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H ector M ediavilla / I ntermón O x fam c

Propiedad intelectual

y acceso a medicamentos esenciales

África se enfrenta a una dramática crisis de salud pública, debida fundamentalmente a la pandemia del VIH/sida y a la incidencia de la malaria y la tuberculosis. Los países subsaharianos concentran más del 60 por ciento de los casos de VIH en todo el mundo,y las muertes relacionadas con el sida han hundido las esperanzas de vida en países como Zambia o Botsuana. Sólo un 10 por ciento de los enfermos recibe tratamiento, una cifra que ha aumentado en los últi- mos años debido a la caída en el coste del tratamiento, que ha pasado de 10.000 a 150 dólares por persona.

El conflicto entre las reglas de propiedad intelectual de la OMC y el acceso a medicamentos esenciales generó a partir de 2001 un debate que ha estado en el origen de la caída de los precios durante los últimos años, y propició una de las escasas victorias de los países en desarrollo en las negocia- ciones de la Ronda de Doha. Sin embargo, este acuerdo está muy lejos de constituir una solución definitiva. Aunque en principio pueda parecer positivo, en la práctica se ha compro- bado que esta exención resulta muy difícil de aplicar. El pro- ceso es tan sumamente burocrático que desde que la exen- ción entró en vigor, en el año 2004, ningún país ha podido aplicarla para acceder a medicamentos genéricos.

El Gobierno español podría contribuir a resolver este proble- ma promoviendo las siguientes medidas:

Los miembros de la OMC deben garantizar que las nuevas medidas permitan la libre circulación de medicamentos genéricos a países en desarrollo que se encuentren en situa- ción de crisis sanitaria. En el medio plazo, es urgente que el acuerdo ADPIC sea reformado para incluir estas garantías.

La obligación de que los PMA incluyan en sus legislacio- nes la regulación sobre propiedad intelectual de la OMC debe ser retrasada a 2016 como mínimo.

Productos industriales

El comportamiento de África en el mercado mundial de manufacturas ha mejorado marginalmente en los últimos años, dejando a la región muy por detrás de otras zonas del mundo en desarrollo. Mientras que en el este de Asia y en América del Sur los productos manufacturados suponen cerca del 70 por ciento de sus exportaciones, en el caso de África esta cifra se limitó en el año 2000 al 30 por ciento, tan sólo diez puntos por encima de 1980.

En parte, este fracaso esta relacionado con la prematura libe- ralización de las economías africanas, que respondió más a

P ablo Tosco / I ntermón O xfam c

las presiones externas que a una integración estratégica de sus economías en los mercados internacionales, generando ventajas comparativas dinámicas como habían hecho otros países en desarrollo que tuvieron más éxito. Las negociaciones en la OMC y el carácter recíproco de los nuevos acuerdos de asociación con la UE podrían repetir el mismo error. España debe contribuir a evitarlo promoviendo las siguientes medidas:

Como mínimo, una fórmula con coeficientes que garanti- ce una “reciprocidad menos que plena”. Preferiblemente, ninguna fórmula para los países en desarrollo, que deberían tener derecho a realizar recortes medios.

Normas para regular el uso de barreras no arancelarias, incluidas medidas anti-dumping.

Eliminación de los picos arancelarios y de los aranceles escalonados que utilizan los países ricos.

Otras medidas

Los países desarrollados deben reconsiderar la negocia- ción de acuerdos comerciales regionales con los países en desarrollo y concentrarse en garantizar en la OMC un sistema comercial multilateral justo. En su formato actual, los acuerdos regionales fuerzan a los países pobres a abrir sus

mercados a los ricos, sin ninguna garantía de que estos últi- mos vayan a eliminar en la OMC las ayudas que les permiten exportar en condiciones de dumping. Como mínimo, es fundamental que acuerdos regionales como los EPA respeten las siguientes medidas:

Una iniciativa internacional para hacer frente a la crisis de las materias primas, que desarrolle formas efectivas de intervención en los mercados, la gestión de la oferta a largo plazo, y la organización de los productores para hacer que los mercados funcionen de forma más eficaz para los pequeños agricultores y campesinos. Las reglas del comercio no deben impedir intervenciones que garanticen precios justos para los productores pobres.

Ayudas adecuadas para la promoción del comercio, que no deberán estar en ningún caso supeditadas a la apertura de los mercados.

En las negociaciones sobre la liberalización del sector servicios, debe garantizarse tiempo suficiente para que los países pobres puedan regular de acuerdo con sus intereses generales antes de que se adopten compromisos adiciona- les, así como llevar a cabo evaluaciones de impacto y realizar consultas a la sociedad civil.

P ablo Tosco / I ntermón O xfam c

Se debe impulsar la elaboración de un análisis profundo del impacto potencial de los Acuerdos de Asociación sobre el desarrollo de los países ACP, y africanos en particular.

La no reciprocidad de las medidas de liberalización y la coherencia con las ventajas obtenidas en la OMC por los países en desarrollo.

Deben ser excluidos de las negociaciones los ámbitos no regulados por la OMC –inversión, competencia y compras públicas– a los que los países ACP ya se han opuesto.

Las partidas de “ayuda para promover el comercio” deben ser adicionales a los fondos existentes.

De los 47 países de África subsahariana, 33 están cataloga- dos por las NNUU como “países menos adelantados” (PMA). Las necesidades sociales y económicas de la región son las más acuciantes del planeta: 300 millones de personas viven en ella con menos de un dólar al día, con una esperanza de vida al nacer de 46,2 años (21,1 años menos que la media mundial), una tasa de analfabetismo del 60,5 por ciento y una tasa de mortalidad infantil que dobla la de la media mundial. Desde que en el año 2000 se firmaran en Nueva York los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), esta región del mundo constituye el principal reto para la consecución de la agenda global de desarrollo.

La firma de los ODM ha supuesto un impulso notable para la ayuda canalizada a esta región, que en 2003 llegó a recibir tres de cada cuatro dólares destinados a la ayuda bilateral por

los países donantes. En conjunto, la región del África subsa- hariana ha recibido en total 110.983 millones de dólares entre la firma de los ODM y el año 20059. La cifra de AOD glo-

bal percibida supone el 6,2 por ciento de la renta de la región durante ese mismo periodo, lo cual refleja uno de los rasgos de estos países: su marcada dependencia respecto de la ayuda internacional.

África subsahariana se encuentra entre las regiones más endeudadas del planeta. La mayor parte de los países pobres altamente endeudados (HIPC, por sus siglas en inglés) pertenecen a esta región. Este mismo grupo de países represen- ta el 18 por ciento del total de deuda de la que España es acree- dora, que en diciembre de 2005 ha alcanzado la cifra de 1.878 millones de euros (726 procedente de préstamos contabilizados como AOD y 1.152 procedente de operaciones comerciales)10.

4. La financiación del desarrollo:

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