, se trasladan luego a la exigencia de: “si no la va a revisar, ¿para qué la dejó?”.

Por otra parte, están los padres de familia felices por la cantidad de vistos buenos en el cuaderno, pues muchas veces ellos han de sentirse orgullosos de las tareas que han hecho para sus hijos. En ese orden de ideas, la norma de la tarea esta tan incrustada en la lógica de la escuela que, como lo propone el performance, es necesario expulsarla, sacarla desde lo más profundo, vomitarla y dejar fluir otras posibilidades, que no apunten únicamente a la lógica del feliz engaño.

Sobre la Alteridad:

En el performance, el sujeto que aparece encarna un nosotros, una posibilidad de solidaridad, frente a una práctica que está en todos y para todos, que ha definido de alguna manera las dinámicas de poder, jerarquías, premios y castigos. En la dinámica de la escuela, la “tarea” con su multiplicidad de interpretaciones, puede ser un detonante de exclusión y señalamiento: se asume algunas veces como castigo o tortura. Esto revela su inutilidad. Por ejemplo, si sólo un estudiante hace la tarea, es señalado y anulado por el grupo y algunas veces sometido a acoso. Acciones aparentemente solidarias como el préstamo de la tarea, no es más que un espacio viciado e innecesario que reitera poca autonomía e inquietud por el saber. La tarea como requisito, es vacío del sujeto, es una práctica de sujeción que es admitida tácitamente y no permite el desarrollo colectivo del conocimiento. En esos términos es que el performance se enfrenta a la realidad de la escuela donde lo fundamental parece ser rellenar las páginas de los cuadernos, por tanto, generaciones enteras han perdido su conciencia política y libertad de aprender, porque en su vida escolar no hubo saber, sólo “tareas”.

En resumen, Tarea, como performance, es contundente al romper el celofán y cuestionar una actividad tradicional, arraigada en la conciencia colectiva y aparentemente necesaria en la escuela, pensar otra escuela posible implica regurgitar, es decir devolver el valor a las actividades con la conciencia de saber por qué se hacen, cuál es el valor real de cada espacio y acción en la escuela. El saber es democrático y las estrategias para su aprehensión, deben superar los cánones históricos que desmotivan y desgastan, que no promueven la implicación afectiva con el conocimiento. La transcripción de contenidos de libros de texto al cuaderno es una suerte de suicidio colectivo de la educación, que acontece cada día en las escuelas, son el simple hecho de hacer la tarea.

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