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Q UÉ PUEDE DECIRSE DE LA CONDUCTA DE J UAN?

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Professor of Management Accounting and Information Systems

Q UÉ PUEDE DECIRSE DE LA CONDUCTA DE J UAN?

Si Alberto se comporta como un protagonista, la situación mejora para todos. Juan recibe los componentes, Alberto conserva un cliente, la fábrica de Juan puede trabajar y la compañía de Alberto recupera la buena voluntad de su principal cliente. Juan y Alberto fortalecen su relación y se sienten mejor consigo mismos.

Depende de Alberto, no obstante, adoptar la postura del protagonista. ¿Qué habría ocurrido si él hubiera elegido mantenerse en su posición de víctima? ¿Qué habría podido hacer Juan en ese

caso?

En el diálogo inicial Juan está tan apegado al rol de víctima como Alberto. Es aquí cuando resulta útil la noción del doscientos por ciento de responsabilidad. Cada participante puede sentirse plenamente artífice y responsable del desarrollo y el resultado de la conversación. Si Alberto hubiera adoptado la misma actitud que mantuvo en el diálogo del principio de este capítulo, pero en cambio Juan hubiera elegido ser un protagonista, y hubiera alentado a Alberto a asumir la responsabilidad de encontrar una solución compartida, ¿cuál habría sido el resultado?

Juan: Llegas tarde, Alberto. ¿Qué sucedió?

Alberto: Lo siento, Juan. Mi reunión anterior se prolongó más de lo debido. El cliente llegó tarde y todo se demoró.

Juan: Y tú sentiste que debías quedarte...

Alberto: En realidad, no tenía alternativa. Mi presentación era el motivo de la reunión. Los participantes habían viajado desde lejos para estar presentes. Si me hubiera ido, ellos no habrían podido continuar sin mí. ¡Habría sido un verdadero lío!

Juan: Comprendo. Aparentemente lo más razonable era que te quedaras, pero me dejaste colgado, esperándote, sin saber qué pasaba e incluso sin tener la certeza de que vendrías.

Alberto: No fue mi intención.

Juan: Lo sé, pero es lo que ocurrió, más allá de tu intención.

Alberto: ¿Estás diciendo que es mi culpa? El CEO llegó tarde y... Juan: No, Alberto, no estoy diciendo que sea tu culpa. Lo que digo es que podrías haberme llamado para decirme lo que estaba sucediendo y conversar sobre lo que podíamos hacer al respecto.

Alberto: Tienes razón. Debí llamarte. Lamento no haberlo hecho. Juan: Yo también lo lamento, pero lo más importante es que nos aseguremos de que esto no vuelva a suceder. Te propongo un trato: si alguno de nosotros sabe que llegará tarde a una reunión, llamará al otro para decírselo con la mayor anticipación posible.

Alberto: Totalmente de acuerdo. Me comprometo a que así sea. Juan: También yo. Demos por terminado el asunto. Ahora

concentrémonos en el problema verdaderamente importante. ¿Dónde están los componentes que debían llegar la semana pasada? Nuestra planta no puede funcionar sin ellos.

Alberto: La empresa de transporte no cumplió con su parte. Cometieron un error administrativo y enviaron los repuestos a un cliente equivocado.

Juan: Entonces, ¿cuándo recibiremos los componentes?

Alberto: No antes de la próxima semana. Les llevará varios días recuperar el cargamento y enviarlo hasta tu fábrica.

Juan: ¡Imposible! No podemos esperar tanto. Necesitamos esos componentes ahora.

Alberto: Lo siento, pero a esta altura, la solución no está en mis manos. Está a cargo de la compañía de transportes.

Juan: Un momento. ¿Tienes más de estos mismos componentes en tu inventario?

Alberto: Por supuesto, tenemos en abundancia.

Juan: ¿Podríamos recibir una cantidad que nos permitiera tener la fábrica en funcionamiento hasta la semana próxima?

Alberto: Supongo que sí. Pero tardaré cinco días en enviártelos. Juan: No, si los envías por avión.

Alberto: Hmm, es una buena idea. Sería caro pero supongo que menos costoso que cerrar la fábrica.

Juan: Alberto. Este asunto es muy importante para nosotros. Si quieres conservar a nuestra compañía como cliente, tienes que enviar por avión esos repuestos esta misma tarde, sin costo de flete para nosotros. Los necesito mañana a primera hora.

