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S U EXPERIENCIA DE APRENDIZAJE

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Professor of Management Accounting and Information Systems

S U EXPERIENCIA DE APRENDIZAJE

Piense en alguna situación de su vida en la que maduró drásticamente, un punto de apoyo en su camino que lo formó, convirtiéndolo en la persona que es ahora. Tal experiencia es típicamente una historia de desafío, prueba y superación de la

adversidad. Recuerde ahora los momentos iniciales de esa experiencia, cuando el desafío comenzó a revelarse. ¿Cómo se sentía usted?

En mis seminarios, he pedido a miles de personas que hagan este ejercicio. Casi sin excepción, la respuesta incluye estados emocionales como miedo, ansiedad, confusión, desilusión, conmoción, sorpresa, ira, pena, dolor, desconcierto, inquietud, preocupación, etc. Es perfectamente lógico. Para superar la adversidad primero debemos encontrarnos con ella. Debemos enfrentarnos cara a cara con las dificultades de la vida al desnudo. En ese momento, algunos de nosotros tal vez piense: ¡Maldita sea!

Ahora reflexione acerca del final de su historia, cuando superó el desafío y llegó al otro lado del río. ¿Cómo se sintió entonces? La mayoría de las personas mencionan sentimientos de gratitud, paz, satisfacción, libertad, orgullo, esperanza, confianza y felicidad. Es interesante observar que quienes se sentían más perturbados al principio son los que se sintieron mejor al final. Estas historias funcionan como una honda: cuando más tensión se soporta, es mayor el poder que se obtiene. Desde el final de una experiencia de aprendizaje, las personas miran hacia atrás y comprenden que aquello que maldijeron como un momento nefasto fue realmente una bendición. Los hechos no han variado, pero es otra la interpretación. La adversidad puede ser un aliado, una oportunidad para demostrar grandeza.

Estas historias de aprendizaje tienen un final gratificante. Usted superó los desafíos y en el proceso ganó sabiduría y autoconocimiento. Y aunque es tentador atribuir los buenos sentimientos al éxito, como hemos visto, la verdadera dicha no proviene de haber ganado, sino de haber luchado con dignidad. Muchas historias no tienen un final tan feliz. A veces usted fracasa y sólo siente pena. Le sugiero que piense en esas historias como tareas en desarrollo, itinerarios que todavía no ha terminado de recorrer. Puede darse cuenta de que no están completos porque aún no obtuvo de ellos sabiduría.

Usted puede aprender de cualquier situación. Es incondicionalmente responsable. Puede expresar sus valores frente a cualquier circunstancia. Como dice el poeta David Whyte, cualquier experiencia hace madurar el alma. Si la mente estratégica nos dice que debemos tener el control para estar a salvo, “el alma dice algo más radical y aterrador para nosotros, totalmente distinto de las consoladoras palabras de aliento de la mente estratégica. El alma rompe el silencio para sorprendernos diciéndonos que ya estamos a salvo en nuestra propia experiencia, incluso si transitáramos el camino del fracaso. Al alma le gusta el viaje en sí mismo. Las texturas y ondulaciones del sendero que ella ha trazado, tanto azarosa como intencionalmente, a través del paisaje son, en sí mismas, enriquecedoras”.13

No hace mucho tiempo, tuve una de esas maravillosas y exasperantes oportunidades de aprendizaje. Tenía una reunión con los máximos ejecutivos de una empresa europea que estaba considerando la oportunidad de contratar los servicios de consultoría de mi compañía. Aun cuando la reunión se estaba desarrollando correctamente, el comportamiento de uno de los ejecutivos se mostraba francamente hostil. En determinado momento, me cuestionó sin rodeos: “Este material es muy blando, no concuerda con el duro mundo de los negocios”. Traté de comprender su posición pidiéndole varias veces que explicara cuáles eran sus inquietudes, pero no tuve éxito. Se limitó a repetir su frase inicial.

Yo quería conseguir ese trabajo. Comencé a temer la posibilidad de perderlo a causa de ese hombre. Entonces preparé mi refutación. Quería demostrarle a ese tonto que no sabía de qué estaba hablando. Quería ridiculizarlo frente a los demás. Cuando abrí la boca, comprendí que estaba a punto de decir algo de lo que después me arrepentiría. “Este hombre no es mi enemigo —pensé—. Estoy disgustado porque aparentemente él no quiere trabajar conmigo, pero ese no es motivo para ser rudo o maleducado. Él solo está haciendo lo que considera correcto.” Cerré la boca y suspiré profundamente.

Miré a los ejecutivos y dije: “No estoy seguro de que este material sea el apropiado para su compañía en este momento. Les

corresponde a ustedes decidir. Creo que para tener éxito en los negocios una compañía debe aprovechar de la mejor manera posible a su gente. También creo que una cultura de responsabilidad, integridad y humildad, asociada con habilidad para la comunicación, la negociación y la coordinación es el sustento de una organización con alto nivel de desempeño, capaz de lograr resultados excepcionales. Lo que les ofrezco es ayudarlos a desarrollar líderes capaces de crear una cultura de ese tipo. Si piensan que esta oferta no es lo mejor que pueden obtener a cambio de su dinero, no deben trabajar con mi compañía”.

La reunión continuó en un clima mucho más agradable y la conversación tuvo un buen final. Mas tarde, mientras en el avión recordaba el episodio, en mi cara se dibujó una sonrisa de satisfacción. Había hecho lo mejor que podía hacer y había controlado mi lengua cuando estaba a punto de darle rienda suelta.

Finalmente la compañía decidió no contratar nuestros servicios. Desde una perspectiva de negocios, yo había fracasado. Eso me dolía. Me gusta ganar, tanto como a cualquier persona.

Al mismo tiempo, había permanecido fiel a mis valores. No logré el resultado que era mi objetivo, pero mi logro fue el proceso. Le ofrecí los servicios de mi compañía a un cliente mostrando el valor que, así lo creía, podíamos agregar a su empresa, de la manera más atractiva posible. Más allá de esto, no puedo más que respetar la libre decisión del cliente. Después de conocer su negativa, la semana siguiente me reuní con mis socios y con tristeza les conté la historia. Ellos compartieron mi pena, pero dijeron con orgullo: “Bien, alcanzaste el éxito más allá del éxito”.

Existe un animal llamado ushgur, un puercoespín. Si lo golpeas con un palo, eriza sus púas y se vuelve más grande. El alma es un puercoespín, se fortalece cuando la hostigan. Por eso el alma de un profeta es tan doliente, porque debe ser muy poderosa.

Una piel sumergida en líquido de curtir se convierte en cuero. Si el curtidor no la frotara con el tanino la piel apestaría y se pudriría.

El alma es una piel recién desollada, sangrienta y basta. Si trabajas sobre ella con destreza manual,

y con el amargo ácido curtidor de los pesares, te volverás hermoso y muy fuerte.

Si no puedes hacer esta tarea por ti mismo, no importa. Ni siquiera debes tomar la decisión, en un sentido u otro. El Amigo, que sabe mucho más que tú, te traerá dificultades, y dolor, y enfermedad,

que serán tu medicina, tu felicidad, la esencia del instante en que te apalean, cuando oigas decir jaque-mate...

RUMI “JAQUE-MATE”14

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