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Profesor Titular de Educación Artística del CSEU La Salle (UAM-Madrid)

1. LYGIA CLARK Y LOS RITUALES DEL CUERPO

La propuesta de mi taller de body-art está basada en la obra de la artista brasileña Lygia Clark, creada a través de rituales de participación que convertían a los espectadores en “pacientes” de una terapia a través del arte.

Lygia Clark utilizaba para estos rituales el cuerpo como soporte y los “objetos relacionales”. Éstos eran diversos elementos simbólicos y materiales

sensoriales utilizados como inductores de experiencias individuales y colectivas para la escenificación de la disolución de la fantásmica corporal, de re-nacimiento, de regresión y para la integración y percepción de la conciencia de los límites corporales a través de las imágenes mentales y de las experiencias sensoriales creadas por las potencialidades de estos objetos: las texturas, el peso, la forma, la temperatura, la sonoridad, los contrastes, etc. Para Lygia Clark, el arte era el cuerpo y los “objetos relacionales” en contacto con ese cuerpo, hacían emerger la memoria y las experiencias que lo verbal no conseguía expresar.

En el espacio poético de su “consultorio”, los objetos eran utilizados como portadores de nuevos significados para la reorganización simbólica del individuo y del grupo, como metáfora de transformación y como mediadores de la comunicación a través del cuerpo como “lugar de la experiencia”.

2. JUSTIFICACIÓN DE UN TALLER DE “ARTE CORPORAL” Y

OBJETOS

A partir de esta propuesta, consideramos el realizar para estas jornadas un taller práctico donde las sensaciones corporales suscitadas por objetos investidos de significado y con posibilidades sensoriales, pudieran ser el punto de partida para realizar experiencias colectivas de juego simbólico, expresión corporal y planteamientos próximos a la performance y al nuevo “arte corporal”.

Para ello, realizamos distintas experiencias significativas en grupo a partir del cuerpo como soporte y de dos materiales en concreto: el plástico de embalar o “de burbujas” y ovillos de lana de colores. Éstos, tienen una simbología y unas características próximas a los “objetos relacionales” utilizados por Lygia Clark y sugieren la posibilidad de crear una metáfora de envoltura corporal (piel, placenta, burbuja, nido, crisálida, refugio, etc.) como “sustitutivo del cuerpo” y como elemento simbólico consciente de protección, aislamiento, o también, de incomunicación.

Como motivación, la primera experiencia es crear una dinámica de comunicación corporal entre dos participantes, como ejercicio de visualización y escucha interna con el fin de crear una imagen mental a través de la representación corporal del maternaje. La experiencia puede conseguir, mediante la relajación, percepción de los ritmos corporales y la sincronización de la respiración, la creación de sensaciones e imágenes que pasan por el cuerpo para ser simbolizadas, despertando su memoria. Estas experiencias (corporales, sensoriales, de movimiento, etc.) quedan grabadas en la historia de nuestro propio ser-estar en el mundo con el que entramos en contacto desde el nacimiento y esta historia se puede revivir cada vez que los sujetos se disponen en situación de evocar de manera arcaica dichas experiencias.

A continuación se realiza en gran grupo una dinámica en el espacio mediante la creación de un “cuerpo colectivo” como acto simbólico de participación. Éste se desarrolla a partir de una celebración lúdica donde los integrantes viven propuestas conjuntamente y elaboran una identidad común donde todos participan y se comunican corporalmente en un intercambio de sensaciones donde se crea la necesidad del otro para formar un todo. Se comparten las percepciones mediante toques y contactos, sensaciones que pasan por el cuerpo para ser simbolizadas en una transferencia de emociones.

El espacio donde se realiza la experiencia no es sólo un elemento físico dónde se desarrolla la acción, es ante todo, un elemento simbólico más y es el medio de relación con los otros, dando lugar a situaciones de vivencia corporal unificada por el juego dramático. De esta manera, el espacio individual se vivencia como espacio total en el cuerpo colectivo, dotando a éste de vida y movimiento.

Utilizando la simbología de los materiales antes citados, se propone ahora a los participantes la creación de pequeños “grupos-cuerpo” para la expresión de sentimientos o conceptos a partir de acciones como envolver, maternar, contener, proteger, asegurar, aislar y otras metáforas de la comunicación humana y el comportamiento de las emociones expresadas con el cuerpo como elaboración consciente de símbolos. Los participantes en el taller obtienen de esta manera,

vivencias intensas, inquietantes y placenteras a la vez, en la relación íntima entre el cuerpo(s) y el objeto mediador.

Previamente a estas acciones, se realizan distintos juegos sensoriomotores para explorar las características de estos materiales. Los participantes “juegan” a envolverse, a rodar, pisar y apretar el plástico de burbujas, realizando desplazamientos en el suelo y ocupando toda la sala y creando para ello un espacio lúdico. La utilización del material como metáfora de la piel o de la placenta que envuelve y protege en el vientre materno es expresada por la mayoría de los grupos como envoltura simbólica de algo frágil, preciado y susceptible de ser modificado o perturbado por todo lo referente al mundo exterior.

La realización de la siguiente experiencia tiene además connotaciones plásticas por el uso del cuerpo y del hilo (ovillos de lana) como generador de una imagen creada por líneas y recorridos sobre el soporte corporal. Además el hilo como objeto tiene una poderosa carga simbólica y conforma multitud de imágenes: es metáfora de la unión y la separación, reconocemos el camino de vuelta siguiendo un hilo, nuestras vidas, por su fragilidad, penden y dependen de un hilo, como fuera nuestra gestación en el vientre materno, etc.

Lygia Clark utilizó este material en alguno de sus rituales. En concreto, el

llamado “baba antropofágica” de 1973, donde un grupo de participantes llevaba carretes de hilo en la boca y lentamente tiraban de ellos con las manos hasta recubrir el cuerpo de otro participante echado en el suelo. En esta creación simbólica de una crisálida hay más un ritual de vida que un acontecimiento de muerte. Esta misma imagen es revelada por los participantes de la experiencia realizada, contrastando las sensaciones obtenidas desde los dos diferentes lados de la acción.

3. CONCLUSIONES

A través de la realización de las experiencias descritas, se inician pequeños gestos de transformación personal comentados por los propios asistentes al taller. También mostraron el interés por acciones artísticas de reorganización simbólica realizadas por otros autores y expresaron, en menor o mayor medida, la propia conciencia de haber encontrado un sentido a alguno de los gestos rutinarios que nuestro cuerpo, rodeado y proyectado en los objetos, expresa.