Alberto: No hay dudas de que queremos conservarlos como clientes, pero no puedo aprobar el costo adicional sin conversar con mi jefe.

Juan: No hay problema. En la sala contigua hay un teléfono privado. Habla con él. Te estaré esperando aquí.

Unos minutos después, Alberto regresa sonriente a la oficina de Juan.

Alberto: He hablado con el depósito. Ya se están ocupando de hacerte el envío. Y no solo eso, le expliqué la situación a mi jefe y estuvo de acuerdo en que además del flete aéreo pagáramos también los componentes que van en ese cargamento. Considéralo un gesto a modo de disculpa por el inconveniente que te causamos.

Juan: Gracias, Alberto, aprecio la buena voluntad de tu compañía para hacerse cargo de la situación.

Juan tiene derecho a expresar su disgusto y culpar a Alberto. Quizá sienta, entre otras cosas, que Alberto y la empresa de fletes lo han maltratado. Pero la vida de un protagonista no gira en torno a lo que es justo o quién es culpable. Lo fundamental es la responsabilidad incondicional. Para Juan, Alberto es un desafío, y como en la cita de don Juan que sirve de epígrafe a este capítulo, para el guerrero los desafíos no son buenos o malos. Son sólo desafíos.

La conciencia de la posibilidad de elección es esencial para afianzar la noción del propio poder, la responsabilidad, la dignidad, la libertad y la humanidad. En cualquier situación, puedes responder a tus circunstancias siendo coherente con tus valores. El verdadero éxito no consiste en lograr el objetivo, sino en sentirse feliz y en paz. La serena dicha de la integridad está más allá del éxito. Por ese motivo la integridad esencial es el núcleo del éxito más allá del éxito.

¿Cordero o león?

En The Way of Passion: A Celebration of Rumi, Andrew Harvey cuenta un relato sufi que ilustra la diferencia entre la libertad y la esclavitud, la sumisión y la respons-(h)abilidad, entre una víctima y un protagonista. Estas polaridades están representadas por una oveja y un león.

Había una vez una leona preñada que buscaba comida. Al ver una manada de ovejas, se lanzó al ataque. Consiguió atrapar y comer a una de las ovejas, pero el gran esfuerzo realizado cuando ya estaba a punto de parir hizo que muriera al nacer su cría. El cachorro de león, huérfano, nació rodeado por la manada de ovejas. Como desconocía su identidad, se unió a ella y comenzó a caminar, comer y balar como una oveja. También aprendió a sentirse víctima, a gemir y a culpar a los demás por su infortunio, como hacen las ovejas. Un día, un león adulto se encontró con esta ridícula escena: vio a un león como él, que caminaba, comía y balaba como una oveja. Con un sonoro rugido, corrió hacia las ovejas y las dispersó. El león adulto aferró al joven y lo arrastró hacia una laguna. Allí lo obligó a mirar su reflejo en el agua y le dijo:

—¡Mira, tú no eres una oveja, eres un león como yo! Tienes la fuerza, el coraje, la libertad y la majestuosidad de un león. Eres responsable de tu destino, tú no eres la presa sino el predador. Entonces el león adulto rugió, potente y gloriosamente.

Al oírlo el cachorro sintió miedo y emoción. El león adulto le dijo:

—¡Ahora es tu turno! Los primeros intentos del joven león fueron lamentables, parecían balidos y chillidos. No obstante, con la guía del león adulto, rápidamente descubrió su verdadera naturaleza y aprendió a rugir.

Este es el rugido del protagonista. Es el grito de reconocimiento que surge cuando un ser humano es dueño de su respons-(h)abilidad, su integridad, su libertad y su poder.

NOTAS

1. Castaneda, Carlos, Tales of Power, Simon & Schuster, Nueva York, 1992, p. 106.

2. Frankl, Viktor, Man’s Search for Meaning, Simon & Schuster, 2ª ed., Nueva York, 1984, p. 75.

3. Mandela, Nelson, Long Walk to Freedom, Back Bay Books, Boston, 1995, p. 454.

4. Shantideva, The Way of Bodhisattva: A Translation of the Bodhicharyavatara, The Padmakara Translation Group (trad.), Shambhala, Boston, 2003, p. 64.

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